Guerra de la Independencia
“Arrebatar de los graneros de los pueblos circunvecinos todas las mieses para traerlos a Madrid”
En 1812 Morata aportó al ejercito español, acantonado en Aranjuez, 670 fanegas de trigo y cebada
La villa, empobrecida, aún no había pagado en 1815 su coste de 68.720 reales al conde de Altamira
Los años de 1811 y 1812, durante la guerra de la Independencia, fueron muy duros para la población civil española, especialmente en Madrid y en los pueblos de su entorno. El conflicto bélico iniciado en 1808 provocó la escasez de suministros como el trigo y la cebada, el carnero o el tocino, productos básicos en la alimentación de las clases populares. La guerra había reducido al mínimo la producción agrícola y ganadera y a las cosechas escasas siguió la carestía de estos productos. Por si fuera poco, los ayuntamientos y la población civil eran oforzados a abastecer a los ejércitos contendientes, el español, con sus aliados ingleses, por un lado, y a las tropas francesas, por otro. A estas obligaciones de abasto con los ejércitos contendientes, se unía el suministro, también obligado, de provisiones para las numerosas partidas de guerrilleros que también participaban en el conflicto.
Se calcula que, solo en Madrid, más de 20.000 personas perdieron la vida a causa del hambre que asolaba a la población en esos dos años. El escritor costumbrista Mesonero Romanos relataba, años después, en sus Memorias de un sesentón y en el capítulo titulado El hambre de Madrid, sus recuerdos de infancia y los que le había transmitido su padre sobre una situación dramática que se vivía día a día en las calles de Madrid y en los pueblos de alrededor:
(…) la escasez iba creciendo día a día, y los precios en el mercado subiendo proporcionalmente en términos tales que para la mayor parte del vecindario era una absoluta prohibición. (…) El espectáculo, en verdad, que presentaba entonces la población de Madrid, es de aquellos que no se olvidan jamás. Hombres, mujeres y niños de todas condiciones abandonando sus míseras viviendas, arrastrándose moribundos a la calle para implorar la caridad pública, para arrebatar siquiera no fuese más que un troncho de verdura, que en época normal se arroja al basurero; un pedazo de galleta enmohecida, una patata, un caldo que algún mísero tendero pudiera ofrecerles para dilatar por algunos instantes su extenuación y su muerte (...).
El propio Mesonero Romanos relataba cómo en septiembre de 1811, y a pesar de los medios adoptados por el Gobierno para luchar con la calamidad, tales como arrebatar de los graneros de los pueblos circunvecinos todas las mieses y frutos para traerlos a Madrid (…). Ese hecho de arrebatar de los graneros de los pueblos circunvecinos todas las mieses y frutos para traerlos a Madrid que recuerda Mesonero Romanos fue dramáticamente habitual para esos pueblos que, como Morata, sufrían las carencias de alimentos tanto o más que en la capital de España. Hasta nosotros ha llegado un episodio que recoge una de estas requisas de alimentos básicos, en este caso trigo y cebada, realizada en Morata y destinada a las tropas españolas e inglesas acantonadas en Aranjuez.
Trigo y cebada del conde de Altamira financiado por el Ayuntamiento de Morata
En octubre de 1812, meses después de que los soldados ingleses y españoles se abastecieran de trigo y cebada en Morata el Ayuntamiento de la villa se hacía responsable de abonar el importe de las doscientas setenta fanegas de trigo y las cuatrocientas de cebada que se guardaban en los almacenes del conde de Altamira. El documento* que recoge esta obligación se conserva en el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid y está firmado por Manuel Sánchez y Joseph Aparicio, miembros del Ayuntamiento de Morata en esos años:
En la Villa de Madrid, a 14 de octubre de mil Ochocientos doce, ante mí, el Escribano del Número (…): Don Manuel Sánchez y Don Joseph Aparicio, regidor y procurador síndico general de la Villa de Morata, residentes al presente en esta Corte, en nombre y en virtud de poder de los señores alcaldes y regidores de dicha villa de Morata (...)
