martes, 18 de septiembre de 2018

Ignacio Rojo Arias, un morateño testigo y protagonista de la historia (V)

Desde el nombramiento de Amadeo I como rey de España en el mes de noviembre de 1870, Ignacio Rojo Arias aparecía como uno de los candidatos al cargo de gobernador civil de Madrid. En el gobierno encabezado por Prim figuraba como ministro de la gobernación Práxedes Mateo Sagasta, viejo compañero de Rojo Arias desde los años previos a la revolución de 1868, y responsable directo de los gobernadores provinciales. Finalmente, el 20 de diciembre de 1870, la Gaceta de Madrid publicaba el nombramiento del político morateño como nuevo gobernador civil de Madrid. A los pocos días, Rojo se enfrentaría a un trágico acontecimiento: el atentado que costó la vida a Juan Prim, su amigo y presidente del Consejo de Ministros.



El nombramiento de Rojo Arias como gobernador civil de la provincia de Madrid fue recibido con reticencias en algunas formaciones políticas. Entre las filas más conservadoras, Ignacio Rojo Arias era considerado el principal responsable del cambio legislativo que había permitido la elección de Amadeo I de Saboya como rey de España. Antes de su nombramiento como gobernador civil de la provincia de Madrid, existían otras opciones de políticos propuestos para el cargo que también eran apoyados por miembros del grupo mayoritario en el Congreso. Así lo expresaba La Esperanza, medio de comunicación afín a las ideas conservadoras, antes de que se produjera el nombramiento de Rojo Arias:
El cargo de gobernador de Madrid sigue flotando, según de donde sopla el viento, unos días sobre la redacción de La Iberia, y otros sobre la de El Imparcial. Hasta que la comisión parlamentaria regrese de Florencia [a la ciudad italiana se había desplazado una comisión parlamentaria para comunicar a Amadeo I su elección como rey de España], no se decidirá si el agraciado ha de ser el Sr. Rojo Arias, es decir, el progresismo, o el Sr. Gasset y Artime, es decir, la democracia de ahora. El unionismo-aostista ha sido desahuciado en la persona del Sr. Albareda. Es decir, que la estética vuelve a estar en baja, al nivel progresista (…). (La Esperanza, 9 de diciembre de 1870)
Desde La Iberia, el periódico que había acogido los primeros pasos como periodista de Rojo Arias, lo que no había impedido que criticaran duramente el voto particular que posibilitó la elección de Amadeo I de Saboya, se daba por hecho su nombramiento unos días antes de que fuera efectivo:
Tenemos entendido que es cosa resuelta el nombramiento de nuestro querido amigo Don Ignacio Rojo Arias para gobernador de Madrid. (La Iberia, 17 de diciembre de 1870)
Las previsiones que apuntaban a Ignacio Rojo Arias como Gobernador civil de Madrid finalmente se cumplieron. El hecho de que al frente del Ministerio de Gobernación se encontrara Práxedes Mateo Sagasta, por aquel entonces muy próximo al político nacido en Morata, pudo ser determinante en la elección del político morateño para un cargo que, dado el preocupante momento político que se vivía en las vísperas de las Navidades de ese año, iba a exigir mucha determinación y firmeza.
Atentado contra Prim
Sólo había pasado una semana de su nombramiento cuando Ignacio Rojo hubo de enfrentarse a un trágico suceso que marcaría el futuro político de España durante los años siguientes: el atentado que finalmente costó la vida a Juan Prim, presidente del Consejo de Ministros.
Todavía hoy, casi 150 años después de producirse el atentado, no se sabe quién o quiénes fueron los autores intelectuales del magnicidio. Sí que está claro cómo se produjo el asalto al coche de caballos en el que el general Prim, tras asistir a una sesión parlamentaria en el Congreso de los diputados, se dirigía a su residencia en el cercano Palacio de Buenavista en la calle de Alcalá. En el trayecto, cuando circulaba por la calle de El turco -actual calle del marqués de Cubas-, varios asaltantes dispararon sus armas, en fuego cruzado, al interior del carruaje. Juan Prim, instintivamente, se protegió la cabeza de los disparos pero no puedo evitar que algunos proyectiles le alcanzaran. Pese a la gravedad de las heridas, el general Prim aún conservó la vida unos días pero, finalmente, falleció el 30 de diciembre.
Al día siguiente del asalto, los periódicos informaban del atentado y de las primeras disposiciones adoptadas por Rojo Arias como responsable de la seguridad en la provincia de Madrid:
Desde anoche a las nueve está constituido en el gobierno civil el juzgado de primera instancia del distrito de Universidad, con motivo del atentado del general Prim, cometido poco antes. El gobernador civil, Sr. Rojo Arias, participó inmediatamente aquellas tristes ocurrencias a dicha autoridad, y durante toda la noche han trabajado activamente el gobernador y el juez para buscar el rastro de tan repugnante crimen (…). (La Época, 28 de diciembre de 1870).

Grabado de la época que recrea el atentado contra Juan Prim en la calle del Turco

