martes, 13 de noviembre de 2018

Un morateño testigo y protagonista de la historia (Apéndice III-2ª parte)

Otras participaciones de Rojo Arias como candidato en el distrito de Chinchón

Pese a que en anteriores elecciones no consiguió imponerse a su compañero de partido, y sin embargo rival, Vicente Rodríguez, Rojo Arias no dejaría de intentar obtener un acta de diputado por el distrito de Chinchón. En 1879, ya finalizado el sexenio democrático y en pleno auge de la restauración borbónica, el político morateño optó de nuevo a obtener un acta de diputado por su distrito natal. En los días previos a la celebración de las votaciones, Rojo Arias planteaba en una carta abierta, publicada en el diario El Globo, su línea política:
(…) Fijado ya el día en que han de verificarse las nuevas elecciones de diputados a Cortes, me dirijo a usted, participándole que aspiro a la honra de ser elegido por ese distrito [Chinchón] que, como usted sabe, es el mío natural.
(…) Soy demócrata, contribuí como diputado constituyente a la formación de la Constitución de 1869, y esa Constitución y las leyes orgánicas que la desenvuelven son mi bandera política; aspiro, pues, al triunfo y la aplicación de aquel código, sin exageraciones, siempre perniciosas para el orden en que la verdadera libertad descansa, y sin hipócritas restricciones que son siempre también rudos golpes que, tomando el orden por pretexto, a la libertad se asestan.
Vine a la política activa firmando en el partido progresista y le fui constantemente fiel. En 1868 este partido se fundió con la democracia, cuyos principios más esenciales acepté y he sido desde entonces demócrata firme y sincero, formando contantemente en las filas del partido radical.
Graves y no esperados sucesos aconsejaron a mi partido en febrero de 1873 el tomar otra actitud, y a mi partido seguí y en aquella actitud persevero como persevero en mis ideas que por mi libre elección abracé y que jamás ostenté ni defendí por miras de personal conveniencia.
Si a usted satisface este sencillo programa, bastante para que pueda formarse juicio cabal de lo que haré en las próximas Cortes si a ellas me lleva el voto de los electores de ese distrito, quedaré complacido del todo su siempre afectísimo y seguro servidor.
Ignacio Rojo Arias. (El Globo, 20 de marzo de 1879).
Toda una declaración de intenciones, a la par que un pequeño recordatorio de su trayectoria política, en esta carta publicada días antes de la celebración de las elecciones. Tras la celebración de los comicios Rojo Arias, como anteriores ocasiones, vio otra vez frustrado su intento de obtener acta de diputado por el distrito de Chinchón. En estas elecciones, en las que se había suprimido el sufragio universal (recordemos, sólo para varones), en favor del voto censitario, que sólo permitía votar a quienes alcanzaban un determinado nivel económico que se fijaba por su pago de contribuciones, el candidato conservador Felipe Juez Sarmiento se impuso a Rojo Arias por una amplia diferencia de votos:
Felipe Juez Sarmiento: 1174 votos.
Ignacio Rojo Arias: 448 votos.
(El Siglo Futuro, 24, de abril de 1879).
No se limitaría a estas elecciones de 1879 el empeño de Ignacio Rojo por representar en el Congreso de los Diputados al distrito al que pertenecía Morata, la localidad en la que había nacido. Para los nuevos comicios del año 1881 el político morateño anunció la posibilidad de concurrir a las elecciones a diputado –que finalmente no se materializaría- en una carta que publicó el diario El Globo, un periódico que no dudaba en hacer públicas las ideas de Rojo Arias:
Señor director de El Globo
Mi querido amigo:
Para deshacer de una vez las intrigas electorales que haciendo jugar mi nombre, se comienzan a urdir en el distrito de Chinchón, ruego a usted que se sirva publicar en su estimable periódico la adjunta carta, copia fiel de la que con fecha 31 de marzo dirigía al señor gobernador civil de esta provincia (…).
«Excmo. Señor conde de Xiquena, gobernador civil de Madrid
Madrid 31 de Marzo de 1881.
Mi muy estimado señor: Una obligación moral, que considero ineludible, pone hoy la pluma en mi mano para dirigirme a usted, de quien soy y me declaro adversario político, y cuya amistad personal y cuyo trato tampoco he tenido la honra de cultivar, excitándole a que emplee los medios de la ley y de la autoridad, que ejerce en moralizar la administración municipal de los pueblos correspondientes al distrito de Chinchón, que más de seis años de absoluto nepotismo, han llevado al último extremo de la más desvergonzada arbitrariedad. (…)
(…) Soy natural de uno de los pueblos de aquel distrito -de Morata de Tajuña- y he luchado en él más de una vez, como candidato de oposición para la diputación a Cortes.
Llevo diez y nueve años de ejercicio en mi profesión de abogado del Colegio de Madrid con un concepto muy superior a mis méritos y a mis condiciones, y puedo decir que no hay asunto civil ni criminal de alguna importancia en todo el distrito, en que mis paisanos no soliciten mis servicios profesionales que les presto con tanto gusto como desinterés
Invoco todo esto, señor gobernador, porque debe servir para que usted se forme juicio cabal de la verdad de mis fundados informes; y como necesito que se le forme también muy completo de mi sinceridad y buen deseo, exento de todo interés personal, quiero anticipar una declaración: no sé si la haré como otras veces, en las próximas elecciones de diputados; es posible; es casi seguro. Si lucho, será como candidato de oposición al actual gobierno, en el cual deseo y le agradeceré la imparcialidad, pero de quien ni busco, ni quiero, ni aceptaría un auxilio que había de coartarme luego en el libre ejercicio de aquella alta investidura si lograba alcanzarla, y que jamás ejercería sino con absoluta independencia. (…).
(…) El distrito de Chinchón da un diputado a Cortes y dos diputados provinciales. Ha ejercido el primer cargo, sin interrupción desde la restauración acá, luchando siempre con el carácter de candidato ministerial, el señor Juez Sarmiento; y el de diputados provinciales, con el mismo carácter de ministeriales, los señores Pozo y Calvo, estrechamente unidos entre sí y con el señor Juez Sarmiento, y fielmente asociados para trabajar y obtener su mutua elección (…).
(…) ¿Querrá hacer ostensivas las ventajas de su nueva actitud al señor Juez Sarmiento, o se las reservará para él solo, comprendiendo que los ayuntamientos actuales, obra suya, por el protegidos en sus arbitrariedades y desmanes, y en los cuales estriba su única fuerza, son también su medio único de conservar su puesto en la diputación provincial que por primera vez ocupa por la protección oficial y decidida del diputado a Cortes señor Juez Sarmiento? (…).
(…) Si yo intentara el reseñar pueblo por pueblo y punto por punto todos los excesos, todas las irregularidades, todos los delitos cometidos por todos en la mayor parte de los ayuntamientos del distrito de Chinchón, haría interminable esta carta, que va siendo ya demasiado larga: además que la práctica de todos ellos es uniforme y su conducta igual, excepción hecha de dos o tres localidades en que circunstancias especiales la hacen más grave.
En Villarejo de Salvanés, Belmonte de Tajo, Valdelaguna, Valdilecha, Perales, Brea, Fuentidueña y Valdaracete, pueblos que cito, porque son aquellos de los cuales tengo datos comprobados y ciertos, no hay mas ley que el capricho.
En todos ellos hay establecidos impuestos arbitrarios, cuyo establecimiento y cuyos productos no tienen justificación de ninguna clase en los presupuestos.
Se procede a la subasta de pastos y bienes de propios sin ninguna formalidad de ley y aun contra la ley, como sucede en Belmonte de Tajo, Brea, Valdaracete y Valdelaguna.
Se ha prescindido en el período de la rectificación de listas de exponerlas al público el tiempo que la ley marca, dando ocasión a denuncias como la que ha elevado a la Audiencia del territorio un elector de Fuentidueña.
Se sacan de la Caja de Depósitos fondos procedentes del 80 por 100 de propios con destino a obras públicas que no se ejecutan; y se desobedecen reiteradamente órdenes de este gobierno civil para que esos fondos se vuelvan a la Caja, como sucede, entre otros pueblos, con el de Villarejo.
Los alcaldes, especialmente en este período, hacen que los peatones [carteros] les presenten toda la correspondencia que se reciba; y la guardan aquella que va dirigida a los que consideran sus adversarios, como acaba de acontecer, con complicidad y con escándalo en el pueblo de Valdaracete.
Se tienen secretarios de ayuntamiento menores de edad, que encubran la acción de otros secretarios anteriores que fueron destituidos con intervención de la Guardia civil, y que siguen siendo los árbitros de la administración municipal como sucede en el pueblo de Valdilecha, del cual podrá dar razón e informes el actual jefe de orden público, señor Pérez de Rivera, comandante que ha sido de aquel benemérito cuerpo en esta provincia (…)..
(…) El comprobar su verdad función es de la administración pública, y seguro estoy que usted irá a ella con la imparcialidad propia de su elevado cargo (…).

