miércoles, 25 de noviembre de 2015

Un paseo por las calles de Morata en el siglo XVIII

El casco urbano estaba conformado por treinta y una calles y plaza 

¿Cómo eran las calles de Morata hace unos 250 años? Nos situamos en 1751 y vemos que el casco urbano de Morata lo componían treinta y una calles, plazas y plazuelas. En total, doscientas setenta y seis casas, en las que vivían 1.181 habitantes, y a las que habría que sumar los solares, casas en ruinas y pajares para llegar a las trescientas cuatro unidades urbanas que recoge el Catastro de Ensenada. En el siguiente documento transcribimos, calle por calle, quiénes eran los propietarios de estas viviendas –con muchos apellidos que os serán familiares- y su valoración a efectos fiscales. Entre paréntesis también se incluye el nombre actual de cada una de las calles y plazas*.

Transcripción del documento del Catastro de Ensenada que recoge las casas existentes en la villa de Morata en el año 1751

COTEJO DE CASAS DE LA VILLA DE MORATA 

Registro original de cotejos, comprobaciones, mensura, reconocimiento, anterior, interior de las casas, edificios y solares de que se compone la población de esta villa de Morata con apreciación de sus dueños y situaciones practicado todo ello por Gabriel de Peces y Miguel Martínez Serrano maestros alarifes [albañiles] de esta villa nombrados como inteligentes para esta operación por la justicia y regimientos de ella según causa de los autos generales y diligencia del dos de julio de este año que asimismo concurren Don Pedro Fominaya, Juan Páez Xaramillo, y Francisco Ruiz de Castañeda, como peritos labradores nombrados por dicha justicia en el mismo acto para el reconocimiento de tierras, propiedades, tráficos y demás utilidades de este pueblo para regular el más valor que en las casas en que se hallan bodegas, sótanos con lagares, cubas y tinajas para la recepción y custodia de los vinos y aceites que caben tener por este respecto y el que se le ha de dar a las bodegas que se hallasen separadas de los edificios. Todo con asistencia del señor licenciado Juan José de Leza y Cesáreo abogado de los Reales Consejos, juez subdelegado para la formación de esta diligencia por el señor intendente general de la provincia de Toledo con aprobación de la Real Junta de la Única Contribución y circunstancia del presente escribano Juan de Bascones lo es para el actuado de esta comisión, en lo que procederán los referidos peritos según su saber y entender y bajo el juramento que tienen prestado en la aceptación de este encargo colocada en los mencionados autos generales con arreglo a la común estimación que regularmente tienen en esta villa sus casas y con prevención que este registro va conforme con las mismas relaciones de los vecinos y arreglado a las notas o glosas puestas a sus respectivos márgenes en el mismo acto de su reconocimiento y regulación y en la forma siguiente:


Casas de seglares
1 Calle pública que sube desde la Iglesia a la Concepción (C/ Cruz de Orozco hasta el cruce con la Calle del Ciego)
01     
Casa Palacio propia del Conde de Altamira, dueño de dicha villa, con sesenta y dos varas de fachada y cuarenta y nueve de fondo y contiene  en cuarto bajo y principal con patio, cuatro jardines y en ellos algunos frutales, cocheras y en ellas una casita inclusa en las tapias de dicho palacio en que vive Thomas García, jardinero y confronta la referida calle publica y al Oriente la que llaman de la Jabonería, no se hace regulación de los alquileres que pueda rendir este Palacio por no haber habido jamás contemplar de alquilarse y tenerse únicamente destinado por dicho señor para su recreo y diversión en las temporadas que acostumbra a venir a este pueblo manteniéndose la mas del tiempo cerrado por no encontrarse dicho señor en la villa
02     
Otra propia de Don Joseph de Orozco y Manuela Ruiz de Orive, regulado su alquiler en ochenta y cuatro reales de vellón
03   
 Otra de dicho señor, regulado su alquiler en sesenta y seis reales
04   
Un solar propio de María Hermosa, al que no se regula nada
05     
Otra de los herederos de Don Phelipe Pantoja en que tiene la tercera parte Tomás Sánchez Bravo vecino de esta villa. Su alquiler ciento y noventa reales
06   
Otra de María de Torres, regulado su alquiler en cincuenta y cinco reales
07   
Otra de Francisco Ximénez su alquiler cincuenta y cinco reales
08     
Otra propia de Agustín Martínez, su renta en alquiler sesenta y seis reales
09   
Otra de Francisco Corpa, su alquiler ciento treinta y nueve reales
10    
Otra de Alphonso Serrano, su alquiler sesenta y seis reales
11   
Otra de Gabriel París su alquiler ciento y veintinueve reales
12     
Otra de Theresa Velilla, su alquiler ciento veintidós reales

2 Calle que va de la Cruz de Orozco al Hospital (Calle del Ciego desde la Calle Cruz de Orozco hasta la Plazuela de Don Santiago)

13    
Otra de Theresa Sánchez Bravo, su alquiler cuarenta y cuatro reales
14   
Otra de Juan Serrano, su alquiler cincuenta y cinco reales
15   
Otra de Águeda Blanco, su alquiler ciento y veintinueve reales
16    
Otra de Francisco Gómez, su alquiler sesenta y siete reales
17    
Otra de Francisco Serrano, su alquiler ciento sesenta y nueve reales
18     
Otra de Gabriel Ruiz de Castañeda, su alquiler cincuenta y cinco reales

3 Plazuela de las Cocheras del Señor (Plazuela de Don Santiago)

19     
Otra de Ventura Ruiz de Castañeda, regulado su alquiler en ciento y diez reales
20     
Otra de Don Francisco Monzón, ciento ochenta y ocho reales, es vecino de Vicálvaro

 4 Calle de la Jabonería (Calle Picadero desde Carretera de Perales a Plazuela de Don Santiago)

 21    
Otra de Francisco Ruiz de Castañeda, su alquiler sesenta y seis reales
22     
Otra que fue jabonería y tenería y como arruinada e inhabitable no se le considera alquiler alguno (Propiedad del conde de Altamira)

5 Calle que sube de la plazuela de las Cocheras del Señor a la Concepción (Calle Morería)


23     
Otra de Juana Ruiz, su alquiler setenta y siete reales
24     
Otra de Antonio Díaz, su alquiler cincuenta y cinco reales
25     
Otra propia de Manuel Sánchez Bravo, su alquiler cincuenta y cinco reales
26     
Otra de Antonio Sánchez, su alquiler noventa y nueve reales
27     
Otra de Don Carlos Ramos, vecino de Madrid, su alquiler ochenta y ocho reales
28     
Otra de Pedro Sánchez Bravo y Manuel Sánchez Bravo, que tiene la tercera parte Alonso Conde, vecino de la villa de Loeches, su alquiler ochenta y tres reales
29     
Otra de Don Andrés y Don Claudio Salcedo, su alquiler once reales
30     
Otra de María Roldán, menor, su alquiler cuarenta y cuatro reales
31     
Otra de Francisco Valerio, su alquiler cuarenta y cuatro reales
32     
Un solar de Don Andrés de Salcedo, no se le regula nada por estar inhabitable
33     
Otra de María Roldán menor, su alquiler sesenta y seis reales
34     
Otra de Francisca Sánchez, su alquiler ciento y diez reales
35     
Otra de Lucas Miguel, su alquiler ciento y veintidós reales
36     
Otra de Doña María Páez de Almazán, su alquiler treinta y tres reales
37     
Otra de Juan Pedraza, su alquiler sesenta y seis reales
38     
Otra de Joseph Serrano, su alquiler sesenta y seis reales
39     
Otra de Francisco Villalba, su alquiler cincuenta y cinco reales
40     
Otra de María Cumplido, su alquiler cuarenta y nueve reales
41     
Otra de Juan Ximénez, su alquiler cuarenta y cuatro reales
42     
Otra de Isidora González, su alquiler sesenta y seis reales
43     
Otra de Mathías de la Cueva, su alquiler cincuenta y cinco reales
44     
Otra de Theresa González, su alquiler treinta y tres reales
  6 Calle de Villalobos (Calle Panaderos)
45     
Otra de Gabriel Ortiz, su alquiler veintidós reales
46     
Otra de Cecilia …, ciento cincuenta y cuatro reales
47     
Otra de Joseph Bezerro, su alquiler treinta y tres reales
48     
Otra de Joseph Roldán, su alquiler veinte y un reales
7 Calle pública que baja a la Calle Real que llaman de Arganda (Calle Real hasta los cruces con las calles Poyales y Panaderos)
49     
Otra de Juan Santander, su alquiler ochenta y ocho reales
50     
Otra de Tadeo de Bustos, su alquiler cincuenta y cinco reales
51     
Otra de María Barranco, su alquiler cincuenta y cinco
52     
Otra de Joseph Serrano, su alquiler cincuenta y cinco reales
53     
Otra de Isabel Hurtado, su alquiler cincuenta y cinco reales de la que le pertenecen la mitad de ella y la otra mitad pertenece a Mathías y Sebastián Hurtado, hermanos de Isabel
54     
Otra de Don. … vecino de Madrid, su alquiler cincuenta y cuatro reales
55     
Otra de Manuel Roldán, su alquiler ochenta y ocho reales
56     
Otra de Francisco la Cueva, su alquiler cuarenta y cuatro reales
57     
Otra de Diego López, su alquiler cincuenta y cinco reales
58     
Otra de Tomás Ximénez Arco, su alquiler cuarenta y cuatro reales
59     
Un pajar de Manuel Valerio, su alquiler veintidós reales

