jueves, 27 de noviembre de 2025

Alistamiento y sorteo de quintos en el siglo XIX

Mozos de Morata asignados al sorteo y expediente de exención del servicio militar

Durante todo el siglo XIX España se vio envuelta en numerosos conflictos bélicos, tanto en territorio nacional -guerra de la Independencia y guerras carlistas- como en el exterior para afrontar los movimientos independentistas en Cuba, Puerto Rico o Filipinas. Además del coste económico y social, el país también debió asumir el coste humano que significaba el alistamiento de cientos de miles de mozos en edad militar. Tal como veíamos la pasada semana, estos alistamientos en no pocas ocasiones generaron conflictos y motines de quienes estaban destinados a ingresar en el ejército. Analizamos en la entrega de hoy cómo era ese proceso de alistamiento de soldados de tropa en pueblos como Morata.


Entre 1800 y 1900 el ejército español prácticamente se vio obligado a combatir en todos los continentes* mientras que, también en esos años del siglo XIX, el territorio nacional era escenario de las cruentas guerras carlistas. 

Estos conflictos exteriores, con lo que esto significaba de acudir a combatir fuera del territorio nacional enrolados en un ejército que ya no tenía el antiguo poderío ni los medios de los siglos XVI, XVII y XVII, exigieron un esfuerzo militar y humano que España, agotada también económica por las tres guerras guerras carlistas (1833-1840, 1846-1849 y 1872-1876) no estaba en condiciones de soportar.

Estas guerras en el exterior y en el territorio nacional exigían también un extraordinario esfuerzo humano. En función de las necesidades, en mayor o menor medida, los enfrentamientos obligaron a intensificar el sistema de reclutamiento de la tropa en base a una legislación cambiante a lo largo del siglo y que, como aspecto añadido y que hay que resaltar, resultaba a la vista de la mayor parte de la sociedad profundamente injusta. De ahí que, como ya veíamos sen la entrega de la pasada semana en en el blog, fueran habituales los motines y algaradas originadas para enfrentarse a las continuas levas de soldados. 

Para dar cobertura legal al alistamiento de la clase de tropa, durante toda la centuria se desarrolló una abundante legislación destinada a regular de los soldados los alistamientos de estos soldados.. Desde la ordenanza de 1770, que fijaba el ingreso en la milicia y el ordenamiento establecido en la Constitución de 1812, las leyes más importantes que dieron cubertura legal al reclutamiento de soldados fueron las promulgadas en 1837 y 1856. En ambos casos, con la denominación de Ley de Reemplazo se fijaron normas que regulaban, entre otros aspectos, los sorteos, en el caso de la primera, o la duración del servicio militar obligatorio, 8 años, en el caso de la segunda. Ya en la ley de 1878 se aumento este tiempo de pertenencia al ejercito a 12 años -seis en activo y otros seis en la reserva- y se estableció, legalmente la redención del servicio mediante el pago de una cantidad en metálico. Cuatro años después, en 1882, una nueva Ley de Reclutamiento aunque con una reducción de las cantidades en metálico que permitían la redención del servicio, se mantuvo esta injusta medida que perjudicaba notablemente a las clases populares que no podían acceder a estos pagos. Con más o menos modificaciones esta legislación se mantuvo hasta las guerras de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. 

En todos estos conflictos era por lo tanto habitual que parte de quienes habían ingresado mediante el sorteo de quintas en el ejército se libraran de esta obligación mediante el pago de la cantidad requerida por la administración y, también, mediante el pago de dinero a un mozo que hubiera resultado exento en el sorteo. Todas estas circunstancias tan injustas, que fueron eliminadas definitivamente mediante la Ley de 1912, dio lugar a lo largo del siglo XIX a toda una serie de actos administrativos que afectaban a todo el proceso, desde el alistamiento, hasta el sorteo de quintas o la solicitud de exención del servicio por distintos motivos como una enfermedad que inhabilitara al mozo para el servicio. 

Sorteo de quintos y exención del servicio

Relacionado con todo este proceso hemos localizado varios de estos documentos emitidos tanto por la administración local de Morata como como por la propia administración militar. Anualmente, el gobierno fijaba el cupo de mozos en edad de prestar el servicio militar que serían incluidos en el sorteo para determinar quienes de ellos ingresaban en filas. 

 

En la imagen el denominado padrón de quintas correspondiente al año 1851. En el aparecen los mozos asignados a los municipios de Colmenar de Oreja, Titulcia, San Martín de la Vega, Villarejo de Salvanés, Perales de Tajuña y Villaconejos. En este listado aparece el número de mozos sorteados -9 vecinos de Morata- y el número de soldados y el número definitivo de cada pueblo que ingresaba en filas, 2 soldados en el caso de Morata. 

En otro listado, correspondiente a una quinta anterior la de 1850, vemos como a Morata se le asignan, una vez realizado el sorteo un numero sensiblemente superior, 6 mozos. 


Tras el sorteo, quienes disponían del dinero suficiente para pagar la exención o buscar un sustituto, también pagado, podían iniciar este procedimiento que les librara del servicio militar. Esta exención tenía un importe que, en algunos casos, como veíamos la pasada semana, podía llegar a los 15.000 reales -o poner a disposición del ejército un caballo-, cantidad inalcanzable para la mayoría de la población.

Entre la documentación que hemos manejado, de hace 175 años y correspondiente a los años 1850 y 1851, no hemos encontrado ningún expediente de algún vecino de Morata que acudiera a la exención del servicio militar pagando una cantidad económica o buscando un sustituto. Por el contrario sí que hemos localizado un expediente que recoge la otra opción que permitía eximirse del servicio militar: alegar una enfermedad que le impidiera cumplir con dicho servicio.

Se trata del caso de un vecino de Morata perteneciente a la familia Ruiz de Castañeda, Manuel Ruiz de Castañeda, que consiguió librarse del servicio militar después de que le fuera reconocida una enfermedad. De este mozo contamos con la citación que el Ayuntamiento de Morata le envía para que acuda a la talla. Tal como recoge el documento, la talla de los mozos era un acto público que se se realizaba en los portales del Ayuntamiento:


Manuel Ruíz Castañeda se presentará en la Plaza de la Constitución, -portales del Peso - Distrito de la Audiencia y hora de las 12 de la mañana del día 26 del corriente, para ser tallado y filiado, o alegar las exenciones de que se crea asistido para eximirse del servicio militar, y en su defecto sus padres, curadores, parientes en grado conocido, o amos de quienes dependa, prevenido que de no hacerlo le parara el perjuicio que señalan los artículos del capitulo 13 de la ley. 

El momento de la talla era uno de los que la ley contemplaba para que el mozo o algún miembro de su familia presentara la alegaciones que considerara para ser declarado exento. Así sucedió en el caso de Manuel Ruiz de Castañeda. Su hermano Higinio Ruiz de Castañeda**, que curiosamente seguiría la carrera militar, presentó en nombre de su hermano un documento en el que alegaba una enfermedad que le podía eximir de cumplir el servicio militar:


Manuel Ruíz Castañeda. Soltero. Morata. Labrador Plaza de la Villa, 103. D José Hidalgo Tablada, en 3 de Octubre de 52 se presentó su hermano, D. Higinio, declaró que se halla en Morata y que esta inútil por padecer escrófulas en el cuello [enfermedad que afecta a los ganglios linfáticos, especialmente los del cuello].

Presentada esta alegación, sabemos que, finalmente Manuel Ruiz de Castañeda consiguió que le eximieran del cumplimiento del servicio militar como recoge el siguiente documento:

-
Manuel Ruíz de Castañeda, soltero, 18 años. Morata. Propietario (...). EXCLUIDO por impedimento físico. 3 de octubre de 1851 (...).


*En el continente africano se desarrolló la conocida como Guerra de África entre los años 1859 y 1860. Las hostilidades entre España y el sultán de Marruecos se inician cuando el propio sultán considera que se estaba produciendo un aumento de la influencia española en la zona. Tras las batallas de Monte Negrón y la de Tetuán se firmó la paz recogida en el tratado de Wad-Ras.

Por otra parte, la conocida como Guerra de Melilla también se extendió por un periodo de dos años, ya al final del siglo XIX, entre1893 y 1894. Los enfrentamientos entre el ejército español y tropas rifeñas se extendió por otras zonas del norte del territorio de Marruecos e, incluso, se produjo un ataque a la ciudad de Melilla.

