jueves, 2 de septiembre de 2021

 Morata de Tajuña, en busca del origen y significado de su nombre (II)

El nombre podría derivarse de morar, permanecer en el lugar sus antiguos pobladores

Los repobladores aragoneses, tras la reconquista de la comarca, también podrán haber dado dieran el nombre de sus lugares de origen a la nueva población

La pasada semana ya vimos como el topónimo Morata, en opinión de varios expertos, vendría derivado de la existencia de restos de muros o piedras, lo que exigiría la presencia previa de una población, más o menos importante, que habría que defender.

Fernando Jiménez de Gregorio, uno de los autores que más trabajó en la investigación de la toponimia castellana en las provincias de Toledo y Madrid, apunta también a esta tesis y en Madrid y su Comunidad. Territorio, historia, economía, sociedad, reitera la posibilidad -también plantea otra que analizaremos posteriormente- de que Morata tomara su nombre a partir de muro, esto es, ruinas en donde se establece una nueva población, tomando el nombre de unos muros residuales. Estos podían ser los del castillo, ya ruinoso en el 1580.

La tesis de la existencia de un castillo previo a la repoblación cristiana que cita Jiménez de Gregorio tiene un origen claro en las respuestas que ofreció el doctor Mejía, cura de la parroquial de Morata, al cuestionario de las Relaciones Topográficas de Felipe II. En la respuesta a la primera pregunta señala que a la parte de oriente de la dicha villa [Morata] muy cerca de ella hay ruinas de haber habido un castillo con cuatro torres de tierra, y media legua la vega abajo, que es la poniente, en un despoblado que llaman Heza, término de la villa de Chinchón, hay otras ruinas y señales de otro castillo casi de la misma manera (…).

En la contestación a la pregunta veintinueve, el mismo informante reitera una idea similar e indica la existencia junto a la dicha villa a la parte del oriente de ella un castillo viejo arruinado que era de tierra.

Destaquemos que estas referencias a las ruinas de un castillo viejo arruinado, nunca aparecen en la primera relación elaborada por Juan Ramírez y Bautista Sánchez, los primeros encargados por el Concejo para responder al cuestionario de Felipe II, lo que nos lleva a pensar que las ruinas no eran tan relevantes y que, más bien, podría tratarse de los restos de una antigua torre de vigilancia situada, en efecto, al oriente de la población para controlar unos de sus accesos.

Torres o atalayas de vigilancia

La presencia de estas atalayas en territorio fronterizo y en épocas, siglos más bien, de frecuentes escaramuzas entre musulmanes y cristianos está ampliamente documentada y estudiada. Iñaki Martín Viso, investigador al que ya hemos citado, en su trabajo Castillos, poder feudal y reorganización de la Transierra madrileña (siglo XII-XIII) se refiere a la construcción de un sistema de atalayas orientado hacia el norte y que delimitaba el espacio bajo control andalusí.

Otro autor que también ha estudiado el Madrid islámico, Daniel Gil-Benumeya, menciona igualmente la presencia de torres de vigilancia en la región en un periodo, el previo a la reconquista y el posterior a la misma, en el que eran frecuentes las incursiones enemigas en unas décadas de poder inestable en torno a los siglos XII y XIII. Este investigador, también constata la construcción de castillos en Talamanca, Canales y Olmos, durante los siglos previos de dominio musulmán, y añade:

(…) Más adelante, la región se llenaría de atalayas, como las que aún se pueden ver en Torrelodones en el camino de Somosierra, que entonces se llamaba faŷŷ Táriq o faŷŷ al- Sherrat, o sea «paso de Táriq» o «paso de las sierras», además de en los montes de Guadalajara, Soria y otros muchos lugares (…).

La construcción de atalayas, torres de vigilancia o torreones no era, por tanto, un hecho extraño en una zona de frontera como era la situada al sur de la sierra de Guadarrama según avanzaban las tropas cristianas. Otra cosa es que hasta nosotros, hasta nuestra época, en el caso de la atalaya o torre de Morata, al oriente de la población, sólo nos hayan llegado las referencias documentales que hemos citado de las Relaciones Topográficas de Felipe II y, apuntamos también como posibilidad, un topónimo en forma de nombre de calle del casco urbano de Morata. Se trata de la calle de los Mazacotes, una denominación que, suponemos, puede hacer referencia a estos restos murados que habrían dado origen al nombre de Morata.

Respecto a su situación al oriente de estos restos murados, señalemos que aún se mantiene en el callejero de Morata y, efectivamente, al este del casco urbano la señalada calle Mazacotes*

Otras posibilidades respecto al topónimo Morata

Ya hemos visto hasta ahora que la mayoría de los investigadores, historiadores y expertos en toponimia se decantan por asociar el topónimo de Morata a la existencia de restos de muros, de castillos o de torres de vigilancia procedentes del periodo en el que los musulmanes permanecieron en la comarca y en las tierras que delimitan la cordillera central de la sierra del Guadarrama y el norte del río Tajo.

Al llegar las tropas de los reyes cristianos y conquistar estas tierras a los musulmanes se encontrarían con núcleos de población que, más o menos importantes, tendrían una denominación un nombre que, necesariamente, había que cristianizar, valga el término.

Y es aquí, con la llegada de nuevos pobladores cuando se plantean otras posibilidades que para algunos expertos explican y añaden distintas opciones sobre la elección del topónimo Morata para denominar el territorio recién conquistado. La primera de estas nuevas teorías es la de asimilar el nombre de Morata al termino, morar, nada que ver con moros ni muros, sino con el hecho de que los antiguos pobladores habrían permanecido en la población tras la conquista, siendo asimilados por los nuevos pobladores. Fernando Jiménez de Gregorio, en la obra ya citada, Madrid y su Comunidad. Territorio, historia, economía, sociedad, defiende esta opción que el resume en una frase, morar, permanecer, quedarse, tan habitual por otra parte en tantos territorios de la península que, al ser reconquistados, vieron como parte de la población musulmana, los mudéjares, permanecía en su lugar de nacimiento.

La asociación del topónimo Morata con la idea de permanecer o morar también aparece en un trabajo sobre toponimia madrileña, Estudios sobre la toponimia visigótica del centro de la península, de S. Pérez Orozco, que incluye el nombre de Morata entre los términos de origen mozárabe, o romance primitivo, relacionados con la explotación del terreno, y en este grupo cita Brea de Tajo, vereda; Gredos, grados, y Morata, môrata, morada.

Pobladores aragoneses de Morata de Jalón o de Jiloca

Frente o, o mejor, junto a estos viejos pobladores que podrían haber permanecido en Morata pese al retroceso y derrota de los musulmanes –recordemos que aún se conserva en el callejero una calle de la Morería-, también se plantea la posibilidad que el nombre, el topónimo de Morata, fuera una traslación directa del lugar de origen de los nuevos vecinos que llegaron a repoblar un territorio que, aquí sí que coinciden todos los investigadores, sufría un déficit importante de población debido a décadas y décadas de enfrentamientos entre las dos culturas.

Serían por tanto estos nuevos vecinos, llegados a la comarca al amparo de las ventajas fiscales que se les ofrecían -y que dieron lugar a leyes repobladoras como el Fuero de Oreja o el Fuero de Alcalá-, quienes trajeron con ellos el nombre de sus tierras aragonesas: Morata de Jalón y Morata de Jiloca. Esta costumbre de denominar a las zonas recuperadas con el nombre del lugar de origen de los nuevos pobladores, que se cumplió en tantos lugares al amparo de la reconquista, cierto es que podría estar en el nombre de Morata aunque, y no es cuestión menor, hay que tener en cuenta que tanto Morata de Jalón como Morata de Jiloca fueron reconquistadas, por Alfonso I el Batallador, en un periodo histórico muy próximo o simultáneo a la conquista de las tierras de la ribera del Tajuña, lo que apunta a que sería muy aventurado afirmar que estuvieran en disposición de repoblar otras tierras, sino más bien al contrario. También esos territorios fueron repoblados con nuevos vecinos, francos, concretamente, procedentes del norte de los Pirineos.

En cualquier caso, dejamos apuntado que, según el investigador aragonés Agustín Ubieto, el término Morat se documenta en el año 1178, en referencia a Morata de Jalón y que, según los estudios de toponimia aragonesa, el nombre de ambas localidades de la provincia de Zaragoza, tendría un origen similar al que se adjudica al topónimo de Morata de Tajuña: murat, muro, castillo, morar.

