jueves, 6 de agosto de 2026

La Vega del Tajuña, despensa de las tiendas madrileñas en el siglo XVIII 

Los tenderos madrileños contrataron con vecinos de Morata, Arganda, Chinchón y Perales de Tajuña la compra de legumbres y otros productos para llamadas tiendas del aceite y del vinagre

El abastecimiento de Madrid, desde que la villa se convirtió en la capital de la monarquía española a mediados del siglo XVI, fue una constante preocupación para las autoridades ya que, el incremento demográfico, obligaba a buscar constantemente nuevos lugares de abastecimiento de la Corte. En este abastecimiento siempre tuvieron un papel fundamental las villas y lugares que rodeaban Madrid: si al norte se especializaron en el abastecimiento de carne, los pueblos al sur y sureste de la capital se especializaron en el suministro de trigo, vino y aceite, pero también en otras mercancías como las hortalizas, las verduras y las legumbres. Estos últimos productos se distribuían en las conocidas como tiendas del aceite y del vinagre, unos establecimientos que tuvieron en los pueblos de las vegas del Jarama y del Tajuña, entre ellos Morata, su mayor y mejor fuente de suministro .


Las conocidas como tiendas del vinagre y el aceite ocupaban el último eslabón en la cadena de abastecimiento de la villa de Madrid. Tras el pósito del trigo, que controlaba el suministro de pan y harina, fundamental en la alimentación de las clases populares, y los mercados como el de la plaza de la Cebada, estas tiendas, junto a las carnicerías y las tiendas del pescado, eran los establecimientos en los que se distribuían, además del aceite y el vinagre que les daban nombre, productos como las legumbres, la manteca, los huevos o la miel.

En las primeras décadas del siglo XVIII, cuando Madrid ya había alcanzado los 130.000 habitantes, las huertas y campos de alrededores de la capital ya no eran suficientes para abastecer de estas legumbres. Para abastecerse hubieron de recurrir a los pueblos de las vegas de los ríos de la región madrileña. En estas vegas del Henares, Jarama y Tajuña, al sur-sureste de Madrid encontraron los tenderos su fuente principal de abastecimiento.

Relacionado con los pueblos ribereños del Tajuña en el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid (AHPM) hemos localizado un amplio cuerpo documental que recoge cómo estos tenderos madrileños crearon una extensa red de corresponsales encargados, en su nombre, de buscar en municipios como Morata, Arganda, Chinchón o Perales de Tajuña las mercancías que necesitaban en sus establecimientos sin necesidad de desplazarse en persona a los centros de producción de legumbres, huevos, manteca y, por supuesto, aceite y vinagre. 

Los poderes notariales que emitían estos tenderos en favor de sus corresponsales en los pueblos que hemos citado seguían todos un mismo patrón como se refleja, por ejemplo, en el poder firmado por Pedro Pérez, tendero en Madrid, en favor de Julio Bautista Ruiz, vecino de Morata:

Poder para comprar

En la villa de Madrid a dos de noviembre de mil setecientos y doce ante mi el escribano y testigos [com]pareció Pedro Pérez tendero de aceite y vinagre en esta corte que tiene su tienda en lo último de la calle del Olivo alta y hace esquina a la del Desengaño y dijo que daba todo su poder cumplido, el que en derecho se requiere y es necesario, a Julio Bautista Ruiz, vecino de la Villa de Morata, para que en su nombre y en su derecho pueda comprar en dicha villa como en todas las demás partes, villas y lugares de estos reinos y señoríos que le pareciere y fuere conveniente y pueda ajustar y comprar, ajuste y compre judías, lentejas, garbanzos, cañamones y todos los demás géneros que se requieren y sean necesarios para el gasto y consumo de la dicha tienda a dinero de contado o fiado como fuere más conveniente y al precio o precios que le parecieren (...).

Ante mí

Manuel de Espinosa. (AHPM. Escribanía de Manuel de Espinosa.Tomo 15.105. Folios 192-193).

En el texto del documento que trascribimos aparecen los géneros que debía comprar el vecino de Morata para abastecer a la tienda de Pedro Perez. Estos géneros, fundamentalmente pero no solo legumbres, eran cultivos muy habituales en las tierras de regadío de la vega del Tajuña, según sabemos por el Catastro de Ensenada. En la documentación del catastro, en efecto, se señala en las denominadas Respuestas Generales, 4ª pregunta, cómo los agricultores utilizaban la siembra de legumbres para completar el ciclo habitual de siembra de dos o tres años alternado el trigo o cebada con esas legumbres y otros cultivos como ajos o cebollas que servían para renovar la tierra:

(…) Que en las tierras de riego no se siembra hortaliza alguna por ser su principal destino para granos, sembrando las de buena calidad de esta especie dos años seguidos y el tercero por vía de abono se planta en ellas ajos, melones, habas, repollo y algún cáñamo. Y en las de mediana e inferior calidad se siembran grano un año y otro judías y cebollas alternando(Catastro de Ensenada. Morata de Tajuña. Respuestas Generales. Volumen 408. Pieza 2).


Poder notarial para surtir a una tienda madrileña (Fuente: AHPM)

Compras en Morata, Perales, Chinchón y Perales de Tajuña

En la extensa documentación acumulada en los protocolos notariales de Madrid también hemos encontrado una amplia documentación sobre estos vecinos, residentes en los pueblos de la comarca del Bajo Tajuña -convertidos en compradores de los cultivos de la vega que posteriormente se venderían en Madrid- y sobre estas ventas , así como la relación de estas villas con el abasto de la ciudad de Madrid, ya convertida en Corte desde mediados del siglo XVI por Felipe II.

En este sentido, la venta en Madrid de trigo, aceite y vino procedentes de estos municipios es ampliamente conocida, mientras que el abasto de legumbres, manteca o huevos, entre otros productos procedentes de los pueblos que hemos analizado en la documentación consultada, no ha sido tan difundida y conocida en esos años de las primeras décadas del siglo XVIII. 

Entre los documentos consultados aparecen hasta nueve vecinos de Morata, dos vecinos de Perales de Tajuña, y un vecino, respectivamente, de los pueblos de Arganda del Rey y Chinchón, con contratos de suministro con tenderos del vinagre y aceite de Madrid*. Prácticamente todos estos tenderos tenían localizadas sus tiendas en el entorno del centro urbano de la capital como la plaza de Antón Martín, calle de Cedaceros, calle de La Palma, Plaza de San Gil, calle de la Oliva, calle Desengaño, calle Ave María, calle Valverde y calle de Fuencarral. Entre todas estas localizaciones de tiendas madrileñas que se abastecían en las riberas del Tajuña destaca la plaza de Antón Martín, con hasta tres tenderos con sus negocios situados en dicha plaza.

Por otra parte, otra característica que define a los contratos de abastecimiento que hemos localizado destaca también el hecho de que prácticamente en todos ellos, con ligeras variaciones, aparecen los mismos productos que los tenderos encargaban a sus corresponsales:

(…) comprar en dicha villa como e todas las demás partes, villas y lugares de estos reinos y señoríos que le pareciere y fuere conveniente y pueda ajustar y comprar, ajuste y compre judías, lentejas, garbanzos, cañamones y todos los demás géneros que se requieren (…). (AHPM. Escribanía de Manuel de Espinosa.Tomo 15.105. Folios 192-193). A estos productos se podían añadir en otros contratos de poder distintas mercancias como manteca, ajos, cebollas y hasta algarrobas. De todos los poderes notariales que hemos consultado solo en algunos casos, como en el de Manuel Bezón, que se considera a sí mismo confitero,s e añaden productos más lujosos como los huevos e incluso la miel:

(…) Manuel Bezón, vecino de esta dicha Villa y maestro confitero en ella, y como tal otorga que da su poder cumplido bastante, el que de derecho se requiere y es necesario, a Manuel de Parla, vecino de la Villa de Morata, para que en su nombre y representando su propia persona y para el gasto y consumo de su tienda confitería pueda comprar y compre en cualesquier partes, ciudades, villas y lugares las porciones de miel, manteca, garbanzos, lentejas, judías, arroz, algarrobas y demás legumbres, huevos y otros géneros que toquen y o pertenezcan a dicha tienda confitería (…). (AHPM. Escribanía de Juan de Bermeo. Tomo 15.085. Folios 710-711).