Primera página del diario El Globo, donde se publicó la carta de Rojo Arias

La carta recoge todo un compendio de presuntas irregularidades administrativas y en el proceso electoral, una situación nada nueva y que se repetía continuamente en el distrito de Chinchón, y en muchos otros del país, con acusaciones mutuas entre los distintos partidos que concurrían a las elecciones. Rojo Arias, en los ya lejanos tiempos del sexenio revolucionario también fue acusado de malas prácticas electorales cuando ejercía como gobernador civil de Madrid en las elecciones de 1871, justo unas semanas después de la muerte en atentado del general Prim.
Finalmente, en ese año de 1881 Ignacio Rojo Arias, abandonando su viejo anhelo de conseguir la representación en el Congreso por el distrito de Chinchón, optó a un escaño en el Senado en representación de la provincia de Madrid pero tampoco consiguió su objetivo.
Debería esperar a 1883 para recuperar su condición de parlamentario gracias a su nombramiento como senador vitalicio. Como tal representante en la Cámara Alta, Rojo Arias planteó algunas preguntas y proposiciones que afectaban al distrito de Chinchón. En la sesión del 30 de abril de 1888 se interesó por el trazado de una línea de ferrocarril que enlazara el ferrocarril de Madrid a Alicante con Villarejo de Salvanés. Esta proposición perseguía que el futuro ferrocarril que uniría Arganda, Morata, Colmenar de Oreja y Villarejo de Salvanés –aunque el tren nunca llegó a este municipio- estuviera conectado con una línea tan importante como la que enlazaba Madrid con Alicante. La proposición literal presentada por Rojo Arias decía así:
Articulo único. Se autoriza al gobierno de S. M. para que, con las mismas condiciones que por la ley de 9 de agosto de 1887 se concedió a D. Francisco Cuéllar y Ballesteros la construcción de un ferrocarril de vía estrecha que partiendo del kilómetro 47 de la línea de Madrid a Alicante termine en Villarejo de Salvanés, convierta la concesión en vía ancha.
Evidentemente la proposición decayó y nunca se materializó este proyecto de Rojo Arias que habría beneficiado a su tierra de nacimiento, una tierra y un pueblo, Morata, al que intentó en repetidas ocasiones representar, desde las filas progresistas, sin llegar a conseguirlo nunca.




Fuentes y bibliografía:
  • Archivo del Senado. Leg. 389. Nº 4 (2).
  • Archivo del Senado. Leg. 389. Nº 4 (3).
  • Oratoria y periodismo en la España del siglo XIX. Seoane, María Cruz. Editorial Castalia. Madrid, 1977.
  • Periódicos y publicaciones citados en el texto.
  • Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes. Dieron comienzo el día 11 de febrero de 1869 y terminaron el 2 de enero de 1871. Tomo XV. Índice y resumen. Imprenta de J. A. García, Corredera Baja de S. Pablo, 27. Madrid, 1871.
  • Sumario 306/1870 sobre el atentado contra el general Prim.
  • España trágica. (Episodios Nacionales, quinta serie, número 42) Pérez Galdós, Benito. Alianza editorial. Madrid, 2009.
  • Las primeras cámaras de la regencia. Datos electorales, estadísticos y biográficos. Sánchez Ortiz Modesto y Berastegui, Fermín. Imprenta de Enrique Rubiños. Madrid, 1886.
  • El periódico liberal La Bandera Española, un concepto nuevo de nacionalismo español. Orella Martínez, José Luis. Aportes: Revista de Historia Contemporánea. Año nº 19.Nº 54. 2004.
  • Diario de Sesiones del Congreso de 4 de mayo de 1869. Citado en “El debate sobre la Libertad de Cultos en las Constituyentes de 1869: ¿Religión o Religiones? González Manso, María Isabel. Instituto Universitario en Ciencias de las Religiones, UCM, Madrid. Madrid, 2016.
  • Pluralismo Masónico en España. Álvarez Lázaro, Pedro.
  • Catálogo de Publicaciones periódicas masónicas (siglo XIX). Díez de los Ríos San Juan, Mª Teresa.
  • La masonería alicantina ante las crisis intermasónicas de 1886-1889 y el nacimiento del Gran Oriente Español. San Pero Ramo, Vicent. Universidad de Valencia.


martes, 6 de noviembre de 2018

Un morateño testigo y protagonista de la historia (Apéndice III)

Rojo Arias y el distrito electoral de Chinchón

En una carta, publicada en el periódico El Globo del 29 de abril de 1881, Ignacio Rojo Arias se quejaba de las intrigas electorales que, haciendo jugar mi nombre, se comienzan a urdir en el distrito de Chinchón. La carta, remitida al conde de Xiquena, por entonces gobernador civil de Madrid, fue enviada en vísperas de las elecciones a diputado a Cortes de 1881 y pretendía denunciar el nepotismo y arbitrariedad que caracterizaba la lucha política en el distrito electoral de Chinchón, al que pertenecía Morata. En esas elecciones -como en todas a las que se presentó como candidato en su lugar de nacimiento- Rojo Arias no consiguió el acta de diputado. Sin embargo, durante toda su trayectoria como parlamentario y miembro del Partido Radical y otras formaciones políticas, Rojo Arias nunca dejó de estar presente en la vida política del distrito electoral de Chinchón.



