jueves, 2 de julio de 2026

Los Vinos y los Aceites, una revista de prestigio hecha desde Morata

José Hidalgo Tablada, alcalde de Morata (1846-1850 y 1880-1885), editó y dirigió la revista entre 1878 y 1994

El 15 de enero de 1878 salía a la calle el primer número de Los vinos y los Aceites, una revista quincenal dirigida por José Hidalgo Tablada, catedrático de agronomía y autor de una extensa bibliografía de obras relacionadas con el sector agropecuario español. Recientemente hemos localizado varios ejemplares de esta revista, que se publicó hasta 1894 y que, posiblemente, fue uno de los proyectos personales más ambiciosos de José Hidalgo Tablada, residente durante gran parte de su vida en Morata donde, además de juez municipal, ejerció como alcalde de la villa entre 1846 y 1850 y, en un segundo mandato, entre 1880 y 1885, justo cuando la revista ya era un referente de la información agrícola en España.


La creación y dirección de Los vinos y los Aceites, que se convirtió en referente del sector vitivinícola y oleícola de España durante los años en que se publicó (1878-1894), no fue ni mucho menos la primera experiencia de Hidalgo Tablada como director de publicaciones periódicas: entre 1851 y 1852 dirigió El Agrónomo, y entre 1862 y 1867 estuvo al frente de La España Agrícola. Hidalgo Tablada, militar en su juventud y, ya en su edad madura, pionero y catedrático de los estudios de agronomía en nuestro país, fue también un prolífico colaborador de revistas y publicaciones tan prestigiosas del sector agropecuario como La Agricultura EspañolaEl Cultivador o la Revista Mensual de Agricultura. Además, entre 1885 y 1889, codirigió el Diccionario de Agricultura, Ganadería e Industrias Rurales, un proyecto editorial considerado en esos años como el más original, completo y útil de cuantos se han publicado en España, según el Consejo Superior de Agricultura, Industria y Comercio.

Con toda esta experiencia acumulada en la práctica de un incipiente y novedoso periodismo especializado en el sector agropecuario, Hidalgo Tablada afrontó el peculiar y ambicioso proyecto de sacar a la calle, desde Morata, su lugar de residencia, la revista Los Vinos y los Aceites. Naturalmente, no es casualidad que Hidalgo dedicara el contenido de su revista al vino y al aceite, y al cultivo de la vid y del olivo, dos sectores que conocía en profundidad desde hacia décadas, no solo como teórico e investigador, sino también como propietario y cultivador de ambos cuktivos en el secano morateño. Con este bagaje, periodístico y profesional, cuando en enero de 1878 salió a la calle el primer número de Los Vinos y los Aceites Hidalgo ya había forjado en torno a su persona el prestigio de escribir varios libros dedicados cultivo de la vid y del olivo así como a la elaboración del vino y del aceite. 

Los Vinos y los Aceites, revista profesional pionera en España

La aparición en 1878 del primer número de Los Vinos y los Aceites constituye el proyecto más personal de Hidalgo Tablada. Cuando publicó el primer número, el prolífico autor llevaba varios años asentado en Morata* -al menos desde 1846, cuando afrontó su primera etapa al frente del Ayuntamiento-, José Hidalgo Tablada había escrito la mayor parte de su obra, especializada en asuntos agrícolas, en la villa donde, además, se convirtió en uno de los mayores propietarios. Esta circunstancia de dedicarse a la administración de la hacienda familiar, no le impidió acometer, ya en 1878 y a una edad madura -había nacido en Montauban (Francia en 1814)- la creación de una revista que, vista en perspectiva y en el momento actual, aún es alabada por la calidad de sus contenidos. En una publicación de 1981 auspiciada por el Servicio de Estudios del Banco de España, El vino, 1874-1907: dificultades para reconstruir la serie de sus cotizacionesse alaba el proyecto editorial de Hidalgo Tablada y su utilidad a la hora de abordar los estudios sobre el precio de los vinos en España a finales del siglo XIX:

(…) se trata de Los Vinos y los Aceites, una revista privada (no oficial) que vio la luz en Madrid en 1878, desapareciendo en diciembre de 1894. Inestimable e insoslayable publicación para todo aquel que quiera conocer la coyuntura de ambos productos en las fechas apuntadas. Lástima que a su brevedad -diez y siete años no son muchos- se una la desconocida localización de los tres últimos volúmenes (...).

En el mismo trabajo se pone en valor una publicación que, insistimos, fue el proyecto personal de un vecino de la villa y que, desde nuestro pueblo, fue capaz de compaginar, durante cinco años, entre 1880 y 1885, el trabajo editorial y periodístico con la alcaldía de Morata. En el trabajo que reseñamos se insiste sobre la utilidad de Los Vinos y los Aceites y todo ello, a pesar de la dificultad para recuperar y consultar** los ejemplares que se conservan de la revista: 

(…) Nunca es tarde si la dicha es buena. La revista Los Vinos y los Aceites es un verdadero oasis en este desierto [de datos fiables sobre el precio del vino a finales del siglo XIX] de los precios del vino. (…) Revista rara, que hemos perseguido con éxito relativo en todos los ficheros que se han puesto a nuestro alcance. Sólo con observar el formato en que se dan los precios, se percata uno de estar ante la mejor de las fuentes localizadas hasta ahora. Cumple nuestros cuatro requisitos -distinción de calidades, entre ellas el vino común, referencia a pueblos, y periodicidad quincenal-, y, al recoger cotizaciones para casi todas las provincias, puede seguirse, si no la evolución del precio del vino español, sí la del vino común en toda España.

Otra publicación muy relacionada con el sector agropecuario y publicada por el Ministerio de Agricultura, Expansión vinícola y atraso agrario, 1870-1900, de Teresa Carnero y Arbat, también trata sobre la obra de Hidalgo Tablada y hace referencia a Los Vinos y los Aceites, especialmente en todo lo relacionado con el grave problema económico y social provocado por la aparición de la plaga de la filoxera, un asunto que preocupaba especialmente al vecino y alcalde de Morata por lo que apareció en varios números de la revista donde ase publicaba una sección específica titulada Crónica de la filoxera.


Cabecera del nº 1 de Los Vinos y los Aceites (Fuente: Biblioteca Digital de Castilla y León)

Características técnicas de la revista Los Vinos y los Aceites

La consulta de los números de la revista incluidos en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, una página web sostenida por el Ministerio de Cultura, y los ejemplares que se encuentran en la Biblioteca Digital de Castilla y León nos permiten conocer la estructura y la tipografía de la revista editada por Jose Hidalgo Tablada.

Como en prácticamente toda su producción editorial, iniciada a mediados de siglo XIX, José Hidalgo Tablada encargó la impresión de su revista a la sociedad Librerías de la Viuda e Hijos de D. J. Cuesta, editores, una imprenta y librería localizada en la calle Carretas, nº 9, aunque a lo largo de su extensa trayectoria contó con otras sedes e incluso otras denominaciones . 

En esta imprenta se imprimían los ejemplares de la revista con un formato muy característico en este tipo de publicaciones. En unos años en que los periódicos diarios llegaban al lector en un formato conocido popularmente como sábana*** que, por ejemplo, en el caso de uno de los diarios más vendidos La Correspondencia de España correspondía a unas medidas de 64x47 cm., la publicación de Hidalgo Tablada mostraba unas dimensiones más reducidas, de aproximadamente 30x24 cm. que favorecía un manejo más cómodo para los lectores.

Cada número de Los Vinos y los Aceites aparecía los días 1 y 15 de cada mes (24 números al año) y contaba con doce páginas. Una característica de la revista, que compartía con otras muchas revistas divulgativas similares que se imprimían en esos años, es la publicación de un índice de los contenidos aparecidos durante un año, lo que permitía a los lectores localizar los artículos de su interés un a vez encuadernados en un tomo los numeros correspondientes a cada año. De hecho, este indice anual, que se entregaba a los suscriptores con el último numero del año correspondiente, se elaboraba a partir con la numeración corrida en cada número de doce páginas y se incluía al comienzo de los volúmenes anuales encuadernados de la revista, un formato en el que han llegado la mayoría de los ejemplares que se conservan.

Por otra parte, como revista especializada, Los Vinos y los Aceites solo se distribuía entre sus lectores por el sistema de suscripción y no por números sueltos. Según se informaba en la propia publicación, la administración y distribución de la revista, así como la suscripción para los lectores de la capita,l se situaba en la sede de la librería Cuesta en la calle Carretas, 9 de Madrid. Para la suscripción de los lectores de fuera de Madrid, se indicaba que estas suscripciones se realizarían en las principales librerías de cada ciudad.