Los médicos, en los días posteriores al atentado luchaban por salvar la vida del presidente del Consejo de Ministros según informaba La Regeneración, el 30 de diciembre:
El general Prim continúa en el lecho del dolor, según La Iberia, con esperanzas de pronto restablecimiento y según La Época y otros periódicos, gravemente enfermo, y a creer a La Discusión, imposibilitado cuando menos por tres meses de ocuparse de política (…).
Estas noticias, contradictorias, sobre la salud de Prim, acabarían con la muerte del general, tres días después del atentado, según unas fuentes debido a la infección mortal de sus heridas y, según otras, por estrangulamiento, aunque esta versión ha sido rebatida posteriormente.
La confirmación de la muerte del general Prim dio alas a los adversarios políticos del gobierno, tanto por la derecha como por la izquierda. En medio de esta polémica, Rojo Arias, como responsable de la seguridad, no salió indemne. La falta de respuestas sobre los ideólogos del atentado* acrecentaron estas críticas dirigidas a Rojo Arias y también a otros miembros del gobierno como Sagasta, en los días previos a la muerte de Prim y en las semanas que siguieron al magnicidio.
El mismo día en el que se produjo el fallecimiento de Prim, el diario La Nación defendía el trabajo del gobernador civil frente a las críticas de otros periódicos:
Las Novedades censura la conducta de las autoridades, cuya acción previsora no detuvo el brazo airado de los asesinos del general Prim. Desgraciadamente hay mucho de razonable en el fondo de las quejas del colega, pero sin que la indignación y la amargura, que todavía siente nuestra alma por el siniestro de la noche del 27, oscurezcan del todo nuestra razón, debemos defender al gobernador civil de Madrid de los cargos que a las autoridades en general lanza Las Novedades acusándolas de imprevisión. Tres días hacia que el Sr. Rojo Arias tomó posesión del gobierno civil de la provincia cuando el suceso de la calle del Turco llenó de profundo pesar el corazón de cuantos aman la libertad y poseen una conciencia honrada.
En tan corlo espacio de tiempo apenas el Sr. Rojo Arias ha podido fijar su atención en la conveniencia de las primeras medidas que señalan una nueva administración. Es indudable que el cuerpo de orden público adolece de grandes defectos que hacen necesaria la adopción de meditadas reformas que organicen de un modo más ventajoso tan importante servicio.
Nosotros esperamos de la ilustración profunda, de los conocimientos prácticos, de la rectitud de intenciones y gran sentido político del Sr. Rojo Arias, que su administración responda a las grandes necesidades públicas, elevándose a la altura de las circunstancias (…). (La Nación, 30 de diciembre de 1870).
Otro diario muy influyente, El Imparcial, también defendía el trabajo de Rojo Arias al frente del Gobierno Civil de Madrid:
El celo y actividad que ha desplegado el Sr. Rojo Arias en la persecución de criminales desde que se ha hecho cargo del Gobierno civil de esta provincia, merece nuestros más sinceros elogios. Gracias a las acertadas disposiciones adoptadas de antemano por dicho señor, hicieron ayer un servicio importante el jefe especial D. Galo Ortega y dos de sus dependientes (…). (El Imparcial, 7 de enero de 1871).
Pese a las críticas interesadas de los periódicos alineados con los partidos conservadores, lo cierto es que Rojo Arias, desde el mismo día en que tomó posesión del Gobierno Civil de Madrid, mostró su preocupación por la seguridad del presidente del Consejo de Ministros. Los rumores que circulaban por la capital de España ponían en el punto de mira de los pistoleros a un general Prim que en su larga trayectoria política había acumulado un buen número de enemigos alineados tanto en la extrema derecha como entre los partidos más a la izquierda del Gobierno que presidía. También se afirma que el mismo día del atentado, por la mañana, Bernardo García, director del periódico La Iberia, entregó al secretario de Prim una lista de diez personas implicadas en anunciado un atentado contra el presidente. Esta lista, al parecer, fue entregada a Rojo Arias para que actuara y, de hecho, el gobernador detuvo a uno de los implicados.
Por otra parte, existen también testimonios de que el gobernador civil de Madrid se quejó públicamente de que el presidente del Consejo de Ministros declinó distintos ofrecimientos para ampliar los miembros de su escolta. Incluso, se afirma que Prim alardeaba públicamente, ante los avisos de un posible atentado, que todavía no se había fundido la bala que pueda matarme. Sobre la actitud de Prim ante su propia seguridad y frente a un posible atentado, también se afirma que el mismo día en que fue atacado, el general recibió un aviso de un diputado republicano, García Ruiz, que le pidió que modificara el trayecto que seguía habitualmente para dirigirse a su domicilio, pero el presidente del Consejo de Ministros siguió con su rutina habitual y no consideró oportuno cambiar la ruta hasta el palacio de Bellavista, con las consecuencias conocidas.
También está confirmado, respecto al trabajo del gobernador civil, que sólo habían transcurrido tres cuartos de hora después del atentado, cuando Ignacio Rojo Arias, escribe lo siguiente:
En este momento acaba de perpetrarse un horrible atentado. Al retirarse el señor Presidente del Consejo de Ministros del Palacio del Congreso en unión de sus ayudantes, los señores Moya y Fernández Nandín, los tres en el carruaje del primero, en la calle del turco esquina a Alcalá recibieron una descarga de arma de fuego hecha por cuatro asesinos que salieron de otros tantos carruajes de alquiler.
Con los cuales y para dar el golpe sobre seguro interceptaron el paso del coche del señor Presidente, que está herido, como también su ayudante el señor Nandín. Me apresuro a ponerlo en conocimiento de Vuestra Señoría para los efectos oportunos.
Como gobernador civil, Rojo Arias también hizo público un bando en el que mostraba su compromiso con el cumplimiento de la ley:
Pueblo de Madrid: Habitantes de esta provincia. Un atentado horrible ha tenido lugar a primera hora de la noche de ayer.
Una cuadrilla de asesinos, realizando un plan, fría y maduramente preparado, acribillaron a balazos el coche del presidente del Consejo de ministros, hiriéndole a él y a uno de los dos ayudantes que le acompañaban.
¿Necesita comentarios tan bárbaro crimen? No, lo que es preciso, lo que demanda la honra de este pueblo, lo que exige el sentimiento español, es que mientras la justicia busca el brazo que hiere y la voluntad que haya podido darle impulso y dirigirle, vosotros, hombres honrados, toméis enseñanza de este hecho inaudito y os precaváis contra los que, predicando, para mancharlas, ideas políticas que no profesan, buscan, preparan o dejan hacer como medio de realizar aquello en que no creen, el asesinato, el terror y la subversión completa de todos los principios en que descansa el orden social.
En mi primer bando os ofrecí tener en todos mis actos a la ley por único norte. En este quiero daros la seguridad de que la ley ha de cumplirse y de que el orden social se salvará.

