USOS Y COSTUMBRES
El duro trabajo de las nodrizas en el Madrid del siglo XIX
Varias vecinas de Morata ejercieron como nodrizas de niños acogidos en la Inclusa madrileña
La mortalidad entre los expósitos era muy elevada y muchos no superaban el año de edad
Durante el siglo XIX, el abandono de menores y la acogida de los mismos en instituciones como la Real Casa de Niños Expósitos planteaba a las autoridades varios retos. Uno de ellos, y no menor, era conseguir que sobrevivieran los acogidos de menor edad. Con semanas o incluso días de vida cuando eran abandonados no resultaba fácil sacar adelante a estos expósitos sin el concurso de las mujeres que se convertían en sus nodrizas. Si la pasada semana tratábamos sobre los menores que, según la documentación de la época, fueron abandonados en Morata, en la entrega de esta semana tratamos sobre las vecinas que la villa que ejercieron como nodrizas de los expósitos que les entregaban en la Inclusa a cambio de una escasa compensación económica.
La documentación conservada en la antigua Diputación Provincial de Madrid, antecedente institucional de la Comunidad Autónoma de Madrid, responsable de la conservación de este patrimonio documental, nos ofrece la posibilidad de conocer quiénes fueron estas mujeres vecinas de Morata que se dedicaron a atender a la crianza de los internos acogidos en la Real Casa de Expósitos de Madrid, conocida popularmente como la Inclusa.
El rastro documental de estas morateñas en los archivos de la Diputación Provincial de Madrid es especialmente abundante desde mediados del siglo XIX. De estos años no solo se conservan los datos y circunstancias personales de estas nodrizas (estado civil, edad, nombre del marido...) sino también todo una sucesión de certificados y documentos oficiales que recogían la actividad de unas mujeres que, para demostrar que podían ejercer como nodrizas, debían de afrontar todo un entramado burocrático en el que intervenían desde la iglesia hasta los ayuntamientos, los juzgados municipales y hasta los médicos que debían certificar su condición de madres recientes y su idoneidad para afrontar la lactancia de los acogidos en la Real Casa de Niños Expósitos.
En relación con estas nodrizas vecinas de Morata en 1850 vemos como José Robredo, en ese año alcalde constitucional, certifica la buena conducta de Fructuosa Aguirre, aspirante a ejercer como nodriza de acogidos en la Inclusa madrileña, por esos años localizada en la calle de Mesón de Paredes:
Don José Robredo, alcalde constitucional de esta Villa de Morata, partido de Chinchón y provincia de Madrid.
Certifico: que Fructuosa Aguirre, natural de esta Villa y de edad de treinta y dos años, de estado casada con Tomás Molino, de la misma edad y oficio jornalero, han observado y observan buena conducta tanto en lo político como en lo moral sin que se tenga notica de que ni el uno ni el otro hayan sido reprendidos por tribunal alguno. Y para que se pueda acreditar en la casa nacional de la Inclusa de la Villa y Corte de Madrid doy el presente que firmo, sellado y refrendado por el secretario del Ayuntamiento de esta Villa de Morata a once de septiembre de mil ochocientos cincuenta (...).
La participación de los alcaldes de la villa a la hora de certificar la idoneidad de las vecinas de Morata para criar a los acogidos de la Inclusa madrileña se extiende durante todo el siglo XIX, especialmente en su segunda mitad. En 1851, Benito Sánchez Bravo extiende el correspondiente certificado a solicitud de una viuda, Dorotea Vázquez, que expone también su aspiración a convertirse en nodriza:
D. Benito Sánchez Bravo, alcalde primero constitucional de esta Villa de Morata de Tajuña.
Certifico: que Dorotea Vázquez, de estado viuda, se ha presentado ante mí pretendiendo le facilite la presente en la que conste que es robusta tal viuda, de buena conducta y que ha educado y criado con todo esmero y aseo a los hijos que ha tenido, para con ella presentarse en la Inclusa Nacional, solicitando se la dé un expósito y como las expresadas [circunstancias] me consta concurren en la referida Dorotea y a más sean públicas le facilito la presente para que las pueda acreditar, que firmo y sello con el de la Alcaldía de Morata a trece de abril de ochocientos cincuenta y uno (...).
