jueves, 13 de agosto de 2026

Cáñamo de las vega del Tajuña para las Reales Caballerizas 

En el siglo XVIII Tielmes, Perales, Morata, Valdilecha, Orusco, Arganda y Chinchón abastecían con su apreciado cáñamo a los cabestreros madrileños

La pasada semana veíamos cómo los pueblos ribereños del Tajuña eran parte fundamental del abastecimiento de Madrid desde que Felipe II convirtiera a la villa en capital de la monarquía. Pero no solo enviaban vino, trigo, aceite o legumbres a la Corte. Durante años, pueblos como Tielmes, Perales, Morata, Valdilecha, Orusco, Arganda y Chinchón también surtieron a Madrid de un material tan fundamental como el cáñamo utilizado por los cabestreros que servían a las Reales Caballerizas. Este cáñamo estaba considerado como de excelente calidad por los cabestreros que trabajaban con este material textil.


Las Reales Caballerizas* fueron desde tiempos de Felipe II un elemento fundamental en la vida diaria de la monarquía española. Con los Austrias y también con los Borbones el cargo de caballerizo mayor, asociado a la dirección y al gobierno de estas de esta antigua institución real, era uno de los más apreciados por los miembros de la nobleza por su cercanía al rey y al gobierno del reino. 

Para servir a este complejo palaciego, en el que se cuidaba de unas quinientas cabezas de ganado caballar y que también reunía a unos 180 carruajes de todo tipo, se contaba con el trabajo de unas quinientas personas que habitaban sus instalaciones y que, además, tenían el apoyo de toda una serie de proveedores que surtían a estas Reales Caballerizas suministros tan fundamentales y de uso diario como la paja y el grano o de otros elementos como los tiros de cáñamo de las caballerías que proporcionaban los cabestreros, artesanos agrupados en el gremio correspondiente que ejercían su oficio en sus talleres o atarazanas localizados en el entorno de la calle de Embajadores o la calle de Toledo.

El matrimonio formado por Joseph Manzanares, cabestrero, e Isabel Castaño poseían uno de estos talleres desde el que surtían a las Reales Caballerizas elaborando los tirantes y otras piezas 

utilizadas en el aparejo de las caballerías. Para elaborar estos útiles el cáñamo era un material imprescindible -el cuero era otra materia prima de otros artesanos, los guarnicioneros, ligados a los caballos y animales de tiro- y para surtirse del mismo los proveedores de las Reales Caballerizas acudieron a una comarca del entorno de la Corte que les ofrecía la seguridad de un cáñamo de calidad: la comarca del Bajo Tajuña**.

Para garantizarse el suministro del cáñamo necesario para cumplir con su contrato con las Reales Caballerizas como elaboradores de tirantes y otras piezas propias de su oficio, Joseph Manzanares y su mujer, buscaron en la comarca que les garantizaba el mejor cáñamo, el Bajio Tajuña, un corresponsal encargado de comprar la materia prima a los agricultores de Tielmes, Perales, Morata, Valdilecha, Orusco, Arganda y Chinchón, según se especifica en el correspondiente acuerdo firmado ante notario el 19 de enero de 1772:

En la Villa de Madrid a diez y nueve de enero, año de mil setecientos setenta y dos, ante mí el infrascrito escribano del rey nuestro señor y testigos que se dirán parecieron Josef Manzanares, cabestrero, proveedor de tirantes para las Reales Caballerizas y Doña Isabel Castaño, su mujer, vecinos de esta Corte, de la una parte y D. Lorenzo del Castillo, vecino de la Villa de Tielmes, de la otra, y dijeron que en ocho de enero del año próximo pasado de mil setecientos setenta y uno, ante mí el infrascrito escribano otorgaron escritura por la que se obligaron al dicho D. Lorenzo del Castillo a poner de su cuenta, costa y riesgo en la casa de dichos D. Josef Manzanares y Doña Isabel mil arrobas de cáñamo, fruto del término de los lugares de Tielmes, Perales, Morata, Valdilecha, Orusco, Arganda y Chinchón, y los dichos Josef Manzanares y Doña Isabel Castaño así recibirán en precio de cuarenta y cinco reales cada arroba, cuyo pago y el del resto que le debían de igual asunto en los años anteriores consignaron en lo que se les estaba debiendo por la Casa Real (...) 

(…) Y los dichos Josef Manzanares y Doña Isabel Castaño su mujer, a que las recibirán y pagarán a precio de cuarenta y cuatro reales cada arroba, sobre cuyo asunto han de observar y cumplir respectivamente las condiciones y capitulaciones siguientes:

Que la conducción y entrega de otras quinientas arrobas de cáñamo han de ser por semanas, dando principio en la que empezará el lunes veinte y siete de este mes, y en cada una a diez arrobas, una más o menos, para lo cual procederán papeletas de remisión y recibo que se unirán a cada parte de recado para liquidación (…) final.

Esto se entiende en tiempo bueno y sereno, porque si acaeciese fragoso de nubes, lluvias, crecidas de ríos y otros malos temporales no ha de ser obligado a hacer remesa alguna mientras durasen, pero si sin embargo quisiese el expresado Josef Manzanares que se le hagan algunas ha de ser de su cuenta el riesgo que tenga el género, desde el mismo punto que salga de casa del citado D.Lorenzo, como también el mayor coste que merezca la conducción sin que la pueda despreciar el género aunque no venga mojado (…) o con otra cualquiera avería procedida de la conducción en dichas estaciones.

Que si el D. Lorenzo remitiese algunas partidas que no sean de la cosecha de dichos pueblos, o sean de mala calidad, no han de ser obligados los dichos Josef Manzanares y su mujer a recibirlas en cuenta de esta escritura, pero sí a encargarse de ellas y custodiarlas y dar aviso en su día al D. Lorenzo por medio del conductor u otro seguro para que envíe persona para que junto con la que nombren los dichos D. Lorenzo Josef Manzanares y su mujer hagan reconocimiento de si es o no de recibo y siéndolo, lo admitir (...) de esta escritura y no lo siendo quedará para la del D. Lorenzo para que se de destino que le acomode (...)

Que si D. Lorenzo pudiese proporcionar la compra de algunas partidas de arrobas de buena calidad se han de recibir por los dichos Josef Manzanares y su mujer en cuenta de las quinientas arrobas de cáñamo, estimándose cada dos arrobas (...) por una de cáñamo quedando en arbitrio y voluntad del dicho D. Lorenzo este particular sin precisa obligación. 

Y si las hallase de tal calidad que merezcan mayor estimación se comunicarían recíprocos avisos para la compra y remisión y convenidos serán estas porciones cuenta separada pero su pagamiento sujeto a esta escritura.

(…) Que mediante a que con arreglo a la quinta condición del primer contrato que celebraron sobre ester asunto los otorgantes los dichos Josef Manzanares y su mujer, dieron poder separado al expresado D. Lorenzo del Castillo para cobrara de la tesorería general el importe de la obra que darían a la Casa Real (…).

En testimonio de los cual así lo dijeron y otorgaron, siendo testigos D. Pascual Blanco, D. Josef Aguado y D. Alphonso de Luna, residentes en esta Corte (…)

Lorenzo del Castillo

Josef Manzanares

Testigo a ruego de la otorgante Pascual Blanco.

Ante mí

Manuel de Esteban Repiso.

(Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Manuel de Esteban Repiso. Tomo 19.179. folios 15-20).

Contrato de compra de cáñamo De la Vega del Tajuña (Fuente: AHPM)

Hemos resumido el extenso muy completo contrato firmado por el vecino de Tielmes y el artesano cabestrero suministrador de los tirantes de cáñamo utilizados en las Reales Cabellerizas. En realidad, este contrato es la continuación de otros documentos, muy similares y con el mismo objeto, que Joseph Manzanares y su mujer, junto con Lorenzo del Castillo ya habían firmado en 1769 para que este último suministrara el cáñamo procedente de la ribera del Tajuña, tan afamado entre los artesanos cabestreros ya desde hacía siglos y el reinado de Felipe II. 