La actividad política de Ignacio Rojo Arias como parlamentario se inició con las Cortes constituyentes de 1869, tras el triunfo de La Gloriosa, y se extendió, con algún intervalo, hasta el mismo año de su muerte en 1893. Primero ejerció como diputado, por la provincia de Ciudad Real (1869) y por el distrito orensano de Celanova (1871) y, posteriormente, como senador electo por Valladolid y vitalicio desde 1883 hasta 1893. Pese a tan prolongada trayectoria como representante popular, Rojo Arias nunca consiguió un acta de diputado por su distrito natal –Chinchón-, al que correspondía un diputado a Cortes y al que pertenecía Morata junto a otros pueblos de la comarca- pese a intentarlo en varias ocasiones.
En el siglo XIX la ley electoral permitía presentarse por más de una circunscripción y Rojo Arias así lo hizo en alguna ocasión, pero nunca consiguió superar a los candidatos conservadores, sempiternos representantes del distrito de Chinchón. En la carta que hemos citado, el político morateño se refiere a Felipe Juez Sarmiento, representante del distrito de Chinchón en el Congreso de los Diputados, del que afirma que ha ejercido el primer cargo [de diputado a Cortes], sin interrupción desde la restauración acá.
En realidad, Felipe Juez Sarmiento, marqués de Cusano, fue representante del distrito incluso desde antes de la revolución de 1868: en 1865 ya ejercía como diputado por el distrito de Chinchón y su trabajo en las Cortes se extendió hasta la legislatura de 1896-1898; es decir, el marques de Cusano fue diputado con Isabel II, con su hijo, Alfonso XII, con la regente María Cristina y con Alfonso XIII. Curiosamente, Rojo Arias nunca coincidió en el Congreso de los Diputados con Juez Sarmiento ya que éste nunca obtuvo acta de diputado durante el periodo conocido como sexenio revolucionario (1868-1874, Amadeo I y I República). En esos años, el representante del distrito, elegido por sufragio universal y no censitario, fue el político Vicente Rodríguez, también de ideología radical.
En anteriores elecciones, en los años previos al movimiento revolucionario que propició la caída de Isabel II, la llegada de Amadeo I y la proclamación de la I República, el Partido Progresista, del que formaba parte Rojo Arias, por entonces centrado en su carrera profesional como abogado y teniente fiscal en la provincia de Ciudad Real y también asiduo colaborador en distintos periódicos, acordó no presentarse a las elecciones. Consideraba el partido de Rojo Arias que no se cumplían las condiciones mínimas democráticas. Esta decisión, que se conocía por entonces con el término de retraimiento, fue secundada en Morata y otros pueblos del distrito de Chinchón. Una serie de seguidores del partido de Rojo Arias hicieron pública una carta en este sentido:
Morata de Tajuña, 4 de octubre de 1863
Los que suscriben, progresistas puros de este pueblo, tienen la honra de manifestar a Vds. que están en todo conformes con la resolución tan digna adoptada por el Comité Central de elecciones [del Partido Progresista] y por lo tanto se abstienen de tomar parte en la próxima lucha electoral, hasta que luzcan mejores días para el progreso (…). Firmabann la carta, Leandro Sánchez Medel, Benito Sánchez Bravo, Nicolás Ruíz, Pedro Sánchez Bravo, Víctor Oliva, Isaac González Castro, Manuel Sánchez Bravo e Isidro Sánchez (El Clamor Publico, 6 de octubre de 1863).
Eran los años previos a la que más tarde se conocería como La Gloriosa y el ambiente político en los pueblos del distrito de Chinchón no fue ajeno a lo que sucedía en el resto del país. En el periodo pre-revolucionario, en varios pueblos del distrito se crearon juntas populares que fueron disueltas cuando se consolidó el triunfo de los progresistas: existe constancia de que estas juntas de apoyo a la revolución se crearon, al menos, en Morata de Tajuña, Chinchón y en Colmenar de Oreja.
Por otra parte, desde que se produjo la salida al exilio de Isabel II, al tiempo que se iniciaba el proceso que culminaría con la elección de Amadeo I como nuevo rey de España, el ambiente político en el distrito se enrareció, como sucedió en el resto del país, y no faltaron los incidentes y enfrentamientos entre los partidarios de las distintas fuerzas políticas. El 11 de enero de 1869, La Correspondencia de España informaba sobre uno de estos enfrentamientos en Morata:
Ayer ha habido un pequeño alboroto en Morata de Tajuña, pueblo de escaso vecindario entre Aranjuez y Chinchón. Parece que algunos hombres iban cantando himnos patrióticos y se opusieron a ellos otros convecinos suyos. De aquí vinieron a las manos, resultando cuatro o cinco heridos, alguno de ellos de gravedad. Por fortuna la reyerta fue breve y la guardia civil de las inmediaciones que acudió al llamamiento del alcalde [Pablo Fominaya Sánchez] no ha tenido necesidad de intervenir en nada, puesto que no ha vuelto a alterarse el orden.
Con ocasión de otro enfrentamiento entre conservadores y progresistas, los periódicos no dejaron de señalar que Rojo Arias era natural de Morata. En un texto que ya hemos reseñado en anteriores entregas, se destaca esta situación:
En una carta de Morata de Tajuña, que tenemos a la vista, pueblo de la provincia de Madrid, se dice que el domingo último se juró allí a D. Amadeo por los voluntarios de la libertad, los cuales, por la tarde, dieron un paseo militar, acompañado de abundantes libaciones, y que al retirarse de la fiesta hubo mueras a los carlistas, y algún que otro desmán.
Parece mentira, añade la carta, que esto haya ocurrido a cinco leguas de Madrid, en el pueblo de donde es natural el gobernador de la provincia, Sr. Rojo Arias, y a los pocos días de haber llamado este al alcalde [Ramón de Soto] del mismo pueblo, con motivo de los hechos a que dieron lugar las elecciones de diputados provinciales.
Algo mas, y por cierto bien grave, dice la carta a que nos vamos refiriendo, que nos abstenemos de insertar en nuestras columnas.
¿No tiene noticia de esos sucesos el Sr. Rojo Arias? (La Esperanza, 18 de febrero de 1871).
La fecha de la noticia coincide con las primeras semanas del reinado de Amadeo I, el monarca que nunca fue aceptado por los partidarios de los Borbones y, mucho menos, por los carlistas. El periódico La Esperanza, el de mayor tirada, con diferencia, de la denominada prensa absolutista, aprovecha los enfrentamientos de Morata para acusar a los progresistas de los incidentes y, de paso, responsabilizar de los mismos a Rojo Arias, que por aquellos días no pasaba por su mejor momento político, tras el atentado que costó la vida a Prim .
En realidad estos incidentes, muy habituales por todo el país desde la salida de Isabel II hacia el exilio, no hacían sino reflejar en las calles el ambiente de enfrentamiento que se vivía en las Cortes. Asuntos capitales como la libertad de cultos o la abolición de las quintas, a los que ya nos hemos referido en entregas anteriores, fueron tratados por el diputado Ignacio Rojo Arias en el Congreso de los Diputados y, curiosamente, sobre estos dos puntos esenciales del programa del Partido Progresista, se enviaron sendas peticiones al parlamento presentadas por el Ayuntamiento de Morata que, en ese año, 1869, estaba dirigido por Pablo Fominaya. Así se refleja en el diario de sesiones:
Pasó a la Comisión de Constitución una exposición del ayuntamiento de Morata solicitando la libertad de cultos, presentada por el Sr. García Ruiz [diputado progresista]. A la de peticiones pasaron las siguientes: Del ayuntamiento de Morata, pidiendo la abolición de las quintas (…) (El Pensamiento Español, 16 de marzo de 1869).
No es difícil pensar que en estas solicitudes del Ayuntamiento de Morata influyera decisivamente el propio Rojo Arias: ambas peticiones formaban parte del programa de los partidos progresistas. Cuando Rojo Arias intervino en el debate de la comisión correspondiente, en el que firmó a favor de la enmienda que reconocía la libertad de cultos, sin más limitaciones que las reglas universales de la moral, afirmó:
(…) Yo que creo que la religión católica no debe ni puede ser arma política, creo también que las religiones influyen grandemente en el estado político de los pueblos; ¿y cómo no si ellas forman las costumbres? (Diario de sesiones del Congreso, 4 de mayo de 1869).
Vicente Rodríguez, el otro candidato progresista
Aparte de la rivalidad con Felipe Juez Sarmiento, tradicional representante del distrito de Chinchón por los partidos conservadores, Rojo Arias también tuvo en un compañero de ideología, Vicente Rodríguez, un duro rival a la hora de competir por un acta de diputado por el distrito de Chinchón. De hecho fue este ex-sargento de carabineros y también representante español en los Santos Lugares, además de integrante de las filas de los radicales progresistas, quien obtuvo el acta de diputado en las elecciones de 1871, frente al candidato conservador Felipe Juez y los candidatos republicano federales. Aunque no hemos localizado los resultados globales de estas elecciones- en las que Rojo Arias logró un escaño por el distrito de Celanova en Orense- en un recuento provisional publicado por La Época, Vicente Rodríguez, obtenía una cómoda ventaja frente a sus rivales:
En Chinchón el ministerial D. Vicente Rodríguez llevaba 622 votos, 215 D. Felipe Juez Sarmiento, unionista, y 155 D. Silvestre Haro, republicano. (La Época, 10 de marzo de 1871).
La elección de Vicente Rodríguez como representante del distrito electoral de Chinchón no estuvo exenta de polémica ni de las habituales sospechas de fraude electoral que salpicaban a diputados de todos los colores e ideologías políticas. En el caso del diputado electo por el distrito de Chinchón estas acusaciones llegaron a la denominada Comisión de Actas del Congreso, encargada por ley de analizar las denuncias por posible fraude electoral y de confirmar los resultados electorales o, por el contrario, obligar a la repetición de las elecciones. Por el grupo conservador, el diputado Orense planteó las dudas sobre el resultado de las elecciones y denunció: (…) En muchos pueblos ha habido una pandilla que se ha apoderado del poder, y caciques que han cambiado de opinión según las épocas.
En su intervención, el diputado Orense acusó a varios grupos de presión, que definió como patriotas, progresistas y también una porción de personas de los partidos opuestos, de prácticas caciquiles que también enumeró en varias localidades del distrito (Olmeda de la Cebolla, Estremera, Carabaña, Fuentidueña, Villamanrique de Tajo, Colmenar de Oreja, Villarejo de Salvanés, Valdaracete).
En su replica, Vicente Rodríguez aseguró que los hechos que mencionaba el diputado Orense ni habían sido denunciados ni constaban en ningún acta electoral. A continuación le pidió que rectificara sus acusaciones:
(…) Espero, pues, del Sr. Orense que rectifique las infundadas imputaciones que ha dirigido al pueblo [distrito] de Chinchón, uno de los más liberales de esta provincia. (…).
Ese mismo día, la votación de los diputados permitió que Vicente Rodríguez viera aprobada definitivamente su acta por el distrito de Chinchón con 160 votos a favor y 60 en contra.
En las siguientes elecciones al Congreso de los Diputados también se barajó la oportunidad de que Rojo Arias compitiera por un acta de diputado por su distrito natal. Antes de que se celebraran las elecciones, varios periódicos planteaban esta posibilidad de que se presentaran dos candidatos, Rojo Arias y Vicente Rodríguez, en las listas del partido en el gobierno por el distrito de Chinchón:
Afirma El Universal que su amigo, Rojo Arias luchará solo en su distrito de Chinchón; y contestándole otro apreciable colega, afirma a su vez que en el dicho distrito disputará el triunfo al exgobernador de Madrid don Vicente Rodríguez. (La Iberia, 31 de julio de 1872)
Por las mismas fechas otro periódico, este de ideología conservadora, El Pensamiento Español, también se apuntaba a esta posibilidad ante lo que definían como división entre los radicales:
En Chinchón se cree probable el triunfo del candidato de oposición [Felipe Juez] si se decide a luchar porque los radicales están muy divididos en partidarios de D. Vicente Rodríguez y apasionados del Sr. Rojo Arias. Este dualismo existe en varios distritos y de algunos sabemos que se han de aprovechar los federales. (El Pensamiento Español, 13 de agosto de 1872).
El enfrentamiento entre los dos candidatos radicales, lógicamente, era también alentado desde los periódicos republicanos federales y El Eco Popular, uno de los periódicos de esta tendencia, así lo manifestaba en un suelto recogido por La Regeneración:
El ex-sargento de carabineros, hoy comisario de los Santos Lugares, Don Vicente Rodríguez, ha sufrido un desaire terrible de sus antiguos electores del distrito de Chinchón, los cuales han proclamado candidato para las próximas elecciones al protector de la Beneficencia señor Rojo Arias.(La Regeneración. 13 de agosto de 1872).
La elección de Ignacio Rojo Arias como candidato progresista por el distrito de Chinchón, frente a Vicente Rodríguez, se publicó en la prensa en las semanas previas a las elecciones. El diario progresista La Prensa publicó una carta de un denominado comité radical de Chinchón que reprodujo, a su vez, el diario La Nación:
Muy estimado señor nuestro: Rindiendo tributo a la verdad y en rectificación de los que otra cosa afirman, nos cumple declarar y rogamos a usted que lo haga público, que el candidato radical proclamado por unanimidad por este comité, único en todo el distrito, es el Sr. D. Ignacio Rojo Arias, en cuyas manos y por acuerdo de nuestros demás compañeros hemos dejado certificación del acta qua lo acredita.
'^Quedan de usted con la mayor consideración sus atentos correligionarios y S. S. Q, B. S. M. El presidente del comité radical, Bernardo de Toledo.
El secretario, Fermín Herreros. Chinchón, 12 de agosto de 1872. (La Nación, 14 de agosto de 1872).
La decisión de este comité radical del distrito no pasó desapercibida para La Iberia. Como era habitual desde que el periódico liberal rompiera con su antiguo colaborador, el periódico de Sagasta no perdió la oportunidad de menospreciar a Rojo Arias:
Un llamado Comité radical de Chinchón ha proclamado candidato a la diputación a Cortes por el mencionado distrito, al popularísimo Rojo Arias. Gana de diputado tiene el llamado Comité radical de Chinchón. (La Iberia, 15 de agosto de 1872).
El mismo periódico ya había publicado meses antes de las elecciones, en la misma línea que otros diarios, que Rojo Arias tenía previsto presentarse por el distrito de Lillo, en la provincia de Toledo, aunque hubo de renunciar por la negativa de los electores:
(…) el pueblo de las zanahorias, vulgarmente llamado Lillo, no lo quiere [a Rojo Arias] por su candidato, y el señor Rojo, con una modestia, con una abnegación digna de mejor suerte, ha renunciado a ser diputado por aquel distrito. (La Iberia, 1 de abril de 1872).
Finalmente, la división en las filas radicales propició que a las elecciones en el distrito de Chinchón se presentaran dos candidatos por este partido: Rojo Arias y Vicente Rodríguez. Pese a esta división, Vicente Rodríguez renovó su acta por Chinchón*. Sin embargo, su elección ya había suscitado criticas incluso desde antes de la celebración de las votaciones. El periódico La Igualdad, de tendencia republicana, así lo planteaba en las semanas previas a las elecciones:
Mal cuadran los ofrecimientos del presidente del Gobierno a los electores del Centro con lo que está pasando en el distrito de Chinchón. Empleados de la comisaría de los Santos Lugares [entidad que presidía Rodríguez], incluso D. Vicente Rodríguez, están en el distrito; en Carabaña, Fuentidueña, Arganda. Morata, Colmenar, Chinchón, Villar del Olmo y algún otro pueblo se han dado empleos y ascensos, recayendo en sujetos de familias influyentes en las localidades, de opiniones las más encontradas y de méritos desconocidos. Públicamente se habla de ofrecimientos a los pueblos y de exigencias de estos en resoluciones de expedientes (…). (La Igualdad, 23 de agosto de 1872).
Como en anteriores elecciones las dudas y las acusaciones sobre prácticas caciquiles volvían a surgir en el distrito que volvió a dar la mayoría a Vicente Rodríguez.