Nerea Morán Alonso, en su trabajo Evolución histórica de la resiliencia alimentaria en la región madrileña, trata sobre como la capital hubo de adaptar sus sistemas de abastecimiento tras convertirse en la capital de la monarquía:

(…). Desde la llegada de la corte la ciudad de Madrid se especializa en servicios comerciales y administrativos. Aunque la sociedad rural no va a transformarse al mismo ritmo, debido a que los cambios en la propiedad y la economía no llegan a afectarles en igual medida, por lo que mantendrán una economía agraria feudal de autosubsistencia. Asegurar el abastecimiento de la capital obligará al desarrollo de instituciones y normas específicas, propias de las políticas proteccionistas e intervencionistas del Antiguo Régimen, desarrollado un sistema de adquisición, almacenaje, transporte y distribución de alimentos, y creando una red de agentes y espacios al servicio de Madrid, que se extiende por todo el territorio del interior peninsular. Este sistema se mantendrá durante 300 años (s XVI- XVIII) hasta transformarse radicalmente con el liberalismo. 

Esta red de abastecimiento para garantizar la alimentación de la población de Madrid, en la que participaron tan activamente y durante siglos los pueblos de la ribera del Tajuña, no solo afectaba a productos como las hortalizas, las legumbres, el vino o el aceite. En la documentación también otras que desde la comarca llegaban a la capital y que y que eran muy apreciados, como es el caso del cáñamo tal como veremos la próxima semana. 


*La diferencia de documentos analizados entre Morata y el resto de los pueblos no significa necesariamente que los corresponsales de las tiendas de Madrid fueran más numerosos en Morata. 

Vecinos de las vegas del Tajuña con contratos de abastecimiento con tiendas de Madrid en el primer tercio del siglo XVIII:

  • 1712. Julio Bautista Ruiz, vecino de Morata, abastecedor de Pedro Pérez, tendero de la calle de la Oliva. 

  • 1714. Manuel de Parla, vecino de Morata, abastecedor de Manuel Bezón, confitero.

  • 1716. Manuel Blanco, vecino de Morata, abastecedor de la tienda de Andrés González.

  • 1716. Manuel de Castro, vecino de Morata, abastecedor de la tienda de Juan Vadillo. 

  • 1723. Joseph de (…) vecino de Morata, abastecedor de Angel Fernández con tienda en la plaza de Antón Martín.

  • 1726. Pedro Jiménez, vecino de Morata, abastecedor de la tienda de Isidro Longoria en la calle de Jacometrezo. 

  • 1726. Joseph Muñoz, vecino de Morata, abastecedor de la tienda de Pedro Vázquez en la plaza de Antón Martín. 

  • 1732. Lucas Muñoz, vecino de Morata, abastecedor de la tienda de Simón Rodríguez.

  • 1732. Joseph Cuesta, vecino de Morata, abastecedor de la tienda de Silvestre de la Peña en la calle del Ave María.

  • 1725. Geronimo de Béjar, vecino de Perales de Tajuña, abastecedor de Manuel Martínez con tienda en la plaza de Antón Martín.

  • 1733. Félix de Alarcón, vecino de Perales de Tajuña, abastecedor de la tienda de Joseph de Lesmes en la calle de Valverde. 

  • 1732. Agustín Martínez, vecino de Arganda, abastecedor de la tienda de Martín Garcia en la calle de Cedaceros.

  • 1731. Pedro Bendicho. Vecino de Chinchón, abastecedor de Francisco Vidal en la plazuela de San Gil.


Fuentes y bibliografía:

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Manuel de Espinosa.Tomo 15.105. Folios 192-193.

  • Catastro de Ensenada. Morata de Tajuña. Respuestas Generales. Volumen 408. Pieza 2.

  • (Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Juan de Bermeo. Tomo 15.085. Folios 710-711).

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Juan de Bermeo. Tomo 15.086. Folios 153-154.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Antonio Alcalde. Tomo 15.283. folios 247-248.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Bernardo Urbano. Tomo 15.731. Folios 399-400.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid.Escribanía de Pedro Rodriguez. Tomo 16.194. Sin foliar.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Manuel Díaz Roldán. Tomo 16.399. Folios 13 y 14.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Juan de Bermeo. Tomo 15.189. Folios 509-510.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Pedro de Torres. Tomo 16.988. Sin foliar.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Manuel Crespo. Tomo 16.520. Folios 68-69.

  • Evolución histórica de la resiliencia alimentaria en la región madrileña. Moran Alonso, Nerea. Cuaderno de Investigación Urbanística, nº 147. Marzo/abril, 2023.



jueves, 30 de julio de 2026

El oficio de boticario y el despacho de medicinas en Morata a mediados del siglo XVIII

El Real Tribunal del Protomedicato controlaba la apertura de las boticas y el acceso a la profesión

Al menos desde mediados del siglo XVIII conocemos la existencia en Morata de una botica y un boticario que servía sus medicinas y fórmulas magistrales a los morateños. La presencia de estos profesionales en la villa, sin embargo, debía de ser muy anterior a esta primera farmacia que hemos documentado perteneciente a un tal Manuel Pedregal, asentado en Morata y cuya botica, a su muerte pasó a otro boticario, Manuel Martín tal como aparece reflejado en el correspondiente documento localizado en Archivo Histórico de Protocolos de Madrid.


Las primeras farmacias en territorio europeo, y los primeros boticarios dedicados a esta profesión aparecen, al menos desde el siglo XIII, casi siempre ligadas a instituciones religiosas. La profesión de boticario y su regulación aparecía también casi siempre asociada, y al mismo tiempo diferenciada, de la del médico. Mientras este hacía el diagnóstico, el boticario dispensaba las medicinas y en su caso elaboraba las fórmulas magistrales prescritas.

