Esparto, un recurso económico aprovechado por las familias más modestas (I)
Durante muchos años la manipulación del esparto mejoró las economías familiares en Morata y la comarca del bajo Tajuña
Palabras actualmente muy poco utilizadas como capazo, serón, valéo, soga o estera tienen en común que se refieren a objetos cotidianos que dejaron de usarse hace muchos años y que, todos ellos, se elaboraban con una fibra textil muy extendida en Morata y en toda la comarca: el esparto. Muy ligado a las actividades agrícolas, el esparto estaba también muy presente en la vida diaria. Convenientemente manipulado, el esparto fue la materia prima que suplió a otros materiales más nobles en tiempos de escasez y que sirvió, en muchos casos, para sacar unos ingresos extra a las familias más modestas.
El esparto, nombre común o vulgar de la stipa tenacissima, es una planta muy común en Morata y en todos los municipios de la comarca. En la publicación Datos sobre la vegetación de la comarca de Morata de Tajuña se recoge cómo el espartal ocupa una amplia faja de terreno en la margen derecha del río Tajuña (solana), aunque también es muy abundante en la margen izquierda. También se define el espartal como una formación graminoide dominada por el esparto o atocha, el otro nombre con el que se conoce a la planta.
La presencia de esparto es, por lo tanto, muy común en los terrenos de secano de toda la comarca y desde siempre ha sido utilizada por sus gentes como materia prima de todo tipo de objetos de uso diario tanto en la agricultura como en la vida diaria. Una de las primeras manifestaciones documentadas sobre la presencia del esparto en el término municipal de Morata la encontramos en los legajos del Catastro de Ensenada. Al responder al cuestionario general, las conocidas como Respuestas Generales, los informantes señalaron que el Bosque propio de los condes de Altamira se componía de una porción de olivos, algo de alamedas y lo demás son espartales y algunas encinas.
También en el Registro General de Haciendas se señala la existencia del esparto:
(...) unos cerros con sus faldas que llaman la dehesa que tendrá como setecientas fanegas en faldas y tierras de muy mala calidad, la que es toda infructífera de espartales, sin siembra de cosa alguna ni dar de sí (…).
Aparte de estas referencias a su presencia marginal en el término municipal, nos encontramos en el Catastro de Ensenada otras citas mucho más interesantes para documentar el esparto en Morata y, sobre todo, para saber quien y cómo utilizaba esta fibra vegetal y cuál era su aprovechamiento en esos años de mediados del siglo XVIII. Nos referimos a las declaraciones individuales que realizaron los vecinos de Morata ante los jueces del catastro para dar cuenta de sus actividades y cómo obtenían sus ingresos económicos.
En este apartado aparecen hasta nueve vecinos de la villa, que en esos años contaba con unas quinientas familias, que declaran tener algún tipo de relación con la recolección del esparto de los cerros morateños y con la venta de esta fibra. Se trata en todos los casos de vecinos que se califican a ellos mismos como jornaleros. Por su propias declaraciones, se deduce que tenían en el trabajo con el esparto una actividad secundaria para completar los ingresos familiares. Reproducimos algunas de estas declaraciones individuales del Catastro de Ensenada como muestra de esta utilización del esparto por parte de los vecinos de Morata hacia 1750:
Ángel Mudarra: (...) mi ejercicio [trabajo] jornalero, declaro que lo que poseo es una pollina que sirve para llevar una carguilla [sic] de esparto u otra cosa fuera de esta Villa (…).
Francisco García: (…) tengo dos caballerías menores que me sirven de traer esparto o leña para el gasto de mi casa (…).
Francisco de la Cuesta: (…) así mismo una borrica que la empleo en traer agua para mi casa y algunas cargas de esparto, que es lo único que tengo y poseo (…).
Miguel Blas: (…) tengo una borriquita que la ocupo en llevar cargas de esparto, melones o lo que sale fuera de esta villa, esto los días que no tengo jornal que ganar (…).
Joseph Carrasco: tengo una pollina que esta me sirve para traer una carga de esparto y leña el día que no tengo donde ganar un jornal.
Joseph de las Heras: (...) tengo de familia a [mi hijo] Manuel, de edad de diez y ocho años, este se ocupa en venir a coger una carga de esparto y llevarla a San Martín a vender con una pollina que tengo.
Juan de la Cuesta: (…) vivo de coger un haz de esparto para mantenerme por estar impedido y no poder ganar un jornal.
Jacinto Ortiz: (…) mi ejercicio el de un pobre espartero sin más hacienda que una casa. (…) Mas tengo una borrica que sirve para el ministerio de ir para una carga de esparto y otras cosas necesarias al servicio de mi casa.