Actuaciones de Rojo Arias según el sumario instruido por causa del asesinato del general D. Juan Prim.
El trabajo del gobernador civil de Madrid para tratar de averiguar quién fue el o los responsables del atentado contra el general Prim quedó recogido en el sumario del caso. En esta documentación oficial constan los informes y escritos enviados por Ignacio Rojo Arias al juez instructor, Francisco García Franco. El sumario 306/1870 originalmente constaba de alrededor de 18.000 folios aunque actualmente sólo se conserva, aproximadamente, la mitad. El resto ha desaparecido.
Documentos remitidos por Arias Rojas al juez instructor:
  • En una carta al juez instructor Arias Rojo le informa de que se han detenido a dos sospechosos en la frontera con Portugal.
  • Otro escrito de Rojo Arias informando al instructor de nuevas detenciones de sospechosos, entre ellos José María Pastor y el vecino de Zaragoza Francisco Ciprés.
  • Informe de Rojo Arias sobre la detención de Federico de Onís.
  • Informe elaborado por Ignacio Rojo Arias sobre el duque de Montpensier y sus secretarios (El antiguo aspirante a la Corona española fue desde el principio uno de los sospechosos de haber financiado el atentado).
  • Informe sobre la detención de José María Pastor por parte de Rojo Arias tras la declaración de Ciprés que le acusaba del atentado.
  • José María Pastor en sus declaraciones acusa a Rojo Arias de tener conocimiento previo del atentado contra Prim.
  • Escrito de Rojo Arias al juez en el que le informa del intento de fuga del detenido Miguel Gómez.
  • Auto de cómo el gobernador civil de Madrid puso a las nueve de la noche en conocimiento del juez todo lo que pudo saber.
  • Escrito informando al juez de que ha detenido a dos personas que pudieron ser testigos del atentado (Uno de ellos era tabernero en la calle del Turco).
  • Rojo Arias firma una carta en la que se afirma que el detenido Ángel González fue el intermediario elegido por los conjurados para realizar el atentado.
  • Comunicado de Rojo Arias al juez instructor sobre la búsqueda y captura de sospechosos. En otro comunicado le informa de que ha ordenado que el inspector de Buenavista se presente ante el juez.
  • Otra carta informando de la detención de Antonio Pacheco, acompañante habitual de Paul y Angulo (otro de los sospechosos de ser inductor del atentado) y conserje en los periódicos La Lucha y El Combate.
  • Escrito sobre nuevas detenciones de Ángel Teruel, Joaquín Hernández y García El majo de los trabucos y otra persona.
  • Nuevo escrito con noticias de la detención de alborotadores habituales: López Santiso, Rico y Salvador.
  • Comunicado al juez de Rojo Arias informando sobre la detención del sospechoso Enrique Díez Gómez.
  • Escrito de Rojo Arias en el que el gobernador civil de Madrid da cuenta al juez instructor de que ha llamado para que se presente en su despacho el inspector de policía del distrito de Buenavista, como responsable del orden en las calles en las que se cometió el atentado. Cuando acudió a su presencia, sorprendentemente, manifestó que en su distrito no se había producido ninguna novedad. Rojo Arias le envió directamente a prisión.
  • Rojo Arias comunica al juez instructor la detención de Francisco Parrondo, de filiación republicana, Bartolomé Benavides, carlista, y otros tres sospechosos: Andrés Castro, Clemente Marimón y Juan Antonio Rodríguez.
  • Informe de Rojo Arias sobre la detención del sospechoso Rafael Basabe que según el gobernador amenazó públicamente a Prim en tabernas y otros establecimientos.
  • El gobernador civil de Madrid relata en un informe que en Zaragoza se había rumoreado sobre un levantamiento republicano en la fecha del 27 de diciembre en la que también se produciría un suceso extraordinario.
  • Rojo Arias solicita autorización al juez instructor para trasladar a los detenidos en la cárcel de la villa.
  • Rojo Arias da cuenta de nuevas detenciones: Dávila, Tejada, Ruano, Recio, Rochet,
  • Escrito de Rojo Arias en el que comunica al juez instructor de la detención del sospechoso Diego López Santiso.
El atentado contra Prim, un episodio tan importante para la historia de España, no podía pasar desapercibido a la pluma de Benito Pérez Galdós. El escritor canario recogió en las páginas de sus Episodios Nacionales (Quinta Serie, número 42: España Trágica) algunas referencias a Rojo Arias y a su papel tras el atentado, sin omitir los rumores, nunca confirmados, que apuntaban a que el gobernador civil conocía con antelación el atentado:
Nada digno de mención pasó en el resto del día en la feliz morada de los Íberos y Calpenas. El 27 por la mañana fue Ricardo Muñiz a Buenavista, y almorzando con Prim se quejó doloridamente de que el Gobernador no hubiese preso más que a uno de los diez de la lista. El General, con escasa atención en el asunto, le dijo que viese a Rojo Arias y al coronel de la Guardia Civil, encareciéndoles mayor diligencia, y con su amigo y sus ayudantes se fue al Congreso.
(…) Interior del Congreso: el Conde de Reus [Prim] hablaba en el pasillo curvo con Rojo Arias, Gobernador de Madrid. ¿Le recomendaba que pusiera pronto en recaudo a los hombres de la trágica lista? Es probable que así fuese, y también que el flamante Gobernador, guardándola en su bolsillo, dijera que se ocuparía del asunto... todo ello sin precipitación, y estudiando los antecedentes de cada individuo, para que no se le acusara de arbitrariedad...
España Trágica (Episodios Nacionales, quinta serie, número 42). Pérez Galdos, Benito.
Actualmente se considera que los culpables pudieron ser tanto el duque de Monstpensier como el general Serrano, quien sustituiría a Prim al frente del Consejo de Ministros. El periodista José Paúl y Angulo también fue considerado uno de los principales sospechosos aunque, según se cuenta, el propio Prim, al ser preguntado por su mujer sobre los posibles autores del atentado, contesto que podía ser cualquiera menos los republicanos.

*Las distintas versiones sobre los autores intelectuales del atentado, desde el momento en que se produjeron los disparos, no dejaron de aparecer en los periódicos y en los mentideros políticos: el duque de Montpensier, todavía resentido por el apoyo de Prim a Amadeo I; el diputado republicano Paúl y Angulo, también enemigo del general abatido al que atacaba por su política moderada, y hasta el general Serrano, sustituto de Prim al frente de la presidencia del Gobierno, fueron algunos de los supuestos responsables de la muerte del marqués de los Castillejos y conde de Reus. Tampoco faltó quien adjudicara a la masonería la responsabilidad del atentado. Sin embargo, todavía hoy, después de que hace unos años se le practicase una nueva autopsia a la momia de Prim, no existe una versión definitiva sobre los autores intelectuales de su muerte, un misterio que parece que acompañará siempre a este triste episodio de la historia de España.


Fuentes y bibliografía:
  • Archivo del Senado. Leg. 389. Nº 4 (2).
  • Archivo del Senado. Leg. 389. Nº 4 (3).
  • Oratoria y periodismo en la España del siglo XIX. Seoane, María Cruz. Editorial Castalia. Madrid, 1977.
  • Periódicos y publicaciones citados en el texto.
  • Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes. Dieron comienzo el día 11 de febrero de 1869 y terminaron el 2 de enero de 1871. Tomo XV. Índice y resumen. Imprenta de J. A. García, Corredera Baja de S. Pablo, 27. Madrid, 1871.
  • Sumario 306/1870 sobre el atentado contra el general Prim.
  • España trágica. (Episodios Nacionales, quinta serie, número 42) Pérez Galdós, Benito. Alianza editorial. Madrid, 2009.
  • Las primeras cámaras de la regencia. Datos electorales, estadísticos y biográficos. Sánchez Ortiz Modesto y Berastegui, Fermín. Imprenta de Enrique Rubiños. Madrid, 1886.


martes, 11 de septiembre de 2018

Ignacio Rojo Arias, un morateño testigo y protagonista de la historia (IV)

Como vimos la pasada semana, la labor parlamentaria de Ignacio Rojo Arias en las Cortes Constituyentes que siguieron a la revolución de 1869 fue muy intensa. De oratoria fluida e incisiva, el político nacido en Morata desarrolló un amplio trabajo, tanto como miembro de la Comisión de Actas y de Reglamento, como en varios de los debates que se plantearon sobre asuntos polémicos como la libertad de culto o la abolición de quintas. Sin embargo, fue cuando planteó un voto particular a la ley de elección del nuevo rey de España cuando Rojo Arias se convirtió en verdadero protagonista en el parlamento español.