La evolución de la profesión de boticario, y su extensión a la mayoría de las villas y lugares del reino, se consolidó con el reinado de los Reyes Católicos y se profesionalizó definitivamente durante el reinado de Carlos I y de Felipe II. Durante todos estos años y también en periodos posteriores, el denominado Real Tribunal del Protomedicato* fue el encargado de regular, como veremos, todos los aspectos relacionados con la regulación del trabajo del boticario o farmacéutico . Es en estos años de mediados del siglo XVIII, durante el reinado de Felipe V y sus sucesores Fernando VI y Carlos III, el periodo en el que hemos localizado la presencia de la botica en Morata. Concretamente fue en mayo de 1748 cuando el boticario Manuel Pedregal, instalado en Morata, reconoce su obligación de pagar mil reales a Antonio Mathez para que abasteciera a su botica de medicinas simples y compuestas

Sépase como yo D. Manuel Pedregal residente en esta Corte otorgo y conozco que me obligo con todos mis bienes y hacienda, derechos y acciones habidos y por haber a dar y pagar, y que daré y pagaré llanamente y sin pleito a D. Antonio Mathez, vecino de esta Corte, del Colegio de Boticarios de ella, a saber un mil reales de vellón que confieso deberle procedido del importe de medicinas simples y compuestas que me ha dado para el surtimiento de la botica que pongo en la Villa de Morata para asistirla como boticario que soy en que me ha hecho merced y buena obra y por cuanto la entrega y recibo de las dichas medicinas, que confieso ha sido cierta y verdadera y componen e importan la dicha cantidad, no parece de presente renuncio las Leyes de la prueba, excepción (…), dolo, error, engaño y demás al caso. Y en su consecuencia (…) declaro ser legítimo y verdadero deudor a los dichos mil reales de vellón que me obligo como dicho es a satisfacerle y pagarle juntos, en una sola partida para el día de San Juan de junio del año que viene de mil setecientos cincuenta, puestos y entregados a mi costa y por mi cuenta y riesgo en casa y poder del mismo D. Antonio Mathez o quien su causa y derecho hubiere en en cualquier forma para percibirlos y en buenas monedas de oro o plata que al valor corriente al tiempo de su entrega los sumen y monten.

(…) Y así lo otorgo ante el presente escribano en la Villa de Madrid, a veinte y tres días del mes de mayo, año de mil setecientos cuarenta y ocho. Siendo testigos D. Marcos de la Casanueva , Juan del Valle y Diego Cárdenas, residentes en esta Corte y el otorgante a quien yo el escribano doy fe conozco y firmo.

Manuel Pedregal 

Ante mí, Domingo Antonio Garrido.

(AHPM. Escribanía de Domingo Antonio Garrido. Tomo 17.083. Folios 98-99).

El trabajo de Manuel Pedregal como boticario en Morata también está documentado en el Catastro de Ensenada donde aparece censado en el denominado Cuaderno de notas y resumen del tráfico industrial y personal. Aunque desconocemos dónde estaba localizada la botica de Morata en esos años de mediados del siglo XVIII sí que sabemos el sueldo que tenía asignado:

(…) Que a Manuel Pedregal, boticario en esta Villa, se le ha considerado que anualmente gana tres mil reales por su ejercicio.

En esta documentación del Catastro de Ensenada, en el llamado Libro de los Personal del estado seglar, también aparece la mujer de Manuel Pedregal y su familia;

Manuel Pedregal, de edad de treinta y cinco años, de ejercicio boticario. Casado con Ana Bermejo, de treinta y cinco años. Su familia: hermana, Isabel, de trece años, hermana de dicha Ana.


Reglamento para a realización de las visitas a las boticas (Fuente: Real Academia de Farmacia) 

Traspaso de la botica de Morata y solicitud de inspección al Real Tribunal del Protomedicato.

Fue precisamente Ana Bermejo, ya viuda de Manuel Pedregal, la encargada de gestionar el traspaso de la botica de Morata en 1767. En ese año, el 26 de octubre, Antonio Martín, también de profesión boticario otorga poder para que dos vecinos de Morata acudan al Real Tribunal del Protomedicato para solicitar el permiso de reapertura de la farmacia que había pertenecido a Manuel Pedregal y que su viuda, Ana Bermejo, le había vendido cuatro días antes, el 22 de octubre, de la firma de dicho poder:

En la villa de Madrid, a veinte y seis días del mes de octubre año de mil setecientos sesenta y siete, ante mí el escribano y testigos pareció Antonio Martín, vecino de la Villa de Morata, residente al presente en esta Corte, otorga que da y confiere todo su poder cumplido, el que de derecho se requiere más puede y debe valer, sin limitación alguna, a favor de D. Joseph Andrade y Joseph de la Cámara Martínez, procurador de los Reales Consejos, vecinos de esta dicha Villa y a cada uno insolidum para que en su nombre y representando su propia persona, acción y derecho, acuda al Tribunal del Real Protomedicato y pida se dé permiso al otorgante para que abra la botica que existe en dicha Villa y pueda despachar en ella las medicinas de su uso, respecto de hallarse cerrada y sin uso por providencia dada en diez y siete del presente mes por el Sr. D. Próspero Lorente, juez de comisión de la visita de Boticas de las cinco leguas del contorno y rastro de esta Corte, por los motivos que tuvo por convenientes, en atención a que por Ana Bermejo, viuda de Manuel Pedregal, se ha otorgado a favor del otorgante escritura de venta de dicha botica en la referida Villa de Morata a veinte y dos de el presente mes y año y ante Joseph García Nieto, escribano del Número y Ayuntamiento de ella, pidiendo (…) se pase a visitar la mencionada botica por el el sujeto que dicho Tribunal tuviere por conveniente y que hallándola surtida de todo lo necesario se use y despache en ella las medicinas correspondientes a cuyo fin se dé para todo el conveniente despacho, haciendo en razón de todo cuantas diligencias judiciales y extrajudiciales sean necesarias (…).

En cuyo testimonio así lo dijo, otorgó y firmó a quien yo el escribano doy fe conozco, siendo testigos D. Antonio Ramales (…), D. Thomás Fernández y Matheo Antonio Molina, residentes en esta Corte.

Antonio Martín

Ante mí

Antonio Mexía. 

(AHPM. Escribanía de Antonio Mexía. Tomo 19.177. Folios 649-650).

Tal como aparece en el documento que reproducimos Antonio Martín el nuevo boticario, también solicitó por medio de sus representantes que el denominado juez de comisión de la visita de las cinco leguas [del contorno de Madrid) se trasladara a Morata para comprobar las circunstancias de la botica de Morata para que se permitiera su reapertura.

Conseguidos todos los permisos legales, Antonio Martín desarrolló una larga labor como boticario de Morata. En el año 1810, cuando ya contaba con 80 años de edad y habían transcurrido 43 años desde que adquiriera la propiedad de la botica a la viuda de Manuel Pedregal, aún estaba en ejercicio y al frente de su establecimiento, como se recoge en un curioso documento también conservado en el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid y elaborado a instancias del hijo denAntonio Martín, Nemesio Martín, también de profesión boticario y ejerciente en el vecino pueblo de Perales de Tajuña: 

En la Villa de Madrid a veinte y seis días del mes de abril año de mil ochocientos diez, ante mí el escribano de S. M. pareció Nemesio Martín que así expuso llamarse, ser natural de la Villa de Perales de Tajuña, mayor de veinte y cinco años y estar residente a la sazón en esta Corte, dijo que con motivo de que su padre Antonio Martín, vecino y boticario de la villa de Morata de Tajuña se halla en la edad avanzada de ochenta años cumplidos por si se verificase su fallecimiento para que en este caso otorga que da y confiere todo su poder cumplido al que tiene por derecho se requiera y más necesario sea a Juan García Pizarro, vecino y labrador en dicho pueblo, especial y general para que a su nombre y representando su misma persona acciones y derechos y llegado a cumplirse el fallecimiento del Antonio Martín, padre del otorgante, proceda al inventario, tasación y partición de los bienes raíces, muebles y demás que dejase y los demás hermanos, nombrando al efecto los tasadores y personal práctico e inteligente que ejecuten la citada tasación de bienes y partición de estos (…).

Nemesio Martín

Ante mí Julián Álvarez de la Torre. 

(AHPM. Escribanía de Julián Álvarez de la Torre. Tomo 21.976. Folios 12-13).

El documento muestra como en la profesión de boticario, por esos años, era habitual la trasmisión entre padres e hijos de la botica familiar o, como en este caso, ejercer el oficio en dos villas muy cercanas.