Juan Ximénez: (…) también tengo una burra para el tráfico de mi casa y llevar algunas cargas de leña y esparto a vender fuera.
Con estas declaraciones individuales al catastro comprobamos como estos vecinos, todos ellos de origen modesto, jornaleros, utilizaban el esparto como recurso para sobrevivir, en unos casos recogiéndolo para venderlo fuera de Morata o, también, para su uso propio.
La recolección del esparto que, recordemos, crecía en los cerros concejiles de propiedad comunal, era una actividad que también era muy frecuente en otros pueblos de la comarca. En una serie de obras publicadas unos años después de la elaboración del Catastro de Ensenada, las Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fabricas y minas de España, con inclusión de los reales decretos, ordenes, cédulas, aranceles y ordenanzas expedidas para su gobierno y fomento, de Eugenio Larruga, se hace referencia a la manufacturas del esparto existentes por entonces (1788-1790):
(…) Para estas manufacturas hay en Madrid un gremio que su mayor ganancia consiste en comprar esteras fabricadas en otras Provincias, y revenderlas al tiempo del estero : regularmente se emplea también en hacer soga, ataderos y otras obras. Los pueblos de la Provincia que conocen esta industria, son lllana y Brea [de Tajo] que fabrican sogas, lías, ramales y medianas (…) (Vol. II).
En el volumen VI de estas Memorias se informa sobre el precio que alcanzaba el esparto en esos años de finales del siglo XVIII, dos reales en bruto, y en el volumen IX se especifica con más detalle la dedicación de los vecinos de pueblos de la comarca al trabajo con el esparto:
(…) En la villa de Fuentidueña hay fabrica de esparto: sus labores son maromas de barca, de noria y pozo; sobrecargas, soga carretera, novillera; terciado corto y largo; y sogas malas para hachones de viento. Fabricarán al año como 220 arrobas.
(…) En la villa de Valdaracete se fabrican ruedos, y al año como 168, El esparto lo compran de los pueblos inmediatos, y del que va de tierra de Murcia.
(…) En la villa de Estremera se emplea la mayor parte de su vecindario en la manufactura de esparto; labrando peludos, cubiertas, lías , cordel, etc. Se regula por un decenio que se consumen de 260 arrobas de esparto al año.
(…) Los pobres jornaleros de la villa de Villarejo de Salvanés, fabrican para su manutención el esparto en sobrecargas, maromillas, cuerdas, terciado y otros géneros.
(…) En el término de la villa de Perales de Tajuña hay abundancia de espartales, que anualmente se venden a forasteros por la Junta de propios, y los vecinos el esparto que se les señala le fabrican en soguilla, que llaman curtida, de la que al año sacan á vender a Madrid, y otras partes, como 100 cargas.
Estas informaciones sobre el trabajo con el esparto y los objetos que se elaboraban con esta fibra coinciden con los datos que recogía el Catastro de Ensenada en Morata: con mayor o menor dedicación, el esparto era una actividad secundaria a la que se dedicaban los jornaleros para completar sus ingresos. Es cierto que en pueblos como Fuentidueña, con una fábrica, y Estremera, Valdaracete o, incluso Villarejo de Salvanés, el sector del esparto parece que tenía más importancia que en Morata, mientras que en Perales se cita la venta del esparto de los cerros comunales a forasteros y las manufacturas con este material por parte de los vecinos.
En un trabajo que trata sobre estos años del siglo XVIII, Las trabajadoras madrileñas del siglo XVIII. Familias, talleres y mercados, se analiza la relación existente entre el trabajo femenino y la manipulación del esparto:
(…) Por el contrario, en las Vegas del Tajo y Tajuña, es la pobreza derivada de la carencia de tierras y recursos comunales lo que arrastra a los campesinos a la industria del esparto
En el esparto y el cáñamo, la hilaza es tarea femenina y la distribución cosa de hombres. Cuando el volumen de producción aumenta, la unidad doméstica incorpora trabajadores asalariados
Por estas fechas [último cuarto del siglo XVIII], en el campo castellano aún sobrevive descapitalizada la industria textil artesanal de base doméstica que se compagina con las tareas agrícolas, como vimos en el capítulo 2. En la provincia de Madrid, destacábamos los núcleos de Chinchón, Colmenar de Oreja, Valdemoro, Colmenar Viejo, Fuenlabrada y Getafe, dedicados a la pañería, mientras que en pueblos de las vegas del Tajo, Henares y Tajuña se transforman las fibras del esparto y el cáñamo (…).