Llegados aquí, y vista la abundancia de propuestas que tratan de justificar o explicar el origen del nombre de Morata, lo que nos puede llevar a confusión ante la falta o ausencia de una propuesta definitiva e indiscutible –algo muy difícil de conseguir en el caso de Morata y tantos otros-, bueno será que citemos al profesor de la Universidad de Alcalá Jairo Javier García Sánchez, autor de un trabajo titulado En torno a la toponimia madrileña. Este investigador afirma en el texto citado:

(…) resulta bastante sintomático que un territorio tan densamente poblado y tan relevante, en la actualidad y en el pasado, configurado hoy como la Comunidad Autónoma de Madrid, no haya sido objeto de un interés mayor por parte de los lingüistas y toponimistas, ya que los trabajos realizados no pasan de ocuparse del análisis de este o aquel nombre.

(…) está claro –continúa- que queda mucho por hacer en el estudio de la toponimia de la Comunidad de Madrid. La abundancia de estudios y materiales en referencia a la ciudad de Madrid, ya sea por su nombre mismo o por el de sus calles, contrasta con lo relativamente poco que se ha hecho más allá de sus límites municipales.

(…) Asimismo, se echa de menos un verdadero corpus o repertorio de topónimos, exhaustivo y fiable, que permita dar a conocer la auténtica realidad de la toponimia madrileña y que, sin duda, facilitaría en muy alto grado la primera tarea.

A la espera de que lleguen esos estudios definitivos de los investigadores y especialistas, nosotros terminamos estas entregas sobre el origen del topónimo Morata con unos últimos apuntes:

  • Efectivamente, no hemos incluido ninguna referencia al término Licinia** ya que, en este caso sí, está suficientemente probado que este término se refiere a una familia romana que habitó en el término o proximidades de la actual Morata.

  • Durante la mayor parte de su historia, al menos desde el siglo XIIl la actual Morata de Tajuña se ha denominado simplemente Morata. Hemos encontrado algunas excepciones, lo que no significa que no existan más, como un texto de que incluía el término del arzobispo, Morata del Arzobispo***, aparecido en un documento fechado en Toledo en julio de 1462 sobre el reparto de un donativo de pedidos y monedas para la guerra contra los moros: (…) a vos el concejo de Morata del arzobispo tres mili e ciento e tres maravedis, a vos el concejo de Pinto, lugar de doña Juana de Orozco, veinte e cinco mil e ochocientos y setenta e cinco maravedís (…). Esta denominación responde a un periodo histórico en el que Morata pertenecía a los bienes del Arzobispado de Toledo. Otras localidades de España, como Villanueva, en la provincia de Jaén, o Albalate, en Teruel, también tiene esta denominación del Arzobispo.

  • La denominación de Morata de Tajuña aparece ya normalizada en los documentos de mediados del siglo XIX y hasta la actualidad.

  • El término Morata de la Vega únicamente se refiere al marquesado concedido por Felipe IV a los primogénitos de los marqueses de Leganés y nunca ha tenido relación con el topónimo de la villa de Morata, a pesar de que los marqueses de Leganés poseían el señorío de la misma.



Para finalizar esta serie de entradas del blog sobre toponimia morateña, la próxima semana publicaremos una relación de los parajes y términos de Morata de Tajuña elaborada a partir de la extensa documentación del Catastro de Ensenada.






*Mazacote: en construcción mezcla de piedras menudas, cemento y arena. En trabajos sobre investigaciones arqueológicas es habitual el uso de este término referido a cimentaciones de edificios o, o incluso, amalgama de restos de piedras y arena.



**Leonard Curchin, un investigador canadiense de la universidad de Watrloo, ha estudiado las lápidas con epigrafía latina encontradas en Morata y sus proximidades. En una de ellas aparece la inscripción

D (es) [M(anibus) s (acrum)?]

Licinia [-].

El profesor Curchin al analizar esta inscripción indica que Licinia se trata e un gentilicio muy abundante en toda la península ibérica y, más concretamente, en la actual Comunidad de Madrid (En la vecina localidad de Titulcia también se ha documentado este termino de Licinia en una pieza de alfarería). El especialista concluye que el texto, que llegó hasta nosotros gracias a la transcripción del doctor Mejía en el siglo XVI, aparecía en una lápida funeraria, similar a otros dos ejemplares con el mismo gentilicio aparecidos en Alcalá de Henares.



*** Enrique III donó la villa de Morata, junto con Valdemoro, al arzobispado de Toledo en diciembre de 1393.





Fuentes y bibliografía:

  • Relaciones Topográficas de Felipe II. Madrid. Estudio introductorio. Alfredo Alvar Ezquerra. Comunidad de Madrid. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Imprenta de la Comunidad. Madrid, 1993.

  • Historia de la villa de Morata de Tajuña-Torre Briceño, Jesús Antonio. Ayuntamiento de Morata de Tajuña, 1999. (Transcripción de las respuestas al interrogatorio).

  • Sobre la continuación de unidades de organización islámica en la Mancha en la Baja Edad Media: el caso de Moratalaz (Ciudad Real). Clara Almagro Real y Luis Rafael Villegas Díaz. Revista Sharq Al-Andalus, 21 (2014-2016).

  • El árabe Fahs en la toponimia española. Dolores Oliver Pérez. Universidad de Valladolid. Revista Al-qantara. Consejo Superior de Investigaciones Científicas Volumen 18 nº1 (1997).

  • Madrid islámico. El gigante y el cadí. Los primeros madrileños. La Historia recuperada. Daniel Gil Benumeya. Madrid destino cultura, turismo y negocio, S.A. Madrid, 2018.

  • Capere vel populare. Formación y desarrollo de una frontera feudal entre el Duero y el Tajo (siglos XI-XII). Iñaki Martín Viso.

  • Archivo Histórico Provincial de Toledo. Sección Hacienda. Catastro de Ensenada. Libros maestros y Respuestas Particulares H 408 y H 410.

  • Madrid y su Comunidad. Territorio, historia, economía, sociedad. Fernando Jiménez de Gregorio. Avapiés. Madrid, 1986.

  • Materiales para una toponimia de la provincia de Madrid (VIII). Fernando Jiménez de Gregorio. En Anales del Instituto de Estudios Madrileños. Tomo XLIX. CSIC. Madrid, 2009.

  • Castillos, poder feudal y reorganización de la Transierra madrileña (siglo XII-XIII). Iñaki Martín Viso. Espacio, Tiempo y Forma. Serie III: Historia Medieval. T. 13. 2000.

  • Madrid, topónimo visigótico. Estudios sobre la toponimia visigótica del centro de la península. S. Pérez Orozco. ELEA, 19. 2020.

  • Jairo Javier García Sánchez. En torno a la toponimia madrileña. Universidad de Alcalá.

  • Documentos de Casbas. Agustín Ubieto Arteta. Textos medievales).

  • The forgotten inscripcions of Morata de Tajuña. (Las inscripciones olvidadas de Morata de Tajuña). Curchín, Leonard. Athenaeum 83, serie Nuova. Vol. LXXXIII. Fascicolo II. Universita de Pavía. Como Edicioni News Press. 1995.

  • Revista de la Biblioteca y Archivo y Museo del Ayuntamiento de Madrid. Documentos reales en el Archivo de la Villa. Números 7 y 8. Artes Gráficas Municipales. Madrid, 1980.



jueves, 26 de agosto de 2021

Morata de Tajuña, en busca del origen y significado de su nombre  (I)

Algunos especialistas asocian el topónimo Morata a una evolución de Mûrad, antropónimo de una familia o tribu árabe


Esta villa se llama Morata y no se sabe ni tiene memoria de la causa  porque se llama Morata ni si se ha llamado de otro nombre antes de ahora. Con tan escueta respuesta al cuestionario de Felipe II que se incluía en las Relaciones Topográficas, los regidores de Morata poco aportaron al conocimiento sobre el origen del nombre de la villa. Casi cuatrocientos cincuenta años después, continúa sin estar claro el origen y el significado del nombre de Morata. En estas entregas del blog, intentaremos encontrar la causa de esta denominación que, eso es lo único que parece seguro, no tiene ninguna relación con el término Licinia.