8 Calle Real que sube a la Cuesta que llaman de Arganda  (Calle Real desde la confluencia con la calle Prim hasta la Plaza Mayor)

60     
Otra de Jacinto Ortiz, su alquiler cuarenta y cuatro reales
61     
Otra de Alonso González, su alquiler sesenta y seis reales
62     
Otra de Josepha Cañamares, su alquiler ciento y cincuenta y cuatro reales
63     
Otra de Eugenio Blanco, su alquiler ciento cincuenta y dos reales
64     
Otra de  Juan González, su alquiler ciento ochenta y siete reales
65     
Otra de Don Pedro Moreno, su alquiler ochenta y ocho reales
66     
Otra de Juan Granizo, su alquiler setenta y un reales
67     
Otra de Joseph Díaz, su alquiler setenta y siete reales
68     
Otra de Santiago Arias, su alquiler doscientos diez reales.
69     
Otra de Doña Rosa Fominaya, vecina de Chinchón, su alquiler doscientos treinta reales y tiene en ella una cuarta parte Don Bernardino Fominaya, vecino de esta villa
70     
Otra de Francisca Sánchez Bravo, su alquiler cuarenta y cuatro reales
71     
Otra de Francisco Ruiz de Castañeda, su alquiler dos mil seis reales
72     
Otra de Don Diego Sánchez Bravo, su alquiler ciento y cincuenta y cuatro reales
73     
Otra de Doña Rosa Ruiz de Castañeda, vecina de la villa de Torres, su alquiler 99 reales
74     
Otra de Antonia Corpa, su alquiler ciento treinta y ocho reales
75     
Otra de Francisco Oliva, su alquiler doscientos sesenta y seis reales

9 Calle que sube de la Fuente a la Cruz de Orozco (Calle Prim e incluye también el Callejón de Cruz de Orozco) [En este cruce se situaba una fuente que fue sustituida a comienzos del siglo XX por el actual pilón]

76     
Otra propia de Francisco Ruiz de Castañeda,  su alquiler ciento y noventa y ocho reales
77     
Otra de Joseph Humanes, su alquiler setenta y siete reales
78     
Otra de Joseph González, su alquiler ochenta y ocho reales
79     
Otra de Juan Moratilla, su alquiler ciento diez reales
80     
Otra de Águeda Martínez, su alquiler cincuenta y cinco reales
81     
Otra de Don Joseph de Orozco, vecino de Madrid, su alquiler noventa y nueve reales
82     
Otra de Tomás Sánchez Bravo, su alquiler setenta y siete reales
83     
Otra de Manuela Medel, no se regula cosa alguna por estar arruinada
10 Calle que va de la Iglesia a la Plazuela del Palacio de Espinardo (Calle Dos Hermanas)
84     
Otra de  Manuel Hurtado su alquiler cuarenta y siete reales
85     
Otra de María Fiel, no se le regula alquiler alguno (solar)
86     
Otra de Diego Cañamero, su alquiler no se le regula por no valer (solar)
87     
Otra casa de Melchor Muñoz, su alquiler setenta y siete reales
88     
Otra de Doña Marcela Cediel, su alquiler cincuenta y cinco reales
89     
Otra de Theresa Marchena, su alquiler cincuenta y cinco reales

11 Plazuela que llaman de Espinardo (Plazuela de Espinardo)

90     
Otra del Marqués de Espinardo, su alquiler ochenta y ocho reales
91     
Otra casa Palacio del dicho Marqués de Espinardo, su alquiler quinientos quince reales
92     
Un solar de dicho señor, no se le regula alquiler alguno por estar arruinado
93     
Otro del dicho señor que no se le regula nada
12 Calle que llaman del Toril (Calle Toril hasta el cruce con la Calle Cruz de Orozco)
94     
Una casa de Gabriel París, su alquiler ochenta y ocho reales

13 Calle que va de la Iglesia a Nuestra Señora de la Soledad (Calle Soledad desde la Iglesia hasta el cruce con las calles Sol y Párroco Abilio del Castillo)

95     
Otra de Jerónimo Marchena, su alquiler setenta y siete reales
96     
Otra de Manuel Hernández, su alquiler setenta y siete reales
97     
Otra de Miguel de Bustos, su alquiler sesenta y seis reales
98     
Otra de Miguel Martínez, su alquiler, setenta y siete reales
99     
Otra de Gabriel Roldán, su alquiler sesenta y seis reales
100  
Otra de Joseph Hurtado, su alquiler ciento diez reales
14 Calle de la Jabonería que sale a los Oteros (Comienzo de la calle Isabelo de la Torre)
101  
Una casa propia de Manuel de Blas, su alquiler, cincuenta y cinco reales
102  
Otra de Bernardo Hernández, su alquiler, veintidós reales.
103  
Un solar de Manuel González, no se le regula alquiler por estar arruinado.
104  
Otra casa de Ignacia Hernández, su alquiler noventa y nueve reales
15 Calle que dicen la Texería Vieja (Carrera del Mediodía desde la confluencia con la Calle Estrella y hasta la confluencia con la Calle El Sol)
105  
Otra de Joseph Nuñolero, su alquiler cuarenta y cuatro reales
106  
Otra de Mariana Sánchez, su alquiler noventa y nueve reales
107  
Otra de Fernando de la Cueva, vecino de Madrid, su alquiler veintidós reales
108  
Otra de Fernando de la Cueva, su alquiler cuarenta y cuatro reales
109  
Otra de Thomas García  Charco, su alquiler treinta y tres reales
16 Calle que va de la Cruz de Calderón a la Iglesia (Calle Estrella con sus callejones)
110  
Una casa de Gabriel Gómez, su alquiler sesenta y seis reales
111  
Otra de Francisco y Juan Silvestre, su alquiler sesenta y seis reales
112  
Otra de Antonio Roldán, su alquiler treinta y tres reales
113  
Otra de Manuel Blanco, su alquiler treinta y tres reales
114  
Otra de Francisco París y Alphonso Marchena por mitad, su alquiler setenta y siete reales
115  
Otra de Paloma de Platas, su alquiler veintidós reales
116  
Otra de Manuel Ximénez Meco, su alquiler cincuenta y cinco reales
117  
Otra de Cecilia de Losa, su alquiler treinta y tres reales
118  
Otra de Gabriel de Pezes, su alquiler doscientos noventa y cuatro reales
119  
Otra de  María Mancheño, su alquiler sesenta y seis reales
120  
Otra de Cipriano Blanco, su alquiler ciento y diez reales
121  
Otra de Joseph Páez, su alquiler doscientos y catorce reales
122  
Otra de Manuel Jiménez, su alquiler sesenta y seis reales
123  
Otra de Francisco Garcés, su alquiler cincuenta reales
124  
Otra de Joseph Sánchez de San Agustín, su alquiler ochenta y ocho reales
17-Calle que llaman de la Carrera junto a la Cruz de Calderón (Carrera del Mediodía desde la confluencia con la Calle Estrella y la confluencia con la Calle del Cristo de la Sala)
125  
Una casa de Joseph Guerra, su alquiler setenta y siete reales
126  
Otra de Manuela Guzmán, su alquiler setenta y siete reales
127  
Otra de Manuel de Pinto, su alquiler sesenta y seis reales
128  
Otra de Joseph Roldán, su alquiler setenta y siete reales
129  
Un solar de Don Vicente Moreno al que no se regula nada por estar arruinado
130  
Otra de Manuel Berenjeno, su alquiler cincuenta y cinco reales
131  
Otra de Alonso Carrera, su alquiler ochenta y ocho reales
132  
Otra de Gabriel de Perea, su alquiler ciento treinta y dos reales
133  
Otra de Sebastián Hernández, su alquiler setenta y siete reales
134  
Otra de Martín París, su alquiler sesenta y seis reales
135  
Otra de María de Platas, su alquiler sesenta y seis reales
18 Calle que llaman del Cristo de la Sala (Calle del Cristo de la Sala)
136  
Una casa de Manuel Martínez, su alquiler ochenta y ocho reales
137  
Otra de Manuel Martínez, su alquiler setenta reales
138  
Otra de Francisco Conde, su alquiler sesenta y seis reales
139  
Otra de Francisco Guerra Bustamante, su alquiler ochenta y ocho reales
140  
Otra de Mathías Roldán, su alquiler setenta y siete reales
141  
Otra de María Hermosa, su alquiler ciento y diez y ocho reales
142  
Otra de Joseph Hermosa, su alquiler setenta y siete reales
143  
Otra de Francisco Blanco el mayor, y Julián Puerta, su alquiler ochenta y ocho reales
144  
Otra de Don Pedro Fuentes, su alquiler ochocientos y ochenta reales
145  
Otra solar de dicho Don Pedro, no le regula nada
146  
Otra casa bodega de Francisco Ortiz Alonso, novecientos reales
147  
Un solar de Bartolomé ..., vecino de Madrid, no se le regula nada
148  
Otra casa de Pheliciano Salado, su alquiler cincuenta y cinco reales
149  
Otra de Josepha Moral, su alquiler cincuenta y cinco reales
150  
Un solar de Don Joseph Fominaya, no se le regula alquiler alguno  
                                                                 