En todos los pueblos citados en el contrato de suministro, Tielmes, Perales, Morata, Valdilecha, Orusco, Arganda y Chinchón, hacia literalmente siglos que los agricultores habían aprovechado las aguas del Tajuña, de caudal no muy abundante en esos años pero si constante, para sembrar el cáñamo que era tan apreciado por los cabestreros. 

En la documentación de la época en que se firmó el contrato de suministro, consta, por ejemplo, que en Morata existían a mediados del siglo XVIII, trece pozas para empozar el cáñamo. Estas pozas, según el Catastro de Ensenada, se localizaban, en su mayoría en el entorno de la ermita de la Soledad (de Fátima en la actualidad) en lo que entonces era el camino de Perales:

En el mismo cuaderno [de notas y resumen del tráfico industrial y personal] resulta haberse verificado trece pozas para curar cáñamo que por las mismas Respuestas Generales se ha regulado a cada una treinta reales.

Este cultivo del cáñamo, tan extendido y apreciado en esos años, también fue aprovechado en esos mismos pueblos ya citados por toda una serie de artesanos, casi siempre mujeres según se cita en las fuentes, que aprovecharon esta fibra textil obtenida tras tratar el cáñamo en las pozas, para elaborar lienzos de tela, cuerdas, o tiros como los suministrados a las Reales Caballerizas. En una publicación de la época, Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fabricas y minas de España, con inclusión de los reales decretos, ordenes, cédulas, aranceles y ordenanzas expedidas para su gobierno y fomento, de Emilio Larruga, se cita, por ejemplo la presencia de estos artesanos del cáñamo en Perales de Tajuña y en Morata:

(…) En la villa de Perales de Tajuña hay un maestro, con un oficial y 13 mujeres dedicadas a tejer cáñamo, caunes [sic] (que es otra clase de cáñamo) y costales, que llaman de estopa y maleza del cáñamo, del que se cría en su jurisdicción. Puede tejer cada mujer al día 5 varas de cáñamo, y 7 de tela para costales; cuyos lienzos tienen de ancho 5 cuartas y media, y los costales 2 tercias, que todo se consume por los vecinos de este pueblo en sus usos propios, a excepción de la tela de costales, que se vende la mayor parte a forasteros (…).

En la villa de Morata hay 3 telares, donde se teje el cáñamo que sus vecinos echan en telas para el consumo de sus casas.

Años después de que se firmara el contrato de suministro de cáñamo para elaborar los tirantes para las Reales Caballerizas, en Morata aún se contemplaba en sus ordenanzas cómo debían de manipular este cáñamo para evitar incendios e, incluso, cuando estaba permitido trasladarlo desde las pozas hasta la villa: 

39. Ítem, para evitar los incendios que se suelen originar de traer al lugar el cáñamo a agramar por ser especie que estando en caña se enciende con grandísima facilidad de forma que con gravísima dificultad se puede apagar ordenaron que persona alguna traiga semejante especie de cáñamo en caña al lugar para llevarlo a (…) pena de quinientos maravedíes y el daño que por su culpa se originase con más de la agravación según la reiteración.

  1. Ítem, ordenaron que persona alguna traiga cáñamo después de cocido y lavado de las pozas en donde lo empozaron de noche si no es que antes de ponerse el sol lo haya cargado, so pena quinientos maravedíes y su agravación según la reiteración y si pareciese haberse hurtado la noche que alguno haya contravenido a lo referido se le puedan pedir y tenga obligación a satisfacerlo y lo mismo se entienda con los alcaceres (cebada verde) y la pena de los quinientos maravedíes con más la agravación según la reiteración y satisfacer lo hurtado en aquella noche. (Ordenanzas de la villa de Morata de Tajuña Biblioteca Nacional Ms 4508).




*Las Reales Caballerizas, ubicadas tras las obras ordenadas por Carlos III en el flanco norte del nuevo palacio que construyera unas décadas antes Felipe V -en el tereno que que hoy ocupan los conocidos como Jardines de Sabatini-, tenía su fachada principal en lo que hoy es la calle de Bailén. Por la importancia de su función, como custodio de las caballerías adscritas al monarca y al propio funcionamiento de la monarquía, se trataba de un enorme complejo que ocupaba unos 27.000 metros cuadrados. En un texto titulado Movilidad cortesana y distinción: Coches, tiros y caballos. Actas del II Congreso Las caballerizas reales y el mundo del caballo, se señala al referirse a estas instalaciones:

(…) Cabe tener en cuenta que estas [Reales Caballerizas] no solo iban a ser un lugar donde albergar animales. La construcción resultante fue un gran edificio irregular, adaptándose al terreno, articulado en torno a cinco patios internos, cuyas crujías estaban destinadas a los diferentes servicios: cuadras, abrevaderos, reales picadores, enfermería, zona de baño para el ganado, cuadras de contagio, botiquín y una capilla consagrada a San Antonio Abad. Un edificio sobrio y funcional, construido con piedra berroqueña y granito, en el que tendrían cabida 179 carruajes y 500 animales. Asimismo, las estancias de las plantas superiores serían utilizadas como viviendas de los trabajadores de la caballeriza, pudiendo albergar hasta 500 personas. 



**Ya desde mediados del siglo XVI, durante el reinado de Felipe II, el cáñamo de la comarca del Bajo Tajuña gozaba de gran prestigio entre los artesanos agrupados en los gremios de cabestreros o zapateros. En la ciudad de Toledo se reconocía la calidad del cáñamo cultivado en estos pueblos imponiendo obligatoriamente su uso tal como se recogía en las ordenanzas de la ciudad:

(…) Otro sí ordenan y mandan, que ninguna persona pueda asedar cáñamo para los zapateros de esta ciudad, ni de fuera de ella, si no fuere de madre pura, y tal cual convenga para asedarlo. Y que sea de jugo, y delgado, y que no sea brozno ni áspero. Y que el dicho cáñamo sea de ribera de Tajuña, de Morata, o Perales, Arganda, o Utiel, o Chinchón, o Carabaña, o de otras semejantes a estas (…). 



Fuentes y documentación: 


  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Manuel de Esteban Repiso. Tomo 19.179. folios 15-20.

  • Movilidad cortesana y distinción: Coches, tiros y caballos. Actas del II Congreso Las caballerizas reales y el mundo del caballo. Córdoba: 2017. Juan Aranda Doncel, José Martínez Millán, (coords.). Madrid: IULCE, Córdoba: Córdoba Ecuestre, 2019 , p. 393-422.

  • Catastro de Ensenada. Morata de Tajuña. Pieza 10. Cuaderno de notas y resumen del tráfico industrial y personal.

  • Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fabricas y minas de España, con inclusión de los reales decretos, ordenes, cédulas, aranceles y ordenanzas expedidas para su gobierno y fomento. Emilio Larruga. Imprenta de Antonio Espinosa. Volúmenes II, V, IX y XI. Madrid, 1787, 1789, 1790 y 1791.

  • Ordenanzas de la villa de Morata de Tajuña Biblioteca Nacional Ms 4508.











jueves, 6 de agosto de 2026

La Vega del Tajuña, despensa de las tiendas madrileñas en el siglo XVIII 

Los tenderos madrileños contrataron con vecinos de Morata, Arganda, Chinchón y Perales de Tajuña la compra de legumbres y otros productos para llamadas tiendas del aceite y del vinagre

El abastecimiento de Madrid, desde que la villa se convirtió en la capital de la monarquía española a mediados del siglo XVI, fue una constante preocupación para las autoridades ya que, el incremento demográfico, obligaba a buscar constantemente nuevos lugares de abastecimiento de la Corte. En este abastecimiento siempre tuvieron un papel fundamental las villas y lugares que rodeaban Madrid: si al norte se especializaron en el abastecimiento de carne, los pueblos al sur y sureste de la capital se especializaron en el suministro de trigo, vino y aceite, pero también en otras mercancías como las hortalizas, las verduras y las legumbres. Estos últimos productos se distribuían en las conocidas como tiendas del aceite y del vinagre, unos establecimientos que tuvieron en los pueblos de las vegas del Jarama y del Tajuña, entre ellos Morata, su mayor y mejor fuente de suministro .