Según la consulta que hemos realizado en los volúmenes correspondientes a los años 1878, 1879, 1880 y 1881, en el último y primer número de cada año se incluía una nota para avisar a los lectores sobre la renovación de las suscripciones:

Suplicamos a los señores suscritores que deseen continuar recibiendo nuestra Revista, se sirvan renovar su suscripción; entendiéndose que todos aquellos que. no devuelvan el presente primer número del año, o no avisen cesar en aquella, continúan siendo suscritores, y abonarán el importe de esta administración. 

En los cuatro primeros años de edición de la revista los precios de suscripción apenas variaron. Según lo publicado, la suscripción por tres meses a Los Vinos y los Aceites en la capital tenia un coste de 12 reales (a un real el número, cuando un periódico diario tenía un precio de entre 5 y 10 céntimos); en provincias, la suscripción por seis meses, ascendía a 26 reales y por un año a 50 reales. Para los suscriptores del extranjero, la suscripción anual tenía un coste de 70 reales y en ultramar, según la terminología de la propia revista, 80 reales. 

En unos años en que muchos periódicos y revistas podían tener una vida efímera, Los Vinos y los Aceites se publicó durante 14 años, entre 1878 y 1894, año de la muerte de Jose Hidalgo Tablada ocurrida en su domicilio de la calle de la Iglesia de Morata. Sobre los contenidos de la revista, la repercusión en los años de su publicación y las citas que en la misma aparecían sobre el sector agrícola en Morata y la comarca trataremos en la entrega de la próxima semana.



*La mayoría de los datos biográficos sobre Jose Hidalgo Tablada -en varios textos aparece como José de Hidalgo Tablada- y su residencia en Morata los conocemos por los datos que él mismo aporta en sus publicaciones, donde era muy habitual que cite su labor como administrador de la hacienda y la bodega familiar. Más allá de estos datos, sabemos que José Hidalgo Tablada se instaló en nuestro pueblo una vez que contrajo matrimonio con Petra García Nieto. Esta vecina de Morata, perteneciente a una familia, los García Nieto, asociados con el oficio de escribanos en la villa desde finales del siglo XVIII, había enviudado antes de contraer matrimonio con Hidalgo Tablada de su primer matrimonio con Pedro Ruiz de Castañeda.


**Los ejemplares conocidos de la revista Los Vinos y los Aceites se localizan, aunque nunca la colección completa, en la Biblioteca Nacional de España (1878-1880); Hemeroteca Municipal de Madrid (1881-82, 1884, 1887, 1890, 1891); Biblioteca General de la Universidad de Granada (1881-1891), y Biblioteca particular de Joseph Fontana y Lázaro (1878 y 1887). Para realizar esta entrega del blog hemos consultado los números correspondientes a 1878, localizados en la Biblioteca digital de Castilla y León, y los publicados en el periodo 1879-1881, accesibles en la página web del Ministerio de Cultura Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.


*** El conocido popularmente como formato sábana, característico de los periódicos españoles de finales del siglo XIX y comienzos del XX, obedecía a una razón puramente económica: los impuestos que gravaban a los periódicos diarios se basaban en el número de páginas de cada publicación, de ahí que las empresas aumentaran el tamaño de cada página para así reducir el número de páginas de cada ejemplar y, como consecuencia, pagar menos impuestos.


Fuentes y bibliografía:

  • El vino, 1874-1907: dificultades para reconstruir la serie de sus cotizaciones. Grupos de Estudios de Historia Rural. Banco de España. Servicio de Estudios. Estudios de Historia Económica, nº 6-1981.

  • Expansión vinícola y atraso agrario, 1870-1900. Carnero y Abat, Teresa. Serie Estudios. Ministerio de Agricultura. Secretario General Técnica. Servicio de Publicaciones Agrarias. Madrid, 1980.

  • Volumen correspondiente al año 1878 de la revista Los Vinos y los Aceites publicado en biblioteca digital de Castilla y León. 

  • Volúmenes correspondientes a los años 1879, 1880 y 1881 publicados en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.







 

jueves, 25 de junio de 2026

Viajeros al tren... del Tajuña

Horarios y recorridos del histórico Ferrocarril de Tajuña

Hace más de setenta años, en 1953, se cerraba definitivamente al tráfico de viajeros el Ferrocarril del Tajuña. Aunque el tráfico de mercancías se mantuvo durante unos años, la clausura de la línea significó la pérdida de un proyecto ferroviario que generó grandes expectativas en los pueblos del Bajo Tajuña. Gracias al Museo Ferroviario hemos recuperado varias publicaciones que incluyen los horarios de la línea desde incluso antes de existiera como tal ferrocarril del Tajuña y sólo llegaba hasta la localidad de Arganda. Estos folletos explican de algún manera el auge y el declive de este ferrocarril en su recorrido por la comarca, e incluyen horarios, precios y duración de los distintos trayectos.


La primera referencia a los horarios y los precios del entonces conocido como Tren de Arganda corresponde al año 1898, un año en el que ya se estaban ejecutando las obras de ampliación de la línea hasta Morata. En ese año de finales de siglo en esta línea, conocida entonces como Compañía del Ferrocarril de Madrid a Arganda, se realizaban cuatro trayectos diarios, dos en cada sentido, en los que se tardaba exactamente 1 hora y 21 minos en recorrer los 27 kilómetros de distancia que existían entre la estación del Niños Jesús y la de Arganda. 

En total la linea contaba con siete estaciones, Madrid, Vicálvaro, La Fortuna, Montarco, Vaciamadrid, La Poveda y Arganda. Los precios del viaje del trayecto completo, en vagones de 1ª, 2ª y 3ª clase, oscilaban entre las 3 pesetas y 25 céntimos del trayecto completo entre Arganda y Madrid en 1ª clase, y 1 peseta y 95 céntimos del trayecto en los vagones más modestos de la 3ª clase. Estos precios se incrementaban durante los fines de semana y los viajeros podían desplazarse hasta la estación del Niño Jesus, entonces en las afueras de Madrid, desde la calle de Alcalá, nº 12, despacho central de la Compañía que, en esos años, prestaba también servicio de trasporte por carretera desde esa misma dirección a los pueblos de Perales de Tajuña, Villarejo, Tielmes, Carabaña, Ambite, Mondéjar, Campo Real y Morata.


Horarios y recorridos del Ferrocarril a Arganda en 1898 (Fuente: Museo Ferroviario).

Ampliación de la línea a Morata, Chinchón y Colmenar

En 1903 la linea del ya denominado Ferrocarril del Tajuña había ampliado su recorrido hasta Morata (julio-agosto de 1901), Chinchón (julio de 1902) y Colmenar de Oreja (enero de 1903). Esta ampliación significó el aumento hasta 64 kilómetros de la línea ferroviaria que recorría la distancia entre Madrid y Colmenar de Oreja en 3 horas y 20 minutos en los trenes correo y mixto (2 horas y 12 minutos desde y hasta Morata), y 4 horas y 40 minutos en el tren de mercancías que también admitía viajeros en coches de 3ª clase (3 horas y 23 minutos hasta Morata). 

Los precios en el trayecto completo entre Madrid y Colmenar de Oreja oscilaban entre las 4 pesetas del trayecto en primera y las 2 pesetas y 45 céntimos en vagones de 3ª clase (Morata, 3 pesetas y 30 céntimos en primera y 1 peseta y 90 céntimos en tercera).

En este año de 1903 la Compañía del Ferrocarril del Tajuña ofrecía billetes especiales de ida y vuelta entre Morata y Colmenar de Oreja, y viceversa, por 3 pesetas y 60 céntimos en 1ª ,y 2 pesetas y 15 céntimos en 3ª. (3 pesetas y 15 céntimos en 1ª, y 1 peseta y 90 céntimos en 3ª entre Morata y Chinchón).



Horarios y recorridos del Ferrocarril del Tajuña en 1903 (Fuente: Museo Ferroviario).

Ampliación de la linea hasta Orusco

En 1911 la linea ya había ampliado su recorrido hasta Perales, Tielmes, Carabaña y Orusco desde el año anterior de 1910. Esta ampliación de la línea tenía como principal hito ferroviario la estación de Tajuña. En dicha estación, situada a medio camino entre Morata y Perales de Tajuña, los trenes podían seguir bien hasta Chinchón y Colmenar de Oreja, o seguir remontando el curso del Tajuña hasta el límite de la provincia de Madrid con la de Guadalajara. Mientras que el ramal hasta Colmenar de Oreja mantenía los seis trenes diarios, tres en cada dirección, el nuevo ramal de 19 kilómetros hasta Orusco ofrecía dos trenes en cada sentido. 