19 Calle de los Búcares (Calle de la Iglesia desde la iglesia hasta la confluencia con la Avenida de Domingo Rodelgo)
151  
Una casa de Francisco Paris, su alquiler sesenta y seis reales
152  
Otra de Francisco Sánchez Bravo, su alquiler cien reales
153  
Otra de Pablo Silvestre, ciento cuarenta y cuatro reales
154  
Otra de Pascual Martínez, su alquiler setenta y siete reales
155  
Otra de Manuel Sánchez, arruinada, no se regula alquiler alguno
156  
Otra de Francisco Sánchez Alonso, su alquiler quinientos reales
157  
Otra de Don Antonio Camargo, su alquiler trescientos noventa y siete reales
158  
Otra de Don Joseph Fominaya, su alquiler ciento ochenta reales.
159  
Otra de Manuel Muñoz, su alquiler setenta y siete reales
160  
Otra de Bernardino Páez, su alquiler doscientos y noventa y dos reales
161  
Otra de Antonia Ruiz de Orive, ciento y cincuenta y cuatro reales
162
Otra de Tomás París, su alquiler setenta y siete reales
163
Otra de Manuel de Almazán, su alquiler ciento y sesenta y siete reales
164
Otra de Phelipe Marchena, su alquiler setenta y siete reales
165  
Otra de Francisca Pérez, vecina de Chinchón, su alquiler sesenta y seis reales
166
Otra de Don Juan de Almazán, doscientos cuarenta y cuatro reales
167  
Otra de Roque Páez, ciento cincuenta y cuatro reales
20 Calle del Carmen (Calle del Carmen hasta la confluencia con Calle Iglesia)
168  
Otra de Juan Páez Jaramillo, su alquiler trescientos ochenta reales
169  
Otra de Miguel Bello, su alquiler quinientos veinte reales
Imagen de la relación de viviendas de la Calle del Carmen y Plaza Mayor
21 Plaza Mayor (Plaza Mayor)
170  
Otra de Doña María Ignacia Mexía y tiene en ella una tercera parte Doña Mariana  Jacolé, su alquiler seiscientos reales
171  
Otra de conde de Altamira, su alquiler setecientos treinta reales [La antigua posada]
172  
Otra casa del ayuntamiento y no se regula alquiler alguno por no alquilarse y está destinada para sus cosas de Ayuntamiento
173  
Otra de Miguel Maesso, su alquiler ciento diez reales
22 Calle que va de la Plaza a la Real de Chinchón (Avenida de Domingo Rodelgo hasta pasar la confluencia con la Calle de la Iglesia)
174  
 Otra casa carnicería propia de la Villa, no se le regula alquiler por ser para este efecto
175  
Otra de Josepha de Castro, ciento y treinta y dos reales
176  
Otra de Francisco Crespo, su alquiler ciento y treinta y dos reales
177  
Otra de Francisco Sánchez de San Agustín, su alquiler doscientos reales
178  
Otra de Manuel Hernández, su alquiler ciento y treinta reales
179  
Otra de Manuel Muñoz, su alquiler noventa y seis reales
180  
Otra de Don Manuel de Almazán, su alquiler cuatrocientos y cuarenta reales
181  
Otra de Don Baltasar de Salcedo, su alquiler sesenta y seis reales
182  
Otra de Manuel Martínez de Sevilla, su alquiler noventa y nueve reales
183  
Otra de Marcelo Carrasco, su alquiler sesenta reales
184  
Un solar de Roque Páez, no se regula alquiler alguno
185  
Una casa de Antonio Sánchez, su alquiler sesenta y seis reales
186  
Otra solar de Don Manuel de Almazán, no se regula alquiler
187  
Otro solar de Roque Páez, no se regula alquiler
188  
Otra casa de Juan Serrano su alquiler sesenta y seis reales
189  
Otra de Josepha de Castro, su alquiler ochenta y ocho reales
190  
Otra casa Matadero, propia de esta villa, no se le regula nada por ser para este fin
191  
Casa de Isabel de Bustos, está arruinada
192  
Otro solar de Isabel de Bustos, no se le regula alquiler
193  
Otra de Juan Martínez Coronel y de Joseph de Bustos, su alquiler ciento veinte reales
194  
Otra propia de Joseph Blas, menor, su alquiler sesenta y seis reales
195  
Otra de Josepha de Bustos, su alquiler setenta y siete reales
23 Carrera que empieza frente de Nuestra Señora de la Antigua (Avenida de Domingo Rodelgo desde la confluencia con la Calle Iglesia hasta confluencia con Calle Manuel Mac Crohon)
196  
Otra casa de Don Pedro Fominaya, su alquiler ciento y cuarenta reales
197  
Otra de Jerónimo de San Andrés, su alquiler cuarenta y cuatro reales
198  
Otra de Sebastián de San Andrés, su alquiler sesenta y seis reales
199  
Un solar de Manuel Mexía, no se regula su alquiler
200  
Otra casa de Francisco Perogordo, su alquiler setenta y siete reales
201  
Otra de Manuel Salado, su alquiler setenta y siete reales
202  
Otra propia de Joseph Santillana, su alquiler ochenta y ocho reales
203  
Otra de Mariana Espejo, su alquiler sesenta y seis reales
204  
Otra de Francisco Bermejo, su alquiler sesenta reales
205  
Otra que es pajar de Manuel Rivera, su alquiler veinte y dos reales
206  
Otra de Manuel Nuñolero, su alquiler setenta y siete reales
207  
Otra de Joseph Pedrero, su alquiler treinta y tres reales
208  
Otra de María Díaz, su alquiler sesenta y seis reales
24 Calle que sale desde la real que va a Chinchón (Calle Iglesia desde la confluencia con Avenida de Domingo Rodelgo, hasta Calle Manuel Mac Crohon y Carrera Poniente)
209  
Otra de Francisco Crespo, su alquiler sesenta reales
210  
Otra de Lucas Pérez, su alquiler setenta y siete
211  
Otra de Manuel Rivera, su alquiler noventa reales
212  
Un pajar de Miguel Salado, su alquiler treinta y tres reales
213  
Otra casa de Manuel Bravo, su alquiler ochenta y ocho reales
214  
Otra de Don Miguel de Salcedo, su alquiler doscientos y sesenta reales
215  
Otra de María Ruiz de Orive, su alquiler sesenta y seis reales
216  
Otra de Doña Águeda Ruiz, su alquiler sesenta reales
217  
Otra propia de Manuel Sánchez, su alquiler sesenta y seis reales
218  
Otra de Ana Blanco, su alquiler ochenta y ocho reales
219  
Otra de Manuel González de Luis, su alquiler doscientos y sesenta y dos reales.
220  
Otra de Don Plácido Espejo, su alquiler setenta y siete reales
221  
Otra de María Espejo, su alquiler noventa y ocho reales
222  
Otra de Francisco Segovia, vecino de Chinchón, su alquiler setenta y siete reales
223  
Otra de Doña María Ruiz de Castañeda, su alquiler seiscientos ochenta y cinco reales
25 Calle que sube de las eras a la plazuela del Espejo (Calle Manuel Mac Crohon desde confluencia con Avenida Domingo Rodelgo hasta confluencia con Calle Iglesia y primeras casas de la Calle Espejo)
224  
Otra de Don Joseph de Cuevas y herederos de Don Francisco Ruiz de Castañeda, su alquiler ciento y noventa y ocho reales
225  
Otra de dicho, su alquiler cuarenta y cuatro reales
226  
Otra de Bárbara Maroto, su alquiler noventa y nueve reales
227  
Otra de Manuel Lozano, su alquiler ciento y veintiún reales
228  
Otra de Antonia González, su alquiler ciento diez reales
229  
Otra de Agustín González, su alquiler noventa y nueve reales
230  
Otra de Don Julián Correa, vecino de Madrid, su alquiler noventa y nueve reales
231  
Otra de Don Pedro Ruiz de Castañeda, vecino de San Martín de la Vega, su alquiler seiscientos reales