Las conocidas como tiendas del vinagre y el aceite ocupaban el último eslabón en la cadena de abastecimiento de la villa de Madrid. Tras el pósito del trigo, que controlaba el suministro de pan y harina, fundamental en la alimentación de las clases populares, y los mercados como el de la plaza de la Cebada, estas tiendas, junto a las carnicerías y las tiendas del pescado, eran los establecimientos en los que se distribuían, además del aceite y el vinagre que les daban nombre, productos como las legumbres, la manteca, los huevos o la miel.

En las primeras décadas del siglo XVIII, cuando Madrid ya había alcanzado los 130.000 habitantes, las huertas y campos de alrededores de la capital ya no eran suficientes para abastecer de estas legumbres. Para abastecerse hubieron de recurrir a los pueblos de las vegas de los ríos de la región madrileña. En estas vegas del Henares, Jarama y Tajuña, al sur-sureste de Madrid encontraron los tenderos su fuente principal de abastecimiento.

Relacionado con los pueblos ribereños del Tajuña en el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid (AHPM) hemos localizado un amplio cuerpo documental que recoge cómo estos tenderos madrileños crearon una extensa red de corresponsales encargados, en su nombre, de buscar en municipios como Morata, Arganda, Chinchón o Perales de Tajuña las mercancías que necesitaban en sus establecimientos sin necesidad de desplazarse en persona a los centros de producción de legumbres, huevos, manteca y, por supuesto, aceite y vinagre. 

Los poderes notariales que emitían estos tenderos en favor de sus corresponsales en los pueblos que hemos citado seguían todos un mismo patrón como se refleja, por ejemplo, en el poder firmado por Pedro Pérez, tendero en Madrid, en favor de Julio Bautista Ruiz, vecino de Morata:

Poder para comprar

En la villa de Madrid a dos de noviembre de mil setecientos y doce ante mi el escribano y testigos [com]pareció Pedro Pérez tendero de aceite y vinagre en esta corte que tiene su tienda en lo último de la calle del Olivo alta y hace esquina a la del Desengaño y dijo que daba todo su poder cumplido, el que en derecho se requiere y es necesario, a Julio Bautista Ruiz, vecino de la Villa de Morata, para que en su nombre y en su derecho pueda comprar en dicha villa como en todas las demás partes, villas y lugares de estos reinos y señoríos que le pareciere y fuere conveniente y pueda ajustar y comprar, ajuste y compre judías, lentejas, garbanzos, cañamones y todos los demás géneros que se requieren y sean necesarios para el gasto y consumo de la dicha tienda a dinero de contado o fiado como fuere más conveniente y al precio o precios que le parecieren (...).

Ante mí

Manuel de Espinosa. (AHPM. Escribanía de Manuel de Espinosa.Tomo 15.105. Folios 192-193).

En el texto del documento que trascribimos aparecen los géneros que debía comprar el vecino de Morata para abastecer a la tienda de Pedro Perez. Estos géneros, fundamentalmente pero no solo legumbres, eran cultivos muy habituales en las tierras de regadío de la vega del Tajuña, según sabemos por el Catastro de Ensenada. En la documentación del catastro, en efecto, se señala en las denominadas Respuestas Generales, 4ª pregunta, cómo los agricultores utilizaban la siembra de legumbres para completar el ciclo habitual de siembra de dos o tres años alternado el trigo o cebada con esas legumbres y otros cultivos como ajos o cebollas que servían para renovar la tierra:

(…) Que en las tierras de riego no se siembra hortaliza alguna por ser su principal destino para granos, sembrando las de buena calidad de esta especie dos años seguidos y el tercero por vía de abono se planta en ellas ajos, melones, habas, repollo y algún cáñamo. Y en las de mediana e inferior calidad se siembran grano un año y otro judías y cebollas alternando(Catastro de Ensenada. Morata de Tajuña. Respuestas Generales. Volumen 408. Pieza 2).


Poder notarial para surtir a una tienda madrileña (Fuente: AHPM)

Compras en Morata, Perales, Chinchón y Perales de Tajuña

En la extensa documentación acumulada en los protocolos notariales de Madrid también hemos encontrado una amplia documentación sobre estos vecinos, residentes en los pueblos de la comarca del Bajo Tajuña -convertidos en compradores de los cultivos de la vega que posteriormente se venderían en Madrid- y sobre estas ventas , así como la relación de estas villas con el abasto de la ciudad de Madrid, ya convertida en Corte desde mediados del siglo XVI por Felipe II.

En este sentido, la venta en Madrid de trigo, aceite y vino procedentes de estos municipios es ampliamente conocida, mientras que el abasto de legumbres, manteca o huevos, entre otros productos procedentes de los pueblos que hemos analizado en la documentación consultada, no ha sido tan difundida y conocida en esos años de las primeras décadas del siglo XVIII. 

Entre los documentos consultados aparecen hasta nueve vecinos de Morata, dos vecinos de Perales de Tajuña, y un vecino, respectivamente, de los pueblos de Arganda del Rey y Chinchón, con contratos de suministro con tenderos del vinagre y aceite de Madrid*. Prácticamente todos estos tenderos tenían localizadas sus tiendas en el entorno del centro urbano de la capital como la plaza de Antón Martín, calle de Cedaceros, calle de La Palma, Plaza de San Gil, calle de la Oliva, calle Desengaño, calle Ave María, calle Valverde y calle de Fuencarral. Entre todas estas localizaciones de tiendas madrileñas que se abastecían en las riberas del Tajuña destaca la plaza de Antón Martín, con hasta tres tenderos con sus negocios situados en dicha plaza.

Por otra parte, otra característica que define a los contratos de abastecimiento que hemos localizado destaca también el hecho de que prácticamente en todos ellos, con ligeras variaciones, aparecen los mismos productos que los tenderos encargaban a sus corresponsales:

(…) comprar en dicha villa como e todas las demás partes, villas y lugares de estos reinos y señoríos que le pareciere y fuere conveniente y pueda ajustar y comprar, ajuste y compre judías, lentejas, garbanzos, cañamones y todos los demás géneros que se requieren (…). (AHPM. Escribanía de Manuel de Espinosa.Tomo 15.105. Folios 192-193). A estos productos se podían añadir en otros contratos de poder distintas mercancias como manteca, ajos, cebollas y hasta algarrobas. De todos los poderes notariales que hemos consultado solo en algunos casos, como en el de Manuel Bezón, que se considera a sí mismo confitero,s e añaden productos más lujosos como los huevos e incluso la miel:

(…) Manuel Bezón, vecino de esta dicha Villa y maestro confitero en ella, y como tal otorga que da su poder cumplido bastante, el que de derecho se requiere y es necesario, a Manuel de Parla, vecino de la Villa de Morata, para que en su nombre y representando su propia persona y para el gasto y consumo de su tienda confitería pueda comprar y compre en cualesquier partes, ciudades, villas y lugares las porciones de miel, manteca, garbanzos, lentejas, judías, arroz, algarrobas y demás legumbres, huevos y otros géneros que toquen y o pertenezcan a dicha tienda confitería (…). (AHPM. Escribanía de Juan de Bermeo. Tomo 15.085. Folios 710-711).