Voto particular de Arias Rojo en la ley de elección del futuro rey de España
La Constitución de 1869, aprobada el 1 de junio de ese año, está considerada como la más democrática de todos los ordenamientos legales españoles aprobados hasta entonces. Ni siquiera la Constitución de 1812, con todo lo que significó entonces de reconocimiento de las ideas más liberales, alcanzó el grado de democracia avanzada que, para la época en que se aprobó, alcanzó la Constitución de 1869. El reconocimiento del sufragio universal (solo masculino, eso sí), la libertad de cultos, la garantía de los derechos individuales y las libertades colectivas (libertad de reunión y asociación), la libertad de imprenta o la división de poderes eran aspectos destacados de una Constitución que reconocía en su artículo 32 que la soberanía reside esencialmente en la Nación, de la cual emanan todos los poderes. Pocas constituciones europeas de esos años reconocían muchos de estos derechos recogidos en las leyes aprobadas por las Cortes constituyentes surgidas de la revolución de 1868.
Sin embargo, pese a lo avanzado de muchos de sus artículos, la elección de la monarquía como forma de gobierno, frente a la oposición de los diputados republicanos, dejaba un asunto no menor pendiente de resolver: la designación del rey que encabezaría la nueva monarquía española .
Para elegir al nuevo monarca las Cortes Constituyentes debían fijar en una ley las condiciones y circunstancias que se tendrían presentes para encontrar al sustituto de de Isabel II, depuesta tras la revolución de 1868. Arias Rojo, intervino en la Comisión encargada de la elaboración de esta ley en representación de los grupos que sostenían al gobierno.
El 30 de mayo de 1870, mientras se debatía en comisión la ley que debía dar cobertura a la elección del nuevo monarca, Rojo Arias presentó una iniciativa que modificaba todas las previsiones sobre los candidatos a encabezar la monarquía española. En un voto particular que sorprendió a toda la Cámara, el diputado morateño planteó un voto particular que, frente a lo se planteaba en la redacción inicial del artículo 7 de la ley, obligaba a que en el caso de aprobarse el candidato debería obtener, al menos, la mitad más uno de los votos del Congreso.
Este voto particular, caso de aprobarse, impedía, según se anticipaba en los periódicos de la época, que el candidato más conservador, el duque de Monstpensier, cuñado de Isabel II, pudiese acceder al trono. Curiosamente, las figuras más destacadas de la coalición gubernamental como Prim, Sagasta o el almirante Topete, se mostraron contrarios a la propuesta de Arias Rojo, que también contó con la oposición de Ríos Rosas, destacado diputado conservador. Por el contrario, Nicolás Salmerón o Pi y Margall, diputados de referencia de las ideas republicanas defendieron el voto particular de Ignacio Rojo.
Entre los periódicos, también eran evidentes las diferencias de criterio frente al voto particular de Rojo Arias. Los diarios conservadores, El Pensamiento Español y La Época, como era de esperar, expresaron su oposición a una propuesta que, de aprobarse, cercenaba las posibilidades de Montpensier. Más extraña fue la campaña en contra del voto particular de La Iberia, el periódico liberal en el que iniciara años antes su carrera periodística Rojo Arias y que ahora se mostraba abiertamente opuesto a la propuesta de su antiguo colaborador. En el lado contrario, uno de los grandes periódicos del siglo XIX, El Imparcial, no dudó en alinearse con los diarios más a la izquierda que, como La Igualdad, la Discusión o La Nación, todos ellos republicanos, defendieron con vehemencia el voto particular de Rojo Arias.
En los días previos a la votación, como era de esperar, los distintos periódicos defendieron sus posiciones ante asunto tan importante. En el caso de los diarios republicanos se entendía que, de aprobarse el voto particular del político morateño, difícilmente se alcanzaría un consenso entre todas las fuerzas políticas para designar un nuevo monarca. Así se manifestaba esta idea en La Discusión:
(…) Y naturalmente hubo de comenzarse por el voto particular del Sr. Rojo Arias, que pretende que el futuro y problemático monarca no sea proclamado si no reúne la mitad más uno de los sufragios de todos los diputados que se hallen en disposición de desempeñar sus cargos; al paso que el dictamen de la mayoría de la comisión se contenta con el número de sufragios que se exigen para la aprobación definitiva de cualquiera ley ordinaria, es decir, con la mitad de los diputados concurrentes, con tal que los concurrentes sean la mitad de todos los diputados admitidos.
(…) Así que el Sr. Rojo Arias, dentro de su criterio monárquico, pudo muy bien apoyar su voto particular, y aún más, combatir el dictamen de la comisión; con un extenso y razonado discurso, declarando que prefería quedarse sin rey alguno antes que aceptar un rey impuesto por tan exiguo y despreciable número de votos. (La Discusión, 4 de junio de 1870)
Sobre este asunto del número de votos necesarios para elegir al nuevo Rey, La Iberia recogía unas palabras de Rojo Arias, que desmentían distintas acusaciones contra su persona:
No quiero yo hacerme cargo de ciertas especies que se han hecho correr respecto á si este voto particular tiene determinadas tendencias, pues ya he dicho en el preámbulo que soy tan monárquico como el que más y que deseo cese la interinidad; pero por lo mismo .que deseo esto quiero que el monarca sea la representación de la mayoría, pues de otro modo nada habremos hecho en bien del país. (Declaraciones de Ignacio Rojo Arias, La Iberia, 4 de junio de 1870)
Con los periódicos tan divididos como las fuerzas políticas del parlamento, llegó el día de la votación, celebrada el 8 de junio. Por un escaso margen (137 votos a favor frente a 134 en contra), Rojo Arias vio como se aprobaba un voto particular que, de hecho, cambió la historia de España ya que evitó la casi segura elección del duque de Montpensier. Hoy, en el Parlamento español, lastrado y constreñido por la disciplina de voto, sería imposible una votación como la que se produjo ese día. La tradicional división entre fuerzas progresistas, demócratas y conservadoras saltó el 8 de junio de 1869: 51 diputados progresistas, 25 demócratas, 53 republicanos, 8 carlistas y 1 alfonsino apoyaron el voto particular de Rojo Arias. En contra se manifestaron 46 diputados de la mayoría progresista, 11 demócratas y 67 unionistas. Un ataque en toda regla a lo que hoy conocemos como disciplina de partido. El mismo 8 de junio, así reconocía el periódico El Imparcial el logro de Rojo Arias:
El Sr. Rojo Arias es uno da los diputados que más se han distinguido en las actuales Cortes por su celo y por su laboriosidad tanto como por su modestia: el Sr. Rojo Arias ha conquistado ayer un puesto envidiable entre los hombres de Parlamento, y otros muchos diputados han alcanzado altas posiciones en este país por actos de mucha menor trascendencia y realizados en condiciones más ventajosas y sin grandes esfuerzos o inteligencia ni de valor político.
La solemne votación que después recayó en el debate, aquellos 138 síes pronunciados por otros tantos diputados en medio del más religioso silencio, han debido compensar al autor del voto particular de los grandes esfuerzos que ha hecho por salir airoso de tan alto y tan patriótico propósito. Nosotros le felicitamos también, y con nuestros humildes plácemes estamos seguros recibirá los de la inmensa mayoría de los españoles, que lo considerarán en adelante como el ejecutor de la voluntad nacional en la ya resuelta cuestión de Montpensier. (El Imparcial, 8 de junio de 1870)
En estas últimas palabras estaba la clave. El voto particular cortaba casi con toda seguridad las aspiraciones de Antonio de Orleans, duque de Monstpensier.
La trascendencia de la iniciativa parlamentaria de Rojo Arias tuvo su reflejo no sólo en los comentarios de la prensa de la época. Muchos años después, pasado el corto reinado de Amadeo I y la experiencia de la I República, y cuando España ya había conocido la restauración borbónica en la persona de Alfonso XIII, un escritor como Galdós recogía en uno de sus Episodios Nacionales, el número 42 de la serie, editado en 1909, el momento en el que se debatía y votaba en las Cortes el voto particular de Rojo Arias:
(…) Dio Halconero explicación justa. Había ido al Congreso con Enrique Bravo y otros dos amigos... Les llevó a la tribuna el interés que despertaba el voto particular de Rojo Arias, y la votación que habría de recaer sobre él.
-¿Y qué es eso, y con qué se come?
-Pues nada... El Congreso acuerda que para elegir Rey será preciso reunir 171 votos, la mitad más uno de los diputados que han jurado el cargo...
-¿Y eso va con nosotros, Vicente? ¿Qué nos importa que sean ciento o ciento y pico?... Mi padre ha dicho que lo que es Montpensier, por más dinero que gaste en la compra de periódicos y diputados, no sacará más de veinte o veinticinco votos...
El artículo 7ª, aprobado con los cambios propuestos por Rojo Arias, quedó definitivamente redactado con el siguiente texto:
Art. 7.° Para que resulte elección en favor de un candidato, se necesita que obtenga un número de votos igual por lo menos a la mitad mas uno de los diputados que estuviesen proclamados y en aptitud legal de ejercer su alta investidura el día en que se haga el señalamiento que determina el art. I.° de esta ley. (…).
Con este contenido, todas las previsiones apuntaban a que sería muy difícil encontrar quien encabezara la monarquía española. Los pronósticos apuntaban a un largo periodo de interinidad y de inestabilidad política, provocado por el voto particular de Rojo Arias. Nada más lejos de la realidad. No pasarían ni seis meses para que la realidad desmintiera los malos augurios sobre la imposibilidad de poner de acuerdo a las fuerzas políticas. En la sesión celebrada el 16 de noviembre de 1870 para elegir monarca se produjo el siguiente resultado:
  • Duque de Aosta, 191
  • República federal, 60
  • Duque de Montpensier, 27
  • En blanco, 19
  • Duque de la Victoria, 8
  • República española, 2
  • Alfonso de Borbón, 2
  • República, 1
  • Condesa de Montpensier, 1
Amadeo I de Saboya, elegido rey de España por las Cortes el 16 de noviembre de 1870