En America del Sur la conocida como Guerra hispano-sudamericana transcurrió a mediados de siglo entre los años 1865 y 1866. España se enfrentó a tropas de Ecuador, Bolivia, Chile y Perú en territorio de estos dos últimos países. Tras la derrota de la Armada española en 1866 en la costa del Pacífico, unos años después se firmó la paz.

La Guerra de Cuba es quizá la más conocida y la que más repercusión tuvo en la sociedad española junto a la de Filipinas y, en menor medida, la de Puerto Rico. Estos tres países eran ya a estas alturas del final del siglo XIX los últimos territorios bajó dominio español. En el caso de Cuba los enfrentamientos provocados por los separatistas de la isla culminaron en la guerra de la Independencia cubana (1895-1898) pero desde el año 1879, en la denominada guerra Chiquita, ya se habían acrecentado los conflictos que finalizaron con la independencia de la isla. En paralelo a los combates con los cubanos España tuvo que afrontar la declaración de guerra de Estados Unidos. Entre abril y agosto de 1898 ambos países se enfrentaron en un combate desigual iniciado tras una explosión y posterior hundimiento del acorazado Maine en el puerto de La Habana. Este controvertido incidente, del que Estados Unidos culpó a España -aunque nunca se haya confirmado que el hundimiento del buque fuera consecuencia de un sabotaje de origen español- provocó una guerra que en algo más de 3 meses, entre abril y agosto de 1898, significó la derrota española y, en paralelo, el final de la presencia española en América. En ese mismo periodo, el 25 de julio de 1898, tropas estadounidenses desembarcaron en Puerto Rico y conquistaron el territorio. T

Los conflictos armados en las Islas Filipinas, la colonia española más alejada de la península, fueron una constante, con más o menos intensidad a lo largo del siglo XIX. En 1807, rebelión de Basi, y en 1840, rebelión de Pule, ya se produjeron enfrentamientos entre tropas españolas que fueron el antecedente del conflicto que entre 1896 y 1898 significaron la pérdida de esta colonia.

El Tratado de Paris, 10 de diciembre de 1898, certificó la derrota de la guerra con Estados Unidos y, a la par, significó en la práctica el final de la presencia española en Cuba, Puerto Rico y Filipinas. 


**Solicitud de cruz militar: Don Higinio Ruíz de Castañeda y García Nieto, Teniente Coronel de Infantería en situación de reemplazo en esa Capital, y actualmente en uso de Real licencia en esta villa [de Morata], a V. M. con el respeto y consideración debida hace presente: que habiendo cumplido en Febrero último el tiempo prefijado para obtener la cruz del Caballero de la orden de San Hermenegildo, y considerándose con las demás circunstancias que por el reglamento de la expresada orden se exigen al efecto. suplica se digne concederle la expresada condecoración con la antigüedad que le corresponde Así lo espera de V. (…) Morata de Tajuña 20 de Noviembre de 1871. Señor Higinio Ruíz de Castañeda y García Nieto.



Fuentes y bibliografía:

  • El reclutamiento de quintas y las protestas sociales en el largo siglo XIX. Muñoz de Bustillo García, Eduardo. Universidad de la Laguna, 2025.

  • El fin de los sistemas de reclutamiento del Antiguo régimen: la Ley de 1837. Rivilla Marugán, Guillermo. Universidad de Valladolid. En Guerra, derecho y política; aproximaciones a una interacción inevitable./coord. Por Manuela Fernández Rodríguez.

  • ·Expedientes de quintas.

  • Padrones de quintas de 1850 y 1851.

  • Periódicos y publicaciones citados en el texto.

jueves, 20 de noviembre de 2025

Alborotos e incidentes durante el sorteo de quintos

Un vecino de Morata prófugo de la justicia y del ejército durante la I Guerra Carlista

El 31 de diciembre de 2001 se suspendió definitivamente en España el servicio militar obligatorio. Habían pasado más de 200 años desde que en el año 1800 una ordenanza real fijara el reclutamiento obligatorio de soldados. En todos estos años de servicio militar y hasta 1912 funcionó, con distintos reglamentos, un sistema de reclutamiento basado en las denominadas quintas que asignaba, por sorteo, el ingreso en el ejército de, aproximadamente, una quinta parte de los mozos en edad militar de cada municipio. 


Este momento de celebración del sorteo de quintas fue aprovechado en numerosas ocasiones para mostrar la oposición a este sistema de reclutamiento que perjudicaba a las clases menos favorecidas frente a las más poderosas económicamente. Los archivos conservan no pocos testimonios de esos actos públicos en que bien los mozos que entraban en sorteo, o bien sus familiares, expresaban su descontento con este sistema de reclutamiento de los nuevos soldados con la organización de motines y alborotos .

En el Archivo de Arganda del Rey se conserva un documento que refleja uno de estos episodios de oposición al servicio militar obligatorio y al sorteo de quintas ocurrido en Morata en el año 1835, justo en el momento en el que España sufría las consecuencias de la I Guerra Carlista. Se trata de una notificación que el Juzgado de primera Instancia de Chinchón* envío a varios municipios de la comarca que formaban parte del partido judicial para que se interesaran por la detención de un vecino de Morata, Luis Gonzalez, como protagonista de un incidente de alteración del orden durante la celebración del sorteo de quintos:

Se recibió de Morata a las 8 de la noche del 27 de julio la orden siguiente:

Don Tomas Torresano, juez de primera instancia y subinspector de policía del Partido de Chinchón, que de ser así el escribano de número da fe:

A los señores alcaldes de las villas al margen, a quien esta requisitoria fuera presentada, hago saber que en este mi juzgado y por la escribanía del infrascripto pende causa criminal sobre los alborotos ocurridos en la villa de Morata en el acto de principiarse el sorteo del reemplazo extraordinario del ejército el día veinte y nueve de noviembre del año próximo pasado. Y habiendo resultado herido en la cabeza Luis González, mozo soltero de dicha vecindad, antes de darle los facultativos por sano, salió de Morata a buscar donde trabajar y no se ha vuelto a saber de su paradero desde el día 18 de mayo del presente año, por cuyo motivo he proveído auto en este día mandando librar la presente por la cual en nombre de dicho (…) mando a las Justicias sujetas a mi jurisdicción y a a las que no lo están exhorto y (...) quiero que practiquen en busca del susodicho Luis González las más activas diligencias, para lo cual la justicia de Morata anotará a esta continuación las señas personales, y caso de ser hallado le remitirán a mi disposición, acreditando por diligencia su resultado (…) porque con hacerlo así administrarán justicia. Dado en Chinchón a 26 de julio de 1836. 

(...)

Tomás Torresano.

Previamente a la comunicación del escrito precedente remitido por el Juzgado de Chinchón, el 7 de julio, se había recibido en el Ayuntamiento de Arganda una comunicación del Ayuntamiento de Morata, firmada por el alcalde Gregorio Catalina Becerril, en la que también se interesaba al consistorio argandeño sobre la búsqueda de Luis González a instancias del juzgado de Instrucción de Chinchón:

En día 7 de julio de 1836 se recibió de la Justicia de Morata un exhorto librado por la misma justicia fecha 3 del corriente en busca de Luis González contra quien se sigue causa criminal en el Juzgado de Primera instancia de Chinchón con motivo de las ocurrencias acaecidas en la dicha villa de Morata en el día del sorteo de Quintas celebrado el día 23 de noviembre último, cuyas señas son las siguientes:

Luis González. Edad de 18 a 20 años; altura, regular; delgado; color, muy moreno; ojos, pardos y pequeños; nariz, chata; boca, grande, y labios muy abultados, con una herida, la cicatriz de ella en la cabeza; vestía paño pardo con calzón y chaqueta, (...) calzados los pies con alpargatas, sombrero (…), y todo ello mal apañado.

En este escrito se incluyen las señas personales de Luis Gonzalez, el vecino de Morata prófugo de la justicia por haberse ausentado y haber eludido sus posibles obligaciones militares.

Comunicación del Juzgado de Chinchón interesando la búsqueda del mozo de Morata (Fuente: Archivo de Arganda del Rey).