Nerea Morán Alonso, en su trabajo Evolución histórica de la resiliencia alimentaria en la región madrileña, trata sobre como la capital hubo de adaptar sus sistemas de abastecimiento tras convertirse en la capital de la monarquía:

(…). Desde la llegada de la corte la ciudad de Madrid se especializa en servicios comerciales y administrativos. Aunque la sociedad rural no va a transformarse al mismo ritmo, debido a que los cambios en la propiedad y la economía no llegan a afectarles en igual medida, por lo que mantendrán una economía agraria feudal de autosubsistencia. Asegurar el abastecimiento de la capital obligará al desarrollo de instituciones y normas específicas, propias de las políticas proteccionistas e intervencionistas del Antiguo Régimen, desarrollado un sistema de adquisición, almacenaje, transporte y distribución de alimentos, y creando una red de agentes y espacios al servicio de Madrid, que se extiende por todo el territorio del interior peninsular. Este sistema se mantendrá durante 300 años (s XVI- XVIII) hasta transformarse radicalmente con el liberalismo. 

Esta red de abastecimiento para garantizar la alimentación de la población de Madrid, en la que participaron tan activamente y durante siglos los pueblos de la ribera del Tajuña, no solo afectaba a productos como las hortalizas, las legumbres, el vino o el aceite. En la documentación también otras que desde la comarca llegaban a la capital y que y que eran muy apreciados, como es el caso del cáñamo tal como veremos la próxima semana. 


*La diferencia de documentos analizados entre Morata y el resto de los pueblos no significa necesariamente que los corresponsales de las tiendas de Madrid fueran más numerosos en Morata. 

Vecinos de las vegas del Tajuña con contratos de abastecimiento con tiendas de Madrid en el primer tercio del siglo XVIII:

  • 1712. Julio Bautista Ruiz, vecino de Morata, abastecedor de Pedro Pérez, tendero de la calle de la Oliva. 

  • 1714. Manuel de Parla, vecino de Morata, abastecedor de Manuel Bezón, confitero.

  • 1716. Manuel Blanco, vecino de Morata, abastecedor de la tienda de Andrés González.

  • 1716. Manuel de Castro, vecino de Morata, abastecedor de la tienda de Juan Vadillo. 

  • 1723. Joseph de (…) vecino de Morata, abastecedor de Angel Fernández con tienda en la plaza de Antón Martín.

  • 1726. Pedro Jiménez, vecino de Morata, abastecedor de la tienda de Isidro Longoria en la calle de Jacometrezo. 

  • 1726. Joseph Muñoz, vecino de Morata, abastecedor de la tienda de Pedro Vázquez en la plaza de Antón Martín. 

  • 1732. Lucas Muñoz, vecino de Morata, abastecedor de la tienda de Simón Rodríguez.

  • 1732. Joseph Cuesta, vecino de Morata, abastecedor de la tienda de Silvestre de la Peña en la calle del Ave María.

  • 1725. Geronimo de Béjar, vecino de Perales de Tajuña, abastecedor de Manuel Martínez con tienda en la plaza de Antón Martín.

  • 1733. Félix de Alarcón, vecino de Perales de Tajuña, abastecedor de la tienda de Joseph de Lesmes en la calle de Valverde. 

  • 1732. Agustín Martínez, vecino de Arganda, abastecedor de la tienda de Martín Garcia en la calle de Cedaceros.

  • 1731. Pedro Bendicho. Vecino de Chinchón, abastecedor de Francisco Vidal en la plazuela de San Gil.


Fuentes y bibliografía:

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Manuel de Espinosa.Tomo 15.105. Folios 192-193.

  • Catastro de Ensenada. Morata de Tajuña. Respuestas Generales. Volumen 408. Pieza 2.

  • (Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Juan de Bermeo. Tomo 15.085. Folios 710-711).

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Juan de Bermeo. Tomo 15.086. Folios 153-154.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Antonio Alcalde. Tomo 15.283. folios 247-248.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Bernardo Urbano. Tomo 15.731. Folios 399-400.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid.Escribanía de Pedro Rodriguez. Tomo 16.194. Sin foliar.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Manuel Díaz Roldán. Tomo 16.399. Folios 13 y 14.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Juan de Bermeo. Tomo 15.189. Folios 509-510.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Pedro de Torres. Tomo 16.988. Sin foliar.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Manuel Crespo. Tomo 16.520. Folios 68-69.

  • Evolución histórica de la resiliencia alimentaria en la región madrileña. Moran Alonso, Nerea. Cuaderno de Investigación Urbanística, nº 147. Marzo/abril, 2023.



jueves, 30 de julio de 2026

El oficio de boticario y el despacho de medicinas en Morata a mediados del siglo XVIII

El Real Tribunal del Protomedicato controlaba la apertura de las boticas y el acceso a la profesión

Al menos desde mediados del siglo XVIII conocemos la existencia en Morata de una botica y un boticario que servía sus medicinas y fórmulas magistrales a los morateños. La presencia de estos profesionales en la villa, sin embargo, debía de ser muy anterior a esta primera farmacia que hemos documentado perteneciente a un tal Manuel Pedregal, asentado en Morata y cuya botica, a su muerte pasó a otro boticario, Manuel Martín tal como aparece reflejado en el correspondiente documento localizado en Archivo Histórico de Protocolos de Madrid.


Las primeras farmacias en territorio europeo, y los primeros boticarios dedicados a esta profesión aparecen, al menos desde el siglo XIII, casi siempre ligadas a instituciones religiosas. La profesión de boticario y su regulación aparecía también casi siempre asociada, y al mismo tiempo diferenciada, de la del médico. Mientras este hacía el diagnóstico, el boticario dispensaba las medicinas y en su caso elaboraba las fórmulas magistrales prescritas.

La evolución de la profesión de boticario, y su extensión a la mayoría de las villas y lugares del reino, se consolidó con el reinado de los Reyes Católicos y se profesionalizó definitivamente durante el reinado de Carlos I y de Felipe II. Durante todos estos años y también en periodos posteriores, el denominado Real Tribunal del Protomedicato* fue el encargado de regular, como veremos, todos los aspectos relacionados con la regulación del trabajo del boticario o farmacéutico . Es en estos años de mediados del siglo XVIII, durante el reinado de Felipe V y sus sucesores Fernando VI y Carlos III, el periodo en el que hemos localizado la presencia de la botica en Morata. Concretamente fue en mayo de 1748 cuando el boticario Manuel Pedregal, instalado en Morata, reconoce su obligación de pagar mil reales a Antonio Mathez para que abasteciera a su botica de medicinas simples y compuestas

Sépase como yo D. Manuel Pedregal residente en esta Corte otorgo y conozco que me obligo con todos mis bienes y hacienda, derechos y acciones habidos y por haber a dar y pagar, y que daré y pagaré llanamente y sin pleito a D. Antonio Mathez, vecino de esta Corte, del Colegio de Boticarios de ella, a saber un mil reales de vellón que confieso deberle procedido del importe de medicinas simples y compuestas que me ha dado para el surtimiento de la botica que pongo en la Villa de Morata para asistirla como boticario que soy en que me ha hecho merced y buena obra y por cuanto la entrega y recibo de las dichas medicinas, que confieso ha sido cierta y verdadera y componen e importan la dicha cantidad, no parece de presente renuncio las Leyes de la prueba, excepción (…), dolo, error, engaño y demás al caso. Y en su consecuencia (…) declaro ser legítimo y verdadero deudor a los dichos mil reales de vellón que me obligo como dicho es a satisfacerle y pagarle juntos, en una sola partida para el día de San Juan de junio del año que viene de mil setecientos cincuenta, puestos y entregados a mi costa y por mi cuenta y riesgo en casa y poder del mismo D. Antonio Mathez o quien su causa y derecho hubiere en en cualquier forma para percibirlos y en buenas monedas de oro o plata que al valor corriente al tiempo de su entrega los sumen y monten.

(…) Y así lo otorgo ante el presente escribano en la Villa de Madrid, a veinte y tres días del mes de mayo, año de mil setecientos cuarenta y ocho. Siendo testigos D. Marcos de la Casanueva , Juan del Valle y Diego Cárdenas, residentes en esta Corte y el otorgante a quien yo el escribano doy fe conozco y firmo.