Los precios oscilaban las 2 pesetas y 40 céntimos entre Tajuña y Orusco en 1ª clase y 1 peseta y 45 céntimos en 3º clase, (naturalmente, los viajeros que viajaban hasta Madrid debían abonar el billete desde la estación de Tajuña hasta la estación del Niños Jesús en Madrid). 

Por otra parte, hay que rersaltar que en 8 años el precio de los billetes en 1º clase desde Madrid hasta Colmenar habían aumentado 60 céntimos desde las 4 pesetas del billete en 1903 a las 4 pesetas y 60 céntimos de 1911.

El cuadro de horarios recogía también el trasbordo que debía efectuar los viajeros de Perales, Tielmes, Carabaña y Orusco en la estación de Tajuña:

EI trayecto completo de Madrid a Tajuña y de Tajuña a Madrid, véase en el itinerario anterior (…) los viajeros para o de Perales y Tielmes cambiarán de tren en Tajuña.

En ese año la compañía ofrecía a los viajeros no sólo viajes de ida y vuelta a precios reducidos sino que también sacaba a la venta abonos:

Hay establecidos billetes de ida y vuelta á precios reducidos. desde Madrid a Vicálvaro, Vaciamadrid, Poveda, Arganda, Morata, Tajuña, Perales y Tielmes, Chinchón y Colmenar y viceversa, y entre dichas estaciones intermedias. Estos billetes se expenden diariamente (…).

Se expenden billetes de abono de 20 y 30 cupones a precios, reducidos, valederos por

veinte y treinta días, desde Madrid a las demás estaciones o viceversa.

Horarios y recorridos del Ferrocarril del Tajuña en 1911 (Fuente: Museo Ferroviario).

Ampliación de la línea hasta la localidad de Alocén

En 1930 la linea del Ferrocarril del Tajuña ya había cambiado, desde el mes de abril de 1919, su denominación por la de Compañía del Ferrocarril de Madrid a Aragón. Este cambio en la razón social de la Compañía no era casual, era la confirmación de la intención de la empresa de enlazar el Ferrocarril del Tajuña con la estación turolense de Caminreal. Ese proyecto se materializó en la progresiva construcción de nuevos kilómetros de la línea ferroviaria y la apertura de las estaciones, ya situadas en la provincia de Guadalajara, de Mondéjar, Pozo de Almoguera y Yebra (1916), San Rafael, Almonacid-Zorita, Sayatón-Bolarque, Anguix, Auñon (1919), Sacedón (1921) y Alocén. Al llegar a esta última localidad, la línea ferroviaria contaba con 143 kilómetros. Aunque el ferrocarril Madrid-Aragón aún se encontraba, aproximadamente, a mitad de recorrido de su destino final y ya estaba proyectada su llegada hasta Cifuentes, los responsables y propietarios del ferrocarril ya se cuestionaban la viabilidad de este ambicioso proyecto. 

A esas alturas de 1930, el ferrocarril prestaba dos servicios (mixto y correo) en cada sentido entre Madrid y Colmenar de Oreja, con vagones de 1ª, 2ª y 3ª, con precios para todo el trayecto de 8 pesetas y 15 céntimos en 1ª, y 4 pesetas y 90 céntimos en 3ª (para los viajes desde y hasta Morata los precios oscilaban entre 5 pesetas y 55 céntimos y 3 pesetas y 35 céntimos en 12ª y 3ª respectivamente). El tiempo total del trayecto entre las estaciones de Madrid y Colmenar de Oreja llegaba a las 3 horas y 20 minutos (2 horas y 16 minutos hasta y desde Morata a Madrid).

El servicio ferroviario hasta Madrid desde Alocén también ofrecía en 1930 dos servicios (mixto y correo) por cada sentido, y la duración total del viaje, con el trasbordo obligatorio en Tajuña, llegaba hasta las 6 horas y 50 minutos. El precio para todo el trayecto oscilaba entre las 17 pesetas y 60 céntimos del billete entre Alocén y Madrid en 1ª y las 10 pesetas y 55 céntimos en 3ª.


Horarios y recorridos del Ferrocarril de Madrid a Aragón en 1930 (Fuente: Museo Ferroviario).

El ferrocarril del Tajuña tras la Guerra Civil

Finalizada en 1939 la Guerra Civil, el servicio del ferrocarril en la comarca se reanudó prácticamente un año después, el 9 de abril de 1940. Situado en pleno frente de la Batalla del Jarama, el ferrocarril sufrió las consecuencias de la guerra que afectaron no sólo a sus infraestructuras y material móvil -como el hundimiento del puente del ferrocarril sobre el Jarama por parte de los republicanos poco antes de finalizar la guerra-, sino también el descenso de viajeros por la reducción de la actividad económica y el progresivo aumento de las líneas de transporte de viajeros por carretera. 

La consecuencia inmediata de la precaria situación económica del país y de la compañía fue la reducción de los trayectos ferroviarios a un solo servicio por sentido, entre Madrid y Colmenar de Oreja y Madrid y Alocén, y a la retirada de los vagones de 1ª clase. 

Curiosamente y con estos condicionantes en contra, la duración del viaje entre Madrid y Colmenar de Oreja se redujo a 2 horas y 44 minutos, unos 40 minutos menos que en 1930, mientras que el viaje entre Morata y Madrid se hacía en 1 hora y 42 minutos, 34 minutos menos que en 1930. 

Entre Madrid y Alocén el viaje se extendía durante 6 horas y t3 minutos, con el obligado trasbordo en Tajuña, con una reducción de 47 minutos en comparación con la duración del trayecto en 1930.

En cuanto a los precios -recordemos que se habían suprimido los vagones de 1ª- el trayecto completo entre Colmenar de Oreja y Madrid en vagones de 2ª tenía un precio de 6 pesetas y 15 céntimos (4 pesetas y 20 céntimos hasta y desde Morata a Madrid), y 4 pesetas y 75 céntimos en 3ª clase (3 pesetas y 15 céntimos desde Madrid y hasta Morata).


Horarios y recorrido del Ferrocarril del Tajuña en 1942. (Fuente: Museo Ferroviario).

El ferrocarril en los años previos al cierre de 1953

En el año 1944 el Ferrocarril ya había recuperado los dos servicios en cada sentido pero, extrañamente, la duración del viaje había aumentado y por ejemplo, entre Morata y Madrid el trayecto de realizaba en 2 horas y 54 minutos. En 1946, de nuevo se redujo el servicio a un único trayecto diario en ambos sentidos y el ferrocarril solo llegaba hasta la estación de Auñón debido a que la construcción del pantano de Entrepeñas impedía la llegada hasta Alocén. Desde Madrid el tren salía a las 19 horas (llegada a Morata a las 21 horas y 4 minutos) y desde Auñon a las 3 horas. 

En 1952 justo meses antes del cierre definitivo de la línea, un único servicio por cada sentido recorría la línea entre Madrid y Colmenar de Oreja y Madrid y Auñon. El cuadro de horarios no incluía ya ni el precio de los billetes ni qué tipo de vagones prestaban el servicio del ferrocarril. 

Horarios y recorrido del Ferrocarril del Tajuña en 1951

En la ponencia Los fracasos del ferrocarril madrileño: los casos del Ferrocarril Madrid-Almorox y del Ferrocarril del Tajuña, presentada en el II Congreso de Historia Ferroviaria (Aranjuez, 2001), se recogen algunas de las causas que originaron el cierre de este ferrocarril:

(…) La creciente competencia de la carretera, la creación de un servicio de autobuses más rápido y fiable que el ferrocarril hizo que, poco a poco, la línea fuera languideciendo. La construcción del embalse de Entrepeñas anegó y, obviamente, clausuró el tramo final entre Auñón y Alocén (1943). Pero las cifras eran cada vez más duras y la empresa ferroviaria abandonó el servicio de viajeros el 1 de abril de 1953.

Esta escasez de viajeros también se entiende por la baja demografía de las comarcas que atravesaba la línea ferroviaria, tal como se expone en la ponencia citada. A primeros del siglo XX la población de los municipios a los que llegaba por entonces el tren sobrepasaban ligeramente los 36.000 habitantes, en 1930 esta cifra alcanzaba los 41.459 habitantes y ya en 1950, a unos meses del cierre de la línea, los habitantes de los pueblos a los que llegaba el tren habían disminuido hasta los 41.151 habitantes. 