*El Real Tribunal del Protomedicato fue una institución técnico-sanitaria del imperio español encargada de regular las profesiones de la salud, controlar la higiene pública y autorizar el ejercicio a médicos, cirujanos y farmacéuticos. María Soledad Campos Diez trata sobre esta institución de origen medieval en su trabajo sobre El Protomedicato en la administración central de la Monarquía Hispánica,un organismo que define como órgano colegiado y supremo, de carácter técnico y destinado a controlar las profesiones sanitarias en Castilla, con jurisdicción especial personal y material, independiente y no subordinado al Consejo Real, aunque en ocasiones mediatizado por él.

En este trabajo María Soledad Campos señala también cómo el Real Tribunal de Protomedicato (…) como órgano con funciones normativas, judiciales, gubernativas y de asesoramiento no solo estaba compuesto por las personas que encabezan y constituyen válidamente el tribunal decisorio, eran también precisos otros oficiales para que funcionase su maquinaria administrativa, como un cirujano y un boticario que presenciaban los exámenes de su facultad o inspeccionaban boticas (…). Desde el reinado de los Reyes Católicos, el Real Tribunal del Protomedicato era el responsable de examinar y controlar a los boticarios así como de vigilar que no se produjeran abusos en la profesión y, además, visitar y vigilar el estado de las propias boticas. En torno a la época a la que tratamos sobre la botica de Morata, en 1737, Felipe V delimitó la jurisdicción del protomedicato en todo lo que afectaba a asuntos que constituyeran delitos por parte de médicos, cirujanos o boticarios. 

El Real Tribunal del Protomedicato se extingue tras un R. D. de 1799 aunque vuelve a recuperarse en 1811. Se volvió a extinguir en 1814 y a recuperar de nuevo en 1820, para desaparecer definitivamente con las políticas liberales a partir de la década de los años treinta del siglo XIX.



Fuentes y bibliografía:

  • Campos Díez, María Soledad. El Protomedicato en la administración central de la Monarquía hispánica. Dynamis: Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustrandam, 1996, Vol. 16, p. 43-58, https://raco.cat/index.php/Dynamis/article/view/105964.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Domingo Antonio Garrido. Tomo 17.083. Folios 98-99.

  • Catastro de Ensenada. Pieza 10: Cuaderno de notas y resumen del tráfico industrial y personal. Archivo Histórico Provincial de Toledo. Cuaderno H 410.

  • Catastro de Ensenada. Pieza 3: Libro de los Personal del estado seglar. Archivo Histórico Provincial de Toledo. Cuaderno H 410.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Antonio Mexía. Tomo 19.177. Folios 649-650.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Julián Álvarez de la Torre. Tomo 21.976. Folios 12-13.

jueves, 23 de julio de 2026

El 21 de julio de 1901 se inauguró el tramo del ferrocarril entre Arganda-Morata

Los periódicos más importantes de la época recogieron la noticia de la llegada del ferrocarril

En 1901, finalmente, los vecinos de Morata vieron cumplido su deseo de que el pueblo contara con un nuevo medio de transporte, el ferrocarril. Pese a todas las dificultades, que no fueron pocas, el tren llegó a la villa el domingo 21 de julio de 1901. La empresa concesionaria del ferrocarril había conseguido salvar los problemas económicos que habían acompañado al proyecto desde sus inicios, varios años antes, y consiguió llevar el tren a Morata. Las dificultades llegaron incluso hasta el día anterior a la inauguración del trayecto y un accidente en el viaje de pruebas, podría haber empañado este acontecimiento. Según publicó La Época el 24 de julio, el día 20, fecha previa a la inauguración, uno de los ingenieros de la compañía que comprobaba el estado de las vías entre Arganda y Morata sufrió una aparatosa caída:

Al pasar el tren por una de las atarjeas de la vía se detuvo, y el ingeniero jefe bajó del coche para comprobar algunos detalles. Al atravesar la alcantarilla resbaló el Sr. Delchevalerie y cayó desde una altura de cinco metros, produciéndose una conmoción y fuertes contusiones en la espalda. Por fortuna las consecuencias de la caída no han sido tan graves como pudo temerse en un primer momento, y el Sr. Delchevalerie se encuentra en estado relativamente satisfactorio.

Este accidente no impidió que, al día siguiente, la compañía promotora del Ferrocarril del Tajuña, deseosa de que la nueva línea se diera a conocer entre los madrileños y los futuros usuarios. no ahorrara en medios a la hora de promocionar la inauguración. Los periódicos y revistas más importantes de la época fueron invitados al viaje inaugural y al día siguiente en toda la prensa escrita apareció la noticia. Veamos una selección resumida de estos reportajes:

La inauguración del tramo Morata-Arganda en la prensa

Heraldo de Madrid, 22 de julio de 1901

De Madrid a Morata-Inauguración de un trayecto

Tras las tapias del frondoso Retiro se ocultaba, así como avergonzada, ente el caudal de polvo que levantan los carruajes, una estación pequeña y (…) arranque de una modestísima vía férrea que no tenía nada que envidiar a la del tranvía del vapor de Vallecas.

Hoy la decoración ha cambiado. Una sociedad poderosa ha empezado a imprimir vigoroso impulso a la moribunda línea, para transformarla en importante y vasto venero de riqueza, en arteria robusta de la red general de ferrocarriles españoles. Todo allí ha sufrido modificación al hacerse cargo de la línea la Sociedad belga de Caminos de Hierro.

Los coches son nuevos y cómodos, hallándose dotados de timbres eléctricos para caso de alarma. El primitivo material fijo, convenientemente sustituido o remozado, ofrece más garantías de solidez que antes, y en general observase en toda la línea un ambiente de vida y entusiasmo que denuncia prosperidades innegables.

La expedición organizada para inaugurar el trayecto de Arganda a Morata de Tajuña, salió de Madrid a las diez de la mañana. Era numerosa y muy grata, lo suficiente para contrarrestar con sus atractivos las amarguras de un sol despiadado, que nos persiguió hasta el señorial palacio del marqués de Torneros, punto de Morata, encantador y fresco, en donde se había de solemnizar bucólicamente el acontecimiento del día.

En Arganda, el pueblo entero nos recibió con grandes demostraciones de júbilo, aguantando allí a pie firme y asándose materialmente, la ceremonia religiosa que celebró el señor obispo de Sión para bendecir la cabeza del nuevo proyecto. Calcúlese lo que pasaría en Morata, radiante de gozo, por verse beneficiada con los progresos de un ferrocarril con que soñaban hace muchos años.

La estación, el trayecto de ésta al pueblo, los balcones, la iglesia, todo estaba cuajado de gentes con los trajes domingueros, alegres como las banderas que tremolaban en las paredes y arcos de follaje. A los gritos de entusiasmo del pueblo, (…) los sones de la banda, el vuelo de las campanas, el chasquido de los cohetes que surcaban el espacio, ahogando el lejano pitar de la locomotora que quedaba en la estación haciendo maniobras. En el templo se entonó un solemne Tedeum y poco después, en el legendario patio del palacio de Morata, que habitó a temporadas Carlos IV, bajo un hermoso emparrado que apenas si permitía el acceso del sol, la Casa Lhardy sirvió uno de sus espléndidos banquetes. (…) Una hora después se organizaba el regreso a Madrid y llegábamos aquí a las nueve, recordando el cantar:

Morata de Tajuña

Con sus arroyos

Se crían sus mujeres

Como pimpollos

R. E.

El Globo, 21 de julio de 1901

De Madrid a Morata-Nuevo Ferrocarril

La vía ferroviaria de Madrid a Arganda cuenta desde ayer con un trozo más ya en explotación. El nuevo trayecto es de 17 kilómetros, que sumados a los 28 con que cuenta el anterior, suman 45 como total de los que actualmente están en explotación.