Manuel Pedregal 

Ante mí, Domingo Antonio Garrido.

(AHPM. Escribanía de Domingo Antonio Garrido. Tomo 17.083. Folios 98-99).

El trabajo de Manuel Pedregal como boticario en Morata también está documentado en el Catastro de Ensenada donde aparece censado en el denominado Cuaderno de notas y resumen del tráfico industrial y personal. Aunque desconocemos dónde estaba localizada la botica de Morata en esos años de mediados del siglo XVIII sí que sabemos el sueldo que tenía asignado:

(…) Que a Manuel Pedregal, boticario en esta Villa, se le ha considerado que anualmente gana tres mil reales por su ejercicio.

En esta documentación del Catastro de Ensenada, en el llamado Libro de los Personal del estado seglar, también aparece la mujer de Manuel Pedregal y su familia;

Manuel Pedregal, de edad de treinta y cinco años, de ejercicio boticario. Casado con Ana Bermejo, de treinta y cinco años. Su familia: hermana, Isabel, de trece años, hermana de dicha Ana.


Reglamento para a realización de las visitas a las boticas (Fuente: Real Academia de Farmacia) 

Traspaso de la botica de Morata y solicitud de inspección al Real Tribunal del Protomedicato.

Fue precisamente Ana Bermejo, ya viuda de Manuel Pedregal, la encargada de gestionar el traspaso de la botica de Morata en 1767. En ese año, el 26 de octubre, Antonio Martín, también de profesión boticario otorga poder para que dos vecinos de Morata acudan al Real Tribunal del Protomedicato para solicitar el permiso de reapertura de la farmacia que había pertenecido a Manuel Pedregal y que su viuda, Ana Bermejo, le había vendido cuatro días antes, el 22 de octubre, de la firma de dicho poder:

En la villa de Madrid, a veinte y seis días del mes de octubre año de mil setecientos sesenta y siete, ante mí el escribano y testigos pareció Antonio Martín, vecino de la Villa de Morata, residente al presente en esta Corte, otorga que da y confiere todo su poder cumplido, el que de derecho se requiere más puede y debe valer, sin limitación alguna, a favor de D. Joseph Andrade y Joseph de la Cámara Martínez, procurador de los Reales Consejos, vecinos de esta dicha Villa y a cada uno insolidum para que en su nombre y representando su propia persona, acción y derecho, acuda al Tribunal del Real Protomedicato y pida se dé permiso al otorgante para que abra la botica que existe en dicha Villa y pueda despachar en ella las medicinas de su uso, respecto de hallarse cerrada y sin uso por providencia dada en diez y siete del presente mes por el Sr. D. Próspero Lorente, juez de comisión de la visita de Boticas de las cinco leguas del contorno y rastro de esta Corte, por los motivos que tuvo por convenientes, en atención a que por Ana Bermejo, viuda de Manuel Pedregal, se ha otorgado a favor del otorgante escritura de venta de dicha botica en la referida Villa de Morata a veinte y dos de el presente mes y año y ante Joseph García Nieto, escribano del Número y Ayuntamiento de ella, pidiendo (…) se pase a visitar la mencionada botica por el el sujeto que dicho Tribunal tuviere por conveniente y que hallándola surtida de todo lo necesario se use y despache en ella las medicinas correspondientes a cuyo fin se dé para todo el conveniente despacho, haciendo en razón de todo cuantas diligencias judiciales y extrajudiciales sean necesarias (…).

En cuyo testimonio así lo dijo, otorgó y firmó a quien yo el escribano doy fe conozco, siendo testigos D. Antonio Ramales (…), D. Thomás Fernández y Matheo Antonio Molina, residentes en esta Corte.

Antonio Martín

Ante mí

Antonio Mexía. 

(AHPM. Escribanía de Antonio Mexía. Tomo 19.177. Folios 649-650).

Tal como aparece en el documento que reproducimos Antonio Martín el nuevo boticario, también solicitó por medio de sus representantes que el denominado juez de comisión de la visita de las cinco leguas [del contorno de Madrid) se trasladara a Morata para comprobar las circunstancias de la botica de Morata para que se permitiera su reapertura.

Conseguidos todos los permisos legales, Antonio Martín desarrolló una larga labor como boticario de Morata. En el año 1810, cuando ya contaba con 80 años de edad y habían transcurrido 43 años desde que adquiriera la propiedad de la botica a la viuda de Manuel Pedregal, aún estaba en ejercicio y al frente de su establecimiento, como se recoge en un curioso documento también conservado en el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid y elaborado a instancias del hijo denAntonio Martín, Nemesio Martín, también de profesión boticario y ejerciente en el vecino pueblo de Perales de Tajuña: 

En la Villa de Madrid a veinte y seis días del mes de abril año de mil ochocientos diez, ante mí el escribano de S. M. pareció Nemesio Martín que así expuso llamarse, ser natural de la Villa de Perales de Tajuña, mayor de veinte y cinco años y estar residente a la sazón en esta Corte, dijo que con motivo de que su padre Antonio Martín, vecino y boticario de la villa de Morata de Tajuña se halla en la edad avanzada de ochenta años cumplidos por si se verificase su fallecimiento para que en este caso otorga que da y confiere todo su poder cumplido al que tiene por derecho se requiera y más necesario sea a Juan García Pizarro, vecino y labrador en dicho pueblo, especial y general para que a su nombre y representando su misma persona acciones y derechos y llegado a cumplirse el fallecimiento del Antonio Martín, padre del otorgante, proceda al inventario, tasación y partición de los bienes raíces, muebles y demás que dejase y los demás hermanos, nombrando al efecto los tasadores y personal práctico e inteligente que ejecuten la citada tasación de bienes y partición de estos (…).

Nemesio Martín

Ante mí Julián Álvarez de la Torre. 

(AHPM. Escribanía de Julián Álvarez de la Torre. Tomo 21.976. Folios 12-13).

El documento muestra como en la profesión de boticario, por esos años, era habitual la trasmisión entre padres e hijos de la botica familiar o, como en este caso, ejercer el oficio en dos villas muy cercanas.




*El Real Tribunal del Protomedicato fue una institución técnico-sanitaria del imperio español encargada de regular las profesiones de la salud, controlar la higiene pública y autorizar el ejercicio a médicos, cirujanos y farmacéuticos. María Soledad Campos Diez trata sobre esta institución de origen medieval en su trabajo sobre El Protomedicato en la administración central de la Monarquía Hispánica,un organismo que define como órgano colegiado y supremo, de carácter técnico y destinado a controlar las profesiones sanitarias en Castilla, con jurisdicción especial personal y material, independiente y no subordinado al Consejo Real, aunque en ocasiones mediatizado por él.

En este trabajo María Soledad Campos señala también cómo el Real Tribunal de Protomedicato (…) como órgano con funciones normativas, judiciales, gubernativas y de asesoramiento no solo estaba compuesto por las personas que encabezan y constituyen válidamente el tribunal decisorio, eran también precisos otros oficiales para que funcionase su maquinaria administrativa, como un cirujano y un boticario que presenciaban los exámenes de su facultad o inspeccionaban boticas (…). Desde el reinado de los Reyes Católicos, el Real Tribunal del Protomedicato era el responsable de examinar y controlar a los boticarios así como de vigilar que no se produjeran abusos en la profesión y, además, visitar y vigilar el estado de las propias boticas. En torno a la época a la que tratamos sobre la botica de Morata, en 1737, Felipe V delimitó la jurisdicción del protomedicato en todo lo que afectaba a asuntos que constituyeran delitos por parte de médicos, cirujanos o boticarios. 

El Real Tribunal del Protomedicato se extingue tras un R. D. de 1799 aunque vuelve a recuperarse en 1811. Se volvió a extinguir en 1814 y a recuperar de nuevo en 1820, para desaparecer definitivamente con las políticas liberales a partir de la década de los años treinta del siglo XIX.