La certificación de la muerte del servicio de viajeros que prestaba la Compañía del Ferrocarril del Tajuña llegó por la vía del Boletín Oficial del Estado. En su edición del 1 de febrero de 1952 se publicaba un decreto de cierre que, significativamente, incluía el siguiente texto:

(…) La compañía de Madrid a Aragón es hoy deficitaria, debido en primer término, al peso económico de la línea de Orusco a Alocén, y además, a que el tráfico de viajeros que se hacía en las demás líneas ha pasado a las carreteras, produciendo una caída vertical de ingresos desde once millones de pesetas en mil novecientos cuarenta y cuatro a dos millones en mil novecientos cincuenta y uno, lo que muestra su tendencia a desaparecer, sin que se vea medio aconsejable recuperarlo (…).

Ante un diagnóstico tan difícil y pesimista el cierre definitivo tuvo lugar unas semanas después, el 9 de abril de 1953, cuando se realizó el último trayecto en un tren en el que, según se recuerda, se trasladó a Madrid un contingente de soldados que se incorporaban al servicio militar.


Fuentes y bibliografía:

  • Guía de Horarios. Colecciones digitales del Museo Ferroviario. Fundación de los Ferrocarriles Españoles.

  • Los fracasos del ferrocarril madrileño: los casos del Ferrocarril Madrid-Almorox y del Ferrocarril del Tajuña. Jiménez Vega, Miguel; Polo Muriel, Francisco. Fundación de Ferrocarriles Españoles. II Congreso de Historia Ferroviaria. Aranjuez, 2001. 

  • Boletín Oficial del Estado 1 de febrero de 1953.



 

jueves, 18 de junio de 2026

USOS Y COSTUMBRES

El duro trabajo de las nodrizas en el Madrid del siglo XIX

Varias vecinas de Morata ejercieron como nodrizas de niños acogidos en la Inclusa madrileña

La mortalidad entre los expósitos era muy elevada y muchos no superaban el año de edad 

Durante el siglo XIX, el abandono de menores y la acogida de los mismos en instituciones como la Real Casa de Niños Expósitos planteaba a las autoridades varios retos. Uno de ellos, y no menor, era conseguir que sobrevivieran los acogidos de menor edad. Con semanas o incluso días de vida cuando eran abandonados no resultaba fácil sacar adelante a estos expósitos sin el concurso de las mujeres que se convertían en sus nodrizas. Si la pasada semana tratábamos sobre los menores que, según la documentación de la época, fueron abandonados en Morata, en la entrega de esta semana tratamos sobre las vecinas que la villa que ejercieron como nodrizas de los expósitos que les entregaban en la Inclusa a cambio de una escasa compensación económica.


La documentación conservada en la antigua Diputación Provincial de Madrid, antecedente institucional de la Comunidad Autónoma de Madrid, responsable de la conservación de este patrimonio documental, nos ofrece la posibilidad de conocer quiénes fueron estas mujeres vecinas de Morata que se dedicaron a atender a la crianza de los internos acogidos en la Real Casa de Expósitos de Madrid, conocida popularmente como la Inclusa.

El rastro documental de estas morateñas en los archivos de la Diputación Provincial de Madrid es especialmente abundante desde mediados del siglo XIX. De estos años no solo se conservan los datos y circunstancias personales de estas nodrizas (estado civil, edad, nombre del marido...) sino también todo una sucesión de certificados y documentos oficiales que recogían la actividad de unas mujeres que, para demostrar que podían ejercer como nodrizas, debían de afrontar todo un entramado burocrático en el que intervenían desde la iglesia hasta los ayuntamientos, los juzgados municipales y hasta los médicos que debían certificar su condición de madres recientes y su idoneidad para afrontar la lactancia de los acogidos en la Real Casa de Niños Expósitos.

En relación con estas nodrizas vecinas de Morata en 1850 vemos como José Robredo, en ese año alcalde constitucional, certifica la buena conducta de Fructuosa Aguirre, aspirante a ejercer como nodriza de acogidos en la Inclusa madrileña, por esos años localizada en la calle de Mesón de Paredes: 

Don José Robredo, alcalde constitucional de esta Villa de Morata, partido de Chinchón y provincia de Madrid.

Certifico: que Fructuosa Aguirre, natural de esta Villa y de edad de treinta y dos años, de estado casada con Tomás Molino, de la misma edad y oficio jornalero, han observado y observan buena conducta tanto en lo político como en lo moral sin que se tenga notica de que ni el uno ni el otro hayan sido reprendidos por tribunal alguno. Y para que se pueda acreditar en la casa nacional de la Inclusa de la Villa y Corte de Madrid doy el presente que firmo, sellado y refrendado por el secretario del Ayuntamiento de esta Villa de Morata a once de septiembre de mil ochocientos cincuenta (...).

La participación de los alcaldes de la villa a la hora de certificar la idoneidad de las vecinas de Morata para criar a los acogidos de la Inclusa madrileña se extiende durante todo el siglo XIX, especialmente en su segunda mitad. En 1851, Benito Sánchez Bravo extiende el correspondiente certificado a solicitud de una viuda, Dorotea Vázquez, que expone también su aspiración a convertirse en nodriza:

D. Benito Sánchez Bravo, alcalde primero constitucional de esta Villa de Morata de Tajuña.

Certifico: que Dorotea Vázquez, de estado viuda, se ha presentado ante mí pretendiendo le facilite la presente en la que conste que es robusta tal viuda, de buena conducta y que ha educado y criado con todo esmero y aseo a los hijos que ha tenido, para con ella presentarse en la Inclusa Nacional, solicitando se la dé un expósito y como las expresadas [circunstancias] me consta concurren en la referida Dorotea y a más sean públicas le facilito la presente para que las pueda acreditar, que firmo y sello con el de la Alcaldía de Morata a trece de abril de ochocientos cincuenta y uno (...).

Los alcaldes también debían confirmar la condición de madre reciente de las solicitantes así como la muerte de su hijo o hija por lo que estaban en disposición de afrontar la lactancia de los expósitos: 

Don Benito Sánchez Bravo, alcalde primero constitucional de esta Villa

Certifico que María Jiménez mujer de Ángel Moreno de esta vecindad y con dos hijos de diez y doce años de edad ha observado siempre buena conducta habiendo criado bien a sus referidos hijos, y que hace diez días se le murió el último que lo verificó en el mismo día en que en que nació. Y para que conste y a su petición doy la presente sellada con el de esta alcaldía en Morata de Tajuña a dos de julio de mil ochocientos cincuenta y cinco (...).

Certificado de buena conducta de una vecina de Morata para poder ejercer como nodriza (Fuente: Archivo Diputación Provincial de Madrid)

Los certificados firmados por los alcaldes de la villa necesariamente iban acompañados de otra certificación, en esta caso la de los curas párrocos. Como en el caso de los alcaldes, los párrocos de Morata no sólo avalaban la buena conducta y la moralidad de las aspirantes a nodriza sino que también, y al menos hasta la creación de los registros civiles, acreditaban que estas vecinas habían visto como sus propios hijos habían fallecido según se acreditaba por el libro de enterramientos en el cementerio municipal que se gestionaba desde la parroquia de Morata: 

El infrascrito cura propio de la parroquia de Morata de .la provincia de Madrid .

Certifico que María Estarás mujer legítima de Gabriel López, natural y vecina de esta villa, es de buena conducta y se la [sic] puede entregar para su lactancia alguna criatura de la Inclusa. Morata, veinte y nueve de agosto de mil ochocientos sesenta y seis.

Para conseguir acceder a la condición de nodriza en la Inclusa era necesario un tercer aval, el que firmaban los médicos titulares de los lugares de residencia de estas mujeres. En este caso, más que la buena conducta los médicos eran los que, por su profesión, podían garantizar que las futuras nodrizas podían afrontar la crianza de los expósitos por su buena salud y condición de madre reciente:

El infrascrito, licenciado en Medicina y Cirugía, médico titular de esta Villa de Mora de Tajuña.

Certifico que Petra García, casada, natural y vecina de la misma goza de buena salud y robusta y tiene leche buena y abundante de veinte y seis meses a fecha.

Para que conste firma la presente en Morata de Tajuña, 2 de diciembre de 1876.

José Gadea. 