La elección del duque de Aosta, quien reinaría como Amadeo I, acababa con la interinidad en la política española, bien es cierto que por escasos meses. El nuevo monarca y la nueva situación política recibió parabienes de quienes, sólo unos meses antes, habían cuestionado la labor parlamentaria de Rojo Arias que había posibilitado la elección del noble italiano. Sorprenden, en este sentido, las palabras de La Iberia, tan reacia a reconocer los méritos de su antiguo colaborador en el mes de junio:
La Cámara Constituyente, dando un solemne mentís a los que la juzgaban imposibilitada de dar una solución afirmativa respondiendo a los clamores del país contra la interinidad, ha satisfecho ya las aspiraciones generales, eligiendo rey al príncipe Amadeo de Saboya, miembro de una de las dinastías más liberales y simpáticas da Europa. Se ha coronado por fin el edificio revolucionario, dando cima a la obra gloriosa de septiembre. En tal sentido, la sesión de ayer será memorable en los anales parlamentarios, y el día 16 de noviembre de 1870 un día de júbilo para los amantes del progreso. (…). (La Iberia, 17 de noviembre de 1870),
Mucho menos amable ante la nueva situación política que se le planteaba al país fue la opinión expresada en el periódico republicano El Combate:
Ayer se votó rey al duque de Aosta, y así lo proclamó el presidente de las Cortes, señor Ruiz Zorrilla. Ayer se hizo traición a la Soberanía nacional y a la patria; porque aquella fue enajenada a un extranjero. EL COMBATE lo tiene dicho y lo repite: los diputados que han dado su voto al duque de Aosta son considerados TRAIDORES y serán en su día juzgados por el Tribunal del pueblo. (El Combate, 17 de noviembre de 1870).
Tampoco desde las filas conservadoras se recibió con entusiasmo el nuevo monarca tal como mostró en sus páginas La Esperanza, un periódico que se proclamaba monárquico pero que no expresó la más mínima empatía con el rey elegido en el Congreso de los diputados:
Créanos, pues, el príncipe Amadeo, y oiga nuestra súplica, porque el asunto le interesa tal vez mas que a nosotros; quédese en Italia, y no venga a probar fortuna entre nosotros (…). (La Esperanza, 17 de noviembre de 1870).
En medio de este clima de división, el periodo de tiempo que pasó hasta la llegada de Amadeo I de Saboya para asumir la jefatura del Estado y de la monarquía española no mejoró el ambiente político. Unos días antes de la navidad de 1870, Ignacio Arias Rojo habría de asumir nuevas responsabilidades políticas. Su nombramiento como gobernador civil de Madrid le situó, ante los acontecimientos políticos que estaban por llegar, en el centro de la polémica cuando el presidente del Consejo de Ministros, Juan Prim, resultara víctima de un atentado contra su persona que le costaría la vida.


Fuentes y bibliografía:
  • Archivo del Senado. Leg. 389. Nº 4 (2).
  • Archivo del Senado. Leg. 389. Nº 4 (3).
  • Oratoria y periodismo en la España del siglo XIX. Seoane, María Cruz. Editorial Castalia. Madrid, 1977.
  • Periódicos y publicaciones citados en el texto.
  • Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes. Dieron comienzo el día 11 de febrero de 1869 y terminaron el 2 de enero de 1871. Tomo XV. Índice y resumen. Imprenta de J. A. García, Corredera Baja de S. Pablo, 27. Madrid, 1871.
  • España trágica. (Episodios Nacionales, 42) Perez Galdós, Benito. Alianza editorial. Madrid, 2009.


martes, 4 de septiembre de 2018

Ignacio Rojo Arias, un morateño testigo y protagonista de la historia (III)

La semana pasada veíamos como Ignacio Rojo Arias resultaba elegido diputado nacional por la circunscripción de Ciudad Real en las Cortes Constituyentes de 1869. Como miembro de la mayoría parlamentaria que sostenía al gobierno, presidido por entonces por el general Serrano, Arias Rojo tuvo un protagonismo destacado en los debates que precedieron a la aprobación de la Constitución de 1869. Como experto en temas jurídicos Rojo Arias participó en los debates relacionados con el poder judicial o, también, en los que se plantearon respecto a la abolición de quintas.



La elecciones de 1869 otorgaron una amplia mayoría a la coalición progresista liberal integrada por el Partido Progresista, la Unión Liberal y el Partido Democrático. Esta coalición, de la que formaba parte Rojo Arias, sumó 236 diputados, frente a los 85 diputados de la candidatura republicana de Pi y Margall, los 20 diputados de la minoría católico monárquica y los 11 diputados conseguidos por otros partidos menores.
En este primer periodo como diputado nacional, Rojo Arias tuvo algunas intervenciones destacadas en un hemiciclo que fue escenario de agrios e intensos enfrentamientos entre las facciones progresistas, republicanas y conservadoras que contaban con auténticas figuras de la oratoria parlamentaria como Emilio Castelar, Nicolás Salmerón, Antonio Ríos Rosas, Antonio Aparisi y Guijarro o José de Echegaray. Muchos años después de su participación en las constituyentes, se definía así la oratoria de Rojo Arias:
(…) Orador forense ateneísta y parlamentario, de limpia frase y arrebatada y calurosa palabra, enérgico, vehemente, frío, razonador; su elocuencia, su práctica, y los recursos de su talento que tantos triunfos le proporcionaron (…) era el llamado a inaugurar la campaña oposicionista de la izquierda liberal en el parlamento español, y lo verificó a conciencia, y cumplió satisfactoriamente su cometido (…). (El Eco Minero, 12 de junio de 1886)
Elegido miembro de la Comisión de Reglamentos y secretario de la Comisión de Actas –encargada de los debates sobre la adjudicación de actas en distintas provincias en las que se denunciaron fraudes electorales-, Rojo Arias participó activamente en los apasionados debates que se desarrollaron en el hemiciclo.* La revolución de 1868 llevó al hemiciclo salido de las elecciones asuntos como la soberanía nacional, el sufragio universal la libertad de cultos o la abolición de la esclavitud: en muchos de ellos participó Rojo Arias.