Reclutamiento de 25.000 soldados para el ejercito isabelino en la I Guerra Carlista

Por el contenido del los escritos del juzgado de Chinchón se desprende que los incidentes que, posteriormente, darían lugar a la fuga de Luis González, tuvieron lugar durante el sorteo de quintas que se celebró en Morata el 29 de noviembre de 1834. En esa fecha, cuando ya hacía varios meses que se había iniciado la que se conocería como I Guerra Carlista**, se estaban realizando en los municipios españoles los sorteos para realizar una leva de 25.000 soldados que se incorporarían a las filas del ejercito realista isabelino a lo largo de los siguientes meses.

La legislación que regulaba la incorporación a filas de los vecinos en edad militar de cada municipio fijaba, entre otros aspectos, que los sorteos para determinar quienes eran los designados para convertirse en nuevos soldados se celebraban en cada uno de los municipios a los que se les había asignado el cupo correspondiente en función de su población. En ocasiones, tal como se deduce de los escritos del juzgado de chinchón, podían producirse incidentes para oponerse al reclutamiento de jóvenes para incorporarse al ejército. Eduardo Bustillo García, autor de El reclutamiento de quintas y las protestas sociales en el largo siglo XIX, señala al referirse a la oposición a estos reclutamientos forzosos:

(…) Las protestas sociales que se produjeron contra este sistema de reclutamiento [quintas]se fueron modificando, aunque no abandonaron los rasgos mas característicos del supuestamente extinto Antiguo régimen, pues la espontaneidad sigue predominando y no existe estructura compleja que las constituya y organice. Estas protestas y motines estallan sobre todo a la hora de llevar a cabo el sorteo y nacen principalmente de la conjunción de distintos factores y malestares, además de que los reclutamientos más amplio se producen en tiempos de conflicto interno como las Guerras Carlistas.(....).

De hecho, los problemas que generaba una legislación prácticamente inexistente a la hora de fijar las circunstancias en las que se fijaban los reemplazos de mozos, hacía que las autoridades fueran conscientes de la necesidad de elaborar una nueva legislación, que finalmente se aprobaría en 1837, para evitar problemas y amotinamientos en los pueblos. El procurador Belda señalaba al respecto, según cita de Guillermo Rivilla en su trabajo El fin de los sistemas de reclutamiento del Antiguo Régimen: la ley de 1837:

[Mi propósito] ha sido [...] el que se reclame cuanto antes del Gobierno la ley que él mismo ha indicado sobre que el reemplazo sea anual, y sobre que se remedien cuanto antes las infinitas vejaciones, los extraordinarios perjuicios que produce en los pueblos el monstruosísimo sistema actual. [...]. Indisputablemente el actual sistema de reemplazos causa perjuicios cuya enormidad se concibe con solo enunciarlos, no pudiendo por tanto el Estamento dudar de la necesidad de remediarlos”.

Para entender los problemas que se generaban, que el procurador Belda definía como infinitas vejaciones, no se puede obviar que en la oposición a estos sorteos y a la propia incorporación al ejercito se hallaba la percepción de que se trataba de un sistema injusto que perjudicaba a las clases populares en la misma medida que favorecía a las más poderosas económicamente. En el caso concreto de la I Guerra Carlista, el alistamiento forzoso – aunque también se presentaban soldados voluntarios***- llegó a afectar durante toda la duración del conflicto a 350.000 jóvenes que podían llegar a permanecer en el ejército por un periodo de hasta ocho años. A no ser, claro, que se recurriera a la opción de eludir el ingreso en la milicia mediante el pago de una cantidad determinada que podía llegar hasta los 15.000 reales. Este sistema tan injusto también permitía que un mozo al que le hubiera tocado en el sorteo incorporarse al ejercito podía redimir esta obligación y quedar libre si entregaba al ejercito un caballo en buen servicio y 1,000 reales, según se publicaba en la Gaceta de Madrid el 19 de noviembre de 1835.

En el caso de no poder recurrir al dinero, a quienes querían librarse acudir a la guerra para enfrentarse a las tropas carlistas, les quedaba la opción de evitar el ingreso en el ejército, que les podía acarrear ser culpados de prófugos o, en último caso, desertar una vez enrolado en el mismo. Por las comunicaciones del Juzgado de Chinchón y del propio ayuntamiento de Morata parece que en el caso de Luis González, este vecino de Morata abandonó el pueblo, meses después de los incidentes ocurridos durante el sorteo de quintas, evitando así su incorporación al ejercito con las consecuencias penales de esos mismos hechos denunciados. Desconocemos cual fue el final del procedimiento judicial pero, en caso de ser declarado prófugo, el encausado se enfrentaba a un consejo de guerra y a una pena de cárcel en régimen militar. Por otra parte, los ayuntamientos también se veían directamente implicados cuando algún vecino eludía a su obligación de incorporarse al ejército ya que, según la legislación, eran responsables de buscar un sustituto que cubriera la plaza del prófugo entre los jóvenes exentos de su propio municipio.




*En 1833 Javier de Burgos, político reformista, diseñó un nuevo sistema de organización territorial por el que el territorio nacional se distribuía en 49 provincias. A partir de este nuevo mapa de España, aprobado ya con Isabel II en el poder, también se modificó el sistema judicial con la creación unos meses después, en 1834, de los partidos judiciales, entre los que se encontraba el de Chinchón, encargado del caso de Luis González. 


**La I Guerra Carlista se desencadenó en 1833 a raíz de la muerte de Fernando VII y el acceso al trono español como su sucesora de su hija, Isabel II. Carlos María Isidro, hermano del monarca muerto, consideraba que tenía derecho a acceder al trono lo que provocó el inicio del enfrentamiento entre los denominados ejércitos liberales o isabelinos y los carlistas. Además de la cuestión de la sucesión del monarca, en las conocidas como guerras carlistas, más allá de un conflicto dinástico, también se trató de una lucha de ideas entre los tradicionalistas conservadores que apoyaban a Carlos María Isidro y los liberales moderados que apoyaban a Isabel II.


***Un ejemplo de estos voluntarios del ejercito isabelino fue José Hidalgo Tablada, quien con el paso de los años sería alcalde de Morata en dos ocasiones y, a la vez, autor de numerosos trabajos sobre tcultivos agrícolas. Hidalgo Tablada, que se retiraría del ejército con el grado de capitán, inició su carrera militar a los 20 años como voluntario en la I Guerra Carlista y enrolado en el Regimiento de cazadores a caballo de la Guardia Real.



Fuentes y bibliografía:

  • Archivo de la Ciudad de Arganda. Signatura:010500160090 Fecha:1835-12-3. Notificación de Tomás Torresano, subordinado de policía del partido de Chinchón, para que se detenga a Luís González por los disturbios ocasionados en el sorteo del reemplazo extraordinario de Morata de Tajuña.

  • Archivo de la Ciudad de Arganda. Signatura:0010500160084 Fecha:1835-12-31. Notificación recibida de la justicia de Morata de Tajuña para que se busque a Luís González por los altercados ocurridos en el sorteo de la quinta.

  • El reclutamiento de quintas y las protestas sociales en el largo siglo XIX. Muñoz de Bustillo García, Eduardo. Universidad de la Laguna, 2025.

  • El fin de los sistemas de reclutamiento del Antiguo régimen: la Ley de 1837. Rivilla Marugán, Guillermo. Universidad de Valladolid. En Guerra, derecho y política; aproximaciones a una interacción inevitable./coord. Por Manuela Fernández Rodríguez.

  • Periódicos y publicaciones citados en el texto.

jueves, 13 de noviembre de 2025

Doblar el alquiler, o desalojar la vivienda

El conde de Altamira exigió a su inquilino pagar el doble por el arriendo de la Casa de Corregidores 

José Aparicio, escribano real, aceptó abonar el precio impuesto por el juez intrventor de las cuentas de la Casa de Altamira

El problema de los precios de alquiler de las viviendas no es solo un problema actual. Hace unos dos siglos ya se manifestaba en Morata como demuestra un documento conservado en el Archivo Histórico de la Nobleza. En torno a 1827, la denominada Casa de Corregidores, propiedad del conde de Altamira, se encontraba alquilada a un vecino de la villa que abonaba 400 reales anualmente. Unos meses después, el inquilino recibe una propuesta del administrador de la Casa de Altamira en Morata para que acepte una subida del arrendamiento hasta llegar a los 850 reales por año o, en caso contrario, desalojar la vivienda.


