jueves, 11 de junio de 2026

USOS Y COSTUMBRES

(…) yo el cura bauticé solemnemente a un niño expósito que fue hallado desnudo en una espuerta (…)

El problema del abandono de recién nacidos en el siglo XIX

Casos documentados en Morata de niños expósitos

Al menos desde finales del siglo XVI (1580) la Real Casa de Niños Expósitos de Madrid, conocida desde su fundación popularmente como la Inclusa recogió en sus distintas instalaciones a los niños y niñas abandonados en la ciudad y en los pueblos del entorno de la capital. A esta institución llegaron muchos niños y niñas nacidos en Morata y, en muchos casos, abandonados. Procedentes de familias pobres o de madres solteras, huérfanos o directamente abandonados, estos menores generaron una amplia documentación que se conservó en la antigua Diputación Provincial de Madrid. Hemos consultado estos legajos para encontrar varios relacionados con Morata durante todo el siglo XIX, cuando instituciones como la Iglesia, el Ayuntamiento o el Juzgado municipal debían afrontar este grave problema social.


Solo unos semanas después de que, el 30 de noviembre de 1833m se creara la Diputación Provincial de Madrid hemos encontrado unos documentos que recogen el caso de un niño bautizado en la iglesia de Morata con el nombre de Baltasar, hijo de un matrimonio de indigentes que recorría los pueblos de la comarca que quedó huérfano de madre tras el parto y que, como veremos más adelante, fue enviado a la Inclusa madrileña unos días después. 

Este caso del nacimiento de un niño que fue enviado a la Inclusa no fue el primero que hemos documentado en el siglo XIX. Unas décadas antes, en 1811, en plena guerra de la Independencia, un recién nacido fue abandonado en la calle y bautizado en la iglesia de Morata por su capellán Vicente García:

Certifico yo el cura propio de esta iglesia parroquial de esta Villa de Morata que en el libro corriente de bautizados en ella (…) se halla una partida del tenor siguiente: en la iglesia parroquial de esta Villa de Morara en veinte y cuatro de octubre de mil ochocientos once Vicente García, capellán de su cabildo con licencia del señor cura propio, bauticé solemnemente subconditione a Antonia recién nacida que la mañana antecedente amaneció expuesta a la ventana de Valentín de la Torre, de esta vecindad, de padres no conocidos. Fue su madrina Benita Humanes y lo firmé.

Don Vicente García [capellán de la parroquia de Morata].

Don Martín de San Martín Navarrete [Cura propio de la parroquia de Morata].

La aparición de recién nacidos abandonados fue una escena dramáticamente repetida a lo largo de la historia. La creación de instituciones oficiales para intentar abordar este problema social, con escasos medios casi siempre, no deja de ser la demostración de hasta que punto las autoridades se veían desbordadas. En 1580 la constitución de la Real Casa de Niños Expósitos de Madrid, que ya hemos mencionado, responde a esta necesidad social de atender a estos niños abandonados, huérfanos o procedentes de familias con escasos recursos. 

En la documentación consultada, además de la niña abandonada en 1811, hemos localizado varios casos más durante todo el siglo XIX. En 1833 se documenta un nuevo abandono de lo que por entonces se conocían como expósitos, en este caso una niña aparecida en la puerta de la iglesia:

El licenciado D. Nicolás Lorenz de Prada, cura propio de esta Villa de Morata de Tajuña

Certifica que en el día treinta y uno de marzo del presente año de mil ochocientos treinta y tres bauticé solemnemente a una niña expósita que apareció en la mañana del mismo día a la puerta principal de esta Iglesia Parroquial y se le puso por nombre María Ramos de la Iglesia, fue su madrina Ana María Gómez, mujer legítima de Miguel Oliva, vecinos de esta Villa a quien se le advirtió del parentesco espiritual y demás obligaciones contraídas y para que conste, lo firmo:

Licenciado Nicolás Lorenzo de Prada, párroco.

La certificación de que el niño o niña abandonado había recibido el bautismo aparece como el primer trámite obligado para iniciar todo el proceso burocrático que desencadenaba la aparición de un menor abandonado. De hecho, en la mayoría de los casos una nota manuscrita aclaraba si el menor en cuestión había recibido un sacramento que, al menos para la sociedad de la época, aseguraba la salvación eterna del menor que había llegado al mundo con la escasa fortuna de ser abandonado al poco de nacer. Otro caso de abandono, en este caso de un niño, recoge en la documentación del año 1844 la existencia de una papeleta que aseguraba que el niño va sin agua:

(...) en la Iglesia parroquial de Santa María de la Villa de Morata hoy veinte y cinco de diciembre de mil ochocientos y cuarenta y cuatro, yo el cura propio de ella bauticé solemnemente a un niño expósito al que puse por nombre Manuel que fue hallado desnudo en una espuerta esta mañana a las dos a la puerta de la cueva en que habita Esteban García Duque quien le oyó llorar y recogió. No se halló seña alguna sino solo una papeleta que se une a la copia de esta partida para remitir con el niño a la Inclusa de Madrid, y dice así: “va sin agua [sic] del bautismo (…).