Grabado de la época con una imagen de la apertura de las Cortes Constituyentes

El archivo del Congreso recoge alguna de sus intervenciones en asuntos muy polémicos como la controvertida abolición de quintas. En el periodo previo a las elecciones ya se había tratado profusamente las promesas de los partidos respecto al servicio militar, justo en un periodo en el que los movimientos independentistas en las colonias americanas que aún pertenecían a España exigían un esfuerzo militar y humano que hacía muy difícil un debate sereno sobre el problema. En una de sus intervenciones sobre este proyecto de abolición de quintas, Ignacio Rojo trataba de defender la postura gubernamental favorable a la abolición:
(…) Aquí se han obstinado los señores de la minoría en desconocer que este proyecto no es un proyecto de quintas, sino un proyecto de abolición de quintas; los Sres. Castelar, Serraclara y Gil Berges no nos han dicho en realidad nada en contra suya: no nos han dicho sino que esa contribución era impopular, cosa en que nosotros estarnos enteramente conformes. El mismo Sr. Castelar, al defender los ejércitos voluntarios, ha defendido nuestro proyecto, porque este decreta la abolición de las quintas de un modo más radical que la quieren los individuos de la minoría republicana (…). (Intervención de Rojo Arias en el Congreso de los Diputados en la sesión del 27 de marzo de 1869).
Sin embargo, pese a esta promesa, en la que el gobierno coincidía con la minoría republicana, la abolición de quintas resultó inviable debido a la situación en la isla de Cuba que ya entonces, casi treinta años antes de la independencia, exigía una continua leva de soldados reclutados entre las clases populares. Precisamente sobre la abolición de quintas trataba una petición del Ayuntamiento de Morata de Tajuña remitida al Congreso de los Diputados al igual que otra propuesta del consistorio morateño respecto a libertad de cultos que pasó a la Comisión Constitucional.
Rojo Arias también intervino en los debates sobre el artículo 27 de la nueva Constitución, según el cual todos los españoles eran admisibles a los empleos y cargos públicos según su mérito y capacidad. La obtención y el desempeño de estos cargos, así como la adquisición y el ejercicio de los derechos civiles y políticos, son independientes de la religión que profesen los españoles. Hoy puede parecer obvia esta igualdad de todos los españoles pero en 1869, aunque parezca increíble, aún había reticencias entre los partidos conservadores a admitir este principio.
Como abogado de profesión y antiguo teniente fiscal Ignacio Arias también participó activamente en varios artículos relacionados con el poder judicial. En estas intervenciones expresó su oposición a la redacción final del artículo 94 de la Constitución, que permitía al rey nombrar hasta el 25 por ciento de los magistrados de las Audiencias y del Tribunal Supremo, y presentó enmiendas, que fueron rechazadas, para mejorar el artículo 95 que trataba sobre la deposición de jueces y magistrados.
En comparación con la práctica parlamentaria que conocemos en la actualidad, puede sorprender que los parlamentarios de la Cortes Constituyentes de 1869 hicieran uso de su independencia para defender sus ideas, aun en el caso de que estas no coincidieran con el grupo político al que pertenecían. En este sentido, Arias Rojo, no era desde luego un diputado adocenado: en su trayectoria parlamentaria dio suficientes muestras de esta independencia de criterio sin por ello faltar a su compromiso con las ideas liberales y progresistas con las que se había presentado a las elecciones. En algunas de las leyes que se han comentado hizo uso de esta libertad, pero cuando de verdad defendió honestamente lo que creía más justo y mejor para España fue en la tramitación de la ley que debía servir de base a la elección del nuevo rey que sustituiría a Isabel II. Un voto particular de Rojo Arias a esta ley -frente a la opinión de políticos muy próximos a él, como Prim o Sagasta- modificó la redacción inicial del artículo 7 y cambió todas las previsiones sobre la elección del nuevo monarca y permitió, como veremos la próxima semana, que resultara elegido el duque de Aosta, quien reinaría como Amadeo I de Saboya.



Ejemplar de la Constitución de 1869


* Trabajos parlamentarios de Ignacio Rojo Arias durante las Cortes Constituyentes 1869-1871
Como miembro de la Comisión de Actas y secretario de la Comisión de Reglamento Ignacio Rojo Arias desarrolló una importante trabajo como diputado de las Cortes Constituyentes. En esta relación se recoge lo más importante de su labor parlamentaria durante esos años.