Fuentes y bibliografía:

  • Campos Díez, María Soledad. El Protomedicato en la administración central de la Monarquía hispánica. Dynamis: Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustrandam, 1996, Vol. 16, p. 43-58, https://raco.cat/index.php/Dynamis/article/view/105964.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Domingo Antonio Garrido. Tomo 17.083. Folios 98-99.

  • Catastro de Ensenada. Pieza 10: Cuaderno de notas y resumen del tráfico industrial y personal. Archivo Histórico Provincial de Toledo. Cuaderno H 410.

  • Catastro de Ensenada. Pieza 3: Libro de los Personal del estado seglar. Archivo Histórico Provincial de Toledo. Cuaderno H 410.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Antonio Mexía. Tomo 19.177. Folios 649-650.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Julián Álvarez de la Torre. Tomo 21.976. Folios 12-13.

jueves, 23 de julio de 2026

El 21 de julio de 1901 se inauguró el tramo del ferrocarril entre Arganda-Morata

Los periódicos más importantes de la época recogieron la noticia de la llegada del ferrocarril

En 1901, finalmente, los vecinos de Morata vieron cumplido su deseo de que el pueblo contara con un nuevo medio de transporte, el ferrocarril. Pese a todas las dificultades, que no fueron pocas, el tren llegó a la villa el domingo 21 de julio de 1901. La empresa concesionaria del ferrocarril había conseguido salvar los problemas económicos que habían acompañado al proyecto desde sus inicios, varios años antes, y consiguió llevar el tren a Morata. Las dificultades llegaron incluso hasta el día anterior a la inauguración del trayecto y un accidente en el viaje de pruebas, podría haber empañado este acontecimiento. Según publicó La Época el 24 de julio, el día 20, fecha previa a la inauguración, uno de los ingenieros de la compañía que comprobaba el estado de las vías entre Arganda y Morata sufrió una aparatosa caída:

Al pasar el tren por una de las atarjeas de la vía se detuvo, y el ingeniero jefe bajó del coche para comprobar algunos detalles. Al atravesar la alcantarilla resbaló el Sr. Delchevalerie y cayó desde una altura de cinco metros, produciéndose una conmoción y fuertes contusiones en la espalda. Por fortuna las consecuencias de la caída no han sido tan graves como pudo temerse en un primer momento, y el Sr. Delchevalerie se encuentra en estado relativamente satisfactorio.

Este accidente no impidió que, al día siguiente, la compañía promotora del Ferrocarril del Tajuña, deseosa de que la nueva línea se diera a conocer entre los madrileños y los futuros usuarios. no ahorrara en medios a la hora de promocionar la inauguración. Los periódicos y revistas más importantes de la época fueron invitados al viaje inaugural y al día siguiente en toda la prensa escrita apareció la noticia. Veamos una selección resumida de estos reportajes:

La inauguración del tramo Morata-Arganda en la prensa

Heraldo de Madrid, 22 de julio de 1901

De Madrid a Morata-Inauguración de un trayecto

Tras las tapias del frondoso Retiro se ocultaba, así como avergonzada, ente el caudal de polvo que levantan los carruajes, una estación pequeña y (…) arranque de una modestísima vía férrea que no tenía nada que envidiar a la del tranvía del vapor de Vallecas.

Hoy la decoración ha cambiado. Una sociedad poderosa ha empezado a imprimir vigoroso impulso a la moribunda línea, para transformarla en importante y vasto venero de riqueza, en arteria robusta de la red general de ferrocarriles españoles. Todo allí ha sufrido modificación al hacerse cargo de la línea la Sociedad belga de Caminos de Hierro.

Los coches son nuevos y cómodos, hallándose dotados de timbres eléctricos para caso de alarma. El primitivo material fijo, convenientemente sustituido o remozado, ofrece más garantías de solidez que antes, y en general observase en toda la línea un ambiente de vida y entusiasmo que denuncia prosperidades innegables.

La expedición organizada para inaugurar el trayecto de Arganda a Morata de Tajuña, salió de Madrid a las diez de la mañana. Era numerosa y muy grata, lo suficiente para contrarrestar con sus atractivos las amarguras de un sol despiadado, que nos persiguió hasta el señorial palacio del marqués de Torneros, punto de Morata, encantador y fresco, en donde se había de solemnizar bucólicamente el acontecimiento del día.

En Arganda, el pueblo entero nos recibió con grandes demostraciones de júbilo, aguantando allí a pie firme y asándose materialmente, la ceremonia religiosa que celebró el señor obispo de Sión para bendecir la cabeza del nuevo proyecto. Calcúlese lo que pasaría en Morata, radiante de gozo, por verse beneficiada con los progresos de un ferrocarril con que soñaban hace muchos años.

La estación, el trayecto de ésta al pueblo, los balcones, la iglesia, todo estaba cuajado de gentes con los trajes domingueros, alegres como las banderas que tremolaban en las paredes y arcos de follaje. A los gritos de entusiasmo del pueblo, (…) los sones de la banda, el vuelo de las campanas, el chasquido de los cohetes que surcaban el espacio, ahogando el lejano pitar de la locomotora que quedaba en la estación haciendo maniobras. En el templo se entonó un solemne Tedeum y poco después, en el legendario patio del palacio de Morata, que habitó a temporadas Carlos IV, bajo un hermoso emparrado que apenas si permitía el acceso del sol, la Casa Lhardy sirvió uno de sus espléndidos banquetes. (…) Una hora después se organizaba el regreso a Madrid y llegábamos aquí a las nueve, recordando el cantar:

Morata de Tajuña

Con sus arroyos

Se crían sus mujeres

Como pimpollos

R. E.

El Globo, 21 de julio de 1901

De Madrid a Morata-Nuevo Ferrocarril

La vía ferroviaria de Madrid a Arganda cuenta desde ayer con un trozo más ya en explotación. El nuevo trayecto es de 17 kilómetros, que sumados a los 28 con que cuenta el anterior, suman 45 como total de los que actualmente están en explotación.

El nuevo trozo inaugurado ayer es el que comprende desde Arganda, punto donde terminaba antes la línea, y el importante pueblo de Morata de Tajuña. La línea nueva está trazada en perfil atrevido y recorre la parte más bonita de aquella comarca. El material móvil es nuevo y cómodo, siendo sus coches como casi todos los adoptados por las líneas de vía estrecha, tales como el del Cantábrico y de San Sebastián a Zarauz. Están dotados de suficientes comodidades y lo que es más importante, de timbres de alarma que, poniendo en comunicación a todos los coches que forman el tren con el furgón del conductor, permiten en un momento dado, detener la marcha y acudir en auxilio del viajero, si es que esto fuese lo que le obligó a hacer uso del timbre.

 (…) Como desde aquel punto [Arganda] es donde empieza la nueva línea, el Consejo de la Compañía había acordado que allí fuese bendecida la máquina que por vez primera iba a recorrer oficialmente la nueva vía.(…) Puesto de nuevo en marcha el tren inaugural, tras recorrer el trazado nuevo, llegó al pueblo de Morata, término por ahora de la línea. Al son de la Marcha real hizo su entrada en aquella estación y al compás de las exclamaciones de los numerosos vecinos de Morata, que sentíanse alegres  y regocijados con la nueva fuente de vida y progreso con que desde ahora cuentan.

(…) En elocuentes palabras, pronunciadas en francés, [el presidente de la compañía] brindó por su patria, a la que desde lejos dedicaba un recuerdo, y por España, en la que al presente se halla, y a la que ya ama, como si en ella fuese nacido, saludando al progreso que en ella se manifestaba cada día más creciente, y en la cual empleará todos sus conocimientos técnicos, así como los medios que la compañía belga por él representada posee. (…) Cerca de las siete era cuando los expedicionarios emprendieron el camino de regreso a Madrid (…). 