La ausencia de datos y conocimientos sobre el origen del término Morata y cuándo empezó a denominarse así, según el relato de Juan Ramírez y Bautista Sánchez como responsables y encargados por los regidores de la villa de elaborar las respuestas al cuestionario de Felipe II en diciembre de 1579, fue ratificada casi un año después por el cura de la parroquial, el doctor Mejía, autor de una nueva redacción del cuestionario realizada para completar y ampliar los datos aportados en la primera*. El responsable de la parroquia afirmaba ante el escribano Juan de Munilla el 8 de agosto de 1580:
(…) En cuanto al primero capítulo dijo que la dicha villa de Morata se llama así desde tiempo inmemorial a esta parte, sin que haya habido memoria de cuándo empezó a llamarse así (…).
Poco se diferenciaba el inicio de la respuesta del doctor Mejía a la pregunta número 1 del cuestionario de la que habían expresado unos meses antes Juan Ramírez y Bautista Sánchez, aunque el eclesiástico añadía algunos datos, suposiciones que aportaban nuevos conocimientos para llegar a conocer el origen del nombre de la villa de Morata. En su respuesta, más elaborada que la de sus antecesores, Mejía mencionaba  dos posibles puntos de partida para resolver el enigma del origen del término Morata:
(…) se presume llamarse Morata o porque había en su término muchas moreras y morales, por ser tierra dispuesta para ello de tener mucho riego, y así hay al presente morales muy antiguos, y se dice haber habido antes más, y también podría haberse llamado así según se presume se tiene por más cierto después de que los moros entraron en España, porque de este nombre de Morata se llamaron algunos moros, y así consta en la historia que se escribió de la guerra de Malta, que un moro principal de la armada del turco se llamaba Morata, y así se presume que cuando los moros ganaron a España algún moro habría que fuese señor de Morata, del cual tomase el nombre (…).
El origen del nombre de Morata a partir de la existencia de moreras en su territorio regadas con las aguas del Tajuña fue un primer apunte del doctor Mejía, basado en la similitud de ambos términos morera<Morata, para explicar la denominación de la villa. La realidad es que, a posteriori, en los numerosos estudios consultados, ninguno incide en atribuir el origen del nombre de Morata a la existencia de moreras en su término.
Más interés parece tener la siguiente aportación del doctor Mejía para completar su información. En efecto, el eclesiástico añadía la teoría de que el topónimo Morata se originara de un antropónimo, un moro llamado Morata, que en algún periodo fuese señor del poblamiento inicial que con los años se convertiría en la propia villa y del que tomaría el nombre.
El historiador Alfredo Alvar Ezquerra en su estudio sobre las Relaciones Topográficas de Felipe II al referirse al topónimo de Morata recoge estas aportaciones que ya henos citado del doctor Mejía y su valioración de las mismas:
(…) El topónimo podía provenir de varias raíces, como Morata (Rta 1) porque en su tierra hubiera habido muchas moreras, o porque algún moro se llamara Morata y cediera su nombre a la localidad. Más bien creo en la segunda acepción.
Si la evolución morera>morata no tiene visos de estar relacionada con el término Morata –ninguno de los especialistas en toponimia consultados, coincide con esta propuesta que planteara el doctor Mejía hace más de cuatro siglo-, su segunda hipótesis, la relación de la denominación de Morata con una familia de moros con una raíz similar, el antropónimo murad, sí que es analizada por algunos expertos como plausible. Clara Almagro y Luis Rafael Villegas citan esta posibilidad al tratar sobre el topónimo Moratalaz^, con evidentes similitudes con Morata.
Sobre el origen de este último término los autores citados señalan que puede ser el resultado de la unión de dos elementos, Morat- por un lado, como derivación del antropónimo Murad, y -al-faz. En cualquier caso, en su trabajo Clara Almagro y Luis Rafael Villegas consideran que el término Morata podría derivarse de una hibridación entre términos latinos y árabes, a partir de la evolución de Mauratum>Morataum>Morat, en la que el último término estaría asociado a la raíz moros.
Otra autora que ha investigado el término Moratalaz, Dolores Oliver, señala que es un topónimo compuesto de Morata y al-fahs. Según esta especialista, el topónimo Moratalaz formado por los dos términos citados se podría entender como Morata del Campo:
“Que al fahs aparece aquí enmascarado en esa terminación -alaz  es algo evidente desde el momento en que tal topónimo lo encontramos en su forma etimológica Morat alfat en documentos toledanos. Más difícil resulta conocer si estamos ante el nombre romanceado Morata, lo que supondría incluir este testimonio entre los ejemplos de denominación hibrida que abundan en esa zona fronteriza, o si nos encontramos frente a la transcripción del antropónimo árabe Murâd que, según J. Oliver Asín**, dio origen a varios Morata y Moratella de la Península”.
La adscripción del antropónimo Murâd al origen de la palabra Morata como parte del topónimo compuesto Moratalaz no es, sin embargo, una hipótesis que compartan otros autores. Concretamente, Daniel Gil Benumeya, en Madrid islámico. El gigante y el cadí. Los primeros madrileños. La Historia recuperada, defiende que el nombre del distrito de Moratalaz, que incluye el término Morata, procede del híbrido Morat al-Fahs, Morat del Campo, donde morat procedería del romance murat(a), es decir, murado o amurallado. Morata de Tajuña o Muratiel en Valdetorres del Jarama  tiene esa misma etiología (…).
La aparición de un nuevo significante asociado al topónimo Morata, muro o amurallado, nos lleva a otra interpretación de los especialistas relacionado con la existencia de restos de piedras y de asentamientos humanos previos a la recuperación por parte de los cristianos de las tierras situadas al sur del Duero y al norte del Tajo, los dos ríos que marcaron la frontera durante varios siglos.
Iñaki Martín Viso, profesor de la Universidad de Salamanca, ha estudiado el  periodo medieval en el territorio entre el  Duero y el Tajo y más concretamente en las vegas del Henares, Jarama y Tajuña. En estos trabajos se trata sobre la existencia de poblamientos mozárabes previos al avance de los reyes cristianos que podrían haber dado origen a estos restos amurallados que darían nombre a algunas villas años después tras la reconquista:
 (…) Una permanencia de ciertos núcleos mozárabes autóctonos parece observarse también en la vega del Tajuña, donde el diseño de la red de asentamientos responde a una estrategia posiblemente anterior a la época andalusí –debido a la relativamente toponimia prerromana (Tielmes, Caravanna, Oluske, Orusco) con pequeños núcleos en alto (…). En cualquier caso, la existencia de estos grupos mozárabes nunca debió sobrepasar un carácter marginal dentro del conjunto de la población (…).
La próxima semana, trataremos sobre la existencia de estas piedras y muros que, según muchos especialistas, estarían en el origen del nombre de la villa de Morata.


*El intento de averiguar el origen del nombre de la villa a raíz de la elaboración de las Relaciones Topográficas de Felipe II no es la única ocasión en que se ha tratado de conocer la procedencia del toponímico de Morata. Dos siglos después, con motivo de la elaboración del Catastro de Ensenada, también se inquiría a los regidores municipales sobre el término Morata en las denominadas Respuestas Generales de la documentación catastral:
1ª A la primera pregunta del interrogatorio dijeron que de inmemorial tiempo a esta parte saben y les consta que esta Villa se ha llamado y actualmente se nombra Morata, sin que sobre este particular hayan oído en tiempo alguna cosa en contrario (…).
** Jaime Oliver Asín (1905-1980), fue un historiador, cronista y miembro de la Real Academia de la Historia, nacido en Zaragoza y autor de una extensa obra en la que se incluían estudios de toponimia como La Salmedina y Vaciamadrid: estudios de toponimia madrileña o El hispano-árabe al-jarnat en la toponimia peninsular .




Fuentes y bibliografía:
    • Relaciones Topográficas de Felipe II. Madrid.  Estudio introductorio. Alfredo Alvar Ezquerra. Comunidad de Madrid. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Imprenta de la Comunidad. Madrid, 1993.
    • Historia de la villa de Morata de Tajuña-Torre Briceño, Jesús Antonio. Ayuntamiento de Morata de Tajuña, 1999. (Transcripción de las respuestas al interrogatorio).
    • Sobre la continuación de unidades de organización islámica en la Mancha en la Baja Edad Media: el caso de Moratalaz (Ciudad Real). Clara Almagro Real y Luis Rafael Villegas Díaz. Revista Sharq Al-Andalus, 21 (2014-2016).
    • El árabe Fahs en la toponimia española. Dolores Oliver Pérez. Universidad de Valladolid. Revista Al-qantara. Consejo Superior de Investigaciones Científicas Volumen 18 nº1 (1997).
    • Madrid islámico. El gigante y el cadí. Los primeros madrileños. La Historia recuperada. Daniel Gil Benumeya. Madrid destino cultura, turismo y negocio, S.A. Madrid, 2018.
    • Capere vel populare. Formación y desarrollo de una frontera feudal entre el Duero y el Tajo (siglos XI-XII). Iñaki Martín Viso.
    • Archivo Histórico Provincial de Toledo. Sección Hacienda. Catastro de Ensenada. Libros maestros y Respuestas Particulares H 408 y H 410.


jueves, 19 de agosto de 2021

 Telesforo Oliva, impresor morateño, alcalde y senador por Salamanca (II)

Telesforo Oliva, impresor morateño, alcalde y senador por Salamanca (II)
La intensa actividad empresarial y profesional de Telesforo Oliva de la Torre, especialmente en la imprenta y librería familiar, no le impidió participar durante gran parte de su vida en la vida política de la capital salmantina y su provincia. Como colofón a esta faceta política de su biografía, en 1872, Telesforo fue elegido senador por la provincia de Salamanca, justo en los últimos meses del efímero reinado de Amadeo I de Saboya.