Planta del esparto o atocha
El esparto en el partido judicial de Chinchón en el siglo XIX
Los datos sobre la explotación del esparto en Morata y en la comarca en el siglo XVIII podrían indicar que su influencia en la economía de los habitantes de estas villas, que con el tiempo pasarían a conformar el partido judicial de Chinchón, era de escasa importancia y menor, en cualquier caso, que la del cáñamo, otro cultivo de fibra textil muy extendido en la comarca desde, al menos, el siglo XV.
En comparación con el cáñamo, pese a que podría parecer lo contrario, el esparto mantuvo su presencia en estos pueblos como materia prima de pequeñas manufacturas relacionadas con la agricultura: esportones, capazos, espuertas, serones y otros utensilios utilizados en el campo y los hogares se seguían fabricando en el siglo XIX con el esparto de los montes mientras que el cáñamo, más importante en siglos anteriores, había perdido presencia en las vegas regadas por el Tajuña en favor de otros cultivos más rentables como las hortalizas o, incluso las viñas.
Para confirmar esta realidad que se produce en el siglo XIX respecto al cáñamo y el esparto contamos con dos fuentes documentales muy fiables, el Anuario administrativo y estadístico de la provincia de Madrid, de Francisco Javier Bona (1869), y la Memoria sobre el estado de la agricultura en la provincia de Madrid y mejoras convenientes para su desarrollo, de Eduardo Abela (1876).
En la primera de esta obras, el Anuario administrativo, aparece una estadística determinante sobre ambos cultivos en los pueblos que integraban por entonces el partido judicial de Chinchón. En 1868 sólo se contabilizaron 2.525 arrobas de cáñamo frente a 55.511 arrobas anuales de esparto.
Unos años después, en 1876 Eduardo Abela, en su memoria sobre la agricultura madrileña, también recalca la importancia del esparto en el partido judicial de Chinchón frente al declive del cáñamo:
(…) En los terrenos yermos o eriales de esta zona [partido judicial de Chinchón] se cría mucho y muy fino esparto, tanto en la parte caliza como en la de yesos, de cuyo producto hacen cada día más importante industria algunos de los pueblos de aquel partido. Esparto, que cada día crece en importancia, y representa 793.626 kilogramos; principalmente en Chinchón, una sexta parte en Getafe y algo en Alcalá de Henares.
(…) Los productos más notables de textiles y tintóreas se refieren en la provincia a la utilización de plantas espontáneas , como la que del esparto se hace principalmente en el partido de Chinchón; poco en Alcalá de Henares y Getafe. También la utilización del zumaque donde presenta mayor interés es en Chinchón, y muy reducido hasta ahora en Torrelaguna.
Por estos años del siglo XIX también se generalizó una práctica en relación con el esparto inexistente en el siglo XVIII. Los municipios comenzaron a rentabilizar los espartales que crecían en los cerros de su propiedad y subastaron la explotación anual de las atochas. Esto no significa que no se mantuviera la actividad, más reducida en relación a décadas anteriores, de las familias más modestas que aprovechaban el esparto para pequeños trabajos artesanales. Sobre estas adjudicaciones, que se mantuvieron con altibajos hasta los años sesenta del siglo pasado, trataremos la próxima semana.
Fuentes y bibliografía:
Datos sobre la vegetación de la comarca de Morata de Tajuña. (Madrid. España). Gavilán García, Rosario G; Díaz Sánchez, Ricardo; Casas, Inmaculada; Echevarría, Juan E. Lazaroa, vol. 11. (1989).
Archivo General de Simancas. Catastro de Ensenada. Respuestas Generales. Toledo. Volumen 408. Información hecha sobre el contenido de los artículos del interrogatorio impreso. Pieza 2. Catastro de Ensenada.
Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fabricas y minas de España, con inclusión de los reales decretos, ordenes, cédulas, aranceles y ordenanzas expedidas para su gobierno y fomento . Vol. II, VI y IX. Larruga, Eugenio. Imprenta de Benito Cano. Madrid, 1788, 1789.
Las trabajadoras madrileñas del siglo XVIII. Familias, talleres y mercados. López Barahona, Victoria. Tesis doctoral dirigida por los profesores Santos Madrazo Madrazo y José Miguel López García. Departamento de Historia Moderna, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Madrid. Junio de 2015.
Anuario administrativo y estadístico de la provincia de Madrid para el año 1868. Bona, Francisco Javier de. Diputación Provincial de Madrid. Oficina Tipográfica del Hospicio. Madrid, 1869.
Memoria sobre el estado de la agricultura en la provincia de Madrid y mejoras convenientes para su desarrollo. Abela y Sainz de Andino, Eduardo. Imprenta, Estereotipia y Galvanoplastia de Aribu y Cia. Madrid, 1876.
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