Interviene en debates sobre:
  • Fuerza permanente del Ejército
  • Ley de Enseñanza
  • Capellanías colativas de sangre.
  • Etiqueta para recibir y despedir al regente.
  • Para que no perciban haberes quienes no haya jurado la Constitución.
  • Derogación de la suspensión de garantías.
  • Relatorías y escribanías de las Audiencias.
  • Desaparición de las alhajas de la Corona.
  • Etiqueta para el 2 de Mayo.
  • Reforma del Código Penal.
  • Reelección del Sr. Rubio Caparrós.
Discursos:
  • Actas de Valladolid.
  • De Cádiz.
  • Restablecimiento del juzgado de la Mota del Marqués.
  • Actas de Estella.
  • De Santander.
  • De Motril.
  • Exposición de Mar y Aznar (Don Joaquín), pidiendo pensión.
  • Quinta para el año actual.
  • Resistencia del Patriarca de las Indias a dar cumplimiento a algunas disposiciones del Poder ejecutivo.
  • Sucesos de Jerez.
  • Exposición de D. Emilio Sánchez Alfageme, en nombre de sus hermanas huérfanas, hijas de D. Juan, comandante graduado que fue fusilado en el Carral en 1846, solicitando una pensión.
  • Restablecimiento de los juzgados suprimidos.
  • Interpelación sobre los delitos cometidos contra el señor Duque de Sessa.
  • Amnistía.
  • Proyecto constitucional.
  • Actas de Castuera.
  • Comisión parlamentaria sobre abusos y excesos de las administraciones pasadas.
  • Exposición de D. Prudencio Laguna, vecino de Santa Cruz de Mudela, pidiendo verdaderas economías.
  • Expediente de reversión de las dehesas de Argamasilla de Alba.
  • Obligaciones de ferrocarriles.
  • Sesiones para presupuestos.
  • Comunicación sobre la comisión de Reglamento.
  • Comandantes de los Voluntarios de Madrid.
  • Sociedades de créditos.
  • Condonación de multas a los periódicos.
  • Diputados que se han levantado en armas contra la Constitución del Estado.
  • Abono de pagas a los militares emigrados.
  • Expediente de incorporación á Bilbao de dos anteiglesias.
  • Presos políticos.
  • Juramento, para los que cobran haberes, a la Constitución del Estado.
  • Ensanche de Bilbao.
  • Juez de Reus.
  • Venta de bienes de la Corona.
  • Ferrocarril de Malpartida de Plasencia.
  • Desaparición de las alhajas de la Corona.
  • Exposición de Doña Florencia Ochoa de Zabalegui, huérfana del capitán de caballería D. Serafín, solicitando una modesta pensión.
  • Excitación a la reunión de secciones.
  • Presupuestos.
  • Pide la palabra sobre el caso de reelección del señor Ruíz Gómez.
  • Acta de Játiva.
  • De León.
  • De Logroño.
  • Sucesos de Zarauz.
  • Presentación del dictamen sobre las actas de Oviedo y Avilés.
  • Preguntas sobre reducción de conventos, fuga del Obispo de la Habana, y expediente relativo al convento de PP. Franciscos en Zarauz,
  • Actas de Vich.
  • Actas de Jerez
  • Ídem de Vich.
  • Exposición de los profesores de la capilla de Palacio.
  • Estados sobre el número de conventos.
  • Presentación de los proyectos sobre arreglo del clero y de los tribunales.
  • Proposición sobre la contestación del Sr. Echegaray a la pregunta relativa a la enseñanza de la religión.
  • Traslación a la Mota del Marqués de la capitalidad de Tordesillas.
  • Supresión del grado de bachiller. Ley electoral.
  • Privilegio exclusivo del Banco, de D. Antonio López y López.
  • Presupuestos de obras públicas desde el año 1860 a 1868.
  • Cumplimiento del Reglamento para presentación de dictámenes de actas.
  • Petición núm. 890.
  • Ídem, 89l.
  • Aranceles notariales.
  • Proyectos de Gracia y Justicia.
  • Juez y promotor de Torrox.
  • Gastos de representación de los jueces de primera instancia, y presentación de la ley orgánica de tribunales.
  • Elección de Monarca.
  • Exposición de los escribanos de Cámara de la Audiencia de Madrid sobre la disposición duodécima transitoria del proyecto de ley orgánica de tribunales.
  • Acta parcial de Logroño.
  • Disolución de las Cortes Constituyentes.
  • Proposiciones de ley, que han llegado a ser proyectos de ley, y se hallan pendientes de dictamen o de discusión.
  • Administraciones pasadas (Investigación sobre los abusos y excesos cometidos por las).

Fuentes y bibliografía:
  • Archivo del Senado. Leg. 389. Nº 4 (2).
  • Archivo del Senado. Leg. 389. Nº 4 (3).
  • Oratoria y periodismo en la España del siglo XIX. Seoane, María Cruz. Editorial Castalia. Madrid, 1977.
  • Periódicos y publicaciones citados en el texto.
  • Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes. Dieron comienzo el día 11 de febrero de 1869 y terminaron el 2 de enero de 1871. Tomo XV. Índice y resumen. Imprenta de J. A. García, Corredera Baja de S. Pablo, 27. Madrid, 1871.

martes, 28 de agosto de 2018

Ignacio Rojo Arias, un morateño testigo y protagonista de la historia (II)

Tras conseguir que la Audiencia Territorial de Madrid revocase la pena de 27 meses de cárcel que se le había impuesto por un delito de injurias y calumnias contra el gobernador civil de Ciudad Real, Rojo Arias continúo con su frenética actividad. Periodismo, abogacía y política ocupaban el tiempo de Ignacio, ya casado con Felisa R. Monroy –con la que tendría dos hijos, Rafael y Consuelo- en una década, la de los años 60 del siglo XIX, que marcaría el futuro de España durante varios años más.


Político destacado en la revolución de 1868
El triunfo de la revolución del 68 coincidió con una de las etapas vitales más intensas de Ignacio Rojo Arias. El movimiento revolucionario, que se había iniciado el 17 de septiembre en Cádiz con la sublevación del almirante Topete, rápidamente se extendió al resto de España donde se formaron varias juntas revolucionarias. Con la victoria el 28 de septiembre, en la localidad cordobesa de Alcolea, del general Serrano frente a las tropas leales a la monarquía isabelina –lo que provocó la salida de Isabel II de España-, se inició un periodo histórico apasionante que dio paso a la llegada al trono de Amadeo I, su abdicación, la proclamación de la I república y el golpe de estado que en 1874 trajo, de nuevo, la restauración monárquica. Todo ello en seis escasos años, los que van de 1868 a 1864.
Figuras militares como el general Serrano, el almirante Topete y Prim, junto a políticos de prestigio como Sagasta o Ruiz Zorrilla, aunque estaban lejos de compartir unánimemente las mismas ideas progresistas, sí que aglutinaron las fuerzas necesarias para que impulsar junto a los movimientos favorables a la república un profundo cambio político que se conocería como sexenio revolucionario. En estos año, Ignacio Rojo Arias participaría activamente y con mucho protagonismo a partir del momento en que los sucesos de septiembre provocaran la caída de Isabel II y se iniciara un auténtico terremoto político que el abogado morateño viviría en primera fila .
Antes de que el 8 de octubre de 1868 se formara el gobierno provisional presidido por el general Serrano, Ignacio Rojo ya había intervenido en varias decisiones políticas importantes. Como miembro de la Junta Provisional Revolucionaria de Madrid, Rojo firmó varios pronunciamientos publicados en el periódico oficial de esos años, La Gaceta de Madrid. El 3 de octubre publica un comunicado de la Junta Provisional de Gobierno invitando a los madrileños a celebrar el triunfo de la revolución:
Madrileños, ayudada por vuestra inteligente cooperación, inspirada en vuestros patrióticos sentimientos, la Junta Revolucionaria de gobierno ha procurado llenar su difícil encargo conservando el orden y la tranquilidad que imperan en Madrid desde que secundasteis con indecible entusiasmo el grito de libertad y regeneración alzado en Cádiz por el Ejército y la Marina. Hoy que la revolución consumada sobre la caída del trono de los Borbones domina en toda España, es llegado el instante de solemnizar tan fausto suceso con una fiesta cívica, cuyo principal ornamento sea el popular regocijo. En el vestíbulo del Palacio de las Cortes, emblema de la Soberanía de la Nación, nos hallareis hoy juntos para saludar el desfile del Ejército y del pueblo fraternalmente unidos. Las revoluciones dinásticas son siempre revoluciones nacionales, y el Ejército y el Pueblo, los españoles todos, anhelan demostrar á la faz de Europa, del mundo, que están interesados en consolidar el triunfo de los derechos individuales a tanto precio reivindicados las libertades públicas definitivamente conquistadas.
Obra de todos los partidos liberales, obra del pueblo, la revolución española debe ostentarse siempre orgullosa del compromiso de honor que ha contraido, y armada de su soberanía.
¡Viva el sufragio universal! ¡Viva el pueblo soberano!
¡Viva el Ejército! ¡Viva la Marina! (…).
Ignacio Rojo, como miembro de la Junta Provisional de Gobierno, firma este manifiesto junto a otros destacados revolucionarios como Pascual Madoz, Estanislao Figueras, Francisco Romero Robledo o José Olozaga.
Dos días después, el 5 de octubre, La Gaceta publicaba otra nota de la Junta Provisional en la que también aparecía la firma de Rojo Arias y en la que se anunciaba la formación de un gobierno provisional presidido por el general Serrano hasta la convocatoria de las cortes constituyentes:
Junta Provisional de Gobierno
Consumada felizmente la gloriosa revolución que se inició en Cádiz, y llegado el caso de organizar la Administración pública, esta Junta Revolucionaria de Madrid encomienda al Capitán general de ejército D. Francisco Serrano, Duque de la Torre, la formación de un Ministerio provisional que se encargue de la gobernación del Estado hasta la reunión de las Cortes Constituyentes (…).
De este Gobierno Provisional, encabezado por el general Serrano, también formaban parte dos figuras políticas muy próximas a Rojo Arias: Ruiz Zorrilla, del Partido Demócrata Radical, y Práxedes Mateo Sagasta, miembro del Partido Liberal y del que, con el paso del tiempo, el político madrileño sería fiel seguidor en el periodo de la Restauración propiciada por Cánovas del Castillo a partir del año 1874.