El nuevo trozo inaugurado ayer es el que comprende desde Arganda, punto donde terminaba antes la línea, y el importante pueblo de Morata de Tajuña. La línea nueva está trazada en perfil atrevido y recorre la parte más bonita de aquella comarca. El material móvil es nuevo y cómodo, siendo sus coches como casi todos los adoptados por las líneas de vía estrecha, tales como el del Cantábrico y de San Sebastián a Zarauz. Están dotados de suficientes comodidades y lo que es más importante, de timbres de alarma que, poniendo en comunicación a todos los coches que forman el tren con el furgón del conductor, permiten en un momento dado, detener la marcha y acudir en auxilio del viajero, si es que esto fuese lo que le obligó a hacer uso del timbre.

 (…) Como desde aquel punto [Arganda] es donde empieza la nueva línea, el Consejo de la Compañía había acordado que allí fuese bendecida la máquina que por vez primera iba a recorrer oficialmente la nueva vía.(…) Puesto de nuevo en marcha el tren inaugural, tras recorrer el trazado nuevo, llegó al pueblo de Morata, término por ahora de la línea. Al son de la Marcha real hizo su entrada en aquella estación y al compás de las exclamaciones de los numerosos vecinos de Morata, que sentíanse alegres  y regocijados con la nueva fuente de vida y progreso con que desde ahora cuentan.

(…) En elocuentes palabras, pronunciadas en francés, [el presidente de la compañía] brindó por su patria, a la que desde lejos dedicaba un recuerdo, y por España, en la que al presente se halla, y a la que ya ama, como si en ella fuese nacido, saludando al progreso que en ella se manifestaba cada día más creciente, y en la cual empleará todos sus conocimientos técnicos, así como los medios que la compañía belga por él representada posee. (…) Cerca de las siete era cuando los expedicionarios emprendieron el camino de regreso a Madrid (…). 



El Liberal, 22 de julio de 1901

Madrid-Arganda-Morata

(…) Íbamos a inaugurar el trozo de ferrocarril de Arganda a Morata de Tajuña, que la Sociedad Belga de Caminos de Hierro y otros negocios industriales en España abrirá al servicio público en los primeros días del próximo agosto.

Entre arcos de follaje, aclamaciones de júbilo, disparo de cohetes y general algazara, el obispo de Sión bendijo en la estación de Arganda la cabeza de la nueva vía; volvimos a subir a nuestros departamentos, y poco después, atravesando la hermosa vega de pletóricos olivares y bien cultivadas viñas sin tropiezo alguno; sin que se confirmaran los temores más o menos oficiales entrábamos en el andén de Morata entre el clamoreo de hombres, mujeres y niños, que desde los vagones de balastro, desde los techos de los coches de vía muerta y desde los cerros inmediatos daba rienda suelta a su entusiasmo, al ver convertida en realidad su constante ensueño, su anhelado ferrocarril.

(…) Morata es un pueblo muy rico; sus vinos compiten admirablemente con los de Arganda, y sus vecinos son gente instruida; los maestros ¡cobran! Hasta la maestra superior es de las más superiores de la provincia. Más de cien comensales sentáronse alrededor de las mesas, y la comida se sirvió amenizada por la música del pueblo; el bello sexo estaba numerosa y escogidamente representado.

(…) Los jefes de las estaciones de Madrid, Arganda y Morata, Sres. Padilla, Sola y Peña, respectivamente, el factor Sr. Capa y el monitor de la Compañía, Sr. Arjona, realizaron inteligentemente sus respectivos servicios.

A las seis, la engalanada máquina lanzó al aire su silbido estridente, y entre nuevos vítores y clamores abandonó el tren la simpática Morata, y yo me arrellané en el cómodo vagón. Seguramente convencido de que ya no aparecerían por la ventanilla la carabina y el tricornio del guardia civil invitándome a desenterrar la carcomida chocolatera del desvencijado convoy de antaño…

Eduardo Rosón



La Correspondencia de España, 22 de julio de 1901

El nuevo ferrocarril de Morata a Arganda

(…) El obispo de Sión bendijo la máquina Tajuña que ha sido la que ha hecho todo el recorrido indicado (…). A la una de la tarde llegamos a Morata. Puede decirse que estaba todo el pueblo en la estación.]

La comitiva se dirigió a la iglesia. (…) En la iglesia admiramos una Concepción de Goya [¿?], que está en el fondo del altar mayor. En la plaza del pueblo se había colocado una fuente de vino en la que apagaban su sed los mozos del pueblo (…).



La Época, 22 de julio de 1901

Inauguración de un ferrocarril

De Madrid a Morata de Tajuña

Salida de Madrid-Atravesando el Sahara-La Azucarera de Madrid-Llegada a Arganda-Bendición Episcopal-En Morata-El palacio de Altamira-El banquete-Regreso.

La línea del ferrocarril de Madrid a Arganda estaba no hace mucho tiempo en estado de gran abandono, hasta que las quejas del público y de la Prensa lograron que el gobierno diera por caducada la concesión en vista de las deficiencias del servicio.

No existía cuadro de marchas y el material era tan defectuoso que se cuenta que un día los viajeros tuvieron que apearse del tren y empujarle para que pudiera subir una cuesta. Hay que advertir que esto lo contaba un andaluz.

Caducada la concesión hace tres meses se encargó del servicio previa adjudicación la sociedad Belga de Caminos de Hierro, que tiene otros importantes negocios industriales en España.

Con actividad digna de elogio, la nueva sociedad construyó y adquirió en España y en Bélgica un material ferroviario nuevo y de moderna construcción y dio gran impulso al ramal que habrá de enlazar a Arganda con Morata de Tajuña, cuya inauguración oficial se verificó ayer con asistencia del Consejo de Administración de la citada Compañía, de varios diputados provinciales, ingenieros y representantes de la prensa madrileña.

A las diez de la mañana, hora señalada para partir, ya se encontraban en la estación del Niño Jesús, situada detrás del hospital del mismo nombre, los invitados a la inauguración, que eran recibidos por el alto personal de la Sociedad belga, compuesto del presidente, el senador belga Mr. Victir Fris; del administrador, Mr. Franck, y de los Sres. Beckman y Rivadeneyra, administrador y consejero, respectivamente.

(…) A las diez y media, el tren compuesto de dos coches de primera, dos de segunda, y dos de tercera, adornados con banderas españolas y belgas, se puso en marcha. El  calor a aquella hora de la mañana era tan grande dentro del tren, que a duras penas podían soportarlo los expedicionarios. Uno de los viajeros, que llevaba un termómetro de bolsillo, pudo comprobar que la temperatura que se disfrutaba dentro de los coches era de 41 grados.

Desde la estación de Madrid hasta el apeadero de Montarco no se ve en el camino ni un árbol, ni una rama. Diríase, al contemplar aquella extensión de tierra pelada, que se cruzaba el Sahara.

Pasada la estación de Fortuna la vegetación es frondosa, debido a la proximidad del río Henares, que cerca de Vicálvaro se une con el Manzanares. Corpulentos pinos y chopos bordean el camino desde antes del magnífico puente de hierro, que se encuentra cerca de la Azucarera Madrileña, hasta la misma estación de Arganda.