El compromiso de las nodrizas y la elevada mortalidad de los acogidos

Cuando las mujeres interesadas conseguían las certificaciones exigidas, del alcalde o del juzgado, del cura párroco y del medico, ya contaban con los requisitos exigidos y la Real Casa de Niños Expósitos podían entregarles a alguno de sus acogidos recién nacidos o de unos meses de edad para que pudieran desempeñar su función de nodrizas.

Carmen Sarasúa, en Salarios que la ciudad paga al campo: las nodrizas de las inclusas en los siglos XVIIIy XIX, ha estudiado las circunstancias en que se desarrollaba la labor de estas mujeres en su tarea de criar a los menores abandonados, un trabajo en el que se distinguían claramente dos etapas: la de lactancia propiamente dicha, que se se extendía hasta los diez y ocho meses de edad, y la del destete, o de media leche, el periodo comprendido desde el final de la lactancia hasta el momento en que el niño o la niña eran devueltos a la Inclusa. Estos dos periodos estaban claramente diferenciados, no sólo en cuanto a la edad del menor sino también en la recompensa económica que recibían las nodrizas: unos treinta reales por mes (1850-1860) durante la lactancia y diez y ocho reales en el periodo de destete. Según otras fuentes, como el diario digital Nueva Tribuna, el salario de las nodrizas avecindadas en los pueblos de la provincia de Madrid era ligeramente superior, unos 60 reales mensuales, que los de las nodrizas residentes en la capital, con un salario en torno a los 50 reales mensuales.

Bárbara Ana Revuelta, en Los usos de la inclusa de Madrid, mortalidad y retorno a principios del siglo XX, trata sobre el pago de esta especie de salario que recibían las nodrizas, casi siempre mujeres de escasos recursos económicos que utilizaban la retribución de la Inclusa como un ingreso más del núcleo familiar:

Las mujeres que querían lactar a un niño de la Inclusa acudían a la institución, donde se les adjudicaba un expósito y se les daba un documento por el que se les debía pagar trimestralmente. Dado que la mayor parte de ellas venían de pueblos de las provincias aledañas a Madrid, no estaban en disposición de acudir a la capital a cobrar cuando les correspondía y contrataban los servicios de unos agentes intermediarios. Estos agentes adelantaban el pago a las amas en especie en las tiendas que ellos mismos poseían o gestionaban y luego se encargaban de reclamar el dinero ellos mismos a la administración, lo que ponía a las amas en una vulnerable posición ante abusos (...). 

El abono de estos pagos no siempre se hacían en tiempo y forma y los retrasos resultaban más habituales de lo que las nodrizas hubieran deseado. La Diputación Provincial de Madrid era la institución responsable de estos atrasos que, según recoge Bárbara Ana Revuelta en su trabajo, se produjeron según esta documentado en los años 1868, 1876, 1883, 1885, 1887 y 1889.

Estos problemas económicos y la falta de los compromisos adquiridos por parte de las instituciones no evitaban que estas mismas instituciones exigieran a las nodrizas y a las autoridades del pueblo en el que dieran regularmente cuenta del estado y la situación de los menores que tenían acogidos. Al igual que sucedía a la hora de certificar la idoneidad física y moral de las aspirantes a nodrizas, los ayuntamientos y los curas párrocos emitían los documentos oportunos que certificaban que los niños y niñas entregados por la Inclusa se encontraban en buen estado: 

Los infrascritos Alcalde y cura párroco de esta villa de Morata certificamos que la expósita Ignacia nº 4717 procedente de la inclusa de Madrid, a cargo de Fructuosa Aguirre mujer de Tomás Molino, de esta vecindad, vive en el día de la fecha en esta vecindad, está buena y bien cuidada conservando su respectivo collar. Y por ser verdad, firmamos la presente en dicho pueblo de Morata a treinta de noviembre de 1850. 

El alcalde: José Robredo.

El cura: Felipe Pérez.

Este documento, expedido por el alcalde y el cura párroco, confirma en este caso el buen estado de una de las expósitas acogida por un matrimonio de vecinos de Morata y servía para que la Real Casa de Niños Expósitos añadiera este documento al expediente, en este caso, de una niña llamada Ignacia. La necesidad de constatar que los expósitos seguían con vida y en buen estado de salud en los domicilios de acogida era una consecuencia de una realidad extremadamente dolorosa: la elevada mortalidad entre estos niños y niñas tutelados por la Inclusa y entregados para su crianza en domicilios particulares. 

En la documentación que hemos consultado, procedente como ya hemos reseñado de los fondos de la antigua Diputación Provincial de Madrid, aparece en un lenguaje típicamente burocrático que seguramente no recoge en toda su crudeza la trágica situación de estos menores abandonados como se demuestra con la relación de los expósitos que, entregados a nodrizas morateñas durante la segunda mitad del siglo XIX, no lograron sobrevivir a este periodo de su vida. En 1850, por ejemplo, aparecen nada menos que tres casos de expósitos fallecidos en Morata según certifican las autoridades civiles y religiosas de la villa:

(…) El infrascrito cura propio de la Parroquia de esta Villa de Morata de Tajuña, en la Provincia de Madrid, certifico: que en el libro corriente de difuntos al folio 265 se halla la siguiente partida.

Felisa, expósita de la Inclusa de Madrid.

En el campo santo de esta Villa a veinte de marzo de mil ochocientos cincuenta, yo el cura propio de la Parroquia de la misma mandé dar sepultura al cadáver de una niña de mes y medio de edad que había fallecido de una gastritis crónica a la una de la noche del día anterior, la cual se llamaba Felisa y la estaba criando María Estarás natural y vecina de esta Villa, y lo firmo. Félix Pérez. [Párroco de Morata].

El mismo cura párroco expidió sendas partidas de defunción de un niño y otra niña que recibieron sepultura en el cementerio de Morata el seis de julio y el 28 de n0viembre de ese mismo año de 1850. En ambos casos los fallecidos, de nombre Jorge y Cayetana, no superaban los dos meses de edad y fallecieron por dos de las enfermedades más letales en esta época para los recién nacidos: gastroenteritis en los meses de verano y neumonía en los meses más fríos.

Mario César Sánchez Villa, autor de ·Los hijos del vicio”. El problema del niño expósito y la modernización de la Inclusa en España durante el cambio de los siglos XIX y XX, recoge en su trabajo la elevada mortalidad a la que exponían los acogidos en la Inclusa y también aquellos recién nacidos que eran entregados para su crianza a las nodrizas.Sobre esta dura situación, señala:

(…) Finalizado el siglo XVIII, la mortalidad en la Inclusa de Madrid siguió siendo una constante, pero iniciado el periodo liberal el agravio comparativo se hizo especialmente hiriente. Mientras que las grandes ciudades europeas vieron descender la mortalidad de los expósitos hasta prácticamente el 50% de los asilados anuales, las ciudades como Madrid rara vez bajaron del 80% (…).

Estas cifras resultan efectivamente escandalosas en una ciudad como Madrid en la que, con las oscilaciones lógicas en cada uno de los años, se registraban anualmente durante el siglo XIX entre 1.000 y 1.800 abandonos de menores que eran acogidos en la Inclusa y más tarde asignados a las familias de las nodrizas en el caso de los recién nacidos y que, tal como hemos visto y recoge la documentación, afrontaban un periodo especialmente crítico de supervivencia en su primer año de vida.

De hecho, en los expedientes de acogidos por nodrizas en Morata durante esos años de la segunda mitad del siglo XIX en 1851, en 1871 y en 1886 se registran las partidas de defunción de otros tres expósitos fallecidos antes de cumplir el año de vida. Segundo (fiebre mesentéricas), Gregorio (bronquitis) y Manuela (gastroenteritis ulcerosa), fallecieron antes de cumplir ese peligroso y y letal primer año de edad. Yde hecho, entre toda la documentación consultada solo uno de los expósitos acogidos por una vecina de Morata superó el primer año de edad, aunque finalmente también falleció sin alcanzar los cuatro años:

En el campo santo de esta villa de Morata a veinte y uno de octubre de mil ochocientos sesenta y cinco, yo el cura propio de la parroquia de esta misma mandé dar sepultura al cadáver de un niño de tres años y medio de edad llamado Felipe que falleció ayer de una gastroenteritis agudísima, hijo de la Inclusa de Madrid y se hallaba al cuidado de María Estarás, mujer de Gabriel López del Toro, vecinos de esta villa . Y lo firmo. Félix Pérez.


Fuentes y bibliografía:

  • Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1850–1860. ARMC-027-0013-0007792-002.

  • Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1850–1851. ARMC-027-0013-0007793-001.

  • Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos mayo de 1855–noviembre de 1856. ARCM-027-0013-0007807-002.

  • Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1850–1860. ARCM-027-0013-000-7791-001.

  • Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1862–1872. ARCM-015-0477-0007835-003. 

  • Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1877. ARCM- 015-0477-0080254-002.

  • Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1885–1886. ARCM-015-0477-0008317-002.

  • Sarasúa Garcia, C.(2021).Salarios que la ciudad paga al campo: Las nodrizas de las inclusas en los siglos XVIII y XIXhttps://ddd.uab.cat/record/287653.

  • Diario digital Nueva Tribuna: “Las nodrizas de la Inclusa madrileña en el XIX. Montagut, Eduardo. (Consultado el 15 de junio de 2026).

  • REVUELTA, B. A. Los usos de la inclusa de Madrid, mortalidad y retorno a principios del siglo XX (1890-1935). Universidad Complutense de Madrid [en línea]. 2011.

  • Sánchez Villa M. C. (2016). “Los hijos del vicio”. El problema del niño expósito y la modernización de la Inclusa en España durante el cambio de los siglos XIX y XX. Cuadernos de Historia Contemporánea38, 325-352. https://doi.org/10.5209/CHCO.54302.

  • Historia de la Inclusa de Madrid vista a través de los artículos y trabajos históricos años 1400-2000. Espina Pérez, Pedro. Oficina del Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid. Madrid, 2005.



jueves, 11 de junio de 2026

USOS Y COSTUMBRES

(…) yo el cura bauticé solemnemente a un niño expósito que fue hallado desnudo en una espuerta (…)

El problema del abandono de recién nacidos en el siglo XIX

Casos documentados en Morata de niños expósitos

Al menos desde finales del siglo XVI (1580) la Real Casa de Niños Expósitos de Madrid, conocida desde su fundación popularmente como la Inclusa recogió en sus distintas instalaciones a los niños y niñas abandonados en la ciudad y en los pueblos del entorno de la capital. A esta institución llegaron muchos niños y niñas nacidos en Morata y, en muchos casos, abandonados. Procedentes de familias pobres o de madres solteras, huérfanos o directamente abandonados, estos menores generaron una amplia documentación que se conservó en la antigua Diputación Provincial de Madrid. Hemos consultado estos legajos para encontrar varios relacionados con Morata durante todo el siglo XIX, cuando instituciones como la Iglesia, el Ayuntamiento o el Juzgado municipal debían afrontar este grave problema social.


Solo unos semanas después de que, el 30 de noviembre de 1833m se creara la Diputación Provincial de Madrid hemos encontrado unos documentos que recogen el caso de un niño bautizado en la iglesia de Morata con el nombre de Baltasar, hijo de un matrimonio de indigentes que recorría los pueblos de la comarca que quedó huérfano de madre tras el parto y que, como veremos más adelante, fue enviado a la Inclusa madrileña unos días después. 

Este caso del nacimiento de un niño que fue enviado a la Inclusa no fue el primero que hemos documentado en el siglo XIX. Unas décadas antes, en 1811, en plena guerra de la Independencia, un recién nacido fue abandonado en la calle y bautizado en la iglesia de Morata por su capellán Vicente García:

Certifico yo el cura propio de esta iglesia parroquial de esta Villa de Morata que en el libro corriente de bautizados en ella (…) se halla una partida del tenor siguiente: en la iglesia parroquial de esta Villa de Morara en veinte y cuatro de octubre de mil ochocientos once Vicente García, capellán de su cabildo con licencia del señor cura propio, bauticé solemnemente subconditione a Antonia recién nacida que la mañana antecedente amaneció expuesta a la ventana de Valentín de la Torre, de esta vecindad, de padres no conocidos. Fue su madrina Benita Humanes y lo firmé.

Don Vicente García [capellán de la parroquia de Morata].

Don Martín de San Martín Navarrete [Cura propio de la parroquia de Morata].

La aparición de recién nacidos abandonados fue una escena dramáticamente repetida a lo largo de la historia. La creación de instituciones oficiales para intentar abordar este problema social, con escasos medios casi siempre, no deja de ser la demostración de hasta que punto las autoridades se veían desbordadas. En 1580 la constitución de la Real Casa de Niños Expósitos de Madrid, que ya hemos mencionado, responde a esta necesidad social de atender a estos niños abandonados, huérfanos o procedentes de familias con escasos recursos. 

En la documentación consultada, además de la niña abandonada en 1811, hemos localizado varios casos más durante todo el siglo XIX. En 1833 se documenta un nuevo abandono de lo que por entonces se conocían como expósitos, en este caso una niña aparecida en la puerta de la iglesia:

El licenciado D. Nicolás Lorenz de Prada, cura propio de esta Villa de Morata de Tajuña

Certifica que en el día treinta y uno de marzo del presente año de mil ochocientos treinta y tres bauticé solemnemente a una niña expósita que apareció en la mañana del mismo día a la puerta principal de esta Iglesia Parroquial y se le puso por nombre María Ramos de la Iglesia, fue su madrina Ana María Gómez, mujer legítima de Miguel Oliva, vecinos de esta Villa a quien se le advirtió del parentesco espiritual y demás obligaciones contraídas y para que conste, lo firmo:

Licenciado Nicolás Lorenzo de Prada, párroco.

La certificación de que el niño o niña abandonado había recibido el bautismo aparece como el primer trámite obligado para iniciar todo el proceso burocrático que desencadenaba la aparición de un menor abandonado. De hecho, en la mayoría de los casos una nota manuscrita aclaraba si el menor en cuestión había recibido un sacramento que, al menos para la sociedad de la época, aseguraba la salvación eterna del menor que había llegado al mundo con la escasa fortuna de ser abandonado al poco de nacer. Otro caso de abandono, en este caso de un niño, recoge en la documentación del año 1844 la existencia de una papeleta que aseguraba que el niño va sin agua:

(...) en la Iglesia parroquial de Santa María de la Villa de Morata hoy veinte y cinco de diciembre de mil ochocientos y cuarenta y cuatro, yo el cura propio de ella bauticé solemnemente a un niño expósito al que puse por nombre Manuel que fue hallado desnudo en una espuerta esta mañana a las dos a la puerta de la cueva en que habita Esteban García Duque quien le oyó llorar y recogió. No se halló seña alguna sino solo una papeleta que se une a la copia de esta partida para remitir con el niño a la Inclusa de Madrid, y dice así: “va sin agua [sic] del bautismo (…).

Este caso, ocurrido en fecha tan significativa como la mañana de Navidad, reúne muchas de las circunstancias asociadas a estos abandonos: un niño desnudo y llorando, abandonado en una espuerta a la puerta de una cueva y recogido por un vecino que inmediatamente lo lleva a bautizar en una ceremonia en la que era habitual que actuaran como padrinos quienes habían hallado a la criatura abandonadal.

Remisión de los niños abandonados a la Inclusa de Madrid

En todos estos casos que hemos recogido de menores abandonados por sus progenitores,t ras el obligado trámite de administrarle en la iglesia parroquial de Morata el sacramento del bautismo, las instituciones tomaban la iniciativa para remitir al menor abandonado y de padres desconocidos a la Real Casa de Niños Expósitos de Madrid, popularmente conocida como Inclusa. El Ayuntamiento como máxima institución civil y el propio juzgado municipal eran, por ley, quienes se encargaban de este traslado que como, según se recoge en la documentación, estaba perfectamente reglado, tanto en los trámites burocráticos como en los medios económicos y humanos destinados a llevar al niño o niña hasta la capital. Hemos encontrado la documentación de la remisión a la Inclusa madrileña de varios menores abandonados en distintas circunstancias en Morata. En 1839, por ejemplo, el Ayuntamiento de Morata envía a la Real Casa de Niños Expósitos a una niña encontrada a las afueras de la villa:

En 3 de marzo de 1839 se recibió en esta Inclusa una niña que remitió la villa de Morata con oficio del Sr. alcalde constitucional y certificación de D. José Moreno Montalvo, cura de aquella parroquia, por lo que consta haber sido hallada en la mencionada villa en las afueras del pueblo, recién nacida y sin papel ni noticia alguna, y que al siguiente día fue bautizada en la citada parroquia con el nombre de arriba.

La documentación recoge también como Manuel, el niño abandonado en una espuerta a las puertas de una cueva de Morata en la mañana de Navidad de 1844, fue enviado a la Inclusa junto con la dotación económica de los cuatro ducados a que obligaba la legislación:

Alcaldía Constitucional de Morata.