232  
Otra de Pedro Sánchez Bravo, su alquiler ciento y cincuenta y cuatro reales
233  
Otra de Gregoria Ruiz de Orive, su alquiler ciento y noventa y cinco reales
234  
Otra de Matheo Blas, su alquiler cincuenta y cinco reales
235  
Otra de Doña Águeda Ruiz, su alquiler treinta reales
236  
Otra de Juan Roldán, su alquiler ochenta y ocho reales
237  
Otra de Lorenzo Silvestre, su alquiler cuarenta y cuatro reales
238  
Otra de Joseph de las Heras, su alquiler cincuenta y cinco reales
239  
Otra de Theresa de las Heras, su alquiler cincuenta y cinco reales.
240  
Otra de Jerónimo Roldán, su alquiler sesenta y seis reales
241  
Otra de Isabel Cañamares, su alquiler ochenta y ocho reales
242  
Otra propia de Miguel Blas, su alquiler cincuenta y cinco reales
243  
Otra de Joseph Martínez Coronel, su alquiler cincuenta y cinco reales
26 Calle que va de Nuestra Señora del Rosario a la Plaza (Avenida Constitución desde el cruce con Calle Manuel Mac Crohon y Calle Espejo hasta el cruce con Carrera de Poniente y Calle Peña Redonda)
244  
Otra de Manuel Montero, su alquiler ciento y setenta y ocho reales
245  
Un solar del dicho, no se le regula por estar arruinado
246  
Otra de Diego Ruiz de Orive, doscientos siete reales
27 Calle de la Azotea (Calle Baja Azotea)
247  
Otra casa de Manuel López, su alquiler ciento y veinte reales
248  
Otra propia de esta villa, su alquiler cuarenta y cuatro reales
249  
Otra de Eugenio Arias, su alquiler ciento y veinticinco reales
250  
Otra de Don Diego de Almazán, su alquiler doscientos cuarenta y cinco reales
28 Plazuela del Espejo y calle que sigue a la de Arganda (Calle Alta Azotea)
251  
Otra de Isidro Belinchón, su alquiler doscientos diez reales
252  
Otra de Antonio Recas, su alquiler sesenta reales
253  
Otra de  Pedro Nuñolero, su alquiler sesenta reales
254  
Otra de  Gregoria  Ruiz de Orive, su alquiler setenta y ocho reales
255  
Otra que es pajar de Gabriel Ruiz, su alquiler cuarenta y cuatro reales
256  
Otra de Manuel Sánchez de San Agustín, su alquiler trescientos diez reales
257  
Otra de Doña Paula Sánchez, vecina de Madrid, su alquiler ochenta y ocho reales
258  
Otra de Doña Ana Chacón, vecina de Valdemoro, su alquiler ochenta y ocho reales
259  
Otra de Francisco Anguita, su alquiler doscientos y diez reales
260  
Otra de Don Xavier Bermejo, vecino de Alcalá, su alquiler ciento y cincuenta reales
261  
Otra de Juan Cantarero, su alquiler noventa y ocho reales
262  
Otra, solar de Doña Ana Chacón, vecina de Valdemoro, no se regula por estar arruinada
29 Calle que sale de la Real de Arganda a la Fuente (Avenida Constitución hasta confluencia con Calle Manuel Mac Crohon y Calle Espejo)
263  
Otra de Manuel Berenjeno, su alquiler cien reales [En realidad es propiedad del conde de Altamira y donde estaba la otra posada de la villa, situada donde hasta hace unos meses se situaba el registro civil y el juzgado]
264  
Otra de Don Jacinto Camargo, vecino de Madrid, su alquiler ciento y treinta y dos reales
265  
Otra de Manuel Valerio, su alquiler ciento y treinta reales
266  
Otra de Alonso Marchena, su alquiler, noventa y nueve  reales
267  
Otra de Apolonio Casanova, su alquiler cuatrocientos veintiocho reales
268  
Otra de Theresa Velilla, su alquiler ochenta y ocho reales
269  
Otra de Manuel de la Fuente, su alquiler cincuenta y cinco reales
270  
Otra de Cristóbal Martínez, su alquiler setenta y siete reales
271  
Otra de Joseph de Losa, su alquiler ciento y diez reales
272  
Otra de Juan Trigo, su alquiler cincuenta y cinco reales
273  
Otra de Alexandro Ximénez, su alquiler cincuenta y cinco reales
274  
Otra de Juan Pérez, vecino de Arganda, su alquiler cuarenta y cuatro reales
275  
Otra de Manuela López, su alquiler sesenta y seis reales
276  
Otra de Lorenzo Silvestre, su alquiler ciento y cuarenta y cuatro reales
30 Calle junto al Pozo de la Nieve (Plaza del Pozo)
277  
Otra de Pedro Vecino, su alquiler cincuenta y cinco reales
278  
Otra de Isabel Bermejo, su alquiler noventa y nueve reales
279  
Otra propia de Francisco Ximénez Meco, su alquiler ciento y diez reales
280  
Otra de Joseph López Puerta, su alquiler sesenta y seis reales
281  
Otra de Miguel Vázquez, su alquiler setenta y siete reales
282  
Otra de María López, su alquiler sesenta y seis reales
283  
Otra de Juan Garcés, su alquiler sesenta y seis reales
284  
Un corral de Antonio Corpa, su alquiler treinta reales
31 Calle que sube de la Real de Arganda la Pozo de la Nieve (Comienzo de Avenida Príncipes de España hasta Plaza del Pozo)
285  
Otra de Jerónimo, su alquiler setenta y siete reales
286  
Otra de Francisco Barranco, vecino de Madrid, su alquiler ciento y ochenta reales
287  
Un pajar y cuadra de Joseph Ruiz, su alquiler cincuenta y cinco reales
288  
Dos corrales de Don Joseph de Orozco, vecino de Madrid, su alquiler cuarenta reales
289  
Otro [corral] de Don Joseph Ruiz de Castañeda, vecino de la villa de …, su alquiler veinte reales
Casas de eclesiásticos
290  
Una casa en la calle que sube de la Iglesia a la Concepción propia de Don Joseph Arias, cura de San Juan del Valle, su alquiler ciento y treinta y dos reales, y tiene en ella la cuarta parte Jerónimo Salado
291  
Otra de Don Jerónimo Alonso Colmenar, vecino de San Martín de la Vega, su alquiler ciento y cincuenta y cuatro reales, y está en la calle Real que va a la cuesta de Arganda
292  
Otra en la dicha calle de Don Claudio Sanz, canónigo de Osma, su alquiler trescientos reales
293  
Otra de Don Pedro Marchena en dicha calle, su alquiler noventa y nueve reales.
294  
Otra en dicha calle de Don Claudio Sanz, su alquiler ciento y diez reales
295  
Otra en la calle que va de la Iglesia a la plazuela de Espinardo de Manuel López, de Ambite, su alquiler ciento y sesenta y cinco reales
296  
Otra en la calle de la Cruz de Calderón que va a la Iglesia, de las Ánimas, su alquiler ochenta y ocho reales
297  
Otra en la calle que llaman del Santo Cristo de la Sala, de Don Pedro Marchena, su alquiler sesenta reales
298  
Otra en la calle de Fúcares del Licenciado Joseph Marchena, su alquiler doscientos veinte reales
299  
Otra propia de Marchena, su alquiler veintisiete reales
300  
Otra de Don Joseph Páez, cura de Santorcaz, su alquiler doscientos veinte reales
301  
Otra en la calle que sube de las Eras a la Plazuela del Espejo, de los padres del Rosario, su alquiler dos mil y seiscientos reales [Casa de labor de los dominicos]
302  
Otra en la calle de la Azotea del dicho Don Claudio Sanz, su alquiler doscientos reales
303  
Otra en la plazuela del Espejo, propia de la capellanía de la Parroquial de esta villa y posee Don Miguel Ruiz de Orive, su alquiler ochenta y ocho reales
304  
Otra que es pozo de nieve y está como se va a Arganda, propia de Don Claudio Sanz, su alquiler veintidós reales