Imagen de Ignacio Rojo Arias hacia 1870

Rojo Arias elegido diputado por Ciudad Real en las cortes constituyentes
La convocatoria de unas Cortes Constituyentes fue el primer mandato del Gobierno Provisional encabezado por el general Serrano. Hasta la convocatoria de estas elecciones y la formación de las Cortes Constituyentes, anunciadas para comienzos del año 1869, Ignacio Rojo accedió a uno de los muchos cargos políticos que ejercería durante su dilatada trayectoria en las filas de los partidos liberales progresistas y, durante los meses de enero y unas semanas de febrero de 1869, ocupó el Gobierno Civil de la provincia de Cádiz.
Aunque Arias Rojo también había optado al cargo de subsecretario del Ministerio de la gobernación, finalmente se aprobó su nombramiento como gobernador civil de la provincia andaluza, publicado en el diario oficial el 22 de diciembre de 1868.
En su etapa al frente del orden público en Cádiz, el político morateño hubo de afrontar una situación política complicada como representante de un gobierno de carácter moderado, desde la visión de los partidos republicanos, o decididamente revolucionario desde la perspectiva de los partidos conservadores o profundamente reaccionarios como los partidarios del carlismo. Con esta situación de enfrentamiento, Rojo Arias intentó mantener la paz social en toda la provincia de Cádiz en los días previos a las elecciones del 15 de enero. Unos días antes, el día 12 Rojo Arias publicó un edicto recalcando su disposición a mantener el orden en las calles:
Con motivo de haberse alterado momentáneamente el orden en la ciudad de Cádiz, a causa de una falsa alarma, el distinguido gobernador civil don Ignacio Rojo Arias ha publicado el siguiente acertadísimo bando:
(…) En los pocos días que llevo entre vosotros y al frente del mando civil de esta provincia, he procurado daros no más que una idea de las condiciones de mi carácter y de los propósitos que cómo autoridad abrigo.
Una falsa alarma, cuyo origen estoy investigando, ha producido una perturbación, que ni aun por ser momentánea, puedo explicarme en el pueblo de Cádiz.
Hago un llamamiento enérgico a la cordura y al patriotismo de todos sus habitantes.
Me dirijo á los perturbadores, si es que existen y sea la que fuere la clase social a que pertenezcan, para advertirlos que antes de consentir la alteración del orden, estoy resuelto a ir en el castigo hasta el último límite de la ley y de mis facultades.
(…) Cádiz, 12 de enero de 1869. El Gobernador civil Ignacio Rojo Arias.
En este ambiente agitado, no sólo en Cádiz sino en todo el territorio nacional, llegó el día de las elecciones convocadas para el 15 de enero. Ese mismo día, en la primera página de La Iberia, el periódico en el que Rojo Arias había desarrollado la mayor parte de su carrera periodística antes de acceder a las responsabilidades políticas, se publicaba una recomendación explicita a sus lectores a la hora de votar:
La candidatura recomendada por la Junta monárquico-democrática, conforme con la designación hecha por los distritos de Madrid, y la cual deben votar nuestros amigos, es la siguiente:
Don Juan Prim.
Don Manuel Becerra.
Don Francisco Serrano Domínguez.
Don Nicolás María Rivero.
Don Manuel Ruiz Zorrilla.
Don Juan Bautista Topete,
Don Práxedes Mateo Sagasta.
Don José Abascal.
Don Ignacio Rojo Arias. (…) (La Iberia, 15 de enero de 1869)


Certificación del escaño obtenido por Rojo Arias en las Cortes Constituyentes de 1869

Transcurrido un mes de la celebración de las elecciones, el quince de febrero de 1868, Rojo Arias tomaba posesión de su acta como diputado electo por la provincia de Ciudad Real. Recordemos que, a pesar de no ser natural de esta provincia manchega, Ignacio Rojo había desarrollado una importante labor como miembro de la judicatura y de la fiscalía en Ciudad Real durante los años anteriores a la revolución. Además, su polémico proceso por injurias y calumnias a Enrique Cisneros, gobernador civil en esos años, del que ya hemos visto que salió declarado inocente, le dio una popularidad que le fue muy útil en los comicios.
En estas elecciones a Cortes Constituyentes, Rojo Arias formó parte de la coalición Progresista Liberal que, encabezada por Juan Prim, obtuvo una amplia mayoría en todo el territorio nacional con el 67,05 de los votos y 236 diputados del total de 352 parlamentarios que conformaban el pleno de la cámara. El propio político morateño obtuvo unos excelentes resultados con 18.366 votos que le valieron para obtener el acta de diputado. Por este motivo, Rojo Arias, consciente de que no podía compaginar su labor como diputado con la de gobernador civil de Cádiz, presentó su renuncia a este cargo:
Ha llegado o esta corte el ilustre abogado Ignacio Rojo Arias, gobernador civil de Cádiz. El Sr. Rojo, que con su atinado celo y moderación, ha sabido captarse simpatías de los gaditanos, ha presentado a la vez que su acta de diputado en el Congreso, la dimisión al señor ministro de la Gobernación del cargo de gobernador que tan acertadamente le confiara. (La Igualdad, 6 de febrero de 1869).
Ya como diputado en unas Cortes que tenían como objetivo primordial desarrollar una nueva Constitución que acabara con el periodo de interinidad provocado por la revolución que expulsó a Isabel II, Rojo Arias se disponía a afrontar dos años en los que destacó, como veremos, en las filas de los diputados que apoyaban al gobierno provisional. Como responsable del Gobierno Civil de Madrid, Rojo Arias también vivió muy de cerca los trágicos acontecimientos que costaron la vida al general Prim a finales del año 1870.


Fuentes y bibliografía
  • Archivo del Senado. Leg. 389. Nº 4 (2).
  • Archivo del Senado. Leg. 389. Nº 4 (3).
  • Oratoria y periodismo en la España del siglo XIX. Seoane, María Cruz. Editorial Castalia. Madrid, 1977.
  • Periódicos y publicaciones citados en el texto.