En 1827 la Casa de Altamira ya afrontaba desde hacía al menos 10 años una delicada situación económica de la que ya hemos tratado en más de una ocasión en el blog. La deficiente administración de su inmenso patrimonio, los daños provocados por la Guerra de la Independencia en los bienes de los condes de Altamira y, por qué no decirlo, unos gastos desmedidos de los titulares del condado, habían llevado a generar una deuda de varios millones de reales que, con los años, no hacía sino crecer.

Tan delicada era la situación de quien ostentaba la titularidad del señorío de la villa de Morata, en esos años Vicente Isabel Osorio de Moscoso, que los ingresos y los gastos de la Casa de Altamira en todo el territorio nacional estaba controlado por un juez interventor que fiscalizaba todos sus movimientos económicos. Gabriel Suárez Valdés era el juez que, por nombramiento real, controlaba en 1827 las cuentas económicas de los Altamira con el objetivo de intentar sanear las cuentas y, al mismo tiempo, que los numerosos acreedores de los Osorio de Moscoso pudieran recuperar los créditos e hipotecas que tenían contratados con la garantía de bienes patrimoniales.

Es en este contexto económico en el que tiene lugar la propuesta del desorbitado aumento del alquiler de una de las propiedades urbanas que el conde de Altamira, además del propio palacio condal, poseía en Morata. Esta propiedad, conocida como Casa de Corregidores, estaba de hecho adosada al propio palacio y se localizaba* en la calle Cruz de Orozco, esquina con la calle del Ciego. Tradicionalmente esta propiedad había servido de residencia bien a los administradores del patrimonio de los condes de Altamira en Morata o, también, a los corregidores que, nombrados por privilegio señorial, ocuparon en otras épocas el edificio al que daban nombre.

Propuesta de duplicar el precio del alquiler de la Casa de Corregidores

Antes de que el juez llegara a proponer el aumento del alquiler de la Casa de Corregidores, la primera opción de los administradores y encargados de fiscalizar las cuentas fue intentar enajenar la citada casa. Para ello, hasta en tres ocasiones se publicaron anuncios de subasta de la vivienda tanto en Morata como en Perales de Tajuña, Chinchón y Arganda del Rey. En las primeras subastas se fijó un precio de salida de 39.951 reales, en base a la tasación realizada por el alarife de Morata Gregorio Robles, pero la falta de postores y de ofertas que cubrieran esta cantidad obligó a rebajar en sucesivas subastas el precio. Finalmente, y en el trascurso de los dos años que se emplearon en 

convocar estas subastas sólo se presentó una oferta por parte de Ángel Corpa, un vecino de Morata que ofreció 18.000 reales, una cantidad que fue rechazada por el juez interventor.

Ante la falta de compradores y la necesidad de generar ingresos para pagar las deudas, el Juez interventor propuso al administrador del conde de Altamira en Morata, Domingo Morales, una

nueva alternativa: nada menos que doblar el alquiler al inquilino que ocupaba la Casa de Corregidores.

En enero de 1829, el propio administrador de los condes de Altamira resume en una carta todas sus gestiones para cumplir el mandato del juez interventor para incrementar en más del cien por cien el alquiler de la propiedad del conde de Altamira y lograr, como así fue, que el inquilino aceptara las nuevas condiciones del arrendamiento, por más que estas pudieran considerarse abusivas:

Administración de la casa de S. E. el Sr. Conde de Altamira en Morata

Muy señor mío y de mi respeto: en cumplimiento de lo que Vs se sirvió prevenirme en 9 del corriente sobre que el arriendo de 400 reales ha satisfecho hasta el presente D. José Aparicio por la casa que ocupa propia de S. E. denominada de Corregidores no corresponde a su tasación, en cuyo concepto quiere Vs que para cortar inmediatamente este mal haga regular el legítimo alquiler que en el día debe ganar la finca, según tasación y verificación, requiera al dicho Aparicio que en lo sucesivo contribuya con el precio que se estime, o en su defecto la desocupe y deje libre, hice pasar a reconocer dicha casa a Gregorio Robles, alarife en esta villa y de S. E. para que la tasase según V. I, tenía determinado, de que le instruí detenidamente (…), enseguida pasó a la citada casa y después de reconocerlas me trajo la certificación de que acompaño copia [se refiere al documento de tasación de la casa que se incluye en el expediente], la cual reconocida por mí le puse el reparo de que el valor del alquiler anual que marcaba no correspondía a la tasación de la casa que en mi concepto debía ser de 2 a 3% lo menos, a lo que contestó que en este país [pueblo] no era costumbre arreglar las tasaciones de arriendos a los valores de los precios urbanos que se alquilaban, que bajo este concepto y no habiendo el rendimiento del mayor alquiler que se pagaba en este pueblo de 800 a 900 reales anuales, había fijado a dicha casa según estilos y costumbres del país el de 850 anuales que excede un duplo de lo que se ha regulado hasta el presente.

Enseguida pasé al citado D. José Aparicio el oficio que es de ver en la copia nº 2 que también acompaño a fin de que enterado de su contenido expresase también por oficio su allanamiento a las disposiciones de la intervención, o en su defecto desalojase la casa; y habiéndome contestado con la afirmativa, allanándose a satisfacer anualmente 850 reales desde el día 9 del corriente que le prefijé por haber V. I resuelto en aquella fecha hacer esta alteración, como acredito con la correspondiente copia de su oficio. Me parece que con esto he llevado en todas sus partes la citada determinación de V. I a quien aseguro que los originales de certificación pericial y oficio del Aparicio existen en el expediente por parecerme deben obrar en esta administración para los efectos convenientes en lo sucesivo; estando pronto, como lo estoy a que si Vs gusta de que se los remita, lo haré inmediatamente, inteligenciado [sic] al propio tiempo de que me he procurado informar por lo que respecta a la tasación de Robles del estilo, uso y costumbre que hay en este pueblo y alguno de las inmediaciones sobre la regulación de los alquileres, de que ha resultado que en Colmenar [de Oreja] se satisfacen en 300 y 400 reales por casas de mucho valor (…), lo mismo que en Chinchón y aún en la ciudad de Toledo (…) de todo lo cual doy parte a V. I. para su superior inteligencia y determinaciones de su agrado en este asunto

(…) en Morata a 28 de enero de 1829.

Domingo de Morales y Correa.

El juez interventor aún insistió, en una nueva misiva dirigida al administrador, en la necesidad de incrementar el alquiler con el argumento de que los 400 reales que abonaba Aparicio hasta entonces era un corto producto:

(…) teniendo presente que aunque los 400 reales que produce de arriendo, no corresponden a la tasación de ella [de la casa], la intervención recela que en este corto producto influyan los muchos años que hace la tiene D. José Aparicio, cuyo mal debe usted cortar inmediatamente haciendo regular el legítimo alquiler que en el día debe ganar la finca, según su tasación y verificada así, requerirá a dicho Aparicio para que en lo sucesivo contribuya con el precio que se estime, o de lo contrario la deje libre para arrendarla del modo que sea más ventajoso a los intereses de la intervención.


Expediente archivo de los condes de Altamira (Fuente: PARES 
AHN. BAENA,C.361,D.25-92.)

José Aparicio no consiguió oponerse a las nuevas condiciones de su alquiler, pese a considerarlo exorbitante. Quizá su situación personal y económica -su oficio era escribano real, o notario, una profesión muy bien retribiuida- le permitieron afrontar esos 850 reales anuales que le exigían los administradores y el juez interventor de la Casa de Altamira si quería seguir habitando la Casa de Corregidores. El 22 de enero de 1829 respondía así, afirmativamente y aceptando las nuevas condiciones, al requerimiento de Domingo Morales:

(…) si el señor juez no tuviera a bien modificar aquel [el nuevo precio del alquiler] como lo espera de su justificación por ser muy exorbitante, prefiero pagar la referida cantidad de los 850 reales que asegura ha regulado el maestro alarife Gregorio Robles se debe pagar por ella en lo sucesivo, a realizar la mudanza por evitar las incomodidades que trae tras sí esta operación, igualmente que los muchos perjuicios que regularmente se experimentan en ella aún cuando se practique con todas las precauciones posibles, máxime cuando entre el menaje hay tinajas y otros trastos quebradizos, como sucede con los míos (...).

José Aparicio aún hubo de afrontar un nuevo requisito exigido por el juez interventor para aceptar que siguiera siendo el inquilino del conde de Altamira y es que, para garantizar el cobro del alquiler, se le exigió presentar un avalista que se hiciera cargo de las cantidades adeudadas por posible futuros impagos. Obligado por esta nueva imposición, José Aparicio consiguió que un familiar, Gregorio Barcones, archivero del conde de Villafranca y del duque de Medinasidonia, presentara un aval debidamente conformado por un notario, por el que see hacia responsable de esos hipotéticos impagos.

