miércoles, 24 de febrero de 2016

La compra de baldíos de los campesinos morateños en el siglo XVI (II)


La mitad de los vecinos de Morata acudió a la venta de tierras baldías

Adquirieron 4.727 fanegas por un valor de 1.133.005 maravedíes

En la anterior entrega del post sobre la venta de tierras baldías en Morata a finales del siglo XVI vimos las características de estas tierras y por qué Felipe II decidió realizar las ventas. En esta segunda parte analizaremos cómo se desarrolló la labor del juez de comisión en Morata. Según el trabajo de Alfredo Alvar Ezquerra, que ha estudiado en profundidad el fenómeno de las perpetuaciones de baldíos en la comarca de Alcalá en su obra Hacienda Real y mundo campesino con Felipe II, la comisión dirigida por Diego Carvajal negoció ventas de tierras nada menos que con 265 vecinos de Morata, -recordemos que la villa contaba con alrededor de 520 vecinos por aquella época- lo que supone que prácticamente la mitad de los pobladores se hicieron con la propiedad de las tierras baldías que labraban.
Este cambio fundamental, que significó que muchos campesinos pasaran a convertirse en propietarios, no debe confundir, sin embargo, sobre las consecuencias de las adquisiciones de tierra para los morateños. Ciertamente, es de suponer que varios campesinos morateños pasaron de la condición de jornaleros a la de propietarios pero para sobrevivir muchos de ellos necesitarían seguir trabajando en las tierras de otros vecinos más poderosos: con los rendimientos agrícolas de la época, cada familia necesitaría al menos 40 fanegas, cantidad que pocos morateños llegaron a adquirir, aunque como veremos más tarde algunos sobrepasaron con holgura esta cantidad y se hicieron con grandes extensiones de tierras. Además, todos los compradores, aunque compraron a precios bajos, se obligaron al pago de unas cantidades, generalmente en la Navidad y la festividad de San Juan posteriores a la fecha de la escritura de compra, que no siempre era fácil de cumplir si la cosecha, como sucedió en muchas ocasiones en los años siguientes, no respondía a las expectativas de los campesinos.
Y es que no hay que olvidar que las tierras que pasaron a propiedad de los vecinos no eran ni mucho menos las mejores del término municipal. Estamos hablando de unas parcelas de tierras de secano, nunca de regadío y, desde luego, no las que mejores rendimientos proporcionaban. Por estas tierras los morateños de entonces pagaron a la Hacienda Real la cantidad nada desdeñable de 1.133.005 maravedís que fue el importe total de 4.727 fanegas adquiridas por los vecinos, aunque hay que señalar que en esta cantidad también está incluido un pequeño porcentaje de tierras adquiridas por algunos compradores forasteros que, exactamente, se hicieron propietarios de algo más de 48 fanegas en el término de Morata, una cantidad inapreciable en el total de las tierras traspasadas.
El proceso de las perpetuaciones de tierras baldías resulta revelador, gracias a las escrituras que se levantaron sobre las propiedades adquiridas por los labradores, de la situación del campo morateño en la época ya que permite comprobar qué tipo de cultivos eran más importantes en el secano en aquellos años del último tercio del siglo XVI.
Según los datos manejados por Alvar Ezquerra, de la totalidad de tierras perpetuadas por los morateños en su término municipal, unas 444 fanegas correspondían a secano para el cultivo de cereales, 271 fanegas para tierras de viñedo, 3.944 fanegas corresponden a tierras en las que no se diferenciaba si eran de cereal o viñedo, 2,5 fanegas dedicadas a olivar y, por último, casi 15 fanegas de tierras diversas.
Hay que hacer notar que estas cantidades nos indican la nula importancia del cultivo del olivar en Morata en el siglo XVI pues, si bien hay que suponer que a las escasas 2,5 fanegas que figuran en la relación habría que sumar las tierras plantadas de olivos que pertenecían a otros propietarios con antelación a las ventas realizadas por la Hacienda Real, no es muy aventurado deducir que el olivar no estaba tan extendido por aquellas fechas puesto que en otro documento oficial reiteradamente citado como es el de las Relaciones de Felipe II, fechado escasamente diez años después de las perpetuaciones (1579) en ningún momento se cita como importante el cultivo el olivar mientras que, por el contrario, si se menciona el del cáñamo, aunque lógicamente en las tierras de la vega -al tratarse de un cultivo de regadío- junto con los cereales.
Estamos hablando por lo tanto de unas tierras por las que se pagaron por término medio en Morata 239 maravedís por fanega, aunque este precio oscilaba entre los 221 maravedís pagados por las tierras de secano, los 171 por las viñas o los 163 maravedís por fanega de olivar. Sin embargo, y a pesar de estos bajos precios, no hay que olvidar que la intención de la Corona era ingresar fondos sin por ello generar conflictos sociales: se entiende por lo tanto, que los campesinos pagaron sus tierras por debajo del precio de mercado (en la misma época, en pueblos como Carabanchel se pagaba la fanega de cereal a 1.486 maravedís, cantidad notablemente superior a la abonada por los morateños pero lógica al tratarse de un lugar más cercano al mercado madrileño).
Hay que reiterar el elevado número de vecinos que acudieron a la convocatoria para hacerse propietarios de las tierras baldías que labraban, con la consiguiente posibilidad de traspasarlas a sus herederos, situación impensable para muchos de ellos anteriormente, lo que indica una predisposición general pues la extensión media de las propiedades adquiridas era de 17 fanegas. A falta de un estudio pormenorizado de las distintas escrituras levantadas para legalizar las adquisiciones, es evidente que no todos los vecinos llegaron a hacerse propietarios de esa cantidad de fanegas y, por el contrario, que algunos la sobrepasaron ampliamente, sobre todo en un caso.
Nos estamos refiriendo a una vecina de Morata, curiosamente viuda, que destacó por la importancia de sus adquisiciones: Francisca La Holgada (así figura en las escrituras) se hizo propietaria de 181 fanegas de cereal viñedo por las que abonó la importante cantidad de 68.856 maravedís. Una compra tan elevada de tierras de cereal-viñedo indica, aparte de una importante capacidad económica, una más que posible dedicación al viñedo y el destino de la producción al consumo de Madrid. Por otra parte, una sencilla operación matemática apunta que la mencionada Francisca la Holgada pagó por la propiedad de sus tierras de cereal-viñedo un precio medio de 380 maravedís por fanega, cuando el resto de los vecinos de Morata abonaron por el mismo tipo de tierra 246 maravedís, diferencia importante que puede indicar una mayor calidad de las tierras adquiridas por tan emprendedora viuda (Hay que señalar que antes de fijar los precios, la comisión se informaba exhaustivamente de la calidad de las tierras a perpetuar para fijar un precio acorde a sus características). 
Vista aérea de la dehesa carnicera, de unas doscientas fanegas de superficie, que fue comprada por el Concejo de Morata durante el proceso de privatización de baldíos del siglo XVI