En la próxima anterior noche fue hallado y recogido un niño expósito abandonado a la puerta de calle de un vecino de esta Villa y habiéndole administrado el sacramento del bautismo según se acredita por la adjunta partida he dispuesto su remisión a esa Casa de Piedad con los cuatro ducados que en semejantes casos deben (…) de cuya entrega espero que V.S. se sirvan comunicar recibo. (…)

Morata y diciembre 25 de 1844.

Pablo Fominaya. 

En todos estos casos se desconocía quiénes eran los padres de los menores abandonados en Morata que eran enviados a la inclusa madrileña. La casuística y la documentación, sin embargo, nos muestran otras situaciones en las que las instituciones se hacían cargo de los menores por distintas circunstancias, y no necesariamente abandonados y casi siempre asociadas a la pobreza de sus progenitores. Para conocer cómo actuaban estas administraciones y las distintas actuaciones que se seguían volvemos al año 1834 y al nacimiento en Morata de Baltasar, hijo de un matrimonio integrado por dos transeúntes pobres, cuya madre falleció durante el parto.

Partida bautismal de un expósito enviado desde Morata a la Inclusa de Madrid (Fuente: Archivo Diputación Provincial de Madrid)

Tras el nacimiento en Morata de este niño la primera institución en actuar, como ocurría prácticamente en todos los casos, fue la Iglesia, encargada de atender las urgencias espirituales de la criatura:

(…) En la Iglesia Parroquial de la Purísima Concepción de María Santísima de esta Villa de 

Morata de Tajuña en siete de enero de mil ochocientos treinta y cuatro yo, D. Benito Serrano cura ecónomo de la misma, bauticé solemnemente a un niño que nació el día de ayer y se le puso por nombre Baltasar, hijo legítimo de Ramón Martínez, natural de Belmonte en La Mancha y de Aquilina Ramírez, que actualmente es difunta, natural de Tres Juncos, diócesis de Cuenca, abuelos paternos Antonio y Ángela Castillo y maternos José y Bárbara Morales de la expresada villa de Belmomte se hallaban actualmente en esta villa de Morata en clase de pordioseros, fue su madrina Eusebia Ayala a quien advertí el parentesco espiritual y demás obligaciones contraídas y lo firmé (…).

El bautismo de Baltasar no responde, como en los anteriores casos que hemos reseñado, a la aparición de un recién nacido abandonado. Sus padres no abandonaron a su hijo pero, además de la pobreza que les obligaba a pedir limosna como transeúntes por los pueblos, Baltasar sufrió la desgracia de la perdida de su madre durante el parto, tal como se explica en la partida bautismal. En estas circunstancias dramáticas las instituciones civiles se hicieron cargo del niño. En ausencia del alcalde de Morata, Joseph Robredo como regidor (concejal) del Ayuntamiento firma el documento en el que se describe la situación de Baltasar y se determina su remisión a la Inclusa madrileña, adonde sería conducido, según se deduce del documento expedido por el alcalde en funciones, por el propio padre:

Don Joseph Robredo (...) y D. Benito Serrano, cura ecónomo de la misma: certificamos que Ramón Martínez, natural de Belmonte en La Mancha y residente en la actualidad en esta Villa como transeúnte es un pobre de solemnidad, indigente y constituido en la mayor miseria, habiendo fallecido en el día antepróximo de resultas de sobreparto su mujer, Aquilina Ramírez, por cuya razón y no serle posible criar al recién nacido sale a conducirle a la Real Casa de Niños Expósitos de Madrid y para que conste todo así al director de dicho establecimiento a petición de la parte interesada le damos la presente que firmamos en Morata a ocho de enero de mil ochocientos treinta y cuatro. 

El documento anterior es refrendado por el propio Juzgado Municipal que reitera la situación del recién nacido y su remisión a la Inclusa en base a las circunstancias familiares de pobreza y a la muerte de la madre en el parto. Cuando se daban estas situaciones el protocolo de actuación del Ayuntamiento debía determinar quién era el encargado de realizar el traslado a la Real Casa de Niños Expósitos de Madrid, en este caso el propio padre, y ofrecer una cantidad económica, cuatro ducados, que debía entregarse en el centro de acogida quien debía emitir, a su vez, la certificación de que el menor había sido recibido y acogido en la Inclusa:

Juzgado ordinario de Morata

Habiendo fallecido de resultas de un sobreparto en el día anteúltimo en esta Villa Aquilina Ramírez mujer de Ramón Martínez , natural de Belmonte en La Mancha y pobre transeúnte sale el mismo con el recién nacido Baltasar Martínez a conducirle a la Real Casa de Niños Expósitos de Madrid porque carece de medios para sustentarle en atención a la suma miseria en que se encuentra constituida por cuya razón e encarga y suplica a las Justicias del tránsito le faciliten los oportunos auxilios a fin de conseguir dicho objeto porque en ello se interesa la humanidad y caridad cristiana-(...) En Morata a 8 de enero de 1834.

El expediente de Baltasar incluye también las certificaciones que, obligatoriamente debían expedir las autoridades civiles de los pueblos y ciudades que se encontraban en el camino entre Morata y Madrid, Arganda del Rey, donde padre e hijo llegaron el mismo día 8 de enero de 1834 y Vallecas, por entonces una villa independiente de Madrid por donde pasaron el 9 de enero, el mismo día en que el recién nacido huérfano de madre fue entregado en la Inclusa por su propio padre. 

Una vez que los niños o niñas menores ingresaban en la Real Casa de Niños Expósitos de Madrid, en el caso de que estos nuevos acogidos fueran lactantes, se producía la circunstancia de que la Inclusa debía de acudir a las nodrizas encargadas de alimentarlos hasta que finalizara este periodo de su crianza. La próxima semana veremos cómo, en la segunda mitad del siglo XIX, varias vecinas de Morata asumieron este papel de nodrizas de los menores lactantes abandonados e ingresados en la Real Casa de Niños Expósitos de Madrid. 


Fuentes y bibliografía:

  • Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1811. Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. ARMC-027-0013-0007723-003.

  • Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1833–1838. ARMC-027-0013-0007754-002.

  • Registro de entrada y salida en establecimientos benéfico-asistenciales y salidas de enfermos 1839. ARMC-027-0009345-001.

  • Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1844–1860. ARMC-027-0013-00007779-003. 

  • Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1834–1838. ARMC-027-0013-0007756-002.

Los documentos precedentes pertenecen en todos los casos al Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, donde se conservan los fondos de la antigua Diputación Provincial de Madrid.














jueves, 4 de junio de 2026

USOS Y COSTUMBRES 

Proceso judicial para recuperar la dote matrimonial 

En 1746, una vecina de Morata denunció a su marido por impago de la dote tras la anulación de su matrimonio

La deuda provocó el ingreso en la cárcel del marido y su destierro de Morata

En las últimas semanas hemos visto ejemplos de cartas de dote de dos vecinas de Morata. La primera de ellas correspondía a una mujer perteneciente a la pequeña nobleza local, María Antonia Ruiz de Castañeda, y el importe de su dote ascendía a casi 50.000 reales. En el segundo caso, la carta dotal de Inés de Corpa, una morateña que había trabajado en su adolescencia como criada en Madrid y que regresaba a Morata para contraer matrimonio, la dote facilitada por su familia y sus antiguos empleadores, junto con las arras aportadas por su marido, apenas ascendía a 4.500 reales, una diferencia realmente importante para unas dotes matrimoniales que, en ambos casos, se otorgaban para asegurar que las mujeres quedaran desamparadas en caso de viudedad o de anulación del matrimonio. Para terminar con estas entregas y completar el conocimiento sobre las dotes matrimoniales trataremos sobre un caso de anulación matrimonial y cómo la mujer pleiteó para recuperar su dote. 


A mediados del siglo XVIII dos vecinos de Morata, Teresa García de la Puente y Pedro Antonio Ruiz de Castañeda*, contrajeron matrimonio en la villa. Por motivos que desconocemos, el matrimonio fue anulado por la autoridad eclesiástica, la única institución competente en esta época para aprobar una medida tan drástica de disolución matrimonial. Se trataba de uno de los casos en los que la legislación vigente en esos años permitía a la mujer recuperar su dote matrimonial para afrontar así su nueva situación personal.

Según una escritura de obligación conservado en el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, el que fuera marido de Teresa García de la Puente, la dote debido a los problemas económicos que le impedían contar con los fondos necesarios para cumplir con la ley.