Pese a todas estas prevenciones, José Aparicio se vio obligado a abandonar su domicilio solo unos meses después de que le aumentaran el alquiler. Y es que, finalmente, el conde de Altamira, a través del juez interventor y su administrador en Morata, consiguió vender la Casa de Corregidores. El comprador era suficientemente conocido en Morata ya que, unos años antes, su padre había adquirido el Molino de Abajo y otras fincas aledañas propiedad del conde de Altamira. En efecto, Manuel de Angulo, hijo de Ramón de Angulo, adquirió la Casa de Corregidores, por un importe muy cercano a la cantidad en que había sido tasada: 37.762 reales, según consta en la escritura de venta firmada en octubre de 1830, acrecentando así su presencia en Morata, años después, también se vio reforzada cuando adquirió la antigua casa de labranza de los frailes dominicos del Rosario en la que se construiría por parte de sus herederos la que hoy conocemos como Casa Mac-Crohon


*Linderos de la Casa de Corregidores: norte, calle del Ciego; saliente, casa de Gregorio Robles; mediodía, casa del jardinero del Conde de Altamira, y poniente, calle de la cruz de Orozco.


Fuentes y bibliografía:

Correspondencia dirigida en su mayoría a Rafael Paz Fuertes y Gabriel Suarez Valdés relativa al remate de ciertos bienes libres propiedad de [Vicente Isabel Osorio de Moscoso, XIII] conde de Altamira, en Lodosa (Estella, Navarra) y Morata (Lorca, Murcia) [sic]. - Archivo Histórico de la Nobleza, BAENA,C.361,D.25-92.



jueves, 6 de noviembre de 2025

La villa de Morata según el censo electoral de 1890

A finales del siglo XIX más de dos tercios de la población de Morata estaba relacionada con la agricultura

En el censo también aparecía el callejero urbano

A finales del siglo pasado la ley vigente obligaba a publicar periódicamente el censo electoral de cada municipio. Era el Boletín Oficial de la Provincia de Madrid donde aparecían estos datos referidos a Morata y el resto de municipios, incluida la capital. Además de garantizar el normal desarrollo de las elecciones, lo que no siempre ocurría, el censo* ofrecía también unos datos muy precisos y útiles a la hora de analizar la realidad social de la villa. Gracias a este censo, por ejemplo, podemos conocer en detalle cómo era el mercado de trabajo en Morata en esos años y también que más de dos terceras partes de los morateños inscritos en este censo electoral estaba relacionado, directa o indirectamente, con el sector primario o agrícola. 


Muchos de los datos que aparecían en estos censos, elaborados a raíz de la Ley de 26 de junio de 1890 que regulaba todos los aspectos relacionados con los procesos electorales, hoy se consideran datos protegidos. Sin embargo, a finales del siglo XIX, la legislación obligaba a incluir en estos censos no solo el nombre y el domicilio de los electores sino que también aparecían otros más personales como la edad, la profesión y si sabían leer y escribir**. 

Al amparo de esta ley y solo unos días mas tarde de su aparición en la Gaceta de Madrid -el periódico oficial de esos años-, el Boletín Oficial de la Provincia de Madrid del 29 de octubre de ese mismo año de 1890 publicaba un suplemento que recogía en un tomo los censos electorales de la provincia. De acuerdo con la ley, esta publicación también debía difundirse obligatoriamente en los tablones municipales para permitir, en su caso, hacer las alegaciones o rectificaciones correspondientes. 

La provincia de Madrid, por entonces, contaba con 194 municipios -el censo de la capital se publicó en un suplemento específico-, algunos de ellos ya desaparecidos actualmente. En la ley se especificaba que los pueblos con más de quinientos electores debían contar con dos secciones diferenciadas, mientras que aquellos que no superaran esta cifra se agruparían en una sola sección. Morata, con 763 electores censados, era uno de los 20 pueblos que contaban con dos secciones; el resto, 174 municipios, tenían una única sección.

Callejero de la villa en 1890

Entre la información que figura en el censo de 1890 aparece una relación con la denominación de las calles que integraban cada una de las dos secciones del censo electoral de Morata. La primera sección, que contaba con 371 electores censados, incluía las siguientes calles (Entre paréntesis su denominación actual):

Plaza de la Constitución (Mayor), calle Alta de la Libertad (Real), calle Baja de la Libertad (Domingo Rodelgo), callejón del Molino, calle de la Marina (Mac-Crohon), plazuela de Don Gregorio (Constitución), calle de Carnecería [sic] (Constitución), Rosario (Constitución), Baja de la Azotea, Alta de la Azotea, Espejo, Fábrica (Juan Carlos I), callejón de la Fábrica, calle del Pozo, Poyales, callejón del Estanco (Real), calle del Toril, plazuela del Espinardo, calle de la Iglesia (números 8 al 57), Carmen, Huertos (prolongación calle del Carmen), Cristo, carrera del Mediodía (números 1 al 13), Poniente, Norte (núm. 8 sólo), Cuevas del Rosario (Av. Constitución), ídem de Poyales, ídem de la Cuesta de Arganda. Extramuros: Ventorro de Majadahonda, Casa de Camineros, Parador de Valdelahorca (Actual Parador de Frascuelo, denominado a mediados del siglo XIX de Los Malvares), Casa de la Fuente de la Venta, Casa de los Barranquillos, Casa de la Antigua. 

La mención a las cuevas hacen referencia a las casascueva*** situadas en esas calles de las que recibían el nombre. En cuanto a Extramuros se refiere a las construcciones por entonces habitadas y situadas fuera del casco urbano. El denominado Ventorro de Majadahonda, también conocido como Ventorro del Resolí, y la Casa de Camineros, en el cruce de la carretera de San Martín de la Vega, son edificaciones actualmente desaparecidas

En la segunda sección se censaron 392 electores que residían en las siguientes calles:

Calle de Panaderos, Prim, Morería, Callejones de los Colmenares y de la Majada, calle de la Escuela, plazuela de Don Santiago, calle del Picadero, Cuevas, Cruz de Orozco, callejón de la Cruz de Orozco, calle del Ciego, Dos Hermanas, plazuela de Palacio (Iglesia), calle de la Iglesia (números 1 al 7), Soledad, Luna, Sol, Humilladero (La Estrella y, anteriormente 28 de marzo), Carrera de Oriente, Carrera del Mediodía (números 14 al 25), Carrera del Norte {números 1 al 5), Cuevas de la Cuesta del Campo, Cuevas del Mazacote, Cuevas del Calvario, Extramuros: Molino de Arriba (Molino Hundido), Fábrica de Papel (Residencia Isla Taray), Ventorro del Corneta, Casa de la Dehesa, Casa del Bosque. 

En este caso, la referencia a las cuevas trata sobre las situadas al este del casco urbano. De las construcciones situadas extramuros que se citan, aún se conserva la residencia Isla Taray (antiguo batán, fábrica de papel y de borra). El resto de edificaciones o han desparecido o se encuentran en ruinas: el molino de Arriba ya no existe, tampoco un desconocidoVentorro del Corneta, ni la Casa de la Dehesa ni la antigua vivienda del guarda del Bosque (Esta edificación sí que estuvo ocupada cuando el bosque aún pertenecía a los condes de Altamira). 

Callejero urbano de Morata según el censo electoral de 1890 (Fuente: Boletín Oficial de la provincia de Madrid)

Profesiones, oficios y comercios de los morateños a finales del siglo XIX

Quizá uno de los datos más interesantes del censo electoral de 1890, como ya se ha señalado, es la inclusión de la profesión, ocupación u oficio de los morateños que aparecen en dicho censo. La consulta del mismo nos confirma que, con mucha diferencia, la profesión más numerosa es la de jornalero. Nada menos que 426 morateños aparecen en el censo con la profesión de jornaleros, aprox. el 55,8 por ciento del total. En unos años en que únicamente la entonces fábrica de papel y las pequeñas yeserías y canteras integraban el parque industrial de Morata, hay que suponer que la mayor parte de estos jornaleros se dedicaban al sector primario, es decir, al trabajo agrícola y, eventualmente, también al trabajo en almazaras y lagares durante los periodos de recolección de olivares y viñas y la elaboración de aceite y vino.