Relación de bajas en el censo electoral de Morata y Chinchón publicada en La Gaceta de Madrid


*Resultado de las elecciones celebradas en agosto-septiembre de 1872 en el distrito de Chinchón:
  • Vicente Rodríguez, Radical, 2.667 votos
  • Haro, Republicano Federal, 737 votos.
  • Rojo Arias, Radical, 511 votos.
En el distrito de Chinchón no se presentaron en esas elecciones candidatos por los partidos conservadores y carlistas.


Fuentes y bibliografía:
  • Archivo del Senado. Leg. 389. Nº 4 (2).
  • Archivo del Senado. Leg. 389. Nº 4 (3).

  • Oratoria y periodismo en la España del siglo XIX. Seoane, María Cruz. Editorial Castalia. Madrid, 1977.
  • Periódicos y publicaciones citados en el texto.
  • Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes. Dieron comienzo el día 11 de febrero de 1869 y terminaron el 2 de enero de 1871. Tomo XV. Índice y resumen. Imprenta de J. A. García, Corredera Baja de S. Pablo, 27. Madrid, 1871.
  • Sumario 306/1870 sobre el atentado contra el general Prim.
  • España trágica. (Episodios Nacionales, quinta serie, número 42) Pérez Galdós, Benito. Alianza editorial. Madrid, 2009.
  • Las primeras cámaras de la regencia. Datos electorales, estadísticos y biográficos. Sánchez Ortiz Modesto y Berastegui, Fermín. Imprenta de Enrique Rubiños. Madrid, 1886.
  • El periódico liberal La Bandera Española, un concepto nuevo de nacionalismo español. Orella Martínez, José Luis. Aportes: Revista de Historia Contemporánea. Año nº 19.Nº 54. 2004.
  • Diario de Sesiones del Congreso de 4 de mayo de 1869. Citado en “El debate sobre la Libertad de Cultos en las Constituyentes de 1869: ¿Religión o Religiones? González Manso, María Isabel. Instituto Universitario en Ciencias de las Religiones, UCM, Madrid. Madrid, 2016.
  • Pluralismo Masónico en España. Álvarez Lázaro, Pedro.
  • Catálogo de Publicaciones periódicas masónicas (siglo XIX). Díez de los Ríos San Juan, Mª Teresa.
  • La masonería alicantina ante las crisis intermasónicas de 1886-1889 y el nacimiento del Gran Oriente Español. San Pero Ramo, Vicent. Universidad de Valencia. 

miércoles, 31 de octubre de 2018

Un morateño testigo y protagonista de la historia (Apéndice II)

Rojo Arias, maestre masón del Gran Oriente Español


Cuando tras el triunfo de la revolución de 1868 se reunieron las Cortes Constituyentes al menos 26 diputados pertenecían a alguna de las distintas ramas de la masonería española. Entre estos diputados masones se encontraba Ignacio Rojo Arias quien, años después, tras la dimisión de Manuel Becerra como Gran Maestre, llegaría a presidir el Gran Oriente de España como Soberano Gran Comendador.



Las Cortes Constituyentes surgidas de la revolución de 1868 contaban con cerca e una treintena de diputados integrados en la masonería. Especialmente, los partidos de la izquierda (progresistas, republicanos, demócratas) y también la Unión Liberal contaban en sus filas con diputados masones. Rojo Arias, como sus compañeros Juan Prim, Ruiz Zorrilla, Práxedes Mateo Sagasta también pertenecía a una logia masónica, el Gran Oriente Español presidido hasta 1886 por Manuel Becerra, miembro del Partido Demócrata.
La masonería había comenzado a tener más presencia en la sociedad española a partir del llamado sexenio revolucionario. Fueron años de cambios convulsos en la política española que también afectaron a la propia masonería, por entonces, ya dividida en varias logias:
  • Gran Oriente Nacional de España (GONE), presidido, en distintas épocas por Ramón Calatrava y el marqués de Seoane.
  • Gran Oriente Nacional de España, presidido por José María Pantoja a la muerte del marqués de Seoane (GONEP)
  • Gran Oriente Nacional de España del Vizconde Ros (GONER)
  • Gran Oriente ibérico (GOIco).
  • Gran Oriente de España (GODE), Ruiz Zorrilla, Juan de la Somera, Sagasta y Manuel Becerra, entre otros.
Simbología masónica

Fue la dimisión de Manuel Becerra como Gran Maestre (1886) la que propició el nombramiento de Ignacio Rojo Arias como soberano Gran Comendador del Gran Oriente de España. Este grupo, conocido en sus siglas como GODER, estaba enfrentado al representado por los diputados Morayta y López Parra. quienes también se consideraban los sucesores de Becerra al frente de la logia masónica.
Rojo Arias, a pesar de las divisiones y diferencias con los otros grupos que reivindicaban su legitimidad al frente del Gran Oriente Español intentó reunificar las distintas facciones, especialmente con el grupo que lideraba José María Pantoja.
Durante el liderazgo de Rojo Arias, el Gran Oriente de España siguió publicando el Boletín Oficial del Gran Oriente de España y también logró que se sumaran a la logia el grupo de las Islas Baleares, dirigido por Cipriano Carmona (1888).
Su trabajo como Soberano Gran Comendador se había iniciado meses antes con sus propuestas a las logias alicantinas (1887) para que restablecer la unidad perdida en el Gran Oriente Español tras la dimisión de Manuel Becerra.
Rojo Arias también se implicó en el movimiento que la masonería española promovió para evitar la pena de muerte dictada contra el brigadier Villacampa, miembro de una logia masónica y cabecilla del levantamiento republicano del mes de septiembre de 1886.*
De su militancia en la masonería como miembro muy activo e implicado en el funcionamiento del Gran Oriente Español, Rojo Arias también dejó un episodio que fue muy comentado en su momento cuando, en un pleno del Senado, declaró públicamente su condición de masón al tiempo que defendía a la masonería española. En una revista masónica, El Taller, publicada el 30 de noviembre de 1886, se reconocía esta iniciativa de Rojo Arias ante sus compañeros del Senado (Recordemos que el político morateño ejercía en esos años como senador vitalicio):
El Taller, órgano de la masonería simbólica en España felicita con entusiasmo al ilustre hermano Ignacio Rojo Arias, por su entereza y valor en la defensa de nuestra institución ante el Senado español. (El Taller, 30 de noviembre de 1886).
El Taller también recogía en su número del 30 enero de 1887 la felicitación que una logia masónica de Linares, El Porvenir, había dirigido Rojo a Arias por su iniciativa del Senado:
(…) Felicita al senador D. Ignacio Rojo, por su pública declaración en el Senado de su condición masónica y amor a la masonería, todo ello en relación con una petición de indulto de pena de muerte [del brigadier Villacampa], que, junto con otro trabajo en el núm. 20, del 20 Julio 1887, titulado Juicio critico sobre la pena de muerte, nos da una filosofía sobre el tema, que los recientes debates parlamentarios, en nuestro actual régimen democrático, hubiesen utilizado como actuales para la consecución obtenida de la supresión de tal castigo (…). (El Taller, 30 de enero de 1887):
Semanas después, la misma revista incidía de nuevo en la importancia del gesto de Rojo Arias ante sus colegas del Senado en una información titulada Las pequeñas causas:
(…) Pocos, muy pocos días hace que la prensa liberal de la Península se deshacía en elogios hacia el senador Don Ignacio Rojo Arias por la defensa que de la institución masónica hizo en el Senado, por los apóstrofes que lanzó al doctrinario Flavio y por el valor cívico demostrado al declarase masón ante aquellos venerables padres de la Patria huérfana que hacen la señal de la Cruz cuando uno de quien sospechan que es masón pasa por su lado (…). (El Taller, 30 de marzo de 1887).
La trayectoria de la facción del Gran Oriente de España dirigida por Rojo Arias parece que declinó tras la intensa actividad desplegada entre 1886 y 1889 a favor de la reunificación. Al parecer, según algunas fuentes, esta rama de la masonería se extinguió en torno al año 1890, aunque al parecer también se produjo algún intento de reactivación en torno a 1893, justo el año en que fallecía Ignacio Rojo Arias.
Precisamente cuando se produjo la muerte de Rojo Arias en la villa de Irún, (12 de enero de 1893) no faltaron los rumores que apuntaban a que el político, periodista y abogado morateño había renegado de su pasado masónico. Un periódico de tendencia conservadora, El Popular, así lo indicaba en sus páginas:
(…) Pues bien, según leemos en un diario de Guipúzcoa, el Sr. Rojo Arias, antes de recibir los Sacramentos, y estando en plena posesión de sus facultades intelectuales, con voz firme y serena manifestó ante varios testigos que había tenido la desgracia de pertenecer a la masonería, a la que entro por motivos políticos, que hacia algún tiempo se había separado de aquella secta y que condenaba sus errores como los condena la Iglesia, en cuyo seno quería vivir y morir. (El Popular, 31 de enero de 1893).
Sin embargo, y pese a estas informaciones, en posteriores publicaciones sobre la masonería en España nunca se ha reflejado que Rojo Arias renegara de su pasado masónico y siempre aparece como uno de sus miembros más destacados.