Casas de Seglares 31.102 reales
Casa de Eclesiásticos 4..85 reales
Total 35.587

De modo que se han verificado y comprobado en esta población doscientas setenta y seis casas comprendiendo quince que pertenecen al estado eclesiástico que con veinte y dos solares y casas inhabitables, las del ayuntamiento, matadero, carnicería y propios de esta dicha villa, a los que no se han considerado alquiler alguno, ascienden al número de trescientas y cuatro, que han sido reconocidas, incluso asimismo tres pajares y tres corrales, cuya tasa ha importado la cantidad de treinta y cinco mil quinientos ochenta y siete reales de vellón según queda demostrado, y en esta conformidad se dio fin a esta operación y firmaron los respectivos peritos junto con el señor Juez de la Comisión, y que yo el infrascripto escribano de esta villa certifico y firmo  en esta villa de Morata a primero de agosto de mil setecientos y cincuenta y uno.

Firmas
Juan José de Leza Cesareo
Gabriel de Pezes
Miguel Martínez Serrano
Francisco Ruiz de Castañeda
Pedro Fominaya Monterosso
Juan Páez Jaramillo
Juan de Bascones
Previene que no va incluido el alquiler del Palacio del señor en la suma general.

*En este documento del catastro no se numeran las casas ni tampoco se indica en qué acera esta cada una de las propiedades. La identificación con las calles actuales, especialmente las que marcaban en la época el límite del espacio urbano, siempre es aproximada.

Notas al documento
  • En el Catastro de Ensenada nunca se cita la existencia de cuevas habitadas en Morata en esa época de mediados del siglo XVIII. Sin embargo, una simple deducción entre las unidades familiares existentes en Morata en esos años, 319, y el número de casas habitables, 276, dejan un margen muy amplio, 43 unidades, que pueden ser indicativas de que ya entonces había familias que vivían en cuevas, aunque a efectos fiscales, que al fin y al cabo era lo que trataba de recoger el catastro, estas infraviviendas no existían.
  • Tampoco aparecen en esta relación urbanística los molinos aceiteros. Entonces existían en Morata seis molinos de aceite y, curiosamente, todos excepto uno, el que era propiedad del conde de Altamira que estaba al norte de la villa, se situaban en el entorno de una calle que en la relación de viviendas no aparece: la Calle de Los Huertos. Esta calle, que sí aparece citada en la relación de propiedades de los vecinos de Morata, se localizaba en lo que hoy es la prolongación de la Calle del Carmen, es decir, desde el cruce con la Calle de la Iglesia hasta la confluencia con la Carrera del Mediodía. En esa zona, hasta los años sesenta del siglo pasado, existían todavía alguno de estos molinos aceiteros y es lógico pensar que esta localización en una zona tan determinada se podía deber a que facilitaba la eliminación de los residuos de la elaboración del aceite simplemente por gravedad, dejándolos caer por la calle hasta el caz.
  • Las denominaciones Cruz de Orozco y Cruz de Calderón hacen referencia a sendas cruces de las que una de ellas, la de  Calderón, se conservó hasta el siglo pasado y que fue la que dio nombre en otro periodo histórico a la Calle Humilladero (actual Calle Estrella).
  • Apenas ocho calles o plazas (Plaza Mayor, Espinardo, Toril, Cristo de la Sala, Carmen, Azotea, Espejo y Pozo) mantienen la misma denominación actualmente que en el siglo XVIII. En los legajos del catastro en algunas ocasiones a la Calle Fúcares (Comienzo de la calle de la Iglesia) se la denomina Calle de las Procesiones. La Calle de la Morería también aparece con esta denominación en algunos registros del catastro.
  • En la relación de calles aparecen las denominadas Jabonería, Pozo y Texería Vieja que, lógicamente, hacen mención a industrias y edificios situadas en ellas.
  • Puede sorprender que en la Calle del Ciego sólo aparezca una propiedad pero hay un motivo claro. El Palacio de Espinardo se situaba en la plaza del mismo nombre y en la acera derecha de la calle que, además, en la acera izquierda tenía la fachada lateral de la casa de la familia Ruiz de Castañeda, con fachada principal a la plaza. Por otra parte, la casa de María Ignacia Mexia, ocupaba lo que actualmente es todo el frente del Casino y daba la vuelta por la Camara Agraria y casas adyacentes.
El casco urbano de Morata en 1751
  • Este plano esquemático dibuja, aproximadamente, cómo era el casco urbano de Morata en 1751. En el exterior aparecen las eras de pan trillar, como se denominan en el catastro, imprescindibles para recolectar el grano de cereal, trigo y cebada, que era el cultivo más extendido en la época. Su existencia en Morata también llegó hasta finales del siglo pasado. Estos terrenos fueron la base del crecimiento urbano de las últimas décadas.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Auge y decadencia de la casa y hacienda de los frailes dominicos en Morata


Los frailes fueron propietarios de una extensa  y próspera hacienda

En el primer tercio del siglo XIX, con la desamortización, los bienes fueron subastados

En el siglo XVIII se documenta la presencia en Morata de una casa de labor de los frailes dominicos del Rosario. Junto a la casa, los dominicos poseyeron una extensa hacienda dedicada, sobre todo, a elaborar vino y aceite. De aquella casa y hacienda, sólo queda el testimonio de la casa Mac Crohon, levantada sobre el solar de los dominicos, y que hoy cumple las funciones de la Casa Cultural. Esta es la historia de la presencia de los frailes en Morata, de las actividades que desarrollaron y de cómo su hacienda, tras la desamortización, pasó a otras manos.

La primera referencia documental que hemos localizado de los dominicos en Morata la encontramos en el Catastro de Ensenada. Es ahí, hacia mediados del siglo XVIII, cuando se describen la casa y las instalaciones anexas. Pese a lo que pudiera pensarse, esta propiedad de los dominicos nunca fue lo que se entiende por un convento. En realidad sus propietarios siempre le dieron un uso agrícola y como tal, era el centro neurálgico de la extensa hacienda que poseían en Morata. En el catastro, de hecho, nunca habla de convento y al enumerar sus bienes en la villa la describe simplemente como casa:
Primeramente una casa en la población de esta villa que tiene de fachada sesenta y seis varas y de fondo sesenta y cuatro, su habitación consiste en bajo y entresuelo con diferentes oficinas, dos lagares con dos vigas cada uno, una almazara de aceite con diez y siete tinajas de caber mil setecientas arrobas, bodega con diez cubas, su caber cinco mil arrobas, cueva con ochenta tinajas de caber cuatro mil arrobas, y un cocedero de vino con nueve tinajas, su cabida novecientas arrobas.
Linda mediodía con calle que va a al camino de San Martín y norte casa de Don Julián Correa, vecino de Madrid, y se ha regulado su alquiler en cada un año en dos mil y seiscientos reales de vellón.
De acuerdo con estas medidas, la casa ocupaba una superficie de alrededor de 3.000 metros cuadrados y la descripción de los linderos al mediodía (sur) y al norte indica que ya entonces ocupaba el espacio entre la actual avenida de la Constitución y la calle Iglesia (donde ahora se encuentran las caballerizas). Además de la descripción de la existencia de dos lagares y una almazara, con sus correspondientes tinajas, y un cocedero de vino,  los apuntes del catastro nos indican que la finalidad de la construcción era la transformación y elaboración del vino y el aceite que los frailes dominicos obtenían de sus números propiedades rústicas en Morata. Las casi 10.000 arrobas de capacidad de almacenamiento de vino y más de 2.000 de aceite dan una idea de la importancia de sus propiedades.
Otras propiedades de los dominicos en Morata
Aparte de la casa, los frailes dominicos contaban en Morata con una extensa hacienda claramente dirigida a la producción de vino y aceite. La mayor parte de sus parcelas eran viñas y olivares, de ahí la existencia de los lagares, la almazara y el molino aceitero. Este molino no estaba en la casa, sino en la zona de la llamada calle de Los Huertos (actual calle del Carmen), justo donde se localizaban en esa época la mayoría de los molinos de aceite entonces existentes en Morata. En el catastro se describe someramente:
Un molino aceitero con dos vigas y sus trojes correspondientes y veinte y seis tinajas para aceite que cabrán ochocientas arrobas y regulado por quinquenio en cada un año en mil y cien reales.
Las propiedades rústicas de los dominicos se desglosaban en:
  • 81 fanegas de tierras de riego en la vega
  • 44 fanegas de secano en el llano
  • 104 fanegas de viña (incluidas 3 fanegas de viñas de riego en la vega) con 36.863 cepas
  • 91 fanegas de olivares con 3.458 olivas (incluidas las 1.230 olivas que se cultivaban en las viñas)
  • Una era de trillar de dos fanegas, la tercera parte empedrada
  • Una poza para el cáñamo junto a la ermita de la Soledad

Registro de la casa de labor y el molino de los dominicos en el Catastro de Ensenada