En consonancia con la cifra de morateños calificados en el censo como jornaleros y su dedicación de la mayoría de ellos durante la mayor parte del año a la agricultura -lo que no impediría que se ocuparan en otros trabajos ocasionales-, la siguiente profesión más numerosa reflejada en el censo electoral es la de labrador. Un total de 143 morateños, 18,7 por ciento del total, declaran la profesión de labrador, tradicionalmente el oficio más numeroso en la villa de Morata según se constata desde que existen registros fiables, en el siglo XVIII, y hasta bien entrada la década de los setenta del pasado siglo. 

En la relación de electores de Morata aparece una calificación que, aunque no se especifica en el documento, podría referirse a los mayores contribuyentes de la villa por su patrimonio inmobiliario. Se trata de la profesión de propietarios,se entiende que de bienes rústicos en su mayoría, que agrupa a 9 vecinos de Morata. Por último, el sector primario se completa con los morateños agrupados bajo el epígrafe de pastores en el que aparecen registrados 11 vecinos. 

Con un sector industrial prácticamente inexistente, como ya se ha señalado, los morateños dedicados a los distintos oficios y al comercio, completan, junto con los escasos funcionarios públicos y profesionales cualificados, el resto de puestos de trabajo que conformaban el mercado laboral en Morata en esos años de finales del siglo XIX.

Muchos de estos oficios y profesiones estaban directamente relacionados con el sector primario y con el trabajo en el campo. 2 molineros, 1 guarnicionero, 3 carreteros, 4 herreros y 1 trajinero, junto con los 2 esquiladores, eran oficios asociados con la agricultura como también lo estaban los 3 veterinarios que residían y ejercían en Morata. También los 4 guardas de campo, el guarda de monte y el guarda de la dehesa estaban relacionados con un sector agrícola que condicionaba absolutamente toda la economía de Morata.

Al ámbito del comercio también estaban adscritos un número relativamente importante de vecinos de Morata. En total eran 39 los que tenían un comercio abierto al público, un 5 por ciento aprox. del total de los vecinos incluidos en el censo electoral. En este sector del comercio aparecían incluidos 12 tenderos, 9 panaderos, 7 zapateros, 2 sastres, 3 tablejeros (carniceros), 1 confitero, 3 comerciantes (sin especificar), 1 estanquero y 1 farmacéutico. También con establecimiento abierto en Morata aparecen reflejados en el censo 5 taberneros, 3 barberos, 1 hojalatero y 2 boteros. 

Otros oficios que también aparecen en el censo son aquellos relacionados, más o menos directamente, con la construcción, con 6 albañiles, 7 carpinteros, 2 yeseros, 1 tejero y 1 forjador que suman 17 vecinos. En el censo también figuran hasta 7 vecinos, con sus respectivas profesiones, domiciliados en la fábrica de papel****, entre ellos 1 jardinero, 1 herrero, 2 jornaleros, 1 carpintero, 1 portero y 1 cochero.

El resto de oficios y profesiones que se recogen en el censo corresponden a profesionales de distintos sectores y empleados municipales, de la diputación provincial y hasta del propio Estado. Entres estos profesionales liberales aparecen 4 médicos*****, 1 abogado, 1 administrador de fincas y 1 notario. Como empleados municipales también figuran 2 serenos, 1 portero del ayuntamiento, 1 secretario municipal, 1 cobrador de contribución y 2 maestros. En este apartado de empleados municipales también podrían incluirse los guardas de campo y de monte que ya citamos entre los oficios y profesiones relacionados con el sector primario o agrícola. Finalmente, en el censo también figuran empleados y trabajadores pertenecientes a otras administraciones públicas o a la propia Iglesia, como 4 camineros, 1 cartero, 1 cura ecónomo y 1 sacristán.



*El censo electoral que hemos utilizado para analizar, entre otros aspectos, cómo era el mercado laboral de Morata a finales del siglo XIX, sólo trata sobre aquellos vecinos con 25 o más años de edad. Recordemos que la ley electoral vigente sólo reconocía el derecho a voto a los varones mayores de 25 años, con lo que quedaban excluidas todas las mujeres y el resto de varones que no hubieran cumplido la edad requerida. Por otra parte, recordemos también que el censo total de habitantes de Morata en 1890, (según el padrón vigente de 1887, ya que estos padrones se elaboraban cada diez años), ascendía a 3.025 habitantes (1.553, varones y 1.492 hembras). 



**Según los datos del censo electoral de 1890, el 48,6 por ciento de los vecinos incluidos en el mismo (todos ellos mayores de 25 años como marcaba la ley) no sabían leer ni escribir, según su propia declaración. Concretamente, 371 vecinos manifestaban esta circunstancia de un censo total de 763 electores. 



***En el padrón de 1887, al que ya hemos hecho referencia, se recogían, por primera vez, el tipo y el número de edificaciones de cada municipio. Según dicho padrón en ese año se contabilizaban 141 barracas, cuevas o chozas en el núcleo urbano de Morata. 



****En 1890 la fábrica de papel de Nuestra Señora del Rosario pertenecía a la familia Martínez de Velasco, encabezada por Fructuoso Martínez de Velasco. En esos años la fábrica, que había sufrido en 1878 un espectacular incendio que arruinó sus instalaciones, ya había sido reconstruida por sus propietarios. Como ya sucedía desde antes del incendio, la factoría era una de las principales abastecedoras del, por entonces, boyante y floreciente negocio de la prensa escrita. Entre los grandes periódicos que se surtían del papel que se elaboraba en Morata se encontraba el diario El Imparcial.



*****A finales del siglo XIX buena parte de la atención médica estaba cubierta por profesionales que recibían sus emolumentos directamente de los pacientes o, en el caso de los que atendían a la población más modesta, de los ayuntamientos con los que ajustaban un sueldo anual, que no les impedía ejercer la medicina privada. Era habitual encontrar en la prensa de la época ofertas de empleo de los ayuntamientos a los médicos para que se encargaran de la asistencia a las familias pobres. El 16 de diciembre de 1889, por ejemplo, el Boletín Oficial de la Provincia de Madrid publicaba el siguiente anuncio:
En la villa de Morata de Tajuña del partido de Chinchón, provincia de Madrid, su población 840 vecinos, se halla vacante, por renuncia del que la obtenía, una plaza de médico cirujano titular de la misma, dotada con 750 pesetas anuales, pagadas de fondos municipales por trimestres vencidos, con la obligación de asistir a las familias pobres que clasifique de tales el Ayuntamiento, sin exceder del número de 200 (…) quedando en libertad de celebrar contratos particulares con las familias no pobres para prestar la asistencia correspondiente a su profesión. Morata de Tajuña, 16 de diciembre de 1889. El alcalde, Domingo Rodelgo.


Fuentes y bibliografía:

  • Publicaciones y periódicos citados en el texto.

















jueves, 30 de octubre de 2025

Claudio Vázquez, biografía de un morateño maestro de maestros

Trayectoria profesional y personal del catedrático nacido en Morata 

Dedicó unos cincuenta años a la enseñanza, la mayoría de ellos en la ciudad de Valencia, donde dirigió la Escuela de Magisterio

Hijo predilecto de Morata, da nombre al Colegió Público

Claudio Vázquez Martinez nace en Morata el 9 de diciembre de 1881. Su nacimiento coincidió, fatalmente, con la muerte de su padre Claudio Vázquez Ragel, que falleció unas horas antes a causa de un derrame cerebral*. De muy temprana vocación por el Magisterio y la enseñanza, en el año 1896, con escasos 15 de edad, ya figura como auxiliar del maestro de niños de Morata, Juan de Diego Arribas. Este primer trabajo indicaba ya hacía dónde se dirigiría lsu formación y todo el trabajo intelectual y profesional de este morateño que da nombre al Colegio Público de Morata.



Su temprana vocación por la pedagogía se materializó en sus estudios como alumno de Escuela de Estudios Superiores de Magisterio de Madrid. Este centro formativo, que significó en su tiempo un avanzado proyecto pedagógico que seguía las ideas de la Institución Libre de Enseñanza, se creó específicamente para la formación de los los futuros profesores de las Escuelas Normales de Magisterio. Claudio Vázquez, completó su formación como especialista en los estudios de Magisterio con las licenciaturas en Filosofía y Letras en 1909 y en Derecho en 1912, ambas en la Universidad Central de Madrid. Por esos años, participó también en el IX Congreso Internacional de Geografía celebrado en Ginebra en 1908.