*El 20 de septiembre de 1886 el brigadier Villacampa, al mando de centenares de soldados de los regimientos de Albuera y Garellano acuartelados en el cuartel de San Gil, se levantó contra el gobierno monárquico en lo que fue el último pronunciamiento republicano del siglo XIX. Al día siguiente, el 21 de septiembre, parte de las fuerzas sublevadas, unos cien soldados, llegaron a Morata, perseguidos por los tropas de los húsares del la Princesa. En las calles del pueblo, e incluso en el interior de aalgunas casas, se produjo un enfrentamiento que provocó varios heridos y la detención de 39 sublevados. Ante su inferioridad, los rebeldes huyeron hacia Colmenar de Oreja todavía al mando de Villacampa que, tras su detención, fue condenado a muerte, aunque la reina regente, atendió las peticiones de clemencia y concedió el indulto del militar republicano.



Fuentes y bibliografía:
  • Archivo del Senado. Leg. 389. Nº 4 (2).
  • Archivo del Senado. Leg. 389. Nº 4 (3).
  • Oratoria y periodismo en la España del siglo XIX. Seoane, María Cruz. Editorial Castalia. Madrid, 1977.
  • Periódicos y publicaciones citados en el texto.
  • Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes. Dieron comienzo el día 11 de febrero de 1869 y terminaron el 2 de enero de 1871. Tomo XV. Índice y resumen. Imprenta de J. A. García, Corredera Baja de S. Pablo, 27. Madrid, 1871.
  • Sumario 306/1870 sobre el atentado contra el general Prim.
  • España trágica. (Episodios Nacionales, quinta serie, número 42) Pérez Galdós, Benito. Alianza editorial. Madrid, 2009.
  • Las primeras cámaras de la regencia. Datos electorales, estadísticos y biográficos. Sánchez Ortiz Modesto y Berastegui, Fermín. Imprenta de Enrique Rubiños. Madrid, 1886.
  • El periódico liberal La Bandera Española, un concepto nuevo de nacionalismo español. Orella Martínez, José Luis. Aportes: Revista de Historia Contemporánea. Año nº 19.Nº 54. 2004.
  • Diario de Sesiones del Congreso de 4 de mayo de 1869. Citado en “El debate sobre la Libertad de Cultos en las Constituyentes de 1869: ¿Religión o Religiones? González Manso, María Isabel. Instituto Universitario en Ciencias de las Religiones, UCM, Madrid. Madrid, 2016.
  • Pluralismo Masónico en España. Álvarez Lázaro, Pedro.
  • Catálogo de Publicaciones periódicas masónicas (siglo XIX). Díez de los Ríos San Juan, Mª Teresa.
  • La masonería alicantina ante las crisis intermasónicas de 1886-1889 y el nacimiento del Gran Oriente Español. San Pero Ramo, Vicent. Universidad de Valencia. 

martes, 23 de octubre de 2018

Un morateño testigo y protagonista de la historia (Apéndice I)

Ignacio Rojo Arias, abogado
La actividad de Rojo Arias en el Congreso de los Diputados y en el Senado, sus cargos políticos y, en general, su participación en la vida política del país pueden, tal vez, minimizar su faceta de abogado. Sin embargo, desde que concluyera sus estudios, Rojo Arias destacó tanto como miembro de la judicatura -ejerció como teniente fiscal, entre otras localidades, en Ciudad Real y en San Martín de Valdeiglesias-, como en su labor de profesional de la abogacía. En esta última faceta, su intervención como abogado defensor de unos de los acusados en el conocido como Crimen de la Calle Fuencarral, situó al abogado Rojo Arias en el centro de un proceso que acaparó el interés de la opinión pública española durante varias semanas. Además, también como abogado, Rojo defendió en numerosas ocasiones a vecinos de Morata y del distrito electoral de Chinchón.