Los alcaldes también debían confirmar la condición de madre reciente de las solicitantes así como la muerte de su hijo o hija por lo que estaban en disposición de afrontar la lactancia de los expósitos:
Don Benito Sánchez Bravo, alcalde primero constitucional de esta Villa
Certifico que María Jiménez mujer de Ángel Moreno de esta vecindad y con dos hijos de diez y doce años de edad ha observado siempre buena conducta habiendo criado bien a sus referidos hijos, y que hace diez días se le murió el último que lo verificó en el mismo día en que en que nació. Y para que conste y a su petición doy la presente sellada con el de esta alcaldía en Morata de Tajuña a dos de julio de mil ochocientos cincuenta y cinco (...).
Certificado de buena conducta de una vecina de Morata para poder ejercer como nodriza (Fuente: Archivo Diputación Provincial de Madrid)
Los certificados firmados por los alcaldes de la villa necesariamente iban acompañados de otra certificación, en esta caso la de los curas párrocos. Como en el caso de los alcaldes, los párrocos de Morata no sólo avalaban la buena conducta y la moralidad de las aspirantes a nodriza sino que también, y al menos hasta la creación de los registros civiles, acreditaban que estas vecinas habían visto como sus propios hijos habían fallecido según se acreditaba por el libro de enterramientos en el cementerio municipal que se gestionaba desde la parroquia de Morata:
El infrascrito cura propio de la parroquia de Morata de .la provincia de Madrid .
Certifico que María Estarás mujer legítima de Gabriel López, natural y vecina de esta villa, es de buena conducta y se la [sic] puede entregar para su lactancia alguna criatura de la Inclusa. Morata, veinte y nueve de agosto de mil ochocientos sesenta y seis.
Para conseguir acceder a la condición de nodriza en la Inclusa era necesario un tercer aval, el que firmaban los médicos titulares de los lugares de residencia de estas mujeres. En este caso, más que la buena conducta los médicos eran los que, por su profesión, podían garantizar que las futuras nodrizas podían afrontar la crianza de los expósitos por su buena salud y condición de madre reciente:
El infrascrito, licenciado en Medicina y Cirugía, médico titular de esta Villa de Mora de Tajuña.
Certifico que Petra García, casada, natural y vecina de la misma goza de buena salud y robusta y tiene leche buena y abundante de veinte y seis meses a fecha.
Para que conste firma la presente en Morata de Tajuña, 2 de diciembre de 1876.
José Gadea.
El compromiso de las nodrizas y la elevada mortalidad de los acogidos
Cuando las mujeres interesadas conseguían las certificaciones exigidas, del alcalde o del juzgado, del cura párroco y del medico, ya contaban con los requisitos exigidos y la Real Casa de Niños Expósitos podían entregarles a alguno de sus acogidos recién nacidos o de unos meses de edad para que pudieran desempeñar su función de nodrizas.
Carmen Sarasúa, en Salarios que la ciudad paga al campo: las nodrizas de las inclusas en los siglos XVIIIy XIX, ha estudiado las circunstancias en que se desarrollaba la labor de estas mujeres en su tarea de criar a los menores abandonados, un trabajo en el que se distinguían claramente dos etapas: la de lactancia propiamente dicha, que se se extendía hasta los diez y ocho meses de edad, y la del destete, o de media leche, el periodo comprendido desde el final de la lactancia hasta el momento en que el niño o la niña eran devueltos a la Inclusa. Estos dos periodos estaban claramente diferenciados, no sólo en cuanto a la edad del menor sino también en la recompensa económica que recibían las nodrizas: unos treinta reales por mes (1850-1860) durante la lactancia y diez y ocho reales en el periodo de destete. Según otras fuentes, como el diario digital Nueva Tribuna, el salario de las nodrizas avecindadas en los pueblos de la provincia de Madrid era ligeramente superior, unos 60 reales mensuales, que los de las nodrizas residentes en la capital, con un salario en torno a los 50 reales mensuales.