Esta relación de bienes convertía a los dominicos en los mayores propietarios de la villa, si exceptuamos al Conde de Altamira, pero con el matiz de que el propietario del señorío no explotaba directamente su hacienda y los frailes sí que realizaban todo el proceso productivo desde el cultivo de viñas y olivares -y otros cultivos de secano o regadío como el trigo o el cáñamo-, hasta la elaboración del vino y el aceite y el traslado para su venta a Madrid.
Que los frailes tenían su casa de Morata como el centro de una gran explotación agrícola lo demuestra el hecho de que, para llevar a cabo los trabajos necesarios a lo largo del año, también eran poseedores de cinco pares de mulas y dos pollinos para la labranza. Ningún propietario en Morata contaba en aquella época –recordamos, mediados del siglo XVIII- con tantas caballerías de labor ni, por supuesto, con tantos trabajadores a su cargo. En la relación de personal del catastro figuran como criados de los dominicos cinco vecinos de la villa que aparecen reflejados con su nombre y edad:
  • Bernardo Gutiérrez, de treinta años, criado de la labor
  • Manuel Campanero, de veinte y ocho años
  • Francisco Alonso, de treinta y dos años
  • Matheo Blas, de treinta años
  • Nicolás Gutiérrez ,de veinte año
  • Francisco Xavie,r de diez y siete años
A estos trabajadores, había que unir a Josepha de Cuenca, de cincuenta y cuatro años ,y a Florencia Ruiz de diez y seis años, ambas catalogadas también como criadas.
Aparte de estos trabajadores, la relación también incluye a Gregorio de Mingo, de veinte y nueve años y arriero, que sería el encargado con los tres machos propiedad de la casa de transportar los productos del campo a Madrid.
Naturalmente, los frailes tenían a un responsable directo de toda la explotación residiendo en Morata. Este papel lo ejercitaba el padre fray Bernardo García, administrador de la casa y hacienda que en esta villa pertenece al convento del Rosario de dominicos de Madrid, tal como se refleja en los legajos del catastro. Junto a este administrador, fray Francisco López, lego, ejercía las funciones de ayudante. Este fraile administrador, además, sería el responsable de velar por el cobro de los intereses que rentaban los censos del convento que habían tomado  algunos vecinos de Morata, concretamente dos censos a favor del convento de 200 ducados de principal y otros dos de cien ducados cada uno, todos ellos al 3 por ciento de interés.
Desamortización de la hacienda de los dominicos
Esta explotación agrícola de los frailes dominicos que, sin duda, en las épocas de recolección necesitaría del trabajo de numerosos jornaleros de la villa, se mantuvo en activo hasta las primeras décadas del siglo XIX. En esos años, con la guerra de la Independencia y las desamortizaciones eclesiásticas, comienza el proceso que acabará con la presencia de los dominicos en Morata.
El Diario de Madrid, que en esos años de comienzos del siglo XIX cumplía la función que hoy desempeña el BOE, recogió en distintos ejemplares el proceso de desamortización y subasta de los bienes de los dominicos, no solo en Morata sino también en las villas vecinas de Arganda, Perales y Chinchón.
El 18 de noviembre de 1809, en plena guerra de la Independencia, ya aparece el anuncio de la subasta de la casa y hacienda de los dominicos. Medio año después, el 8 de junio de 1810, el mismo periódico reitera el anuncio de subasta, ahora ya con la valoración de los bienes: 306.904 reales, una auténtica fortuna para la época.
Estas subastas, o bien no llegaron a realizarse en su totalidad o fueron anuladas al acabar la guerra. De hecho, en el inicio del reinado de Fernando VII se anularon algunas de estas ventas realizadas bajo el dominio francés y la hacienda quedó en un limbo jurídico, de ahí que en los años siguientes, en lugar de salir a subasta la propiedad de las tierras y los edificios de los dominicos, lo que se subastó fue el producto de la hacienda. En concreto, el 8 de octubre  de 1813 el Diario de Madrid publica el anuncio de subasta de la producción de las viñas, por 39.020 reales, y meses después, el 12 de diciembre, son las aceitunas las que se subastan públicamente. Hay constancia de otra subasta convocada años mas tarde, el 23 de septiembre de 1821, cuando no sólo se subastan las uvas de las viñas sino también el cocedero de vino y las cuevas de almacenamiento.
La de 1821 sería la última vez que se saca a subasta la producción de la hacienda de los dominicos en Morata. A partir de entonces ya sí, con el proceso desamortizador de los bienes eclesiásticos en pleno auge durante el gobierno liberal, será la propiedad de las tierras, casas, molinos y lagares las que salgan al mercado en busca de comprador. En el Diario de Madrid se publicaron dos de estas subastas, lo que indica la dificultad de encontrar compradores. En la primera ocasión, el 20 de abril de 1822, se subasta la casa con sus almacenes y enseres correspondientes tasados en 274.044 reales. En esta subasta el molino aceitero se tasa en 92.555 reales y también se ponen en venta distintas tierras y olivares en varios parajes del término de Morata. Esta primera subasta no tuvo ningún éxito pues unas semanas después el anuncio se repite, el 10 de julio, con una bajada sensible en la tasación de los bienes: la casa se valoró en 259.843 reales y el molino de aceite en 85.181.
Anuncio en el Diario de Madrid de una de las subastas de los bienes de los dominicos

No se ha encontrado en la documentación cuándo se adjudicó definitivamente la casa de labor ni en cuanto se valoró la misma. Por las fechas, muy cercanas a la de la venta del Molino de la Huerta a la familia Angulo, podría ser que esta misma familia adquiriera por entonces la propiedad de la casa de labor de los dominicos y que tras sucesivos matrimonios pasara finalmente a la familia Mac Crohon.  Sí que hay constancia de que muchas de las tierras que fueron propiedad de los dominicos en Morata fueron adjudicadas, en los años 1837 y 1838, a Gonzalo Robles que abonó en sendas subastas 130.000 reales por 39 fanegas de viña de secano (con 6.240 cepas), 5 fanegas de tierra de vega y 1.238 olivas repartidas en 20 olivares.
Estas ventas, que serían las últimas de la hacienda original de los dominicos, pondrían punto final a su presencia en Morata. De ella solo ha quedado el recuerdo. La ermita del Rosario, levantada junto a las posesiones que tenían los frailes en la salida hacia Madrid desapareció también hace muchas décadas y ya pocos morateños denominan a la actual calle Mac Crohon, como la Calle de los frailes, como se hacia hasta hace unos años. La casa de labor dio paso al palacete de la familia Mac Crohon, finalizado en 1882, que es el que ha llegado hasta nosotros, convenientemente restaurado, después de servir también como hospital de sangre en la guerra civil o escuelas públicas desde la inmediata postguerra hasta finales de la década de los sesenta en el siglo pasado. En la parcela, donde se levantaban los lagares y las bodegas,  también se edificaron las viviendas municipales para los maestros en 1946. El edificio principal, tras unos años de abandono, fue restaurado por CajaMadrid y así llegó hasta su actual utilización como Casa de Cultura municipal. Por el camino, los patios y jardines, antaño lugar de ocio y juegos infantiles e incluso mercado, lamentablemente han devenido en un árido, duro y asfaltado aparcamiento que desmerece y no hace honor a la historia de todo el entorno.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Juan Pastor, un autor morateño del siglo XVI


Además de la Tragedia de la castidad de Lucrecia, también escribió Auto Nuevo de Nuestro Señor Jesucristo, Grimaltina y Clariana.

A comienzos del siglo XVI, un autor morateño, Juan Pastor, publicó varias obras hoy prácticamente desaparecidas. Por fortuna, en la Biblioteca Nacional se conserva un manuscrito que reproduce su obra más conocida Tragedia de la castidad de Lucrecia. Poco más conocemos de este autor, mas allá de que fue un religioso franciscano que también escribió algunos autos sacramentales –desaparecidos- como Auto Nuevo de Nuesro Señor Jesucristo y las obras conocidas como Grimaltina y Clariana.

En su obra, Juan Pastor aborda un tema ya tratado en la literatura anterior al siglo XVI. La tragedia de la castidad de Lucrecia es una obra de tipo clásico en tono de farsa y narra un mito que atrajo desde la antigüedad a autores como Tito Livio. Juan Pastor sigue esta trama en la que Sexto Tarquino, heredero de su padre, el rey Tarquino, se enamora de Lucrecia a la que trata de seducir. Durante una ausencia por motivos de guerra de Collatino, marido de la heroína, Sexto Tarquino empujado por su pasión por Lucrecia se introduce en su dormitorio. Pese a la oposición de Lucrecia, pasa la noche en el dormitorio. Lucrecia cuenta su deshonra a sus parientes y sobre todo a su marido. La afrenta provoca una sublevación que, a su vez, desencadena el fin de la dinastía Tarquino y que Roma, a partir de entonces, sea gobernada por los cónsules.
Gracias al Manuscrito 14754 de la Biblioteca Nacional, que incluye también otras comedias de autores de la época, (siglo XVI), se ha conservado el texto de Juan Pastor. La Tragedia de la Castidad de Lucrecia se transcribe a partir del folio 97:

Portada del manuscrito

Tragedia de la castidad de Lucrecia escrita en verso por Juan Pastor.
Copiada al pie de la letra del original impreso en letra gótica que posee y acaso el único que existe, el señor Don (…) de Gámez en un volumen en 4º
Tras unos folios en blanco, el texto continúa en el folio 99 con la portada en la que se incluye la autoría de Juan Pastor:

Farsa de Lucrecia
Tragedia de la castidad de Lucrecia, agora nuevamente compuesta en metro por Juan Pastor, natural de la villa de Morata, en la cual se introducen las personas siguientes: el rey Tarquino, su hijo sexto tarquino, un negro suyo, Collatino duque de Collacia, Lucrecia su mujer, un bobo criado suyo, Espurio Lucrecio, padre de Lucrecia, Junio Bruto, Publio Valerio, parientes de Collatino

Argumento
El manuscrito continúa con el argumento:
Síguele el argumento en el cual se declara la historia y pone aquí para los lectores mayormente para los que la presente historia no han leído porque entienda mejor el discurso de la presente obra.
Escribe Dionisio (…) en el cuarto libro de las antigüedades romanas: que Lucrecia fue hija de Spurio Lucrecio Romano, excelente, y fue casada con Colletino, duque de Comacia, ciudad junto a Roma, la cual siendo mujer de muy gran hermosura, Sexto Tarquino Superbo se enamoró della, y como por veces repetidas la hubiesse requerido de amores, nunca con ella pudo acabar nada, y vino a ser que estando el Rey Tarquino, padre del dicho Xesto Tarquino, sobre una ciudad de los enemios, cerca de Roma, llamada Ardea, que la tenía cercada envió a Sexto Tarquino a proveer provisión para el real a Collacia donde estaba Lucrecia, que no estaba ay su marido Collatino en cual quedaba en el real sobre Ardea. Sexto Tarquino como pariente de Collatino, marido de Lucrecia, fuesse a aposentar en casa de Lucrecia como a casa de su pariente, fue délla muy honoríficamente hospedado y recibió muchas honras, pero como las llamas del amor que tenía a la dicha Lucrecia de continúo viniesen en mayor aumento, considerando que entonces tenía aparejado tiempo par gozar délla, pensó la manera que para esto tenía y venida la noche después que hubo cenado fuesse a dormir, y siendo pasada gran parte de la noche, cuando sintió que todos dormían levantosse y fuesse a la cámara de Lucrecia y díjole quien era y amenazola que si diesse voces que la mataría, y diole a escoger una de dos cosas, o morir deshonrada o vivir reyna bien aventurada, porque si no consentía en su voluntad que él la mataría y juntamente a un negro suyo, y que diría que los había hallado en adulterio y como vengador de la injuria de su pariente que los había muerto, y que si consentía en lo que quería le daba palabra que la tomaría por mujer y sería reina con él porque como hijo mayor había de heredar el reyno de su padre. Oyendo esto Lucrecia con temor de la innominosa muerte que Tarquino la amenzaba eligió por mejor sufrir por entonces qualquiera deshonra en su persona, aunque Tarquino la forzó y durmió con él ella. Otro día siguiente Lucrecia se vistió de luto negro y envió a Roma por su padre Espurio Lucrecio y por Junio Bruto y por Publio Valerio parientes de su marido Colletino: los quales venidos de Roma en Collacia, a la sazón que llegaron llegó Collatino de la guerra de Ardea y luego Lucrecia en presencia de los cuatro y a dichos contó la traición y fuerza que le había hecho Sexto Tarquino y rogándoles que la quisiesen vengar sacó un cuchillo que secreto traía y matose, el cuerpo fue puesto en unas andas y llevado a la plaza mayor de Collacia, donde toda la gente ansí de Collacia como de Roma supiendo la trayción que Sexto Tarquino había hecho a Lucrecia por cuya causa había sido su muerte todos se parejaban para destruir a los Tarquinos, la venganza de essa señora que tal que en pocos días fueron los Tarquinos destruidos del imperio de Roma y echados en tierras extrañas, y no consintieron los romanos que otro rey ninguno reinase antes de allí adelante, la ciudad se gobernó por consulados, los primeros cónsules que fueron constituidos en Roma fueron Junio Buto y Colletino marido de Lucrecia.
Fin del argumento
Dos de los grabados originales de la obra de Juan Pastor

Estos son los primeros versos de la obra de Juan  Pastor

Comienza la obra. Entra el Rey Tarquino y su hijo Sexto Tarquino y dice el Rey:
El rey
Hijo quanto puede haber
Que esta ciudad tenemos
Cercada y nunca podemos
En tantos días vencer
Ella es cierto a mi ver
Rica presa
Porque esta ciudad de Ardea
Es más fuerte que pensamos
Pues cuanto más trabajamos
Ella más fuerte se arrea

Tarquino
Señor padre es gran pelea
A mi pensar
En venir ansi a sacar
A ninguno de su casa
Porque señor más se tassa
Uno a diez puede buscar
(…)

En el folio 112 finaliza la obra:
Mira no tengáis por necia
Mi sentencia
Y mandadme dar licencia
Que me voy sin más razones
Y guardaos de traiciones
Con muy grande diligencia
Fin de la obra

Finalizado el texto de Juan Pastor, el autor de la transcripción expresa sus opiniones sobre La Tragedia de la castidad de Lucrecia:
Copiada al pie de la letra del original impreso. Lleva calcadas y exactamente copiadas la portada y demás láminas que grabadas en madera contiene el original.
Nota
Esta farsa aunque no tiene año de impresión parece muy anterior a las de Lope de Rueda, en esta así como en aquellas intervienen algún personaje alegórico y un bobo y un negro que bien intempestivamente se pretende siempre el uno a decir desatinos y el otro a hablar una jerigonza insípida e ininteligible; pero esta pieza no está dividida en escenas como las de Rueda, se halla el autor muy distante de el modelo, tanto por el lenguaje como por las gracias y sales de sus bobos y negros, que en dicho Rueda sirven algún tanto para caracterizar los personajes, y en esta pieza son unos pegotes que (…) más y más el asunto de ellos que ya por sí está tratado con una frialdad intolerable.
Este autor se vanagloria de haber escrito la Grimaldina  y la Clariana.

Estas últimas obras también se atribuyen a Juan  Pastor. Concretamente la última, Clariana, parece que fue editada en Valencia en 1522 por Juan Joffre.
En cuanto al Nacimiento de Nuestro Señor Jesuscristo, su edición se data en 1528 en la ciudad de Sevilla y en ella aparecen como personajes el Emperador Oclaviano, su secretario, un pregonero, el viejo Blas Tozuelo, su hijo Perico, un bobo, San José, Santa María, pastores, Miguel Recalcado, Antón Morcilla, Juan Relleno y un ángel. Tanto esta última obra del autor morateño, como Grimaldina y Clariana, no han dejado rastro como sucede con su creación más famosa. De su existencia sabemos por el propio Juan Pastor en el final de La Castidad de Lucrecia:
A los lectores
Sabed que esta obra fina
La compuso de su gana
Quien compuso Grimaltina
Y también a Clariana

A las mujeres
O mujeres gran loor
Debeis todas juntas dar
A quien tan rica labor
A luz os quiso sacar

Donde cierto sin mas ver
Poniendo firme cuidado
Podéis sacar y coger
Mil muestras de este dechado
Fin
Juan Pastor

miércoles, 4 de noviembre de 2015

1574, Morata se convierte en villa de la Corona


El Concejo se hipotecó en 24.000 ducados para dejar el señorío del arzobispado de Toledo