Sobre la trayectoria política de Telesforo Oliva, desarrollada en paralelo a su actividad empresarial ligada a la imprenta familiar localizada en la calle de la Rúa de Salamanca y a otras iniciativas profesionales, existe constancia desde, al menos, los primeros años de la década de los cuarenta del siglo XIX. Oliva, empresario de vocación y licenciado en Derecho de formación, ya aparecía como síndico del Ayuntamiento de Salamanca el 6 de febrero de 1841 cuando el consistorio salmantino felicitaba, a través de Telesforo Oliva, al general Baldomero Espartero, regente de la monarquía encabezada por Isabel II, por su defensa los intereses españoles en el contencioso con Portugal respecto al río Duero, fronterizo entre ambos países, tal como informaba el periódico El Constitucional el 20 de febrero:
(…) A la Regencia provisional del Reino.—El Ayuntamiento constitucional de Salamanca vio con entusiasmo las poderosas y enérgicas medidas de la Regencia para sostener el decoro español, altamente comprometido en el vecino reino de Portugal , y por ello la felicitó en lo íntimo de su corazón.
Hoy lo hace agradecido, y dice con orgullo a la faz de toda Europa que la Regencia provisional ostentó noblemente la fuerza del brazo español; que España toda, olvidando pequeñas diferencias, se puso al lado de su Regencia (…)*.
Unos años después de esta referencia a Telesforo Oliva como síndico del Ayuntamiento de la capital salmantina, el político de origen morateño aparece en 1845 como miembro de la junta de comisionados del distrito lectoral de la provincia de Salamanca, según la información que publicaba el periódico El Clamor Público, diario de tendencia progresista fundado en 1844:
Salamanca, 15 de febrero
(…)Instalóse el miércoles 12 a las cinco de la tarde la junta de comisionados de los distritos electorales de esta provincia, que fue presidida por el señor marqués de Castellanos, liberal moderado, siendo secretarios los señores D. Álvaro Gil Sanz y don Telesforo Oliva, ambos progresistas: la mayoría de la reunión era en sus tres cuartas partes progresista, y 37 los comisionados que concurrieron. Hízose desde luego la pregunta de si los distritos estaban por reelección, y se votó en contra de esta, creo que por unanimidad. Tratóse de fijar el color político de la candidatura, y los moderados ofrecieron partir los lugares: los progresistas manifestaron que no se debía considerar como demasiada exigencia por su parte el pretender que toda la candidatura se compusiese de hombres suyos siendo como era la mayoría de la reunión progresista, y teniendo ya el otro partido en el Congreso, no mayoría, sino casi unanimidad. Pero mostrándose como siempre generosos cedieron al cabo, aunque no sin exigir que los que entrasen a figurar como moderados habían de ser de los más liberales, y se votó también por sus autoridades que la candidatura se compusiese de dos liberales moderados, y otros dos progresistas (…). (El Clamor Público, 19 de febrero de 1945).
Telesforo Oliva también formó parte del consistorio de la capital salmantina así como de la Diputación Provincial de Salamanca antes de acceder a la alcaldía en los años previos a la revolución de 1868, La Gloriosa, que tuvo como consecuencia el exilio de la reina Isabel II, la aprobación de una nueva Constitución y el cambio dinástico en la persona de Amadeo I de Saboya y, finalmente, la proclamación de la I República.
Del desempeño de la alcaldía de Salamanca por parte de Telesforo Oliva, desarrollado al menos entre los años 1865 y 1867, hemos encontrado pocas noticias más allá de su participación en actos institucionales de la Universidad o, como ya señalamos anteriormente, su implicación en los actos de homenaje a Cristóbal Colón  que incluyeron la edición de un libro que salió de su imprenta.
En cualquier caso, su papel como primera autoridad municipal dio paso, meses después y tras los sucesos revolucionarios, a su elección como senador en representación de la provincia de Salamanca. 


Hemos de señalar que la presencia de Telesforo Oliva en el Senado fue ciertamente fugaz y muy limitada en el tiempo. Desde la llegada de Amadeo I a España la crisis e inestabilidad política de este periodo se materializó, en la práctica, con  nada menos que seis gobiernos distintos y cuatro elecciones al Congreso y al senado en el escaso intervalo de algo más de dos años en que permaneció el monarca italiano en España antes de renunciar al trono.
Telesforo Oliva fue elegido para representar a Salamanca en las filas del partido Progresista de Práxedes Mateo Sagasta en las elecciones convocadas por el propio Sagasta como presidente del Consejo de Ministros el 24 de enero de 1872.
Las elecciones se celebraron los días 2, 3, 4 y 5 de abril. Hay que recordar que, en el caso del Senado, las leyes del  momento contemplaban un cuerpo electoral limitado a un reducido número de los denominados compromisarios a los que se sumaban los diputados provinciales: en la práctica esto significaba que el censo electoral se reducía a cuatrocientas personas. Según el acta levantada para certificar el resultado de las elecciones al Senado en Salamanca, Telesforo Oliva adquirió la condición de senador -por el denominado sector constitucionalista o adicto al ministerio del partido de Sagasta,  tras obtener 213 votos de los 393 emitidos. Junto al político y empresario morateño fueron elegidos Valeriano Casanueva (243 votos), Clemente Sánchez Arjona (193 votos) y Fulgencio María Tabernero (188 votos).

 

Partida de bautismo en la parroquia de Morata de Telesforo Oliva conservada en el expediente del senador


A la inestable situación política de esos años se sumó, en esos meses, la escisión en las filas del Partido Progresista de Sagasta. Mientras Telesforo Oliva ejerció el cargo de senador del Reino ocupó la presidencia del gobierno el general Serrano, apoyado en los votos de los constitucionalistas y los conservadores. Tan breve resultó la legislatura en la que fue elegido senador Telesforo Oliva que únicamente se celebraron 34 sesiones antes de que las cámaras fueran disueltas, el 28 de junio de 1872, y se convocaran elecciones para el mes de agosto ya bajo la presidencia de Ruiz Zorrilla, el político que lideraba el Partido Radical surgido tras la escisión de los progresistas. En estas elecciones de agosto de 1872**, Telesforo Oliva ya no se presentó aunque, años después, en 1886, su hijo Vicente Oliva Martín Blanco también accedió al Senado como representante de la provincia de Salamanca.
Tras abandonar la política nacional, Telesforo Oliva continúo en las empresas familiares, aunque ya estaban encabezadas por sus hijos Vicente y Telesforo, y falleció en Salamanca el 2 de marzo de 1875.



*La cita de Telesforo Oliva como síndico –un cargo político creado en el reinado de Carlos III y cuya misión era defender los intereses de los vecinos- del Ayuntamiento de Salamanca, y su felicitación al general Espartero hace referencia a la actuación del regente que permitió la entrada en vigor del denominado Tratado del Duero, un acuerdo entre España y Portugal firmado en 1835 que regulaba la navegación en el río fronterizo y otros aspectos comerciales en las relaciones entre los dos países ribereños.

** En las elecciones de agosto de 1872 sí que resultó elegido senador otro político nacido en Morata de Tajuña, Ignacio Rojo Arias, precisamente en las filas del partido de Ruiz Zorrilla, el grupo escindido del Partido Progresista del que formaba parte Telesforo Oliva. Respecto a la carrera política del hijo de Telesforo Oliva, Vicente Oliva Martin Blanco fue elegido senador en ocho legislaturas entre los años 1886 y 1895, primero en las filas del Partido Liberal de Sagasta, posteriormente en las del Partido Conservador de Cánovas del Castillo para, finalmente, regresar al Partido Liberal en los últimos años de su actividad política.


Fuentes y bibliografía:
    • Periódicos citados en el texto.
    • Segunda campaña de excavación del botánico 2001, avance de conclusiones.  Muñoz García, Miguel Ángel; Jiménez González, Manuel Carlos; Gutiérrez Millán, María Eva. Salamanca, revista de Estudios. Nº 48. Ediciones de la Diputación de Salamanca 2002.
    • Salamanca Artística y Monumental: o descripción de sus principales monumentos. Falcón Modesto. Establecimiento Tipográfico de Telesforo Oliva. Salamanca.
    • Política y Sociedad en Béjar durante el siglo XIX - Mariano Esteban de Vega, Mariano. Universidad de Salamanca.
    • Pagina Web del Senado. www.senado.es. Expediente personal del senador D. Telesforo Oliva de la Torre, por la provincia de Salamanca.
    • Catastro de Ensenada-Morata de Tajuña. Pieza 3, Libro de lo personal del estado seglar. Archivo Provincial de Toledo H-410 y 408.