Ignacio Rojo Arias, que se había trasladado en 1834 desde Morata a la provincia de León, concretamente a la localidad de Valderas, estudió y se licenció en derecho en la Universidad de Valladolid, ciudad en la que también cursó estudios de filosofía. Sólo contaba con 22 años y acababa de perder a su padre cuando obtuvo la licenciatura en 1853. Posteriormente, amplió sus estudios de Derecho en la universidad madrileña antes de pasar a ingresar en la carrera fiscal en el año 1854. Ejerció como teniente fiscal en la localidad madrileña de San Martín de Valdeiglesias y también, desde el año 1858, en la Audiencia Provincial de Ciudad Real, ciudad donde ya vimos cómo se enfrentó al gobernador civil, por un feo asunto de malversación de la máxima autoridad provincial.
Estos fueron sus primeros pasos en el mundo del Derecho de un Ignacio Rojo Arias que también aspiraba a cumplir su deseo de ejercer la abogacía en Madrid. Aunque en 1867 el abogado morateño ya aparece colegiado como miembro del Colegio de Abogados de Madrid, con despacho en la carrera de San Jerónimo 44, su pasión por la política –y por el periodismo- desde los años previos a La Gloriosa retrasaron su incorporación con dedicación plena a la abogacía. A partir del triunfo de la revolución de septiembre, sus cargos como gobernador civil de Cádiz y de Madrid y, desde luego, su acceso al Congreso de los Diputados y al Senado también le dificultaron disponer de más horas para dedicarlas al Derecho pero también, como contrapartida, le aportaron el bagaje personal y la experiencia que, años más tarde, aplicaría en su trabajo como abogado desde su bufete profesional.
Esta dedicación plena a la abogacía llegaría, sobre todo, cuando Arias Rojo dejó de ocupar un escaño en el Senado y también cuando cerró definitivamente La Bandera Española, el periódico del que fue propietario y director.
El 7 de mayo de 1876, La Correspondencia de España, al informar sobre la intervención de Ignacio Rojo Arias en la vista de una causa por homicidio en el pueblo de Noblejas, destacaba precisamente que al apartarse de la política activa se ha consagrado exclusivamente y por completo al ejercicio de su profesión.
Sus intervenciones en juicios por homicidio fueron habituales en estos años. En 1879, en el mes de marzo, Rojo Arias también participó como abogado defensor de Ramón Cortezedo, acusado del asesinato de Valentín Morales, un maestro que ejercía en el pueblo de Tielmes. El acusado, que ya había sido condenado en primera instancia, fue absuelto y declarado inocente por lo que se ordenó su inmediata libertad de la cárcel de Chinchón donde permanecía encarcelado. (La Correspondencia de España, 14 de marzo de 1879). Su trabajo como abogado defensor de varios vecinos de los pueblos integrados en el distrito electoral de Chinchón fue habitual. El propio Rojo Arias, en una carta suya publicada en el periódico El Globo, señalaba esta circunstancia:
(…) Llevo diez y nueve años de ejercicio en mi profesión de abogado del Colegio de Madrid con un concepto muy superior a mis méritos y a mis condiciones, y puedo decir que no hay asunto civil ni criminal de alguna importancia en todo el distrito, en que mis paisanos no soliciten mis servicios profesionales que les presto con tanto gusto como desinterés (…) (El Globo, 29 de abril de 1881).
Por otra parte, la intervención muy frecuente de Rojo Arias como abogado defensor en causas por delitos de homicidio y asesinato, en las que era habitual la petición fiscal de la pena de muerte para los acusados, le proporcionó un prestigio entre los profesionales del derecho que era reconocido también en los periódicos donde la sección de sucesos era una de las más seguidas. En julio de 1879, La Correspondencia de España, tras lograr Rojo Arias que la Audiencia Provincial revocara la pena de muerte a que había sido condenado en primera instancia Pío Mónico Peralta por un delito de asesinato afirmaba:
(…) El Sr. Rojo Arias, defensor del acusado, ha hecho una brillantísima defensa, justificando el alto nombre de que ya gozaba como abogado criminalista. Esta es la tercera absolución que en el espacio de un año ha obtenido el señor Rojo Arias en otras tantas causas de muerte. (La Correspondencia de España, 10 de julio de 1879).
Al año siguiente, la defensa de Rojo Arias salvó a otro condenado en primera instancia a la pena de muerte, Domingo Camarillo, por el asesinato del alcalde de la localidad alcarreña de Torija. El mismo periódico, La Correspondencia de España, destacaba:
(…) este nuevo triunfo del Sr. Rojo Arias debe considerarse como uno de los mayores entre los muchos que viene alcanzando como abogado criminalista. (La Correspondencia de España, 6 de octubre de 1880).
26 de febrero de 1880
Estos éxitos del abogado morateño como abogado penalista aumentaron su prestigio en una profesión que siguió ejerciendo con éxito y reconocimiento profesional durante la década de los ochenta del siglo XIX. De todo este trabajo como abogado, nos interesan especialmente dos casos: su papel como abogado defensor de uno de los acusados en el famoso proceso por el Crimen de la calle Fuencarral y, por lo que significó para unos vecinos de Morata, su participación en el recurso presentado contra una sentencia con dos condenas a muerte por un delito de asesinato ocurrido en el monte de Vallequillas.
Abogado defensor en el juicio por el Crimen de la calle de Fuencarral.
El 2 de julio de 1888 los vecinos del centro de Madrid recibían las primeras noticias del que se conocería como Crimen de la calle de Fuencarral. Según se rumoreaba, una rica propietaria, Luciana Borcino, había sido asesinada por su propio hijo. Tras esta primera versión, todos los periódicos siguieron publicando un reguero de noticias que siguió al levantamiento del cadáver y a las primeras investigaciones policiales y judiciales. Que el hijo de doña Luciana fuera acusado del asesinato de su madre, y por lo tanto de parricidio, no era menos escandaloso que el hecho de que José Vázquez Varela, que así se llamaba el sospechoso, fuera el prototipo de señorito juerguista y jaranero y que, cuando sucedieron los hechos, se encontrara cumpliendo condena por hurto en la cárcel modelo de Madrid desde el día 20 de abril.
Las investigaciones por el asesinato se complicaron cuando la policía interrogó y, posteriormente detuvo a Higinia Balaguer, la criada que había empezado a trabajar, cinco días antes del crimen, al servicio de la víctima.
Las extrañas circunstancias de la muerte de Lucia Borcino, la existencia de varios posibles culpables y la repercusión que en toda la prensa tuvieron todas las noticias relacionadas con el crimen convirtieron este suceso en uno de los primeros ejemplos de periodismo sensacionalista en España. Que tres periódicos, El Liberal, El País y El Resumen, ejercieran el papel de acusación particular en el juicio contra los acusados puede dar una idea de la magnitud que alcanzó el proceso y del interés que despertó en una opinión pública que siguió con auténtico apasionamiento las sesiones contra los encausados.
El juicio oral se inició el 23 de marzo de 1889. Tras las investigaciones, que se desarrollaron las semanas siguientes al crimen y la instrucción del sumario, en el banquillo se sentaron Higinia Balaguer, la criada, acusada de robo con homicidio e incendio; Dolores y María Ávila, acusadas de encubrir los hechos; José Millán Astray, director de la cárcel donde cumplía condena el hijo de la asesinada, por infidelidad en la custodia de presos e inducir falsos testimonios, y José Vázquez Varela por quebrantamiento de condena.
Desde que se conocieron los hechos, la opinión pública, convenientemente aleccionada por los periódicos de la época, se dividió entre los partidarios de la criada, que acusaba a Vázquez Varela de ser el autor del crimen, y los que defendían a este a pesar de su imagen de señorito derrochador, golfo y vicioso. La expectación que levantó el inicio del juicio oral, con el publico abarrotando la sala, fue creciendo a medida que avanzaba la vista y salían a la luz detalles como el conocimiento previo de Higinia Balaguer y Millán Astray, e, incluso, de la criada con el propio Vázquez Varela. La principal acusada cambió varias veces su versión de los hechos, llegando a acusar al hijo encarcelado que, según las declaraciones del juicio, salía de la cárcel a su antojo sin que el director pusiera ningún impedimento.
Ignacio Rojo Arias, como defensor de Vázquez Varela, optó por una defensa agresiva para salvar a su cliente de las insinuaciones que le colocaban en el lugar del crimen. Abogado prestigioso, pero también hombre de prensa, el abogado morateño buscó en su defensa revertir la imagen de su defendido y responsabilizar a los periódicos que ejercían la acción popular de manipular un proceso en el que el ministerio fiscal no había presentado acusación alguna contra su defendido.
Para apuntalar esta idea y demostrar el papel determinante de la prensa en el procesamiento de Vázquez Varela, Rojo Arias solicitó, ante la sorpresa de todos los participantes en el juicio, que se mostrasen a la sala los libros de cuentas de tres de los periódicos que ejercían la acción popular. Su intención era clara: demostrar que los periódicos habían aumentado notablemente sus ingresos desde que se inició la vista del juicio oral por lo que eran parte interesada en fomentar el desprestigio de su cliente.
Rojo Arias no iba descaminado en su línea de defensa: El Liberal, que lanzó varias tiradas especiales con la transcripción de lo que se decía en la sala, llegó a conseguir tiradas de 40.000 ejemplares como media habitual, pero tampoco faltaron ediciones que superaron los 80.000 periódicos. Rojo Arias defendió que los periódicos se implicaron en el proceso por interés y los hechos le dieron la razón: durante varios días El Liberal presumió en su portada de ser el periódico de mayor tirada de España.
El 29 de mayo de 1889 se dictó sentencia: Higinia Balaguer fue condenada a muerte por un delito de robo con homicidio; Dolores Ávila, como cómplice, fue condenada a 18 años de cárcel. El resto de los acusados fueron absueltos.
Pese a los recursos, la condena a muerte fue ratificada e Higinia Balaguer fue ajusticiada ante nada menos que 20.000 personas. Años después, en 1894, Vázquez Varela fue acusado por la muerte de una presunta amante. En esta ocasión no pudo ser defendido por Ignacio Rojo Arias, fallecido el año anterior, y fue condenado a 15 años de cárcel.