Desde el siglo XIV Morata, enclavado en las tierras de Segovia, había pasado por distintas situaciones de vasallaje. Primero, Fernán Pérez Portocarrero compró la jurisdicción de Morata, junto a Valdemoro y Pinto, por 180.000 maravedíes. Unos años después, Pedro I dona la villa a un miembro de la familia Mendoza, Pedro González de Mendoza y, ya en los albores del siglo XV, Enrique III emite una carta real con fecha de diciembre de 1393 por la que el lugar de Morata pasa también por donación a la Mesa Arzobispal de Toledo. En 1574, por vez primera, el Concejo de Morata quiso que sus vecinos abandonaran la condición de vasallos
En todos estos cambios jurídicos, los vecinos poco o nada tenían que decir. Los reyes, utilizaban sus privilegios y usaban el status de Morata como moneda de cambio con la nobleza y con la Iglesia. Bien por motivos económicos, como sucedió con la venta a Pérez Portocarrero, o bien por intereses mutuos como las donaciones a los Mendoza o al arzobispado de Toledo, Morata no pudo influir en su situación jurisdiccional hasta bien entrado el siglo XVI. Es entonces cuando, aprovechando que Felipe II, una vez más, tenía al borde de la quiebra la hacienda del reino, los vecinos dieron el paso para que Morata adquiriera la condición de villa y con ello mayor independencia municipal.
En el archivo de Simancas (AGS-Expedientes de Hacienda-Legajo 329-Expediente 6) se conserva el expediente de todo el proceso jurídico por el que Morata logró salir del vasallaje del arzobispado de Toledo, eso sí, después de comprometerse a desembolsar una importante cantidad de dinero, 24.000 ducados, que después de repercutirla en los impuestos, habían de asumir todos los vecinos durante los años siguientes.
Desmembración del arzobispado de Toledo
Unos años antes de iniciarse el proceso de desmembración, la Hacienda Real pasaba por momentos de apuro, algo por otra parte habitual durante todo el reinado de Felipe II. La deuda, alrededor de 36 millones de ducados, y las continuas exigencias económicas de la agresiva política exterior del monarca, obligaron al rey a buscar nuevos recursos económicos extraordinarios. Uno de ellos fue aprovechar un breve papal de Gregorio XIII que autorizaba al rey a desmembrar villas de señorío eclesiástico –como era el caso de Morata- y así obtener recursos con los que financiar la deuda.
En esta ocasión, las necesidades económicas del rey coincidieron con el deseo del Concejo de Morata de obtener mayor independencia municipal y parecía que el momento económico era el adecuado para cumplir este deseo. Pero antes había que valorar el precio a pagar por esta nueva situación jurisdiccional.
En la legislación emitida para llevar a cabo todo el proceso, se fijaba un precio de 15.000 maravedíes por vecino. Este era el precio que debían pagar bien las propias villas que desearan obtener su independencia de otros señoríos, o bien los particulares que pretendieran convertirse en señor de vasallos al comprar la jurisdicción de alguno de los lugares en venta. Morata, para evitar esta posibilidad, que hubiera significado cambiar un señorío eclesiástico por un señorío civil, optó por comprar su propia jurisdicción. Todo este proceso, recogido en el expediente del Archivo General de Simancas, se desarrolló en muy poco tiempo, concretamente entre el 9 de diciembre de 1574 y el 15 de enero de 1575. En esas fechas se desplazó a Morata el juez Francisco de Morales, enviado de la Hacienda Real para determinar las condiciones de la venta y, especialmente, las rentas y el censo de vecinos de Morata.
Ya el día 9 de diciembre el concejo realiza un padrón de los vecinos. Recordemos que el precio a pagar estaba directamente relacionado con el número de vecinos de cada villa y también con las rentas que se habían producido en los cinco años anteriores a la desmembración. Con este padrón, que encabezaba Adán Ruano, hospitalero del hospital de la villa, se trataba de fijar el censo de vecinos y también el número de viudas, clérigos, huérfanos y moriscos. El motivo de esta distinción era muy claro: estos habitantes de Morata contaban como medio vecino a la hora de valorar el precio final a pagar a la Hacienda Real.
Tres días después, el padrón se presenta al juez por los regidores de la dicha villa de Morata e dijeron que en cumplimiento de la provisión de su majestad que les fue notificada a ellos han hecho padrón de todos los vecinos e moradores, viudas e menores que hay en la dicha villa, el cual padrón han hecho según de la manera que les fue mandado, del cual padrón han presentado ante el dicho señor juez y va escrito en 19 hojas y firmado de sus nombres y de mí, Alonso Bravo, escribano público de esta villa y del concejo de ella.
Recibido el padrón, el juez pasó a comprobar, casa por casa, la veracidad de su contenido el día 13 de diciembre. Acompañado de los regidores de la villa e juntamente con ellos fue al hospital de la dicha villa donde vive Adán Ruano, que es el primer vecino que va puesto y asentado en el padrón presentado por el Concejo. Desde la dicha casa se comenzó a facer la declaración y comprobación en la dicha calle y todas las casas de la dicha villa, y en cada una tomaron un juramento preguntando a los vecinos que en la tal casa vivían e los menores e huérfanos que tenían en estas casas …).
El documento de comprobación continúa reflejando los habitantes y circunstancias de todas las casas de Morata con datos particulares de algunos de estos vecinos. Por ejemplo, Pascuala de Prado, que fue casada y su marido se fue; o también los vecinos huérfanos y, como hemos reflejado ya, los moriscos o las viudas. El acta de esta revisión del padrón firmada por Francisco de Morales, se realizó el 16 de diciembre, pero ya un día antes, el día 15 el concejo presenta un nuevo escrito en el que refleja, refrendado por testigos avecindados en la villa, los vecinos que son pobres y mendicantes en una relación que no esconde la situación de necesidad de estas familias. Así, es de nuevo Adán Ruano el primer vecino que aparece reflejado y del que se dice que son personas pobres que no tienen ningunos bienes muebles ni raíces (…) y su mujer anda a pedir.  La relación sigue con Sebastián de Villegas que es tan pobre que no tiene tierras ningunas y su mujer y [sic] hijos andan mendigando y pidiendo limosnas por las casas (…). Otros casos entre los citados por el concejo y los testigos es el de María de Guzmán, mujer que fue de Pedro Serrano [que] es muy pobre, que no tiene sino una casilla, e tiene seis hijos e hijas pequeños, y se le da limosna y botica si caen malos.
Así, nada menos que hasta 126 vecinos, de un censo de 520, -alrededor del 25 por ciento del censo-eran considerados pobres por el Concejo y, por lo tanto, poco o nada podían aportar al pago del precio requerido para lograr la desmembración del arzobispado de Toledo y su parte, lógicamente, recaería sobre el resto del vecindario. Para defender ante la Corona que estos pobres debían descontarse de la tasación final de la venta, el concejo otorgó un poder a varios vecinos para recurrir su inclusión en el padrón, y por lo tanto reducir el precio final que se debía abonar, pero lo cierto es que es que, aunque en la documentación no aparece referencia alguna a esta reclamación, parece que no se tuvo en cuenta por parte de la Hacienda Real y la valoración se mantuvo.
Una compra que hipotecó al concejo
La adquisición de la condición de villa y de la independencia que suponía pasar a la jurisdicción real tenía un precio que ya hemos visto fue fijado en 24.000 ducados. Naturalmente pagar esta cantidad no era fácil, como vamos a ver, y es de suponer que muchos vecinos, aunque no hay documentación que lo demuestre, no estarían de acuerdo con esta decisión del concejo que, no lo olvidemos, estaba controlado por las familias más influyentes y en el que poco tenían que decir los jornaleros o los vecinos más humildes que, sin embargo, también se comprometían a abonar la cantidad acordada.
Para comprender que el concejo apostara por la compra hay que tener en cuenta que en la fecha de la venta de jurisdicciones Morata, como tantos otros pueblos del entorno de Madrid, había pasado por una época relativamente boyante. En las propias Relaciones Geográficas, elaboradas por Felipe II, se señala que el pueblo estaba creciendo, gracias se dice, al cultivo del cáñamo, pero también, sin duda, a la demanda de otros cultivos y productos como el trigo, el vino y el aceite  que Morata podía aportar a la creciente población de Madrid. De hecho, unos años antes el propio concejo había comprado la dehesa carnicera y, simultáneamente, 277 vecinos, habían adquirido también en propiedad las tierras baldías sacadas al mercado por Felipe II, de nuevo con el objetivo de conseguir ingresos extraordinarios.
El último cuarto del siglo XVI fue una época, por tanto, de relativa pujanza y el concejo entendió que era la oportunidad de conseguir la independencia municipal inexistente en los siglos anteriores. Sin embargo, 24.000 ducados era una cifra muy elevada que, evidentemente, el concejo no tenía y que se consiguió con la firma de juros y censos –créditos hipotecarios diríamos ahora- que había que pagar. En cierta forma, en esos años se vivía una burbuja económica y los regidores consideraron que Morata tenía capacidad económica suficiente para abordar los créditos, pero, simplemente, el tiempo demostró que no era así.
Para hacernos una idea de la importancia de la cantidad comprometida con la Hacienda, si la pasamos a reales y maravedíes, podremos imaginar lo que significó para los vecinos de Morata en esa época. La conversión a moneda menor nos indica que los 24.000 ducados equivalían a 264.705 reales o, también aproximadamente, 9 millones de maravedíes, la moneda más utilizada en la época. Si tenemos en cuenta que el salario diario, los días que se trabajaba, estaba fijado entre 2 y 3 reales, tenemos una imagen real de que la cantidad comprometida fue tan importante que era inevitable que generara problemas como así sucedió: cincuenta y ocho años después de firmar el acuerdo de desmembración del arzobispado de Toledo, el concejo de Morata se encontraba acuciado por el pago de los intereses y el principal de la deuda contraída. De hecho, en una historia que contaremos con más detalles, en 1633 únicamente se habían amortizado 400 ducados de los 24.000 comprometidos y, lógicamente, el concejo tuvo que actuar para solucionar el problema económico que ahogaba a los vecinos y que había llevado a Morata a la bancarrota. Y sí, la dación en pago fue el método elegido para solucionar el problema en una demostración más de que la historia, a veces, se repite.