 
 

jueves, 12 de agosto de 2021


Telesforo Oliva, impresor morateño, alcalde y senador por Salamanca

Telesforo Oliva de la Torre, nacido en Morata en 1810, ejerció  como alcalde de Salamanca y también como senador por la provincia salmantina en la legislatura de 1872. Licenciado en Derecho, regentó durante varías décadas una de las imprentas más importantes de la ciudad de Salamanca. También fue secretario de la Junta Provincial de Agricultura, Industria y Comercio y constructor inmobiliario.

En el archivo parroquial de la villa de Morata, en el libro de bautismos, figuraba la partida de nacimiento de Telesforo Oliva de la Torre. Esta partida de nacimiento, o mejor dicho, una copia certificada de la misma, consta en el archivo del Senado español, donde se registró en 1872, al ser elegido Telesforo Oliva senador por la provincia de Salamanca. En este certificado de la inscripción original se señalaba:
Telesforo, de Juan Oliva y de Severa de la Torre [Padres]
En la Iglesia Parroquial  de esta villa de Morata en seis de enero de mil ochocientos diez, yo, Don Benito Serrano, capellán de su Cabildo, con licencia del señor Cura propio bautice solemnemente a Telesforo que nació en cinco de enero, es hijo legítimo de Juan Oliva y Severa de la Torre, naturales  y vecinos de ella. Fue su madrina Tomasa Oliva, abuelos paternos Roque e Isabel García, maternos Diego y Francisca Cantarero. Y lo firmé=Don Benito Serrano= (…).
Ambos progenitores, su padre, Juan Oliva, y su madre, Severa de la Torre, eran originarios de Morata. Los abuelos paternos, Roque Oliva e Isabel García, también habían nacido en Morata. Por línea materna, Telesforo descendía de Diego de la Torre y Francisca Cantarero, también naturales de Morata según consta en diversos censos de la villa de Morata realizados durante el siglo XVIII.*
Desconocemos el momento en que Telesforo, que había estudiado Derecho, se traslada desde Morata a la ciudad de Salamanca. En la capital salmantina, el político morateño se casó con Isidora Martín González, con la que tuvo cuatro hijos, Vicente*, Telesforo, Irene e Isidra. Los cuatro hijos adoptaron el gentilicio Martin Blanco como segundo apellido.
Impresor y constructor
Antes de dedicarse a la política, el morateño Telesforo Oliva desarrolló una exitosa carrera empresarial como propietario y regente de una de las imprentas y librerías más importantes de la ciudad de Salamanca. La capital salmantina, como sede universitaria de gran prestigio, acogía a mediados del siglo XIX una importante actividad editorial, acorde con su destacada vida cultural y mercantil, y era también lugar se edición de numerosos periódicos y publicaciones de todo tipo que se imprimieron en la empresa tipográfica de Telesforo.
Por lo tanto, la imprenta de los Oliva Martín Blanco –ya que los hijos de Telesforo también se implicaron en la gestión de la empresa familiar-, no sólo atendía al negocio de la impresión de todo tipo de folletos ya que, además, también vendía y distribuía libros y periódicos que, en muchas ocasiones, se imprimían y editaban en las instalaciones que la familia poseía en la calle Rúa 23 –o 25, según las épocas-, una de las vías comerciales más importantes de la Salamanca decimonónica, próxima a la plaza Anaya y a la propia catedral salmantina.
La imprenta y librería fue adquirida por los Oliva Martín Blanco a otra familia salmantina, los Núñez, que había fundado la empresa en el siglo XVIII. (Curiosamente, en el año 1900, los Núñez volvieron a adquirir la imprenta a Vicente Oliva Martín Blanco, hijo de Telesforo, y mantuvieron la actividad durante buena parte del siglo XX). Con el paso de los años, a partir de los primeros años de gestión de Telesforo Oliva, la empresa tipográfica y librera  conoció varias denominaciones, desde Imprenta de Don Telesforo Oliva hasta Oliva y hermano**. A finales de siglo aparecía también la razón social Imprenta y Librería de Oliva o Establecimiento Tipográfico de Oliva.
La trayectoria empresarial de la imprenta de la familia Oliva se desarrolló, al menos, desde la década de los cuarenta del siglo XIX. En estos años, concretamente en 1848, la imprenta de Telesforo Oliva ya imprimía un opúsculo titulado Invitación de la fábrica de Béjar a las demás del reino sobre la defensa del sistema protector e impugnación del libre comercio, obra de Nicomedes Martín Mateos, Nicomedes (Hay que señalar que la familia Oliva, tenía intereses materiales en la industriosa ciudad de Béjar, al sur de la provincia de Salamanca).
En los talleres de los Oliva Martín Blanco también se imprimieron en estos años numerosas publicaciones oficiales como el Boletín Eclesiástico del Obispado de Salamanca, el Boletín de la primera enseñanza de la provincia de Salamanca y el Boletín Oficial de ventas de bienes nacionales de la provincia de Salamanca. La impresión y publicación de estos periódicos oficiales nos da idea de la red de contactos de Telesforo Oliva que, ya por esos años de mediados de siglo, estaba situado en el Ayuntamiento de Salamanca como síndico y donde, como veremos, llegaría a alcanzar la alcaldía durante algunos años previos a la revolución de 1868.
A la impresión de publicaciones oficiales se añadía también otra parte del negocio ligada a las publicaciones culturales y periodísticas que salían de los talleres de la calle de la Rúa. En este apartado aparecían publicaciones como El Centinela del Pueblo, periódico que se editaba tres veces a la semana o la Revista Salmantina, una publicación literaria de periodicidad semanal.
La Universidad de Salamanca también fue uno de los clientes más o menos regulares de Telesforo Oliva. En su imprenta llegaron a publicarse numerosos anuarios del centro universitario, así como discursos inaugurales y otras obras destacadas como la dedicada a Cristóbal Colon, publicada en el año 1867. En este libro, Álbum dedicado a Cristóbal Colón por los estudiantes de la Universidad de Salamanca, Telesforo Oliva, que en aquellos ya años ocupaba la alcaldía constitucional de la ciudad, también colaboró en la suscripción popular que permitió la edición del homenaje al descubridor. En el periódico El Pensamiento Español, del 29 de mayo de 1866 se informaba sobre esta iniciativa:
(…) Acaba de erigirse en Salamanca un recuerdo a Cristóbal Colon, colocando un pequeño busto y una inscripción, en (…), posesión que fue del convento de San Esteban de aquella ciudad, y punto donde Colon habitó algún tiempo antes del descubrimiento de América. En esta misma alquería le acompaño su protector el sabio y distinguido dominico Fray Diego de Deza. Con este motivo el claustro de la Universidad, el señor Obispo y el celoso alcalde D. Telesforo Oliva, en unión con el propietario de aquella finca, han cooperado a la idea de la publicación de un álbum escrito por los escolares de la Universidad y por algunos poetas de esta corte (…).
En la trayectoria editorial de Telesforo Oliva hay que destacar también una de las  publicaciones más emblemáticas que surgieron de sus talleres: Salamanca Artística y Monumental: o descripción de sus principales monumentos, un trabajo de Modesto Falcón, académico de San Fernando y catedrático en la Facultad de Derecho de Salamanca, que se editó por primera vez en 1867 y que, periódicamente, aún se vuelve a reeditar en ediciones facsímiles.