El crimen de la calle Fuencarral generó varios libros sobre el caso

Abogado en el recuso por el crimen del monte Vallequillas
La intervención de Rojo Arias en el proceso iniciado contra varios vecinos de Morata, por un crimen cometido en el monte Vallequillas, se produjo después de que dos de los procesados, defendidos en primera instancia por otros letrados, fueran condenados a muerte.
Los hechos que dieron lugar al juicio y a la condena a muerte ocurrieron en el monte de Vallequillas, término municipal de San Martín de la Vega, el 12 de septiembre de 1884. Según las primeras informaciones aparecidas en los periódicos de la época, Francisco Benavente, de setenta años de edad y guarda mayor de la finca, abundante en caza y también en esparto, salió en la tarde en que ocurrieron los hechos a hacer su ronda habitual de vigilancia por el monte. En esos días se procedía a la recolección del esparto y Francisco quería controlar estos trabajos. Cuando pasadas unas horas se hizo de noche, la preocupación de sus familiares por su tardanza animó al dueño de la finca a organizar una batida integrada por más de 40 hombres en la que también participó la guardia Civil del puesto de Morata. Tras recorrer durante horas el monte, no encontraron rastro del guarda desaparecido y la búsqueda se aplazó hasta el día siguiente.
La repentina aparición, en plena noche, del caballo que montaba la tarde de su desaparición Francisco Benavente, acrecentó las alarmas y el pesimismo de los familiares. Los malos augurios se confirmaron cuando dos de los trabajadores dedicados a la recolección del esparto encontraron el cadáver de Francisco en una zona conocida, paradójicamente, como Cuesta de Benavente. El primer reconocimiento del cuerpo determinó que había recibido un golpe con una piedra en la cabeza y que, además, había sido agredido con arma blanca. La Guardia Civil y el Juzgado de Ciempozuelos se hicieron cargo de las investigaciones.
El periódico El Correo Militar, uno de los primeros en publicar la noticia del suceso señalaba en su edición del día 15 de septiembre:
(…) Las sospechas de este horrible crimen recayeron en los matuteros, que al ver las luces con que se daba la batida el día anterior, abandonaban, en grupos de 8, 10 y hasta 18 hombres, enormes seras conteniendo esparto robado en la finca (…). (El Correo Militar, 15 de septiembre de 1884).
Otro periódico de la época, El Popular, también coincidía en adjudicar a presuntos ladrones de esparto la autoría del crimen:
(…) Las sospechas sobre el crimen recayeron sobre los denominados matuteros, en un grupo de hasta doce hombres, que habían robado esparto en la finca de Vallequillas. (…). (El Popular, 15 de septiembre de 1884)
Pasaron sólo unos días del terrible suceso cuando se anunció que la Guardia Civil de San Martín de la Vega había detenido a nueve vecinos de Morata como presuntos responsables del crimen aunque, finalmente, cuando se inició la vista del juicio, los procesados ascendieron a un total de 15 vecinos. Durante la celebración del juicio, iniciado en enero de 1887, se confirmó que los acusados fueron sorprendidos por uno de los guardas de la finca, Braulio Ordóñez, cazando conejos y no robando esparto, como se sospechó en principio. El guarda, que se vio obligado a disparar su arma, mató a una perra de los procesados.
Tras este incidente, los acusados se alejaron del lugar de los hechos pero, en su huída, se encontraron con Francisco Benavente, que había acudido al paraje donde sucedieron los hechos alertados por el disparo, y le atacaron con piedras y una navaja ocasionándole la muerte.
Tras el desarrollo de la vista del juicio oral, celebrada en la sección tercera de la Audiencia Provincial, el fiscal solicitó penas de cárcel para tres de los acusados -Luis Ahitado (20 años), Pedro Colmenar Díez (18 años) y Nemesio Navarro (5 años y 8 meses)- y la libre absolución para el resto. Sin embargo, para la acusación particular los hechos juzgados constituían un delito de asesinato con agravantes, por lo que solicitó la pena de muerte para Ahitado y Colmenar. Para el resto de los acusados se sumó a la petición del fiscal. Finalmente, los abogados defensores pidieron penas menores para los dos principales acusados y la libertad para el resto de los procesados, en sintonía con la petición del fiscal.
Sólo habían pasado unos días de la celebración de la vista cuando se anunció la sentencia, reproducida en el periódico La Correspondencia de España:
(…) Separándose la sala del dictamen fiscal, que solicitó se impusiera al procesado Luis Ahitado veinte años de reclusión, diez y ocho a Pedro Colmenar y cinco de presidio correccional a Nemesio Navarro, y conforme con las conclusiones de la acusación privada, califica los hechos como constitutivos de asesinato y atentado, hace aplicación del art. 90 del Código e impone al Ahitado y al Colmenar la pena de muerte, y al Navarro cinco años de presidio, absolviendo a los restantes (...). (La Correspondencia de España, 6 de febrero de 1887).
En el Diario Oficial de Avisos de la misma fecha, además de informar sobre la sentencia, recogía la reacción de los condenados:
(…) El uno y otro sentenciados, jóvenes de 24 a 26 años, quedaron consternados al oír leer el fallo del tribunal, y solo el Ahitado tuvo ánimo bastante para decir con voz entrecortada: Qué horror, señor, yo no me conformo, no esperaba una pena tan grave.
Según hemos oído a persona que por casualidad se halló presente, la escena fue conmovedora, contrastando con el terror que del Colmenar y del Ahitado se apoderó, la alegría de aquellos otros co-reos a quienes en el mismo acto se puso en libertad por haber sido absueltos. (Diario Oficial de Avisos, 6 de febrero de 1887).
Tras esta dura condena para los principales implicados, sólo quedaba el recurso al Tribunal Supremo y es aquí donde interviene Ignacio Rojo Arias, quién por esas fechas ya residía en la ciudad de San Sebastián. Aún así se hizo cargo de la defensa en el recurso de sus paisanos, según publicó el periódico La Correspondencia de España:
Por el expreso del Norte y procedente de San Sebastián, ha llegado a esta corte el senador vitalicio Sr. Rojo Arias, que hoy defenderá en el Tribunal Supremo el recurso de casación en pena capital impuesta a Luis Ahitado Ramiro, vecino de Morata de Tajuña, por asesinato y atentado cometidos en la persona de Francisco Benavente, guarda mayor del monte de Vallequillas, el 12 de setiembre de 1884. (La Correspondencia de España, 10 de junio de 1887).
Tras esta intervención de Rojo Arias en el recurso, unos meses después, en noviembre, el Ministerio de Gracia y Justicia publicaba un real decreto por el que se conmutaba la pena de muerte a Luis Ahitado y Pedro Colmenar por la inmediata de cadena perpetua*. (El Día, 14 de noviembre de 1887).


*En 1910 el Ministerio de Gracia y Justicia emitió otro real decreto indultando a ambos reos de la pena de cadena perpetua. (El Día de Madrid, 16, de junio de 1910.


Fuentes y bibliografía:
  • Archivo del Senado. Leg. 389. Nº 4 (2).
  • Archivo del Senado. Leg. 389. Nº 4 (3).

  • Oratoria y periodismo en la España del siglo XIX. Seoane, María Cruz. Editorial Castalia. Madrid, 1977.
  • Periódicos y publicaciones citados en el texto.
  • Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes. Dieron comienzo el día 11 de febrero de 1869 y terminaron el 2 de enero de 1871. Tomo XV. Índice y resumen. Imprenta de J. A. García, Corredera Baja de S. Pablo, 27. Madrid, 1871.
  • Sumario 306/1870 sobre el atentado contra el general Prim.
  • España trágica. (Episodios Nacionales, quinta serie, número 42) Pérez Galdós, Benito. Alianza editorial. Madrid, 2009.