Bárbara Ana Revuelta, en Los usos de la inclusa de Madrid, mortalidad y retorno a principios del siglo XX, trata sobre el pago de esta especie de salario que recibían las nodrizas, casi siempre mujeres de escasos recursos económicos que utilizaban la retribución de la Inclusa como un ingreso más del núcleo familiar:
Las mujeres que querían lactar a un niño de la Inclusa acudían a la institución, donde se les adjudicaba un expósito y se les daba un documento por el que se les debía pagar trimestralmente. Dado que la mayor parte de ellas venían de pueblos de las provincias aledañas a Madrid, no estaban en disposición de acudir a la capital a cobrar cuando les correspondía y contrataban los servicios de unos agentes intermediarios. Estos agentes adelantaban el pago a las amas en especie en las tiendas que ellos mismos poseían o gestionaban y luego se encargaban de reclamar el dinero ellos mismos a la administración, lo que ponía a las amas en una vulnerable posición ante abusos (...).
El abono de estos pagos no siempre se hacían en tiempo y forma y los retrasos resultaban más habituales de lo que las nodrizas hubieran deseado. La Diputación Provincial de Madrid era la institución responsable de estos atrasos que, según recoge Bárbara Ana Revuelta en su trabajo, se produjeron según esta documentado en los años 1868, 1876, 1883, 1885, 1887 y 1889.
Estos problemas económicos y la falta de los compromisos adquiridos por parte de las instituciones no evitaban que estas mismas instituciones exigieran a las nodrizas y a las autoridades del pueblo en el que dieran regularmente cuenta del estado y la situación de los menores que tenían acogidos. Al igual que sucedía a la hora de certificar la idoneidad física y moral de las aspirantes a nodrizas, los ayuntamientos y los curas párrocos emitían los documentos oportunos que certificaban que los niños y niñas entregados por la Inclusa se encontraban en buen estado:
Los infrascritos Alcalde y cura párroco de esta villa de Morata certificamos que la expósita Ignacia nº 4717 procedente de la inclusa de Madrid, a cargo de Fructuosa Aguirre mujer de Tomás Molino, de esta vecindad, vive en el día de la fecha en esta vecindad, está buena y bien cuidada conservando su respectivo collar. Y por ser verdad, firmamos la presente en dicho pueblo de Morata a treinta de noviembre de 1850.
El alcalde: José Robredo.
El cura: Felipe Pérez.
Este documento, expedido por el alcalde y el cura párroco, confirma en este caso el buen estado de una de las expósitas acogida por un matrimonio de vecinos de Morata y servía para que la Real Casa de Niños Expósitos añadiera este documento al expediente, en este caso, de una niña llamada Ignacia. La necesidad de constatar que los expósitos seguían con vida y en buen estado de salud en los domicilios de acogida era una consecuencia de una realidad extremadamente dolorosa: la elevada mortalidad entre estos niños y niñas tutelados por la Inclusa y entregados para su crianza en domicilios particulares.
En la documentación que hemos consultado, procedente como ya hemos reseñado de los fondos de la antigua Diputación Provincial de Madrid, aparece en un lenguaje típicamente burocrático que seguramente no recoge en toda su crudeza la trágica situación de estos menores abandonados como se demuestra con la relación de los expósitos que, entregados a nodrizas morateñas durante la segunda mitad del siglo XIX, no lograron sobrevivir a este periodo de su vida. En 1850, por ejemplo, aparecen nada menos que tres casos de expósitos fallecidos en Morata según certifican las autoridades civiles y religiosas de la villa:
(…) El infrascrito cura propio de la Parroquia de esta Villa de Morata de Tajuña, en la Provincia de Madrid, certifico: que en el libro corriente de difuntos al folio 265 se halla la siguiente partida.
Felisa, expósita de la Inclusa de Madrid.
En el campo santo de esta Villa a veinte de marzo de mil ochocientos cincuenta, yo el cura propio de la Parroquia de la misma mandé dar sepultura al cadáver de una niña de mes y medio de edad que había fallecido de una gastritis crónica a la una de la noche del día anterior, la cual se llamaba Felisa y la estaba criando María Estarás natural y vecina de esta Villa, y lo firmo. Félix Pérez. [Párroco de Morata].