Claudio Vázquez (Fuente: Pag. Facebook Morata de Tajuña (Madrid), ayer y hoy)

Profesor de la Escuela Normal de Oviedo

Tras finalizar sus estudios, Claudio Vázquez dirigió su actividad profesional y pedagógica a la formación y preparación para la enseñanza de los futuros maestros. En esta labor de maestro de maestros, Claudio Vázquez formó parte como profesor del claustro de distintas escuelas normales en varias provincias española como Oviedo, Sevilla, Barcelona y Valencia.

En 1914 Claudio Vázquez solicitó una pensión de dos meses a la Junta de Ampliación de Estudios (JAE) para conocer los métodos y procedimientos de enseñanza de la la Geografía. Aunque desconocemos si le fue concedida la beca, su solicitud nos indica hacia dónde se dirigía el interés de Claudio Vázquez como formador de maestros. En este trabajo sus primeras experiencias se desarrollan en la Escuela Normal de Oviedo donde imparte, como profesor numerario, la asignatura de Gramática y Literatura desde el curso de 1915. Estas tres áreas de conocimiento, geografía, literatura y gramática, conformarán desde entonces sus inquietudes pedagógicas aunque, en algunos casos, también impartió, gracias a su extensa formación, otras asignaturas como la de francés, que ejerció en Oviedo hasta que se cubrió la plaza correspondiente.

Tras su paso por Asturias, Claudio Vázquez continuo su labor en distintos puntos de la geografía nacional. En 1918 aparece como profesor en la Escuela Normal de Sevilla y, posteriormente, pasa a la Escuela Normal de Barcelona. De estos años tenemos pocos datos, sólo que en ambas ciudades ejerce como profesor numerario antes de llegar, en 1922, a Valencia la ciudad en la que desarrolló la mayor parte de su carrera profesional.

Labor cultural y pedagógica de Claudio Vázquez en Valencia

Ya con una dilatada experiencia cono profesor de los futuros maestros en sus destinos anteriores, Claudio Vázquez obtiene la cátedra de Literatura y de Geografía de enseñanza secundaria mientras, ejerce como profesor numerario en la Escuela Normal de Valencia donde también es nombrado secretario. En 1933 se presenta a las oposiciones para profesor de Gramática y Literatura Española de la Escuela Normal de Magisterio de Madrid y unos años después, en 1936, aparece como miembro de los tribunales para el ingreso en los estudios de Magisterio. 

Hasta que se inicia la Guerra Civil, Claudio Vázquez desarrolla en Valencia no solo su trabajo como profesor numerario y secretario de la Escuela Normal sino que también se implica intensamente en la vida cultural de la ciudad. En 1924, por ejemplo, la prensa valenciana recoge la conferencia que impartió en la Asociación Femenina Católico-Escolar sobre La mujer en la obra de Gabriel y Galán, uno de los autores a los que dedicó parte de sus investigaciones literarias. (Diario de Valencia, 28 de marzo de 1924).

Un año después, en 1925, Claudio Vázquez interviene en el acto que el Ateneo Científico Valenciano organiza como homenaje a Serrano Clavero, un destacado poeta valenciano y en el que el profesor morateño destaca la figura del homenajeado, del que afirma que cuantos busquen en el maestro enseñanzas, encontrarán no solo al gran poeta, sino al hombre con un ritmo de grandeza que ciñe todos sus actos, siendo su vida lo mejor de su poesía. (El Pueblo, 27 de mayo de 1925).

Ya en tiempos de la República, a partir de 1931, Claudio Vázquez no dejó de intervenir en actos relacionados con su condición de miembro de la Escuela Normal. Con ocasión de la finalización de los estudios de los primeros maestros del nuevo régimen, Claudio Vázquez intervino en un acto de homenaje a los profesores de la Escuela y pidió a los nuevos maestros que mantuvieran su relación con el centro donde se habían formado (Pueblo, diario republicano, Valencia, 6 de junio de 1931).

Etapa posterior a la guerra civil

Como para tantos españoles, la guerra civil significó un antes y un después para Claudio Vázquez, tanto a nivel personal como profesional. Durante la contienda, Claudio Vázquez, que fue separado de la docencia por un decreto de 19 de septiembre de 1936, sufrió como algunos vecinos de Morata la incautación de sus bienes, aunque gracias a la intervención de un pariente logró que su domicilio no fuera saqueado. Sus ideas conservadoras -perteneció a la Congregación Mariana del Magisterio y durante la guerra fue miembro del Servicio de Información y Policía Militar del Ejército del Norte-, no impidieron que tras la finalización del conflicto pasara por un proceso de depuración que superó sin problemas, tanto para seguir impartiendo enseñanza en la Escuela Normal como en el Instituto de Enseñanza Secundaria Luis Vives de Valencia.

Antes de su jubilación fue nombrado director de la Escuela de Magisterio de Valencia en una fecha que no hemos podido determinar. En 1952, fecha de su jubilación, recibió un homenaje de sus compañeros que se celebró en el paraninfo de la Universidad Literaria de Valencia. Se ponía así fin a 30 años de presencia en la vida educativa y cultural de la ciudad del Turia y a unos 50 años de dedicación a la enseñanza desde los lejanos años en que empezó a ejercer de ayudante del maestro de la escuela de niños de Morata. El diario Jornada informaba sobre este acto que se celebró el 22 de junio, coincidiendo con el final del último curso escolar en el Claudio Vázquez ejerció como profesor y maestro de maestros.

En este acto le fue impuesta la Cruz de Alfonso X el Sabio, por los méritos en su extensa carrera profesional. El acto contó con la presencia de numerosos alumnos y ex-alumnos. Precisamente uno de sus antiguos alumnos, José María de Haro Salvador, glosó las dotes de fervoroso católico y eminente pedagogo del homenajeado y recordó su primera lección como profesor de Geografía e Historia y la excelente impresión que causó entre los alumnos que vieron en don Claudio no solamente al profesor inteligente, sino al hombre enamorado de su profesión, al paternal maestro y al íntegro patriota.

En el acto de su homenaje también intervino el propio Claudio Vázquez para impartir una última lección que título Meditaciones del profesor. En ella destacó su satisfacción por lo que definió como el deber cumplido en sus cincuenta años de ejercicio como profesor y su agradecimiento a las autoridades, a la Universidad de Valencia y a la ciudad cuyo ambiente y cultura, según manifestó, le ganaron para siempre desde el primer instante en que puso en ella sus plantas.

El domicilio familiar de Claudio Vázquez en la plaza Mayor de Motrata será visitable 

Claudio Vázquez y su relación con Morata

Durante toda su vida Claudio Vázquez no dejó nunca de mantener sus lazos afectivos y personales con Morata y, de hecho, tras jubilarse pasó a residir en su domicilio morateño situado en la plaza Mayor. Aprovechaba siempre que podía las vacaciones de los cursos escolares para conservar esta relación mantenida en el tiempo desde los lejanos años en los que iniciaba su extensa carrera pedagógica en Morata. Ya en esos primeros trabajos como precoz maestro ayudó al titular de la escuela de Morata a recaudar fondos -él mismo aportó una peseta- para ayudar a la expatriación de los soldados morateños que habían combatido en la guerra de Cuba.

Ya plenamente asentado como profesor de la Escuela Normal de Valencia, Claudio Vázquez participó activamente en la celebración de una denominada velada literaria-musical que se celebró en el mes de septiembre de 1924 en el teatro Domingo Rodelgo a beneficio del Asilo de Ancianos Desamparados de Morata.

Según informaba el diario madrileño El Universo, en la velada, que fue retransmitida por la emisora madrileña Radio Ibérica y organizada por Manuel Lizano Castillo, actuó como conductor y presentador del acto el propio Claudio Vázquez que presentó a los actuantes, entre los que se encontraban, entre otros, la Banda de Música de Morata, que interpretó un concierto que incluía el Himno de Morata y la Canción del soldado. El propio Claudio Vázquez leyó algunas poesías de Gabriel y Galán, uno de sus autores favoritos. En otras ocasiones, Claudio Vázquez aprovechaba algunas licencias extraordinarias en su trabajo para desplazarse a Morata, como sucedió en el mes de noviembre de 1926, para recuperarse de una enfermedad. (Gaceta de Madrid, 30 de noviembre de 1926).