Guía arquitectónica de Salamanca editada en la imprenta de Telesforo Oliva en 1867

No podemos tampoco dejar de citar una de las publicaciones más características de la empresa editora de la familia Oliva, los calendarios anuales. Esta publicación, muy popular entre el público en esos años ya que incluía, entre otras informaciones, los pronósticos meteorológicos para el año, se editaba en exclusiva para la provincia de Salamanca con una concesión real en los talleres de la calle de la Rúa salmantina. El tirón popular de estos calendarios facilitó la aparición de falsificaciones que trataban de  saltarse la exclusividad que disfrutaban los Oliva.
Para terminar el repaso a las actividades profesionales y empresariales de Telesforo Oliva no podemos olvidarnos de su faceta como promotor y constructor de viviendas en la capital salmantina. La más importante de estas actuaciones, o al menos la que tuvo más repercusión en el trazado urbano de Salamanca, fue la adquisición por parte de Telesforo del solar y los últimos restos arquitectónicos del antiguo convento de San Agustín, destruido durante la guerra de la Independencia. En este espacio, en el que un equipo arqueológico realizó prospecciones para recuperar los restos de Fray Luis de León,  Telesforo Oliva construyó dos hileras de casas entre las calles denominadas de Balmes y Oliva, topónimo este último con el que llegó a conocerse el barrio. En la obra Salamanca artística y monumental, editada por el propio Telesforo cuando ya ocupaba la alcaldía de Salamanca se trataba sobre este espacio de la ciudad:
(…) Últimamente estaban restaurándolo [el convento de San Agustín] en 1834 cuando decretada la supresión de las comunidades religiosas, quedó desierto y le cupo la triste suerte de ser de los primeros que se vendieron. Declarados ruinosos sus muros, el Gobierno mandó derribar la fábrica, aprovechó parte de sus materiales y vendió en pública subasta el solar, ya informe y descarnado  (…).
En el mismo texto aparece la referencia a la actividad constructora de Telesforo Oliva:
(…) Donde antes existió el convento de Agustinos, el dueño de sus despojos Don
Telesforo Oliva, ha levantado recientemente dos líneas de casas y abierto una espaciosa calle, hermoseando aquel alegre sitio y haciendo desaparecer de él los escombros que le afeaban (…).
En paralelo a estas actividades empresariales y comerciales, Telesforo Oliva desarrolló su carrera política, primero en el ámbito local y provincial y, posteriormente, a nivel nacional. De esta faceta, nos ocuparemos en la próxima entrega del blog.



*En el censo vecinal realizado en el año 1751 coincidiendo con las averiguaciones del Catastro de Ensenada aparecen varias referencias a los antepasados de Telesforo Oliva de la Torre en Morata. Especialmente nos interesan los siguientes:
    • Hilario Oliva, de edad de veinte y seis años, de ejercicio jornalero. Casado con María López Páez, de veinte y seis. Su familia: Hijo: Roque, de cuatro años. Ídem: Gregorio, de año y medio.
    • Manuel García, de edad de cuarenta y cinco años, de ejercicio labrador. Casado con Manuela Blanco, de cuarenta años. Su familia: Hijo labrador: Alphonso, de diez y ocho años. Ídem: Manuel, de trece. Ídem: María, de nueve. Ídem: Agustina, de diez meses.
    • Diego de la Torre, de veinte y seis años, de oficio jornalero. Casado con Francisca Cantarero, de veinte años. Su familia: Hijo: Juan, de año y medio.


** Vicente Oliva Martín Blanco, segundo hijo varón de Telesforo, nacido en 1837, ejerció la abogacía después de licenciarse en Derecho Civil y Canónico por la Universidad de Salamanca (1856). Posteriormente se doctoró en la Universidad Central  de Madrid (1861). En 1868 se licenció en Derecho Administrativo por la Universidad de Salamanca y alcanzó el doctorado en esta especialidad en 1870. Por vía matrimonial fue propietario de un amplio patrimonio y también se dedicó a administrar la imprenta familiar junto a su hermano Telesforo. Desde 1872 hasta 1886 ejerció como concejal del Ayuntamiento de Salamanca y diputado provincial y entre 1883 y 1886 como presidente de la Diputación Provincial. Entre 1886 y 1894 ocupó el cargo de senador por la provincia de Salamanca, con una curiosa trayectoria que le llevó desde el Partido Liberal de Sagasta hasta el Partido Conservador de Cánovas del Castillo para regresar a las filas liberales en 1893.


*** Ambos hermanos heredaron la parte de la empresa editorial, librería y de impresión al morir su madre en el año 1859. A partir de 1868 su padre les cedió también sus propiedades relacionadas con el negocio. Fue en este momento cuando crearon la empresa Oliva y Hermanos que gestionó las empresas familiares hasta 1872, año en que se disolvió, quedando al frente de la misma Vicente.


Fuentes y bibliografía:
    • Periódicos citados en el texto.
    • Segunda campaña de Excavación del botánico 2001, avance de conclusiones.  Muñoz García, Miguel Ángel; Jiménez González, Manuel Carlos; Gutiérrez Millán, María Eva. Salamanca, revista de Estudios. Nº 48. Ediciones de la Diputación de Salamanca 2002.
    • Salamanca Artística y Monumental: o descripción de sus principales monumentos. Falcón Modesto. Establecimiento Tipográfico de Telesforo Oliva. Salamanca.
    • Política y Sociedad en Béjar durante el siglo XIX - Mariano Esteban de Vega, Mariano. Universidad de Salamanca.
    • Pagina Web del Senado. www.senado.es. Expediente personal del senador D. Telesforo Oliva de la Torre, por la provincia de Salamanca.
    • Catastro de Ensenada-Morata de Tajuña. Pieza 3, Libro de lo personal del estado seglar. Archivo Provincial de Toledo H-410 y 408.


jueves, 5 de agosto de 2021

 

El cultivo de la remolacha en la vega del Tajuña y la azucarera (Epílogo)

Causas de la desaparición de la remolacha en los regadíos del Tajuña

En 1972 la compañía azucarera Ebro cerró su fábrica de La Poveda. Este cierre de una factoría ya escasamente competitiva, la escasa productividad de unas tierras agotadas tras décadas de cultivo y el éxodo rural hacia otros sectores económicos pusieron el punto y final a la presencia de la remolacha en la vega del Tajuña.


A partir de la década de los sesenta del pasado siglo comenzó el declive de la remolacha en la vega del Tajuña. Las cifras de producción y de hectáreas cultivadas no dejaron de disminuir hasta llegar a la total desaparición de su cultivo que fue definitiva cuando, en 1972, la empresa azucarera Ebro cerró sus instalaciones en La Poveda.

Naturalmente, el cierre de la azucarera del barrio argandeño fue determinante en el final de un cultivo que marcó el trabajo agrícola en todos los pueblos ribereños del Tajuña durante cerca de setenta años. Pero este cese de la actividad coincidió, también, con otras circunstancias que se sumaron a la decisión empresarial. Para que se produjera el cierre de la azucarera confluyeron varios factores pero ninguno tan determinante como la falta de competitividad de unas instalaciones que, en su momento, fueron modélicas pero que, a esas alturas del siglo, habían dejado de ser rentables frente a otras factorías distribuidas por el territorio nacional que, además, también se beneficiaban de que se surtían de remolacha cultivada en terrenos que por sus características de riego y de extensión de las parcelas más productivos .

Concretamente, el cierre de la fábrica de La Poveda coincidió con la apertura y puesta en funcionamiento de la fábrica de Ciudad Real, en una zona virgen hasta entonces para el cultivo remolachero pero en el que se aprovechaba su potencial para una agricultura intensiva que no podía practicarse en el minifundio de la vega del Tajuña ni tampoco en la del Jarama .

En este sentido, Prisciliano Losada Martínez, productor de remolacha y miembro de los servicios técnicos de COAG coordinadora agraria de Castilla y León, en un trabajo titulado La Remolacha y el azúcar, en el que analizaba el estado de la producción remolachera y azucarera a partir de la entrada en las instituciones europeas y la puesta en prácticas de las políticas agrícolas comunitarias, calificaba a la remolacha en ese texto con el curioso calificativo de cultivo trashumante. Este término hacia referencia a las características propias de una planta industrial muy exigente en cuanto a nutrientes para su cultivo y que obligaba, y de eso sabían bien los agricultores ribereños, a una continua rotación de los terrenos de siembra para conseguir cosechas rentables económicamente.

Pese a esta rotación, décadas continuadas de cultivo de la remolacha en unos terrenos de regadío que no dejaban de ser limitados en extensión, afectaron a la productividad debido a las dificultades de rotación en las explotaciones de pequeñas dimensiones que caracterizaban a la vega del Tajuña (En la vega del Jarama las parcelas siempre fueron, y son, sensiblemente más extensas, pero el problema de la rotación y el cansancio de las parcelas por el cultivo continuado de remolacha también les afectó).

Este fenómeno de escasa rotación en el cultivo y descenso de la producción no sólo afecto a nuestra comarca y a la provincia de Madrid y a la de Toledo enen particular. Zonas tradicionalmente remolacheras como Aragón y Navarra soportaron más o menos los mismos problemas en los años en que se cerraron las azucareras de La Poveda y Aranjuez: las provincias de Zaragoza y Teruel, que en los años previos a la guerra civil y en las décadas de los cuarenta cincuenta se encontraban entre las mayores productoras de remolacha, también asistieron al cierre de sus azucareras y vieron como este cultivo y la producción de azúcar se concentraban en la región de Castilla-León, en la emergente zona de Castilla La Mancha y en el territorio situado en torno a la provincia de Cádiz y la localidad de Jerez de la Frontera.

Abandono del campo y cierre del ferrocarril

A estos problemas estructurales del sector azucarero que se manifestaron en toda España y que, como hemos señalado, llevaron a calificar al cultivo de la remolacha como cultivo trashumante, las localidades de la vega baja del Tajuña se encontraron con otros condicionantes económicos y sociológicos que aceleraron la desaparición de la remolacha de los regadíos alimentados por las aguas del Tajuña.