Este caso, ocurrido en fecha tan significativa como la mañana de Navidad, reúne muchas de las circunstancias asociadas a estos abandonos: un niño desnudo y llorando, abandonado en una espuerta a la puerta de una cueva y recogido por un vecino que inmediatamente lo lleva a bautizar en una ceremonia en la que era habitual que actuaran como padrinos quienes habían hallado a la criatura abandonadal.

Remisión de los niños abandonados a la Inclusa de Madrid

En todos estos casos que hemos recogido de menores abandonados por sus progenitores,t ras el obligado trámite de administrarle en la iglesia parroquial de Morata el sacramento del bautismo, las instituciones tomaban la iniciativa para remitir al menor abandonado y de padres desconocidos a la Real Casa de Niños Expósitos de Madrid, popularmente conocida como Inclusa. El Ayuntamiento como máxima institución civil y el propio juzgado municipal eran, por ley, quienes se encargaban de este traslado que como, según se recoge en la documentación, estaba perfectamente reglado, tanto en los trámites burocráticos como en los medios económicos y humanos destinados a llevar al niño o niña hasta la capital. Hemos encontrado la documentación de la remisión a la Inclusa madrileña de varios menores abandonados en distintas circunstancias en Morata. En 1839, por ejemplo, el Ayuntamiento de Morata envía a la Real Casa de Niños Expósitos a una niña encontrada a las afueras de la villa:

En 3 de marzo de 1839 se recibió en esta Inclusa una niña que remitió la villa de Morata con oficio del Sr. alcalde constitucional y certificación de D. José Moreno Montalvo, cura de aquella parroquia, por lo que consta haber sido hallada en la mencionada villa en las afueras del pueblo, recién nacida y sin papel ni noticia alguna, y que al siguiente día fue bautizada en la citada parroquia con el nombre de arriba.

La documentación recoge también como Manuel, el niño abandonado en una espuerta a las puertas de una cueva de Morata en la mañana de Navidad de 1844, fue enviado a la Inclusa junto con la dotación económica de los cuatro ducados a que obligaba la legislación:

Alcaldía Constitucional de Morata.

En la próxima anterior noche fue hallado y recogido un niño expósito abandonado a la puerta de calle de un vecino de esta Villa y habiéndole administrado el sacramento del bautismo según se acredita por la adjunta partida he dispuesto su remisión a esa Casa de Piedad con los cuatro ducados que en semejantes casos deben (…) de cuya entrega espero que V.S. se sirvan comunicar recibo. (…)

Morata y diciembre 25 de 1844.

Pablo Fominaya. 

En todos estos casos se desconocía quiénes eran los padres de los menores abandonados en Morata que eran enviados a la inclusa madrileña. La casuística y la documentación, sin embargo, nos muestran otras situaciones en las que las instituciones se hacían cargo de los menores por distintas circunstancias, y no necesariamente abandonados y casi siempre asociadas a la pobreza de sus progenitores. Para conocer cómo actuaban estas administraciones y las distintas actuaciones que se seguían volvemos al año 1834 y al nacimiento en Morata de Baltasar, hijo de un matrimonio integrado por dos transeúntes pobres, cuya madre falleció durante el parto.

Partida bautismal de un expósito enviado desde Morata a la Inclusa de Madrid (Fuente: Archivo Diputación Provincial de Madrid)

Tras el nacimiento en Morata de este niño la primera institución en actuar, como ocurría prácticamente en todos los casos, fue la Iglesia, encargada de atender las urgencias espirituales de la criatura:

(…) En la Iglesia Parroquial de la Purísima Concepción de María Santísima de esta Villa de 

Morata de Tajuña en siete de enero de mil ochocientos treinta y cuatro yo, D. Benito Serrano cura ecónomo de la misma, bauticé solemnemente a un niño que nació el día de ayer y se le puso por nombre Baltasar, hijo legítimo de Ramón Martínez, natural de Belmonte en La Mancha y de Aquilina Ramírez, que actualmente es difunta, natural de Tres Juncos, diócesis de Cuenca, abuelos paternos Antonio y Ángela Castillo y maternos José y Bárbara Morales de la expresada villa de Belmomte se hallaban actualmente en esta villa de Morata en clase de pordioseros, fue su madrina Eusebia Ayala a quien advertí el parentesco espiritual y demás obligaciones contraídas y lo firmé (…).