La Azucarera Madrileña, de la que es principal accionista el exministro de Hacienda Sr. Navarro Reverter, es un edificio magnífico, en el cual tienen ocupación centenares de obreros. Actualmente se trabaja en el cultivo de la remolacha, que a principios de invierno se convertirá en azúcar.

A la una se emprendió la marcha por la nueva línea que enlaza Arganda con Morata de Tajuña.

Para que las pruebas oficiales fueran reglamentarias, los ingenieros de la división del Gobierno cargaron 5.000 kilogramos de peso en el furgón de equipajes, con objeto de comprobar la fuerza de arrastre de la máquina. Cuarenta minutos tarda el tren en recorrer el trayecto que separa los dos pueblos.

El camino es muy bonito, viéndose a derecha e izquierda grandes extensiones de viñedos y olivares, principal riqueza de aquella comarca.

Cerca de la una y media llegó el tren a la estación de Morata de Tajuña. Los vecinos del pueblo, al ver aparecer la máquina, prorrumpieron en manifestaciones de entusiasmo. Se lanzaron cohetes, las campanas de la iglesia fueron echadas a vuelo y la música del pueblo interpreto, aunque no de modo muy perfecto, la Marcha Real. (…) Al llegar frente al Ayuntamiento, una comisión de alcaldes de los pueblos del distrito saludó a los expedicionarios.

(…) Tiene la iglesia de Morata una joya de inestimable mérito que fue admirada y celebrada por todos. Es un cuadro de Goya [¿?], que representa a la Virgen, teniendo en brazos al Niño Jesús.

(…) Morata de Tajuña es un pueblo muy bonito. Tiene 3.025 habitantes y se encuentra situado a la derecha del río Tajuña, entre los términos de Arganda y Chinchón. Uno de los edificios más notables es el hospital, fundado por Don Antonio López en 1670. En la plaza de la Constitución existe un bonito teatro, de moderna construcción, y la Casa Ayuntamiento, recientemente terminada.

El nuevo ferrocarril tiene gran importancia para toda aquella comarca, y la empresa está construyendo varios ramales, que unirán los pueblos de Chinchón y Colmenar de Oreja con las líneas de Calatayud y Valencia (…).

E. M.



El Imparcial, 22 de julio de 1901

La Sociedad Belga de Líneas de Ferrocarriles y Empresas industriales en España, dueña hoy de la vía férrea de Madrid a Arganda, ha abierto a la explotación el primer trozo de los que se propone construir para poner a Madrid, por lo pronto, en comunicación con zonas tan importantes de producción agrícola, como Chinchón y Colmenar de Oreja.

Al adquirir la línea, la compañía compradora emprendió su continuación y anteayer domingo inauguró un nuevo trayecto que une a Arganda, punto donde ha tenido su término durante algunos años, con Morata de Tajuña, pueblo importante y rico, y sobre todo, dicho sea en justicia a sus vecinos y munícipes, toda vez que tiene al corriente sus obligaciones en enseñanza.

De sobra conocida esta grata tierra de los alrededores de Madrid, no hay que hablar al lector de los encantos del paisaje hasta muy cerca de Arganda. Interminables cárcavas de cal y yeso cortadas por estrechos valles que amarillean en rastrojo o esperando el golpe de la hoz las cañas del mísero centeno, la vista descansa de tan desesperante impresión de monotonía al entrar en la nueva sección.

El tren avanza a partir de Arganda entre viñedos, cuyo intenso verdor quiebra el más pálido de los olivos, hasta la misma entrada de Morata de Tajuña.

(…) Los coches, incluso los de tercera, son amplios y cómodos, y todos están dotados del timbre de alarma para detener la marcha del convoy en caso necesario (…).

Al entrar el tren en la estación de Morata fue recibido a los acordes de la Marcha real y a los gritos de júbilo del vecindario, que veían realizados sus anhelos. Poco después, precedida de la banda municipal, a la que seguían la (…) de la parroquia, el  clero y los invitados, cerrando la marcha el numeroso popular, dirigiose abigarrado cortejo a la iglesia de la villa, donde se cantó un Te Deum, terminado el cual, los expedicionarios de ambos sexos, las autoridades locales y los morateños de distinción fueron obsequiados por la empresa con un espléndido banquete, admirablemente servido por Lhardy en el amplísimo patio del antiguo palacio de Altamira, hoy del marqués de Torneros, sombreado por el denso ramaje de una parra peculiar.

No bajarían de ciento veinte los comensales. (…).



Estación de Morata antes de la llegada del primer tren (Fuente: revista Blanco y Negro).


Revista Blanco y Negro, 27 de julio de 1901

Actualidades

Inauguración de la línea de Arganda a Morata de Tajuña

En el elocuentísimo discurso que dirigió el obispo de Sión a los expedicionarios que asistieron a la inauguración de la línea férrea de Arganda a Morata de Tajuña, al final del banquete celebrado en el hermoso patrio de la casa del marqués de Torneros, dijo su ilustrísima que puesto que la misión de la prensa no solo consiste en reflejar fielmente los sucesos, sino en dirigir la opinión, debe conceder una atención muy preferentes aquellos que representan un progreso como aquel que se conmemoraba.

Entendiendo nosotros el deber que está obligada a cumplir la prensa exactamente igual que el elocuente prelado, complacemos siempre registrar en nuestras páginas aquellos sucesos que más directamente demuestran los adelantos que alcanza nuestro país en todos los órdenes de la vida, y muy principalmente aquellos que representan una mayor prosperidad para el suelo patrio, como lo es indudablemente el que sirve de tema a esta información.

Las vicisitudes por que ha pasado, no sólo el proyecto de esta línea, sino la que desde 1885 estaba en explotación de Madrid a Arganda, habían hecho perder la esperanza de que Madrid pudiera comunicarse normalmente con importantes pueblos vecinos.

Declarada en quiebra la sociedad fundadora, incautose el Estado del Ferrocarril de Arganda en 1893, adjudicándolo en subasta después de largo expediente a D. Fernando López de Rivadeneira, administrador delegado de la Sociedad Belga de Ferrocarriles, que también adquirió la concesión de la línea de Arganda a Chinchón y Colmenar, así como la de un ramal de Morata a Orusco. 

La primera sección de este ferrocarril es la que se ha inaugurado el 21 del corriente; abarca 16 kilómetros, que unidos a los 28 que comprende la de Madrid a Arganda, forman un total de 44, extensión que aumentará en otros 18 kilómetros en cuanto terminen las obras de la línea de Morata a Chinchón, que se llevan a cabo con rapidez.

Así como el primitivo ferrocarril de Madrid a Arganda ha contribuido a la prosperidad de aquel facilitando el trasporte de vinos, cereales, piedra, yeso y cal, en que es abundantísimo ,la línea inaugurada favorecerá la rica región del Tajuña, hasta hoy sin fáciles trasportes para sus importantes productos agrícolas, y siendo el propósito de la Sociedad concesionaria llevara feliz término la construcción de todas las líneas propuestas, han de ser muchos los pueblos que disfruten los grandes beneficios que esto reportará.

La labor de la Compañía no se ha visto coronada por el éxito sino después de penosa lucha, y a la cooperación de la Sociedad Belga de Caminos de Hierro que preside Mr. Fris, debese el que en definitiva se haya logrado mucho más que al decidido apoyo de los que por su condición debieran ser los primeros interesados en la prosperidad del país.

Como dato curioso consignaremos que los 15 kilómetros de carriles empleados en esta línea proceden de las fábricas de Altos Hornos, y los coches y furgones, etc, de la casa Gardé, de Zaragoza.