En los años sesenta, cuando según los datos de hectáreas dedicadas a la remolacha y producción anual que incluimos en esta entrada* comenzaban a declinar, en paralelo comenzaba un proceso irreversible de abandono del campo de amplias capas de la población que encontraron en otros sectores, como la construcción o los emergentes polígonos industriales de Arganda y Aranjuez, unas expectativas económicas que el trabajo en la agricultura ya no era capaz de generar, tanto entre los jornaleros del campo como entre los pequeños propietarios que constituían la gran mayoría del sector dedicado al cultivo remolachero desde los primeros años del siglo XX.


Ferrocarril del Tajuña en 1916 (Archivo Regional de Madrid)

La remolacha, como ya hemos visto en semanas anteriores, exigía mucha mano de obra para sacar adelante un cultivo que se desarrollaba en las pequeñas y escasamente productivas parcelas que caracterizan a los regadíos del Bajo Tajuña. Esa mano de obra cada año era más escasa y, una razón más en contra del cultivo remolachero, la escasa capitalización de las explotaciones familiares no permitía una mecanización de difícil implantación en unas parcelas pequeñas y agotadas por la escasa rotación.

Frente a las nuevas tierras de regadío que empezaban a producir en los primeros años de la década de los setenta del pasado siglo en la provincia de Ciudad Real**, utilizando aguas subterráneas del acuífero en unas tierras vírgenes para la remolacha, en las riberas del Tajuña, exprimidas por décadas de cultivo remolachero, aún se mantenían las técnicas manuales que eran válidas en los primeros años del siglo, cuando no faltaba la mano de obra, pero se habían vuelto totalmente obsoletas a estas alturas de los años setenta, cuando otros cultivos como el maíz ocuparon el lugar de la planta productora de azúcar.

Por último, queremos destacar cómo el cultivo de la remolacha en las riberas del Tajuña vivió una trayectoria paralela al ferrocarril, tanto en sus comienzos como en su desarrollo y declive final. Tanto es así que resulta difícil entender el cultivo de la remolacha, y sobre todo su transporte, sin asociarlo al tren y a la actividad frenética que se generaba en todas las estaciones del Ferrocarril del Tajuña cuando llegaban los meses de invierno y los días de la cosecha anual y su transporte a la azucarera.

Esta asociación ferrocarril-azucarera, que en el caso de la vega del Jarama favoreció, incluso, la construcción exprofeso de un ferrocarril industrial que también dejó de tener sentido con el cierre de la factoria de La Poveda, propició la utilización de vagones de carga especiales para la remolacha, la construcción de básculas en las estaciones y la contratación de personal para cubrir cada campaña. Tan importante fue para el ferrocarril la remolacha, y viceversa, que la compañía ferroviaria aún pudo mantener la actividad –completada eso sí con el transporte de mineral a la cementera de Vicálvaro- varios años desde que se cerró el servicio de viajeros en 1953. Aún así, los últimos años, ya a mediados de la década de los sesenta, el Ferrocarril del Tajuña dejó de viajar hasta la azucarera con sus vagones repletos de remolacha. Fue el comienzo del final que se materializó en 1972 con la última campaña remolachera, cuando ya el cultivo era muy mermado y había descendido la importancia que llegó a tener en todas las localidades de la vega del Tajuña.




*Remolacha, hectáreas en cultivo, producción anual en toneladas-Provincia de Madrid

Año  Ha.            Qm.

1933 2.191     657.300

1934 2.405     793.650

1935 2.300     621.000

1936

1937

1938

1939 60          15.000

1940 1.859     464.750

1941

1942

1943 1.820     325.780

1944 1.117     301.590

1945 654        156.960

1946 1.100     330.000

1947 658        205.296

1948 1.912     571.688

1949 2.499     324.000

1950 2.215     420.850

1951 2.500     875.000

1952 6.000     1.800.000

1953 4.000     1.200.000

1954 2.350     493.500

1955 2.970     653.400

1956 2.645     621.575

1957

1958 3.130    829.450

1959 3000     825.000

1960

1961 4.100    1.107.000

1962 4.800    1.056.000

1963 1.900    627.000

1964 1.850    499.500

1965

1966 2.350     634.500

1967 1.550     308.777

1968 1.060     286.200

1969

1970 1.120      285.600

1971 1.040     311.270

1972 1.060     286.620

De acuerdo con estos datos, se puede apreciar como a partir del año 1962 la provincia de Madrid ya no superó en ninguna campaña la cifra de un millón de toneladas, cifra muy habitual en los años 50, con un récord absoluto en el año 1952 en el que se alcanzaron 1.800.000 toneladas producidas en 6.000 hectáreas, cantidad muy superior a la del año 1972, última campaña antes del cierre de la azucarera de La Poveda, y en la que sólo se sembraron 1.060 hectáreas en toda la provincia de Madrid , con una producción de 286.620 toneladas.

Fuente: Anuario de Estadística Agraria- MAPA

** Curiosamente, la provincia de Ciudad Real, que ocupó el lugar de Madrid y Toledo en la zona centro del territorio español como productora de remolacha también vivió el declive de este cultivo cuando en el año 2006 se cerró la factoría de la capital, también propiedad de Ebro, debido a las limitaciones de producción que se impusieron por la Política Agraria Común y a unas prácticas agrícolas que estaban lastradas por los gastos derivados de los regadíos. De nuevo, como en los setenta, la remolacha se comportaba como un cultivo trashumante y abandonaba una comarca o provincia en busca de terrenos más productivos y favorables.



Fuentes y bibliografía:

  • Periódicos citados en el texto.

  • Álbum de La Poveda. 1900-200 La Poveda Centenario. Colección Archivo Municipal de Arganda.

  • La economía española y la articulación de su mercado (1890-1914): Los orígenes de la vía nacionalista del capitalismo español. Memoria presentada para optar al grado de doctor por Juan Martín Fernández. Facultad de CC Políticas y Sociología. Departamento de Economía Aplicada V. Madrid, 2002.

  • Memoria sobre el estado de la agricultura en la provincia de Madrid. Abela, Eduardo y Castro, Carlos A de. Estereotipia y Galvanoplastia de Aribau y Cia. Madrid, 1876.

  • Instrucciones para el cultivo de la remolacha azucarera en regadío. Quintanilla Guillermo. Hojas divulgativas. Ministerio de Agricultura. Madrid, 1932

  • Memoria sobre la remolacha azucarera. Estación Agronómica del instituto Agrícola de Alfonso XII. Ministerio de Fomento. Dirección General de Agricultura. Madrid, 1911.

  • El Ochocientos. De las profundidades a las altura. Tomo II. Manuel Silva Suárez, editor. Real Academia de Ingeniería. Institución Fernando El Católico. Prensa de la Universidad de Zaragoza. Zaragoza.

  • El trabajo infantil en España 1700-1950. Aprender trabajando. La actividad de niñas y niños en tierras de regadío. (La vega del Tajuña a comienzos del siglo XX). Borras Llop, José María. Universidad Complutense.

  • Memoria que comprende los trabajos reunidos, trabajos practicados y proyecto de Ley formulados por la comisión para el estudio de la concentración parcelaria. Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio del Ministerio de Fomento. Imprenta de los hijos de M. G. Hernández. Madrid, 1908.

  • Anuario 1929. Fondo documental del Instituto Nacional de Estadística.

  • La agricultura española en la era de la globalización. Capítulo IX-La remolacha y el azúcar. Losada Martínez, Prisciliano. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Madrid, 2006

jueves, 29 de julio de 2021

 

El cultivo de la remolacha en la Vega del Tajuña y la azucarera (VII)

La fijación del precio de la remolacha y los cupos de cultivo asignados a cada zona

Una de las ventajas de la remolacha, según los testimonios recogidos entre viejos agricultores dedicados a este cultivo en la comarca, fue conocer al inicio de la campaña, incluso antes de sembrar las tierras, el precio que iban a recibir por su cosecha. Es cierto también que, como hemos visto, no siempre estos agricultores estaban de acuerdo con las precios garantizados pero aún así, la siembra de remolacha resultaba atractiva en un sector en el que los ingresos dependían de los mercados -no siempre para bien- y de los caprichos de la climatología. En cualquier caso, resulta destacable que los agricultores de la Vega Baja del Tajuña siempre obtenían un precio por su remolacha superior al de otras comarcas debido a su calidad y mayor rendimiento azucarero.



Sobre los precios que percibían los agricultores por sus cosechas de remolacha y los cupos asignados a cada provincia o zona de cultivo es difícil encontrar series completas de los mismos, especialmente antes de la guerra civil.