El bautismo de Baltasar no responde, como en los anteriores casos que hemos reseñado, a la aparición de un recién nacido abandonado. Sus padres no abandonaron a su hijo pero, además de la pobreza que les obligaba a pedir limosna como transeúntes por los pueblos, Baltasar sufrió la desgracia de la perdida de su madre durante el parto, tal como se explica en la partida bautismal. En estas circunstancias dramáticas las instituciones civiles se hicieron cargo del niño. En ausencia del alcalde de Morata, Joseph Robredo como regidor (concejal) del Ayuntamiento firma el documento en el que se describe la situación de Baltasar y se determina su remisión a la Inclusa madrileña, adonde sería conducido, según se deduce del documento expedido por el alcalde en funciones, por el propio padre:

Don Joseph Robredo (...) y D. Benito Serrano, cura ecónomo de la misma: certificamos que Ramón Martínez, natural de Belmonte en La Mancha y residente en la actualidad en esta Villa como transeúnte es un pobre de solemnidad, indigente y constituido en la mayor miseria, habiendo fallecido en el día antepróximo de resultas de sobreparto su mujer, Aquilina Ramírez, por cuya razón y no serle posible criar al recién nacido sale a conducirle a la Real Casa de Niños Expósitos de Madrid y para que conste todo así al director de dicho establecimiento a petición de la parte interesada le damos la presente que firmamos en Morata a ocho de enero de mil ochocientos treinta y cuatro. 

El documento anterior es refrendado por el propio Juzgado Municipal que reitera la situación del recién nacido y su remisión a la Inclusa en base a las circunstancias familiares de pobreza y a la muerte de la madre en el parto. Cuando se daban estas situaciones el protocolo de actuación del Ayuntamiento debía determinar quién era el encargado de realizar el traslado a la Real Casa de Niños Expósitos de Madrid, en este caso el propio padre, y ofrecer una cantidad económica, cuatro ducados, que debía entregarse en el centro de acogida quien debía emitir, a su vez, la certificación de que el menor había sido recibido y acogido en la Inclusa:

Juzgado ordinario de Morata

Habiendo fallecido de resultas de un sobreparto en el día anteúltimo en esta Villa Aquilina Ramírez mujer de Ramón Martínez , natural de Belmonte en La Mancha y pobre transeúnte sale el mismo con el recién nacido Baltasar Martínez a conducirle a la Real Casa de Niños Expósitos de Madrid porque carece de medios para sustentarle en atención a la suma miseria en que se encuentra constituida por cuya razón e encarga y suplica a las Justicias del tránsito le faciliten los oportunos auxilios a fin de conseguir dicho objeto porque en ello se interesa la humanidad y caridad cristiana-(...) En Morata a 8 de enero de 1834.

El expediente de Baltasar incluye también las certificaciones que, obligatoriamente debían expedir las autoridades civiles de los pueblos y ciudades que se encontraban en el camino entre Morata y Madrid, Arganda del Rey, donde padre e hijo llegaron el mismo día 8 de enero de 1834 y Vallecas, por entonces una villa independiente de Madrid por donde pasaron el 9 de enero, el mismo día en que el recién nacido huérfano de madre fue entregado en la Inclusa por su propio padre. 

Una vez que los niños o niñas menores ingresaban en la Real Casa de Niños Expósitos de Madrid, en el caso de que estos nuevos acogidos fueran lactantes, se producía la circunstancia de que la Inclusa debía de acudir a las nodrizas encargadas de alimentarlos hasta que finalizara este periodo de su crianza. La próxima semana veremos cómo, en la segunda mitad del siglo XIX, varias vecinas de Morata asumieron este papel de nodrizas de los menores lactantes abandonados e ingresados en la Real Casa de Niños Expósitos de Madrid. 


Fuentes y bibliografía:

  • Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1811. Archivo Histórico de Protocolos de Madrid. ARMC-027-0013-0007723-003.

  • Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1833–1838. ARMC-027-0013-0007754-002.

  • Registro de entrada y salida en establecimientos benéfico-asistenciales y salidas de enfermos 1839. ARMC-027-0009345-001.

  • Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1844–1860. ARMC-027-0013-00007779-003. 

  • Expedientes de Acogidos: Madrid. Registros de expósitos 1834–1838. ARMC-027-0013-0007756-002.

Los documentos precedentes pertenecen en todos los casos al Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, donde se conservan los fondos de la antigua Diputación Provincial de Madrid.














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