Este incumplimiento activó la maquinaria judicial y Pedro Ruiz de Castañeda ingresó en la prisión eclesial de Alcalá de Henares. Según la propia escritura de obligación, la prisión se había decretado por orden del nuncio papal, una situación de la que solo podía salir si afrontaba el pago de la dote a la que fuera su mujer. Para saldar la deuda y salir de prisión, en el mes de agosto de 1746 su propia familia le cedió la propiedad de una viña cpara el pago de la dote:

(…) en once de agosto pasado de este año por Don Julián García Gutiérrez, su cuñado, [de Pedro Antonio Ruiz de Castañeda] también vecino de la Villa de Morata y al presente residente en esta de Madrid, y por ante Joaquín de Vecerreino, escribano de S. M. en ella se otorgó a su favor escritura de donación intervivos de una viña de doce mil cepas de cabida, poco más o menos, que el denominado D. Julián tenía y le pertenecía en el término de dicha Villa de Morata donde llaman el Llano de Arriba y La Gracia, linde por una parte con viña del Convento de religiosos Dominicos del Convento de Nuestra Señora del Rosario de esta Corte, por otra parte con la vereda que va a la villa del Campo y por las demás partes con tierra erial de D. Joseph de Cuevas, vecino de la villa de Carabaña, cuya viña compró a diferentes sujetos en precio de treinta mil reales, poco más o menos, como resulta de las escrituras de su compra (…). (AHPM. Escribanía de Francisco Guerra. Tomo 18.362. Sin foliar).

El valor de la viña que le cedió su familia para afrontar el pago de la dote a Teresa García de la Puente ascendía a 30.000 reales, una cantidad elevada y acorde con el nivel económico de los dos contrayentes, sin embargo, pasaron los meses y la mujer de Pedro Ruiz de Castañeda aún no había recibido el importe de su dote por lo que denunció a quien había sido su marido.

Denuncia de Ines de Corpa por incumplimiento del pago de la dote

Seis meses después de que Pedro Ruiz de Castañeda recibiera la donación de la viña adquirida por su familia para que afrontara el pago de la dote a Inés de Corpa, ésta aún no había recibido el importe de dicha dote, por lo que acudió a la Justicia para recibir la compensación económica a la que tenía derecho. Para pleitear con quien fuera su marido, el 19 de febrero de 1747 otorgó un poder legal a Vicente María de Arroyal para que defendiera sus derecho a recuperar la dote impagada:

En la Villa de Madrid a diez y nueve días del mes de febrero de mil setecientos cuarenta y siete ante mí el escribano y testigos pareció Doña Theresa García de la Puente residente en ella, natural de la villa de Morata de estado soltera, mayor, que declaró ser veinte y cinco años y que por sí y su persona dijo que por cuanto ha seguido y sigue a efecto matrimonial con D. Pedro Ruiz de Castañeda, vecino de la citada Villa de Morata, en el que en su primera instancia se le condenó al susodicho a la entrega de once mil reales de vellón por razón de dote de la expresada y por haberla disfrutado su virginidad los cuales hasta este día no ha recibido, y para que tenga efecto y se practique en este asunto y como en otra cualesquier causa las delego (…) al licenciado Don Vicente María de Arroyal, abogado de los Reales Consejos, para que en su nombre y representando su propia persona la defienda en todos sus pleitos y causas civiles y criminales, ordinarios y ejecutivos que de presente tiene y en adelante tuviere (…) y así mismo (…) para que pueda percibir y cobrar así los citados once mil reales de vellón que a la otorgante le están mandados entregar (…). [Poder firmado por los testigos Don Germán de Burget, D. Julio Francisco Martínez y Manuel Antonio Melendez de Vargas, y Teresa García de la Puente ante el notario Juan Francisco Fernández]. (AHPM. Escribanía de Juan Francisco Fernández . Tomo 17.780. Folios 200-202).

Poder notarial para iniciar la denuncia por impago de la dote (Fuente: Archivo Histórico de Protocolos de Madrid)

Vemos por este poder notarial que, en efecto, en esa fecha Teresa García no había recibido aún el importe de su dote y menos aún la propiedad de la viña que Pedro Ruiz de Castañeda había recibido en donación de su familia para que afrontara este pago. Una semana después, el 26 de febrero de 1746, el representante legal de Teresa García de la Puente, Vicente María de Arroyal, firma una carga de pago para reconocer haber recibido en nombre de Teresa García el importe de la deuda depositado ante la Nunciatura. Por este documento de reconocimiento del pago de la cantidad adeudada también sabemos que Teresa García acudió a la justicia civil, concretamente ante el marqués de Lara, gobernador del Real y Supremo Consejo de Castilla, para conseguir el destierro de Pedro Ruiz de Castañeda de la villa de Morata en tanto que no le fuera abonado el dinero que correspondía a su dote. Saldada la deuda de la dote matrimonial, el referido Pedro Ruiz de Castañeda pidió que se le expidiera la correspondiente carta de pago : 

(…) por cuanto la dicha Doña Theresa García de la Puente ha seguido pleito matrimonial con Don Pedro Ruiz de Castañeda, vecino de la expresada villa de Morata, en el cual se dio sentencia por el señor vicario general de la Ciudad de Alcalá de Henares, absolviéndole y dándole por libre de los esponsales pretendido por la susodicha y condenándole a que la dotase en mil ducados de vellón y en las costas procesales de dicho pleito y alimentos de lactancia por tres años a razón en cada un día de cuatro reales de vellón de cuyas cantidades se haya sin percibir los citados mil ducados de su dotación sin embargo de estar depositados en el Tribunal de la Nunciatura de esta Corte, lo que es notorio a que la dicha Doña Theresa acudiese ante el Ilustrísimo Señor Marqués de de Lara, gobernador que fue del Real y Supremo Consejo de Castilla pidiendo se desterrase al (…) Don Pedro Ruiz de Castañeda de su pueblo, como lo ejecutó por su orden cometida a las Justicias de dicha Villa de Morata, quienes la pusieron en práctica (…) donde se mantiene [en el destierro], y estando convenido y ejecutado en virtud de dicho poder con la parte del referido Don Pedro en que separándose el otorgante y a la dicha Doña Theresa de cualesquier y otro que tenga a reclamar en dicho pleito prestará su consentimiento para que sin embargo de la contradicción que a la entrega de dichos mil ducados tiene hecha, desde luego se le entreguen para que se cese el motivo de recurso hecho ante el mencionado Ilustrísimo Señor Marqués de Lara con tal que a su favor otorgue la carta de pago correspondiente así de la explicada cantidad como de las costas procesales y alimentos de lactancia. Y viendo ser justa la pretensión lo quiere hacer por tanto en la mejor razón y forma que mas haya lugar en derecho otorga y confiesa haber recibido los explicados once mil reales de vellón en monedas de plata, oro y (…) del Depósito donde se depositaron y por mandato de Don Fernando Grande notario mayor (…). [Firmas de Vicente de Arroyal, los testigos y el escribano Juan Francisco Fernández (AHPM. Escribanía de Juan Francisco Fernández . Tomo 17.780. Folios 202-204).

Con el pago de la dote, finalizaba el proceso judicial planteado por Teresa García de Puente ante la justicia eclesiástica para anular su matrimonio, y ante la justicia civil para conseguir que se le restituyera el pago de su dote matrimonial. De Teresa García no existen documentos que recojan su vecindad en Morata unos años después de que se anulara el matrimonio, por su parte, Pedro Antonio Ruiz de Castañeda aparece avecindado en 1751 en el vecino pueblo de San Martín de la Vega aunque con propiedades en Morata como una casa en la calle real que va a San Martín e incluso un molino aceitero en la calle de los Huertos.


*En la documentación que se generó por el proceso judicial iniciado para que Teresa García de la Puente recuperara la dote, su marido aparece identificado en unas ocasiones como Pedro Ruiz de Castañeda y en otras como Pedro Antonio Ruiz de Castañeda. 


Fuentes y bibliografía:

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Manuel Sánchez Dávila. Tomo 18.473. Folios 1-6. 

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Francisco Guerra. Tomo 18.362. Sin foliar.

  • Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. Escribanía de Juan Francisco Fernández . Tomo 17.780. Folios 200-202.

  • La mujer dotada y las dotaciones en Castilla y los territorios vascos durante el Antiguo Régimen (Marcos jurídicos y prácticas). Morientes Simal, Alba. Trabajo de fin de grado de derecho 2022-2023. Dirigido por Imanol Merino Malillos. Universidad del País Vasco.

  • Catastro de Ensenada. Pieza seis. Libro de lo personal del estado seglar. Pieza 3ª. Archivo Provincial de Toledo H-410 y H- 408.