También el concejo morateño acudió a la convocatoria real para hacerse con una extensa propiedad de 200 fanegas que se pagaron a un precio medio de 100 maravedís, cantidad ciertamente baja si comparamos con los precios abonados por otro concejos (El de Perales pago a 769 maravedís por fanega) y que pasaron al patrimonio de bienes propios tal vez para su uso como pastos comunales.
Consecuencias de la privatización de los baldíos
 Pero más que los datos concretos de las tierras perpetuadas en Morata casi nos interesan más las consecuencias futuras de las adquisiciones. Ya hemos mencionado que el proceso de las perpetuaciones, en general, supone para la Corona la posibilidad de recaudar unas cantidades extra, que en su mayor parte se destinaron a pagar la deuda contraída en años anteriores, y para los campesinos adquirir la propiedad de la tierra. Además, las perpetuaciones permiten practicar el barbecho (se acaba con la obligación de arar y sembrar todos los años si se quería mantener el usufructo de los baldíos) lo que en definitiva aumenta la producción y el rendimiento de las parcelas. La Corona obtiene beneficios económicos inmediatos y también a largo plazo se beneficia de unas ventas que generan más riqueza y, por lo tanto, mayores impuestos de alcabalas, con el añadido de que la institución real, al mismo tiempo, consigue restar poder a uno de los estamentos más influyentes de la sociedad, en el caso de Morata, la Iglesia a través del arzobispado de Toledo y, paralelamente, la propia ciudad de Alcalá que perdió influencia sobre muchos de los pueblos y vecinos de la jurisdicción.
En este sentido, también es importante señalar que nos encontramos en una época en que muchos pueblos están en pleno proceso de adquisición del derecho de villazgo, lo que supone por una parte liberarse de la dependencia del arzobispado, en el caso de Morata, pero, en contrapartida, unas obligaciones económicas que como veremos no siempre se pudieron cumplir y que desataron la crisis generalizada en los pueblos de la comarca y en Morata a finales de siglo y primeras décadas del XVII. En cualquier caso, la generalización del proceso de venta de baldíos sirvió para la expansión de la economía agrícola en Castilla y su efecto inmediato tuvo que ser positivo a corto plazo. Posteriormente, al tratarse de tierras de calidad baja, debió producirse un descenso en los rendimientos que las convertirían en escasamente rentables para sus propietarios cuando, en algunos casos, aún no habrían terminado de pagar las deudas contraídas para su adquisición.
Tan es así que parece que muchos compradores no pudieron hacer frente al pago de deudas, impuestos y diezmos y al no cumplir los plazos comprometidos perdieron la propiedad, lo que provocó una situación catastrófica en muchas villas. Estos agricultores habían hipotecado sus bienes y, al no poder pagar, algunas de las tierras compradas o fueron abandonadas o pasaron a otras manos, mientras que los antiguos propietarios se verían obligados a emigrar o, en caso contrario, pasar a la condición de jornaleros al servicio de los campesinos más afortunados.

Bibliografía: Hacienda real y mundo campesino con Felipe II. Las perpetuaciones de tierras baldías en Madrid. Alvar Ezquerra, Alfredo. Comunidad de Madrid-Consejería de Agricultura. Madrid, 1990.
La venta de tierras baldías. El comunitarismo agrario y la Corona de Castilla durante el siglo XVI. Vassberg, David E. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Secretaría General Técnica. Madrid, 1983

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