El Liberal, 22 de julio de 1901

Madrid-Arganda-Morata

(…) Íbamos a inaugurar el trozo de ferrocarril de Arganda a Morata de Tajuña, que la Sociedad Belga de Caminos de Hierro y otros negocios industriales en España abrirá al servicio público en los primeros días del próximo agosto.

Entre arcos de follaje, aclamaciones de júbilo, disparo de cohetes y general algazara, el obispo de Sión bendijo en la estación de Arganda la cabeza de la nueva vía; volvimos a subir a nuestros departamentos, y poco después, atravesando la hermosa vega de pletóricos olivares y bien cultivadas viñas sin tropiezo alguno; sin que se confirmaran los temores más o menos oficiales entrábamos en el andén de Morata entre el clamoreo de hombres, mujeres y niños, que desde los vagones de balastro, desde los techos de los coches de vía muerta y desde los cerros inmediatos daba rienda suelta a su entusiasmo, al ver convertida en realidad su constante ensueño, su anhelado ferrocarril.

(…) Morata es un pueblo muy rico; sus vinos compiten admirablemente con los de Arganda, y sus vecinos son gente instruida; los maestros ¡cobran! Hasta la maestra superior es de las más superiores de la provincia. Más de cien comensales sentáronse alrededor de las mesas, y la comida se sirvió amenizada por la música del pueblo; el bello sexo estaba numerosa y escogidamente representado.

(…) Los jefes de las estaciones de Madrid, Arganda y Morata, Sres. Padilla, Sola y Peña, respectivamente, el factor Sr. Capa y el monitor de la Compañía, Sr. Arjona, realizaron inteligentemente sus respectivos servicios.

A las seis, la engalanada máquina lanzó al aire su silbido estridente, y entre nuevos vítores y clamores abandonó el tren la simpática Morata, y yo me arrellané en el cómodo vagón. Seguramente convencido de que ya no aparecerían por la ventanilla la carabina y el tricornio del guardia civil invitándome a desenterrar la carcomida chocolatera del desvencijado convoy de antaño…

Eduardo Rosón



La Correspondencia de España, 22 de julio de 1901

El nuevo ferrocarril de Morata a Arganda

(…) El obispo de Sión bendijo la máquina Tajuña que ha sido la que ha hecho todo el recorrido indicado (…). A la una de la tarde llegamos a Morata. Puede decirse que estaba todo el pueblo en la estación.]

La comitiva se dirigió a la iglesia. (…) En la iglesia admiramos una Concepción de Goya [¿?], que está en el fondo del altar mayor. En la plaza del pueblo se había colocado una fuente de vino en la que apagaban su sed los mozos del pueblo (…).



La Época, 22 de julio de 1901

Inauguración de un ferrocarril

De Madrid a Morata de Tajuña

Salida de Madrid-Atravesando el Sahara-La Azucarera de Madrid-Llegada a Arganda-Bendición Episcopal-En Morata-El palacio de Altamira-El banquete-Regreso.

La línea del ferrocarril de Madrid a Arganda estaba no hace mucho tiempo en estado de gran abandono, hasta que las quejas del público y de la Prensa lograron que el gobierno diera por caducada la concesión en vista de las deficiencias del servicio.

No existía cuadro de marchas y el material era tan defectuoso que se cuenta que un día los viajeros tuvieron que apearse del tren y empujarle para que pudiera subir una cuesta. Hay que advertir que esto lo contaba un andaluz.

Caducada la concesión hace tres meses se encargó del servicio previa adjudicación la sociedad Belga de Caminos de Hierro, que tiene otros importantes negocios industriales en España.

Con actividad digna de elogio, la nueva sociedad construyó y adquirió en España y en Bélgica un material ferroviario nuevo y de moderna construcción y dio gran impulso al ramal que habrá de enlazar a Arganda con Morata de Tajuña, cuya inauguración oficial se verificó ayer con asistencia del Consejo de Administración de la citada Compañía, de varios diputados provinciales, ingenieros y representantes de la prensa madrileña.

A las diez de la mañana, hora señalada para partir, ya se encontraban en la estación del Niño Jesús, situada detrás del hospital del mismo nombre, los invitados a la inauguración, que eran recibidos por el alto personal de la Sociedad belga, compuesto del presidente, el senador belga Mr. Victir Fris; del administrador, Mr. Franck, y de los Sres. Beckman y Rivadeneyra, administrador y consejero, respectivamente.

(…) A las diez y media, el tren compuesto de dos coches de primera, dos de segunda, y dos de tercera, adornados con banderas españolas y belgas, se puso en marcha. El  calor a aquella hora de la mañana era tan grande dentro del tren, que a duras penas podían soportarlo los expedicionarios. Uno de los viajeros, que llevaba un termómetro de bolsillo, pudo comprobar que la temperatura que se disfrutaba dentro de los coches era de 41 grados.

Desde la estación de Madrid hasta el apeadero de Montarco no se ve en el camino ni un árbol, ni una rama. Diríase, al contemplar aquella extensión de tierra pelada, que se cruzaba el Sahara.

Pasada la estación de Fortuna la vegetación es frondosa, debido a la proximidad del río Henares, que cerca de Vicálvaro se une con el Manzanares. Corpulentos pinos y chopos bordean el camino desde antes del magnífico puente de hierro, que se encuentra cerca de la Azucarera Madrileña, hasta la misma estación de Arganda.

La Azucarera Madrileña, de la que es principal accionista el exministro de Hacienda Sr. Navarro Reverter, es un edificio magnífico, en el cual tienen ocupación centenares de obreros. Actualmente se trabaja en el cultivo de la remolacha, que a principios de invierno se convertirá en azúcar.

A la una se emprendió la marcha por la nueva línea que enlaza Arganda con Morata de Tajuña.

Para que las pruebas oficiales fueran reglamentarias, los ingenieros de la división del Gobierno cargaron 5.000 kilogramos de peso en el furgón de equipajes, con objeto de comprobar la fuerza de arrastre de la máquina. Cuarenta minutos tarda el tren en recorrer el trayecto que separa los dos pueblos.

El camino es muy bonito, viéndose a derecha e izquierda grandes extensiones de viñedos y olivares, principal riqueza de aquella comarca.

Cerca de la una y media llegó el tren a la estación de Morata de Tajuña. Los vecinos del pueblo, al ver aparecer la máquina, prorrumpieron en manifestaciones de entusiasmo. Se lanzaron cohetes, las campanas de la iglesia fueron echadas a vuelo y la música del pueblo interpreto, aunque no de modo muy perfecto, la Marcha Real. (…) Al llegar frente al Ayuntamiento, una comisión de alcaldes de los pueblos del distrito saludó a los expedicionarios.

(…) Tiene la iglesia de Morata una joya de inestimable mérito que fue admirada y celebrada por todos. Es un cuadro de Goya [¿?], que representa a la Virgen, teniendo en brazos al Niño Jesús.

(…) Morata de Tajuña es un pueblo muy bonito. Tiene 3.025 habitantes y se encuentra situado a la derecha del río Tajuña, entre los términos de Arganda y Chinchón. Uno de los edificios más notables es el hospital, fundado por Don Antonio López en 1670. En la plaza de la Constitución existe un bonito teatro, de moderna construcción, y la Casa Ayuntamiento, recientemente terminada.

El nuevo ferrocarril tiene gran importancia para toda aquella comarca, y la empresa está construyendo varios ramales, que unirán los pueblos de Chinchón y Colmenar de Oreja con las líneas de Calatayud y Valencia (…).

E. M.



El Imparcial, 22 de julio de 1901

La Sociedad Belga de Líneas de Ferrocarriles y Empresas industriales en España, dueña hoy de la vía férrea de Madrid a Arganda, ha abierto a la explotación el primer trozo de los que se propone construir para poner a Madrid, por lo pronto, en comunicación con zonas tan importantes de producción agrícola, como Chinchón y Colmenar de Oreja.