El mismo cura párroco expidió sendas partidas de defunción de un niño y otra niña que recibieron sepultura en el cementerio de Morata el seis de julio y el 28 de n0viembre de ese mismo año de 1850. En ambos casos los fallecidos, de nombre Jorge y Cayetana, no superaban los dos meses de edad y fallecieron por dos de las enfermedades más letales en esta época para los recién nacidos: gastroenteritis en los meses de verano y neumonía en los meses más fríos.
Mario César Sánchez Villa, autor de ·Los hijos del vicio”. El problema del niño expósito y la modernización de la Inclusa en España durante el cambio de los siglos XIX y XX, recoge en su trabajo la elevada mortalidad a la que exponían los acogidos en la Inclusa y también aquellos recién nacidos que eran entregados para su crianza a las nodrizas.Sobre esta dura situación, señala:
(…) Finalizado el siglo XVIII, la mortalidad en la Inclusa de Madrid siguió siendo una constante, pero iniciado el periodo liberal el agravio comparativo se hizo especialmente hiriente. Mientras que las grandes ciudades europeas vieron descender la mortalidad de los expósitos hasta prácticamente el 50% de los asilados anuales, las ciudades como Madrid rara vez bajaron del 80% (…).
Estas cifras resultan efectivamente escandalosas en una ciudad como Madrid en la que, con las oscilaciones lógicas en cada uno de los años, se registraban anualmente durante el siglo XIX entre 1.000 y 1.800 abandonos de menores que eran acogidos en la Inclusa y más tarde asignados a las familias de las nodrizas en el caso de los recién nacidos y que, tal como hemos visto y recoge la documentación, afrontaban un periodo especialmente crítico de supervivencia en su primer año de vida.
De hecho, en los expedientes de acogidos por nodrizas en Morata durante esos años de la segunda mitad del siglo XIX en 1851, en 1871 y en 1886 se registran las partidas de defunción de otros tres expósitos fallecidos antes de cumplir el año de vida. Segundo (fiebre mesentéricas), Gregorio (bronquitis) y Manuela (gastroenteritis ulcerosa), fallecieron antes de cumplir ese peligroso y y letal primer año de edad. Yde hecho, entre toda la documentación consultada solo uno de los expósitos acogidos por una vecina de Morata superó el primer año de edad, aunque finalmente también falleció sin alcanzar los cuatro años:
En el campo santo de esta villa de Morata a veinte y uno de octubre de mil ochocientos sesenta y cinco, yo el cura propio de la parroquia de esta misma mandé dar sepultura al cadáver de un niño de tres años y medio de edad llamado Felipe que falleció ayer de una gastroenteritis agudísima, hijo de la Inclusa de Madrid y se hallaba al cuidado de María Estarás, mujer de Gabriel López del Toro, vecinos de esta villa . Y lo firmo. Félix Pérez.
Fuentes y bibliografía:
Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1850–1860. ARMC-027-0013-0007792-002.
Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1850–1851. ARMC-027-0013-0007793-001.
Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos mayo de 1855–noviembre de 1856. ARCM-027-0013-0007807-002.
Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1850–1860. ARCM-027-0013-000-7791-001.
Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1862–1872. ARCM-015-0477-0007835-003.
Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1877. ARCM- 015-0477-0080254-002.
Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1885–1886. ARCM-015-0477-0008317-002.
Sarasúa Garcia, C.(2021).Salarios que la ciudad paga al campo: Las nodrizas de las inclusas en los siglos XVIII y XIX. https://ddd.uab.cat/record/287653.
Diario digital Nueva Tribuna: “Las nodrizas de la Inclusa madrileña en el XIX. Montagut, Eduardo. (Consultado el 15 de junio de 2026).
REVUELTA, B. A. Los usos de la inclusa de Madrid, mortalidad y retorno a principios del siglo XX (1890-1935). Universidad Complutense de Madrid [en línea]. 2011.
Sánchez Villa M. C. (2016). “Los hijos del vicio”. El problema del niño expósito y la modernización de la Inclusa en España durante el cambio de los siglos XIX y XX. Cuadernos de Historia Contemporánea, 38, 325-352. https://doi.org/10.5209/CHCO.54302.
Historia de la Inclusa de Madrid vista a través de los artículos y trabajos históricos años 1400-2000. Espina Pérez, Pedro. Oficina del Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid. Madrid, 2005.

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