(…) Y en uso de dicho poder (…) dijeron que por la presente otorgan y se obligan por sí y (…) con sus bienes y rentas de los vecinos de dicha villa de Morata a dar y pagar al Excmo. Señor Don Vicente Joaquín Osorio de Moscoso, marqués de Astorga, Conde de Altamira, Duque de Sessa, del Consejo de Estado de S. M., su caballerizo mayor y Gentil hombre de Cámara con ejercicio en su nombre a sus apoderados generales en esta Corte Don Manuel de las Heras y Don Pedro Catalina Iglesias a saber sesenta y ocho mil setecientos veinte reales de vellón procedentes los cuarenta y cuatro mil setecientos veinte reales de doscientas setenta fanegas de trigo a precio, a precio de ciento setenta y dos reales, y los veinte y cuatro mil restantes de cuatrocientas fanegas de cebada a precio de sesenta reales que se han entregado y están entregando a la Justicia de dicha Villa por el administrador que S. E. tiene en la misma, Don Miguel Rojo, para atender a la manutención de las tropas españolas y aliadas existentes en Aranjuez y otros pueblos a las órdenes del Señor general Hill, cuyo pago ha de hacer la villa a S. E. y a sus apoderados en su nombre en tres plazos iguales de veinte y dos mil novecientos seis reales y veintidós maravedíes y dos tercios cada uno. El primero a ocho días de la fecha de esta escritura, el segundo el día dos de noviembre y el tercero el día veinte y cuatro de noviembre de este año, puestos en Madrid y Contaduría General de S.E, a cuenta y riesgo de la Villa, en efectivo dinero metálico y no en papel creado o que de nuevo se crease y si pudieren en la Villa y vecinos (sin aguardar el cumplimiento de los plazos) entregarán el todo o la mayor parte, y en el caso no esperado de no cumplirse esta obligación, dan poder según lo tienen a los apoderados de S. E. el Sr. Conde para que puedan pedirse despachen ejecución por el plazo o plazos que dejasen de pagar, enviando enviando un ¿ejecutor? con setecientos maravedíes de salario cada día contando los que se ocupen en ida, estar y vuelta, por cuyos salarios más las costas procesales se ha de poder ejecutar a la Justicia y vecinos hasta la total solvencia; y al cumplimiento de esta obligación hipotecar todos los bienes y rentas de la Villa de Morata en general y los de cada uno de los vecinos en particular (...)
[firmado]
Manuel Sánchez, Joseph Aparicio.
Ante mí, Tomás de Sancha y Prado.
(AHPM. Escribanía de Tomás de Sancha y Prado. Tomo 22.271. Folios 276 y 277).
Este poder viene a reconocer la deuda contraída por el Ayuntamiento de la villa de Morata, y solidariamente por todos sus vecinos, con el conde de Altamira**como suministrador de los cereales, trigo y cebada, que estaban obligados a entregar, por orden de la Junta Suprema Central -el gobierno que se enfrentaba al ejercito francés invasor-, a las tropas españolas e inglesas, al mando del militar ingles Roland Hill*** que se encontraban en Aranjuez y pueblos limítrofes.
Escritura de reconocimiento de deuda con el conde de Altamira (Fuente: AHPM. Tomo 22.271. Folios 276 y 277).
Final de la guerra e impago de la deuda
Tal como figura en la escritura de reconocimiento de la deuda de la villa de Morata con el conde de Altamira, 68.720 reales, los tres plazos para saldarla finalizaban apenas 40 días después de que se firmara tal escritura. Con la situación económica que padecía Morata, y sus vecinos, en plena guerra frente a los franceses y con malas cosechas continuadas, parecía difícil que este compromiso económico contraído con el señor de la villa para abastecer a los soldados se cumpliera en plazo, como así sucedió efectivamente.
La guerra de la Independencia prácticamente finalizó con la derrota del ejército francés en la batalla de Vitoria, junio de 1813, aunque formalmente sería el tratado de Valençai, en diciembre de ese mismo año, el que pusiera fin al conflicto, pero con un país arrastrando las consecuencias de una guerra iniciada en 1808, la situación económica de España y de sus villas y ciudades no había mejorado ni mucho menos.
La prueba de estas dificultades por las que pasaba el Ayuntamiento de Morata la encontramos en la confirmación de que en mayo de 1815, prácticamente dos años después de la finalización de la guerra, el consistorio morateño no había saldado aún la deuda contraída con el conde de Altamira hacía unos 30 meses en octubre de 1812. Parece evidente que los responsables municipales debían tener prioridades más perentorias que abonar una deuda a un conde de Altamira con el que habían iniciado un pleito para librarse de las servidumbres del señorío al amparo de la nueva Constitución de 1812.
En esa fecha de mayo de 1815 en la escribanía de Pedro González se redacta un documento en vía ejecutoria en la que se insta al Ayuntamiento de Morata y a sus vecinos a saldar definitivamente la deuda contraída con el conde de Altamira. En este documento consta como unos meses antes, el 8 de diciembre de 1814, ante el teniente de corregidor de Madrid León de la Cámara se vio la denuncia presentada por Vicente Pío Osorio de Moscoso para que se le abonasen 50.720 reales. Esta cantidad supone que los responsables del Concejo de Morata apenas habían amortizado 18.000 reales de la deuda inicial. Comprobada la deuda, en veintidós de mayo de mil ochocientos quince se sentenció la causa de remate por la expresada cantidad [50.7020 reales], principal y costas causadas y que se causasen hasta su efectivo pago.