Con motivo de su jubilación, el alcalde de Morata, José María de las Heras, se desplazó a Valencia, acompañado del cura párroco, Félix Aguado, para participar en los actos organizados por la Universidad. Ambos emisarios participaron en el homenaje a Claudio, Vazquez, con sendas intervenciones en las que glosaron sus méritos por los que ya había sido nombrado hijo predilecto de la la villa.

Portada del libro de Gramatica Española obra de Claudio Vázquez (Oviedo, 1914-)

El recorrido profesional de Claudio Vázquez como maestro de maestros

En su larga trayectoria profesional como profesor de las Escuelas Normales previas a la guerra, y sus sucesoras las Escuelas de Magisterio, Claudio Vázquez no dejó nunca de mostrar su interés en mejorar los métodos pedagógicos con los que se formaban a los futuros maestros. Consideraba que si se mejoraba esta formación, lógicamente, esta labor y las buenas prácticas se extenderían a las escuelas de primaria de toda España.

Claudio Vázquez, como formador de futuros maestros, tenía muy claro cómo se debería abordar esta formación para aplicarla en la escuela y así lo explicaba en 1926 en una charla organizada por las Juventudes Católicas de Estudiantes con motivo de la celebración de la festividad de Santo Tomás de Aquino:

(…) El maestro ha de tener una cultura general y otra especial. La cultura general del maestro la han de formar pocas ideas pero bien cimentadas, sobre todo, en Pedagogía. Menos instrucción y más educación: aquí está el valor, que la escuela ha de ser educadora. Y si entre la escuela -educación- y la Universidad -instrucción- establecemos una escala de valores, si la instrucción -no hay instrucción que no eduque y viceversa- predomina, tendremos que la Universidad es antes que la Escuela, pero si convenimos que la escuela echa la base psicológica de la educación y de la instrucción, indudablemente la escuela adquiere proporciones gigantescas (…). Conferencia: El maestro del pasado, del presente y del porvenir. (Las Provincias, 12 de marzo de 1926).

Claudio Vázquez, que como profesor de los centros de formación de maestros era partidario de organizar viajes culturales con sus alumnos, como se señala en una gacetilla de la Correspondencia de Valencia (22 de abril de 1930) que informaba de una excursión de 20 alumnos de la Normal de Valencia para visitar Madrid, Toledo, El Escorial y Aranjuez, estaba muy próximo a las últimas tendencias pedagógicas que había conocido en alguno de sus viajes por Europa. En 1911, según cita de Josefina Gómez Mendoza, Claudio Vázquez hablaba de que (…) es preciso convencer a los pedagogos del valor educativo que tiene la geografía, tanto desde el punto de vista de una adquisición de conocimientos, como del desenvolvimiento de las facultades del espíritu (…).

Desde su etapa de profesor en la Escuela Normal de Oviedo, Claudio Vázquez también colaboró en revistas científicas y profesionales del ámbito de la pedagogía como la Revista de Geografía Comercial y Mercantil y, años más tarde, en la Revista de Escuelas Normales. En 1911, en la primera de estas revistas citadas y antes incluso de acabar su licenciatura en Derecho, Claudio Vázquez ya figura como autor de un trabajo de investigación centrado en la enseñanza de la Geografía, una de sus prioridades pedagógicas: El dominio propio de la la Geografía considerada como rama de la enseñanza. Esta investigación, realizada junto a R. Beltrán, seguía las pautas desarrolladas por otro investigador, W. Rosier. (Revista de Geografía Colonial y Mercantil T.VIII, nº 3, pp.85-91). 

Sus inquietudes pedagógicas y renovadoras de la enseñanza también se manifestaron en una denominada Revista Escolar de Asturias, en cuya creación colaboró junto a Celestino García Muñiz y Antonio J. Onieva, de la que se publicaron 75 números entre los años 1915 y 1917. 

En la también citada Revista de Escuelas Normales escribió un destacado artículo titulado Algunas ideas sobre los cursos de Metodología, en el que planteaba los distintos métodos para afrontar la enseñanza (Revista de Escuelas Normales, 89. Abril de 1932. Página 1234-124). 

Sobre este texto, en la obra La depuración franquista del profesorado de las escuelas normales de Alicante, Castellón y Valencia, María del Carmen Agulló y Juan Manuel Fernández Soria citan a otro investigador del campo pedagógico, Juan Mainer que, al referirse a Claudio Vázquez, señalaba que el profesor morateño no dejaba de identificarse con las Escuelas Normales de la República y con un proyecto educativo centrado más en enseñar a enseñar que en enseñar a aprender y en el que también se primara la colaboración entre los maestros para la creación por parte de ellos mismos de sus propios materiales.

La materialización de las ideas pedagógicas de Claudio se plasmaron, al menos, en un libro que publicó mientras impartía clases en la Escuela Normal de Oviedo. Se trata de Tratado elemental de Lengua Castellana-Preceptiva e historia de la literatura española, aparecido en el año 1914 y editado por la Imprenta La Carpeta. 


* Claudio Vázquez nació en Morata de Tajuña a la una de la madrugada del 9 de diciembre de 1881, en la calle Alta de la Libertad, nº 2, hijo del matrimonio formado por Claudio Vázquez Ragel y Felipa Martínez Sánchez. Su padre, que había muerto unas horas antes de nacer Caludio a causa de un derrame cerebral, regentó una tienda y fue adjudicatario, durante algunos años, del servicio de pesas y medidas de Morata. Sus abuelos paternos fueron Cipriano Vázquez y Canuta Ragel Redondo. Los abuelos maternos, Gregorio Martínez Nieto y Gregoria Sánchez.

Falleció en su domicilio de la plaza de Caudillo nº 8 (Actual Plaza Mayor) el 28 de diciembre de 1958, a los 77 años de edad, cuando ya estaba jubilado de su profesión de catedrático, según consta en el acta de defunción del Registro Civil de Morata. Casado con Elvira Vázquez Salcedo, el matrimonio no tuvo descendencia. (Agradecemos la colaboración de Maria del Carmen de las Heras, jueza municipal, por aportarnos estos datos biográficos de Claudio Vázquez).



Fuentes y bibliografía:


  • Aportaciones a la didácticas de las Ciencias Naturales de Modesto Bargallo durante su etapa de docencia en la Escuela Normal de Guadalajara (1914-1936). Alejandro Díez Torres, María del Mar Pozo Andrés, Manuel Segura Redondo. Universidad de Alcalá de Henares. EU de Profesorado de Guadalajara.

  • Economía, ingeniería, arquitectura y geografía: los otros pensionados. Gómez Mendoza, Josefina. La Junata para Ampliación de Estudios en Investigaciones Científicas en su centenario. Actas del II Congreso Internacional. Vol 2. 2010.

  • Los inciertos frutos de una ilusionada siembra: la JAE y la Didáctica de las Ciencias SocialesRevista de Educación, número extraordinario (con motivo del centenario de la JAE), 2007, págs. 191-214 (cita en las págs. 196-197). 

  • Inventores de sueños. Diccionario bioprofesional de pedagogos y didactas de Geografía e Historia hacia 1936.Moliner Baqué, Juan. Colección Estudios. Institución Fernando El Católico (CSIC). Excma. Diputación Provincial de Zaragoza. Zaragoza, 2009.

  • La Escuela Normal de Maestros de Oviedo (1914-1931). Fernández Rubio, M. Carmen. Universidad de Oviedo. Oviedo, 1997.

  • Fuentes y documentos para la historia de la Educación. Método de examinar los maestros, tanto de primeras letras como de gramática latina, retórica y poética con un tratado práctico de las escuelas de gramática compuesto por el P. Ambrosio de Romero de las Escuelas Pías. Introducción y transcripción por Vicente Faubel Zapata. Universidad Pontificia de Salamanca.

  • La depuración franquista del profesorado de las escuelas normales de Alicante, Castellón y Valencia. Agulló-Díaz, María del Carmen, Fernández-Soria, Juan Manuel. Universidad de Valencia. Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación. Departamento de Educación Comparada e Historia de la Educación. Valencia, 2014.

  • Tratado elemental de lengua castellana. Preceptiva e historia de la literatura española. Vázquez y Martínez, Claudio. Imprenta La Carpeta. Oviedo, 1914.

  • Publicaciones y periódicos citados en el texto.