Terminaremos nuestra información fotográfica con un grupo de periodistas madrileños que asistieron a la inauguración, como recuerdo de las agradabilísimas horas que pasamos en su compañía.


Celebración del banquete en el interior del antiguo palacio de los condes de Altamira (Fuente: revista Blanco y Negro).


Asistentes al banquete (Fuente: revista Blanco y Negro).

Una jornada histórica para Morata

En todas estas informaciones aparecidas en la prensa madrileña se destaca por parte de todos los redactores la importancia que para la economía de la comarca significaba la llegada del tren a Morata y la mejora que el nuevo trazado había traído a toda la línea. El ambiente que se trasmite desde las crónicas periodísticas, con la participación de la banda de música, la celebración religiosa, la colocación de arcos y disparo de cohetes, es el mismo que se repetirá años más tarde cuando, sucesivamente, el tren llegue a Chinchón y Colmenar, y en el ramal que partía desde la estación de Tajuña, en las inauguraciones de los tramos hasta Perales, Tielmes, Carabaña y Orusco. En estos primeros años de la compañía, aún se pensaba que la línea tendría continuación hasta Aragón e incluso hasta Valencia y qué mejor forma de celebrarlo que con la organización de unos actos en los que no faltó el banquete ofrecido por Lardhy en el Palacio de Altamira -a 60 pesetas el cubierto- y la instalación de una fuente de vino en la plaza.

Muchos de los periodistas hicieron también referencia al mal estado de las vías y el material móvil del trayecto Madrid-Arganda hasta la inauguración y el cambio observado en los nuevos vagones y locomotoras tras la inyección económica que se produjo tras la entrada de la sociedad belga. En este sentido la inauguración del tramo hasta Morata –y el siguiente año de los tramos hasta Chinchón y Colmenar de Oreja- significó una mejora en el material de la línea. Según el Anuario de FerrocarrilesEspañoles, publicado en 1904 pero con datos de 1903, de las tres locomotoras que prestaban servicio en la línea Madrid-Arganda hasta 1901 se había pasado a las doce locomotoras con las que contaba el trazado ampliado; de un total de 58 vagones en la línea hasta Arganda a los 144 en el trazado que llegaba hasta Colmenar (1 de lujo, 3 de primera clase, 2 de segunda clase y 14 de tercera clase, más los destinados a mercancías). Lógicamente, los ingresos también crecieron tras la ampliación y mejora de la línea ferroviaria: si en 1901 la línea hasta Arganda sumó 197.969 pesetas de ingresos, en 1903 los ingresos totales de la compañía del Ferrocarril del Tajuña alcanzaron la cantidad de 463.976 pesetas, con un incremento superior al 100% en el transcurso de dos años.

Fuentes y bibliografía:

Anuario de Ferrocarriles. Año 1898, 1901 y 1902 y 1904. Enrique de la Torre. Imprenta Central de los Ferrocarriles. Madrid.

Periódicos citados en el texto.

jueves, 16 de julio de 2026

Cal fabricada en Morata para el palacio real de Felipe V

Tras el incendio que destruyó en 1734 el antiguo alcázar madrileño, en 1738 los contratistas se abastecieron en la villa para la construcción de la nueva residencia real 

En la Nochebuena de 1734 el alcázar de Madrid sufrió un gran incendio. La residencia real quedó completamente destruída y el monarca reinante, Felipe V, debió afrontar la construcción de un nuevo palacio. Unos meses después, sobre el solar del antiguo alcázar, comenzó a construirse el nuevo Real Palacio, una obra que absorbió importantes recursos necesarios para hacer el acopio de materiales. Entre estos materiales, los constructores necesitaban ingentes cantidades de piedra y cal para la denominada Real Fábrica del palacio. Para obtener la cal los constructores acudieron, entre otros lugares, a la villa de Morata donde se levantaron las caleras necesarias para suministrar este material.


Cuando el alcazar fue devorado por las llamas, Felipe V, el primer monarca de la dinastía de los Borbones en España tenía claro que la nueva residencia real debía construirse a partir de materiales resistentes a las llamas. Frente a la madera del viejo alcázar, ahora se trataba de construir un palacio a base de piedra y ladrillo, materiales menos peligrosos pero que exigían a los arquitectos proveerse de dos elementos humildes pero imprescindibles para elaborar el mortero: arena y cal.

Precisamente para el abastecimiento de la cal, el intendente general de la Real Fábrica del Palacio contrató el asiento y suministro de este material con dos vecinos de Madrid, Juan de Araujo y Juan del Corral, que se comprometieron a suministrar nada menos que 250.000 fanegas (Una fanega, 44 kilos) de cal en los tres años siguientes a la firma del contrato realizada el 10 de marzo de 1738. Para hacer frente a este compromiso los dos socios debían acudir a varios centros de producción en el entorno de la capital de la Corte y, entre ellos, aparece según la documentación que hemos localizado en el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid la villa de Morata.

Por un poder notarial otorgado solo unas semanas después de que Juan de Araujo y Juan del Corral firmaran el contrato de abastecimiento de cal para las obras de construcción del nuevo palacio real, dirigidas por el arquitecto italiano Juan Bautista Sachetti, sabemos que ambos contratistas se fijaron en Morata como uno de los centros productores de cal:

(…) En la villa de Madrid a siete días del mes de Mayo, año de mil setecientos treinta y ocho, ante mí el escribano y testigos D. Juan de Araujo, vecino de esta dicha Villa por sí y en nombre y en virtud del poder que tiene de D. Juan del Corral, también vecino de ella y su compañero en el asiento y provisión de cal que se necesite en tres años para la construcción de la fábrica del nuevo Real Palacio que para S. M. se levanta en esta Corte, rematado en cabeza de ambos que se lo dio y otorgó ante mí en el día diez de marzo pasado de este año que de ser bastante para lo que aquí se contendrá, yo el infrascrito escribano doy fe, el cual aseguro el dicho D. Juan no está revocado ni limitado en manera alguna (…) dijo que da y otorga todo su poder cumplido, bastante y el que en derecho se requiere y es necesario a Francisco Rodríguez, vecino de esta Villa, especial para que en su nombre y del referido Juan del Corral, su compañero, y en conformidad de las facultades que por pliego dado sobre el dicho asiento y despacho que con inserción de sus condiciones se les ha librado por el señor Intendente General de la citada Real Fábrica de que se le entrega para ello copia autorizada por mí el escribano pueda pasar y pase al término de la Villa de Morata y construya y abra en el las caleras que tenga por convenientes para coger la cal que precise con las leñas que produjesen los árboles del soto del Negralejo y todas las de las viñas y las del sitio que llaman el rincón de Velilla que está inmediato a Torrebermeja y poder dar con ella el más (…) cumplimiento al referido asiento y entrega que han de hacer en este presente año de las doscientas y cincuenta mil fanegas que son obligados en la expresada Real Fábrica para su construcción, usando así de dichas leñas como de las partes que necesitase para los ganados que ocupase este (...) de la referida especie, bajo de los términos (…) y condiciones que les están dadas y concedidas como tales (…) por el citado pliego y despacho de que con su interés se les ha librado y así mismo de los géneros comestibles que necesitasen así como para las demás personas que [se] ocupasen en la fábrica de dicha cal y de las demás (…) y excepciones que al otorgante y referido su compañero le serán concedidas como tales (…).

(…) En cuyo testimonio así lo otorgo y firmo a quien yo el escribano doy fe conozco (…) ante mí: 

Juan Navarro. (Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Juan Navarro. Tomo 16.785. Folios 99-100).