Después de redactado este documento (AHPM. Escribanía de Tomás de Sancha y Prado. Tomo 22.274. Folios 438 y 439) desconocemos cómo y cuándo se amortizó la deuda, en el caso de que se hiciera. El XI conde de Altamira, Vicente Pío Osorio de Moscoso, falleció en 1816 y su hijo primogénito y sucesor en el señorío de la villa de Morata, Vicente Isabel Osorio de Moscoso, hubo de afrontar este pleito y la delicada situación económica de la familia desde París, ciudad a la que se había exiliado por su enfrentamiento con el rey Fernando VII. De hecho, los procesos judiciales de la Casa de Altamira con Morata -y con varias villas más en las que mantenía intereses la casa de Altamira-, se extendieron hasta bien entrada la década de los treinta del siglo XIX, cuando definitivamente se suprimieron los privilegios de los señoríos.
*El poder al que hace referencia el documento conservado en el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, se redactó también en la escribanía de Tomás de la Sancho y Prado. Firmado el doce de octubre en Morata, dos días antes de la escritura de aceptación de la deuda contraída con el conde de Altamira, por parte del alcalde Gregorio Ruiz de Castañeda y otros miembros del Concejo, en el texto se reconoce la suma escasez de granos que padecía la villa y la necesidad de negociar con los administradores del conde de Altamira en Morata la compra de los cereales que debían de aportar a los ejércitos español e inglés, así como el precio que se obligaban a pagar el propio conde. (AHPM. Escribanía de Tomás de Sancha y Prado. Tomo 22.271. Folios 278 y 279).
**En 1812 el titular del condado de Altamira, y propietario del señorío de Morata, era Vicente Joaquín Osorio de Moscoso, miembro durante la guerra de la Independencia de la Junta Suprema Central, que presidió durante unos meses en 1808, y firme opositor a Napoleón que le condenó a muerte y que expolió su palacio madrileño. Los cereales almacenados en Morata, y entregados al ejército español e inglés, provenían de los pagos en especie que recibía el conde de Altamira por las fincas arrendadas a los agricultores de Morata y del pago, también en especie, del trigo y cebada que como poseedor de una parte de las tercias de Alcalá de Henares -diezmos eclesiales- que recibía como titular del condado de Pozas, uno de los numerosos títulos que reunía en su persona el XI conde de Altamira.
***El general Roland Hill (1772-1842) fue un militar del ejército británico que combatió la mayor parte de su carrera a las órdenes del general Wellintong. Combatió en Egipto y en la península ibérica durante la guerra de la Independencia como aliado de las tropas españolas y también portuguesas frente al ejército de Napoleón. Participó en varias acciones de guerra en Andalucía, Galicia, Castilla y Extremadura. Participó en la batalla de Talavera y tras enfermar de malaria y recuperarse en Inglaterra, regresó en para dirigir sus tropas en Albuera, Arroyomolinos y en la toma de Madrid, en 1812. Su carrera militar, que prosiguió en Francia hasta el derrocamiento de Napoleón se extendió hasta 1842. Como se señala en el documento que reproducimos también estuvo acantonado en Aranjuez y otras localidades próxima. Participó directamente en uno de los episodios más controvertidos del ejército inglés durante su estancia en España: la destrucción de la fábrica de la Real Fábrica de Porcelana de el Buen Retiro en agosto de 1812. Estas instalaciones, un proyecto ejecutado durante el periodo de la Ilustración en el siglo XVII, constituían uno de los referentes europeos de la fabricación de productos de porcelana de lujo en competencia, precisamente, con la porcelana inglesa. Con la destrucción de la fábrica madrileña -aún se conserva, junto a la estatua del ángel caído, la antigua noria que servía al complejo fabril- Inglaterra se libró de un gran competidor de sus productos de porcelana.
Fuentes y bibliografía.
Archivo Histórico de Protocolos de Madrid (AHPM). Escribanía de Tomás de la Sancha y Prado. Tomo 22.271. Folios 276 y 277.
Archivo Histórico de Protocolos de Madrid (AHPM). Escribanía de Tomás de la Sancha y Prado. Tomo 22.271. Folios 278 y 279.
Archivo Histórico de Protocolos de Madrid (AHPM). Escribanía de Tomás de Sancha y Prado. Tomo 22.274. Folios 438 y 439.
Memorias de un sesentón natural y vecino de Madrid. Mesonero Romanos, Ramón de. Editorial Verbum, S.L. Madrid, 2021.
La porcelana de la Real Fábrica del Buen Retiro. Sánchez Beltrán, M. J. Electa D.L. . Madrid, 1998.

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