Al adquirir la línea, la compañía compradora emprendió su continuación y anteayer domingo inauguró un nuevo trayecto que une a Arganda, punto donde ha tenido su término durante algunos años, con Morata de Tajuña, pueblo importante y rico, y sobre todo, dicho sea en justicia a sus vecinos y munícipes, toda vez que tiene al corriente sus obligaciones en enseñanza.

De sobra conocida esta grata tierra de los alrededores de Madrid, no hay que hablar al lector de los encantos del paisaje hasta muy cerca de Arganda. Interminables cárcavas de cal y yeso cortadas por estrechos valles que amarillean en rastrojo o esperando el golpe de la hoz las cañas del mísero centeno, la vista descansa de tan desesperante impresión de monotonía al entrar en la nueva sección.

El tren avanza a partir de Arganda entre viñedos, cuyo intenso verdor quiebra el más pálido de los olivos, hasta la misma entrada de Morata de Tajuña.

(…) Los coches, incluso los de tercera, son amplios y cómodos, y todos están dotados del timbre de alarma para detener la marcha del convoy en caso necesario (…).

Al entrar el tren en la estación de Morata fue recibido a los acordes de la Marcha real y a los gritos de júbilo del vecindario, que veían realizados sus anhelos. Poco después, precedida de la banda municipal, a la que seguían la (…) de la parroquia, el  clero y los invitados, cerrando la marcha el numeroso popular, dirigiose abigarrado cortejo a la iglesia de la villa, donde se cantó un Te Deum, terminado el cual, los expedicionarios de ambos sexos, las autoridades locales y los morateños de distinción fueron obsequiados por la empresa con un espléndido banquete, admirablemente servido por Lhardy en el amplísimo patio del antiguo palacio de Altamira, hoy del marqués de Torneros, sombreado por el denso ramaje de una parra peculiar.

No bajarían de ciento veinte los comensales. (…).



Estación de Morata antes de la llegada del primer tren (Fuente: revista Blanco y Negro).


Revista Blanco y Negro, 27 de julio de 1901

Actualidades

Inauguración de la línea de Arganda a Morata de Tajuña

En el elocuentísimo discurso que dirigió el obispo de Sión a los expedicionarios que asistieron a la inauguración de la línea férrea de Arganda a Morata de Tajuña, al final del banquete celebrado en el hermoso patrio de la casa del marqués de Torneros, dijo su ilustrísima que puesto que la misión de la prensa no solo consiste en reflejar fielmente los sucesos, sino en dirigir la opinión, debe conceder una atención muy preferentes aquellos que representan un progreso como aquel que se conmemoraba.

Entendiendo nosotros el deber que está obligada a cumplir la prensa exactamente igual que el elocuente prelado, complacemos siempre registrar en nuestras páginas aquellos sucesos que más directamente demuestran los adelantos que alcanza nuestro país en todos los órdenes de la vida, y muy principalmente aquellos que representan una mayor prosperidad para el suelo patrio, como lo es indudablemente el que sirve de tema a esta información.

Las vicisitudes por que ha pasado, no sólo el proyecto de esta línea, sino la que desde 1885 estaba en explotación de Madrid a Arganda, habían hecho perder la esperanza de que Madrid pudiera comunicarse normalmente con importantes pueblos vecinos.

Declarada en quiebra la sociedad fundadora, incautose el Estado del Ferrocarril de Arganda en 1893, adjudicándolo en subasta después de largo expediente a D. Fernando López de Rivadeneira, administrador delegado de la Sociedad Belga de Ferrocarriles, que también adquirió la concesión de la línea de Arganda a Chinchón y Colmenar, así como la de un ramal de Morata a Orusco. 

La primera sección de este ferrocarril es la que se ha inaugurado el 21 del corriente; abarca 16 kilómetros, que unidos a los 28 que comprende la de Madrid a Arganda, forman un total de 44, extensión que aumentará en otros 18 kilómetros en cuanto terminen las obras de la línea de Morata a Chinchón, que se llevan a cabo con rapidez.

Así como el primitivo ferrocarril de Madrid a Arganda ha contribuido a la prosperidad de aquel facilitando el trasporte de vinos, cereales, piedra, yeso y cal, en que es abundantísimo ,la línea inaugurada favorecerá la rica región del Tajuña, hasta hoy sin fáciles trasportes para sus importantes productos agrícolas, y siendo el propósito de la Sociedad concesionaria llevara feliz término la construcción de todas las líneas propuestas, han de ser muchos los pueblos que disfruten los grandes beneficios que esto reportará.

La labor de la Compañía no se ha visto coronada por el éxito sino después de penosa lucha, y a la cooperación de la Sociedad Belga de Caminos de Hierro que preside Mr. Fris, debese el que en definitiva se haya logrado mucho más que al decidido apoyo de los que por su condición debieran ser los primeros interesados en la prosperidad del país.

Como dato curioso consignaremos que los 15 kilómetros de carriles empleados en esta línea proceden de las fábricas de Altos Hornos, y los coches y furgones, etc, de la casa Gardé, de Zaragoza.

Terminaremos nuestra información fotográfica con un grupo de periodistas madrileños que asistieron a la inauguración, como recuerdo de las agradabilísimas horas que pasamos en su compañía.


Celebración del banquete en el interior del antiguo palacio de los condes de Altamira (Fuente: revista Blanco y Negro).


Asistentes al banquete (Fuente: revista Blanco y Negro).

Una jornada histórica para Morata

En todas estas informaciones aparecidas en la prensa madrileña se destaca por parte de todos los redactores la importancia que para la economía de la comarca significaba la llegada del tren a Morata y la mejora que el nuevo trazado había traído a toda la línea. El ambiente que se trasmite desde las crónicas periodísticas, con la participación de la banda de música, la celebración religiosa, la colocación de arcos y disparo de cohetes, es el mismo que se repetirá años más tarde cuando, sucesivamente, el tren llegue a Chinchón y Colmenar, y en el ramal que partía desde la estación de Tajuña, en las inauguraciones de los tramos hasta Perales, Tielmes, Carabaña y Orusco. En estos primeros años de la compañía, aún se pensaba que la línea tendría continuación hasta Aragón e incluso hasta Valencia y qué mejor forma de celebrarlo que con la organización de unos actos en los que no faltó el banquete ofrecido por Lardhy en el Palacio de Altamira -a 60 pesetas el cubierto- y la instalación de una fuente de vino en la plaza.

Muchos de los periodistas hicieron también referencia al mal estado de las vías y el material móvil del trayecto Madrid-Arganda hasta la inauguración y el cambio observado en los nuevos vagones y locomotoras tras la inyección económica que se produjo tras la entrada de la sociedad belga. En este sentido la inauguración del tramo hasta Morata –y el siguiente año de los tramos hasta Chinchón y Colmenar de Oreja- significó una mejora en el material de la línea. Según el Anuario de FerrocarrilesEspañoles, publicado en 1904 pero con datos de 1903, de las tres locomotoras que prestaban servicio en la línea Madrid-Arganda hasta 1901 se había pasado a las doce locomotoras con las que contaba el trazado ampliado; de un total de 58 vagones en la línea hasta Arganda a los 144 en el trazado que llegaba hasta Colmenar (1 de lujo, 3 de primera clase, 2 de segunda clase y 14 de tercera clase, más los destinados a mercancías). Lógicamente, los ingresos también crecieron tras la ampliación y mejora de la línea ferroviaria: si en 1901 la línea hasta Arganda sumó 197.969 pesetas de ingresos, en 1903 los ingresos totales de la compañía del Ferrocarril del Tajuña alcanzaron la cantidad de 463.976 pesetas, con un incremento superior al 100% en el transcurso de dos años.

Fuentes y bibliografía:

Anuario de Ferrocarriles. Año 1898, 1901 y 1902 y 1904. Enrique de la Torre. Imprenta Central de los Ferrocarriles. Madrid.

Periódicos citados en el texto.