Este documento notarial refleja cómo los adjudicatarios del abastecimiento de cal para las obras del nuevo palacio real de los Borbones se apoyaron en un tal Francisco Rodríguez para que éste, en su nombre, se desplazara a Morata para construir los hornos* y la infraestructura necesaria para elaborar la cal. 

El documento que trascribimos también recoge cómo la fabricación de la cal, y especialmente en las cantidades que exigían las obras de palacio, exigía un continuo y abundante abastecimiento de leñas con las que afrontar la cocción de la piedra caliza. Para que este abastecimiento de combustible no comprometiera la producción de cal, Juan de Araujo y Manuel del Corral acudieron a zonas muy concretas de la comarca, tal como se refleja en el documento que trascribimos y otro, firmado ante el mismo escribano unos días antes, el 28 de abril de 1738, que recoge estas zonas y el tipo de leña y restos de poda que utilizaron:

(…) el asiento y provisión de cal de buena calidad en tres años para la construcción de la fábrica del nuevo Palacio Real que para S. M. se construye en esta Corte necesita para el cumplimiento del referido asiento de las leñas que obtiene en el sitio y término que llaman de Silillos pertenecientes a los dichos señores Marqueses de Valdetorres, como son sauce, espino, zarzas, parrizas, taray, sarga y todas las demás leñas bajas que hubiese, el despojo y escamondeo de los fresnos, chopos, pobos, álamos negros y demás que por una vez se pudiese cortar y aprovechar (…). (Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Juan Navarro. Tomo 16.785. Folios 90-91).

Otro documento similar, firmado el 8 de mayo de 1738, incide en este asunto del abastecimiento y los términos en que se realizaría el mismo en villas como San Martín de la Vega o el Real Sitio de Aranjuez:

[poder] para que puedan pasar y pasen a coger la cal que pudiesen en las caleras y fábricas que tienen construidas los susodichos y las demás que les pareciere construir en las cercanías de esta Corte y término de la referida Villa de San Martín de la Vega y otros varios sitios inmediatos con las leñas que produjesen los sotos y sitios desde el que llaman del Negrejalejo abajo, hasta llegar al Real Sitio de Aranjuez a excepción de las leñas y árboles del referido soto del Negregalejo (Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Juan Navarro. Tomo 16.785. Folios 92-93).


(...) pueda pasar y pase al término de la Villa de Morata y construya y abra en él las caleras que tenga por convenientes para coger la cal (Fuente: AHPM T.16.785. Folios 99-100).

Localización en Morata de la fábrica de cal para el palacio real

Por la redacción del documento que hemos trascrito no podemos deducir dónde y cómo se levantaron los hornos para cocer la cal destinada a la construcción del palacio real de Madrid. Tenemos constancia de que la riqueza en piedra caliza del término municipal de Morata favoreció históricamente la existencia de hornos para la fabricación de cal. En la introducción del artículo de Octavio Puche Riart y Luis Felipe Mazadiego Canteras históricas de Morata de Tajuña y la cementera Portland Valderribas, se reseña la existencia de estos hornos:

(…) En los alrededores de Morata de Tajuña, Madrid, quedan numerosos restos de canteras de calizas miocenas, así como de las plantas de tratamiento pertinentes. Se han explotado en parte para roca ornamental, áridos y producción de cal (…).

En otro articulo sobre el mismo asunto de la fabricación de yeso y cal en Morata, Yeserías históricas de Morata de Tajuña, sus autores, Octavio Puche Riart, Octavio, Luis Felipe Mazadiego Martínez, José Eugenio Ortiz Menéndez y Juan F. Llamas Borrajo, citan las características de los suelos de Morata, calizos y yesíferos, y señalan:

(…) no extraña que los habitantes de esta comarca hayan aprovechado dicha riqueza mineral para obtener cal y yeso a través de hornos artesanales. De hecho, en el siglo XVI, en las Relaciones Topográficas de Felipe II, concretamente en la respuesta no 30 de los representantes de Morata de Tajuña al cuestionario entregado se señala que “las casas y edificios de dicha villa de Morata son de tapias de tierra y yeso...” (…). 

Por otra parte, también en las Respuestas al Catastro del Marqués de la Ensenada, elaborado en 1751, unos años después de que se iniciaran las obras del palacio real de Madrid, además de documentar la existencia de tres yeseros en la villa también (…) se menciona la existencia de dos hornos, uno de cal y otro de yeso, dependientes de la mayor hacienda agrícola de propiedad eclesial, que era la del Convento del Rosario de Madrid. (…).

Pese a estas citas documentales en torno a la existencia de hornos de cal, en este caso perteneciente a los frailes del convento de Dominicos del Rosario que, como ya hemos publicado reiteradamente en el blog disponían de una rica hacienda en Morata, poco se dice de la localización de estos hornos de los religiosos. De hecho, en Morata y ya en periodos históricos posteriores al siglo XVIII, se han levantado hornos de cal en las proximidades de las canteras de Cornicabra, junto a las vías del Ferrocarril del Tajuña o, también, en el casco urbano junto a la estación del mismo ferrocarril y, más recientemente, en la fábrica más moderna localizada junto al Bosque de Morata y en el antiguo camino de Campo Real o en la carretera de Arganda.

Más allá de e trata sobre la existencia de hornos de cal en la villa de Morata. Concretamente, en 1750, un documento elaborado a instancias de la entonces condesa de Altamira, Ventura Fernández de Córdoba, condesa de Oñate y madre del X conde de Altamira, Ventura Osorio de Moscoso y Fernández de Córdoba, recoge un inventario de los bienes existentes en el palacio de Morata en ese año que citamos en el que se cita la existencia de un horno de cal en el Bosque de Morata, propiedad por entonces de los citados condes de Altamira:

(…) Ciento y cincuenta fanegas de cal que se hallan existentes en la calera del bosque en 200 reales.( Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Juan Agustín Fernández). 


*El proceso de fabricación de la cal partía de la extracción de piedra caliza que se introducía en hornos. En estos hornos, alimentados con maderas y restos de poda y aislados excepto en la boca con tierra para evitar pérdidas de temperatura, la cocción se mantenía durante varios días para conseguir trasformar el carbonato cálcico de la piedra caliza en oxido de calcio, la denominada cal viva. Posteriormente, este producto se hidrataba y se mezclaba con arena para conseguir un mortero muy resistente e imprescindible para levantar la fábrica del palacio real. En esos años dl primer tercio del siglo XVIII los hornos de cal de los que se abastecía Madrid se encontraban también en localidades como Valverde de Alcalá, Torres de la Alameda o Nuevo Baztán.



Fuentes y bibliografía:

  • Las canteras históricas de Morata de Tajuña y la cementera Portland Valderribas. Puche Riart, O; Mazadiego, L. F. Universidad Politécnica de Madrid / Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de Madrid. Primer Simposio Ibérico sobre geología, Patrimonio y Sociedad. Tarazona (Zaragoza), 2.000. pp.109-123.

  • Yeserías históricas de Morata de Tajuña. Puche Riart, Octavio; Mazadiego Martínez, Luis Felipe; Ortiz Menéndez, José Eugenio; Llamas Borrajo, Juan F.. Materiales de Construcción Vol. 57, 287, 81-87 julio-septiembre 2007. 

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Juan Navarro. Tomo 16.785. (Folios 99-100).

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Juan Navarro. Tomo 16.785. (Folios 90-94).

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Juan Agustín Fernández. Tomo 16.614. (Folios 1.126 a 1.152).