Ya a partir de los años 40, la publicación el BOE de los cupos y los precios por tonelada asignados a cada zona remolachera hace más accesible el conocimiento de estos datos que condicionaban cada campaña remolachera y la economía de los agricultores de la Vega Baja del Tajuña.

En cualquier caso, para no hacer demasiado extenso este apartado que trata sobre los precios de la remolacha, consignaremos los datos de algunas campañas anteriores a la guerra civil para, posteriormente, analizar los de las décadas siguientes:

Campaña 1927-28

Comienza la campaña el 15 de diciembre, finaliza 25 de diciembre. La campaña de molienda se extendió durante 16 días. Producción remolacha 26.401.846. Entrada diaria: 614.638 kilos. Azúcar envasado, 529.221.

Campaña 1928-29

Comienza la campaña el 12 de diciembre, finaliza 26 de diciembre. La campaña de molienda abarcó 49 días. Producción remolacha, 37.105.233. Entrada diaria, 757.249 kilos. Azúcar envasado, 3.721.255.

Campaña 1929-30

Comienza la campaña el 11 de noviembre, finaliza 30 de noviembre. La campaña de molienda se mantuvo durante 41 días. Producción remolacha 42.170.551 kilos. Entrada diaria, 1.028.556 kilos. Azúcar envasado, 3.911.685.


Herramientas para cosechar remolacha (Gracias a Álex Jiménez Jiménez por cederlas para la foto)

El sistema de cupos y de fijación de precios de la remolacha tras la guerra civil

Finalizada la guerra, el Ministerio de Agricultura pasó a ser el responsable de fijar las condiciones de un mercado azucarero y remolachero absolutamente regulado por un Estado que fijaba los precios y los cupos de producción para cada zona de cultivo.

A partir de la campaña 1940-41, con las fábricas y los agricultores recuperando su actividad en el sector, en el Boletín Oficial del Estado ya se publicaban los cupos asignados a cada una de las once zonas en las que estaba dividido el territorio nacional a afectos de organizar el cultivo de la remolacha.

La Vega del Tajuña, que junto con la del Jarama, abastecía a la Azucarera de La Poveda, pertenecía a la zona séptima que, territorialmente, agrupaba a las provincias de Madrid y Toledo, aunque ya en la década de los cincuenta, tras reorganizarse las zonas a nivel nacional, las provincias de Toledo y Madrid quedaron encuadradas en la zona ocho. (Recordemos que la producción de Toledo se dirigía a la azucarera de Aranjuez).

Al inicio de cada campaña, el Ministerio de Agricultura publicaba tanto los cupos de toneladas de remolacha asignados a cada zona como el precio base sobre el que se fijaría el precio final por tonelada. Una vez fijados estos cupos, eran los denominados jurados mixtos los encargados de adjudicar las hectáreas de cultivo que correspondían a cada localidad en base a los promedios de producción de las temporadas anteriores. Estos listados con los cupos locales se debían remitir, obligatoriamente, a las delegaciones provinciales de Abastecimientos y Transportes. El Boletín Oficial de la Provincia de Madrid, cuando no se cumplía este requisito, recordaba a las distintas localidades productoras de remolacha la obligación de remitir estos datos:

(…) se recuerda a todos los Municipios en que se cultiva este producto [remolacha] la obligación que tienen las Delegaciones Locales de remitir con la mayor urgencia un resumen en que consten los nombres de los productores, con especificación de la superficie sembrada y remolacha contratada y demás requisitos detallados en las instrucciones dadas para la campaña del año último, que se publicaron en el Boletín. (Boletín Oficial de la Provincia de Madrid, 17 de noviembre de 1949).

Incluimos a continuación algunos datos relativos a la producción y precio fijado por el Ministerio de Agricultura:

  • Precio zona Tajuña 151 pesetas tonelada, zona Aranjuez 147 pesetas, zona Jarama 145 pesetas. Cupos por fabricas, Arganda 47.347 y Aranjuez 43.487. Para esta campaña, que se entendía atípica por las consecuencias de la guerra recientemente terminada, el Ministerio de Agricultura determinó poco antes de que se iniciara la cosecha que (…) en las zonas 5ª: Huesca-Lérida y 7º Madrid-Toledo (Aranjuez-Arganda) por haber tenido la mayor parte de los cultivos en zona roja, se tendrá tolerancia en la recepción de la campaña 1941-42, admitiéndose por las fábricas de dichas zonas sin penalidad, cuanta remolacha entreguen los cultivadores por encima de los cupos señalados (…) (Boletín Oficial del Estado, 15 de noviembre de 1940).

  • Orden fijando los precios de la campaña azucarera 1942-43. En la zona centro Tajuña 161 pesetas tonelada. En Aranjuez 157 pesetas tonelada. El precio el azúcar, según clases, oscilaba entre 235 y 295 pesetas los cien kilos. (Boletín Oficial del Estado, 7 de enero de 1942).

  • Orden fijando los precios de la campaña azucarera 1945-46. En la zona centro Tajuña 301 pesetas tonelada. En Aranjuez 293 pesetas tonelada. Jarama y Manzanares 289 pesetas tonelada. (Boletín Oficial del Estado, 4 de febrero de 1945).

  • Orden fijando los precios campaña 1951-52. Precio medio por tonelada de 650 pesetas; zona de Tajuña 1 peseta más por tonelada, Jarama, Manzanares y Aranjuez 20 pesetas menos. (Boletín Oficial el Estado, 22 de febrero de 1951).

  • Orden fijando los precios campaña 1951-52. Se fija el precio medio por tonelada para la campaña de 725 pesetas tonelada y en la zona Tajuña 2 pesetas más por tonelada. Zona de Aranjuez 10 pesetas menos. Tajuña seguía encuadrada en la zona centro 8, tal como se determinó en la campaña 51-52.

  • Precio de la remolacha campaña azucarera 1953-54. Según una orden del 16 de enero se establece una superficie de siembra de 121.000 hectáreas. Partiendo de un precio medio de 660 pesetas tonelada en las zonas de riqueza media se fija un precio superior en 2 pesetas en la zona de Tajuña, y menos dos pesetas en Aranjuez y Las Infantas. La comarca del Tajuña se encuadraba en la zona octava que incluía las provincias de Toledo y Madrid. (ABC, 1 de marzo de 1953).

  • Orden fijando los precios campaña 1955-56. Se establece un cupo nacional de 2.120.000 toneladas de remolacha azucarera.Teniendo en cuenta la tradicionalidad del cultivo e índice de necesidad agronómica de esta planta en cada región, las fabricas azucareras están obligadas a contratar el tonelaje de remolacha que se establece en el párrafo anterior, distribuido entre las distintas zonas azucareras corno sigue: Zona centro Madrid y Toledo 120.000 toneladas. Considerado el precio base de 640 pesetas tonelada en la Vega del Tajuña se garantizaba un precio de 645 pesetas y Aranjuez 625. (Boletín Oficial del Estado, 25 de enero de 1955).

  • Orden fijando los precios de la campaña 1956-57. La campaña incluye una producción contratable de remolacha de 2.800.000 toneladas. Zona 8 provincia de Madrid y Toledo 130.000 toneladas. Sobre un precio base para campaña 56-57 de 640 pesetas tonelada, en la Vega del Henares y Tajuña se pagaran a 645 pesetas tonelada, Aranjuez 625 pesetas tonelada. (Boletín Oficial del Estado, 2 de febrero de 1956).

  • Partiendo de un precio base de 775 pesetas para la campaña 57-58 para las zonas de riqueza media, la zona 8 en la que se integra la Vega del Tajuña tenía fijado un precio de 781 pesetas, Aranjuez 760. El cupo fijado para la zona centro 8 es de 170.000 toneladas y el total nacional 3.200.000 toneladas. Las Juntas Sindicales Regionales Remolachero Azucareras de cada zona establecerán, de acuerdo con los Sindicatos o Grupos Remolacheros de su jurisdicción y las fábricas azucareras, la distribución entre los agricultores del contingente de remolacha contratable, teniendo en cuenta la contratación efectuada en años anteriores, las entregas realizadas y la necesidad o tradicionalidad del cultivo. (ABC, 5 de marzo de 1957).

  • Se fija un cupo de 4.000.000 millones de toneladas de las que 200.000 corresponden a la zona centro en la campaña de 1963. Las empresas podrán contratar remolacha en cualquier zona distinta adonde se encuentre la fábrica. Los fabricantes no están obligados a recibir remolacha producida en superficie distinta a la contratada. El agricultor podrá exigir del fabricante que reciba cuanta remolacha haya cosechado en la superficie de cultivo reseñada en contrato. El precio de referencia será de 975 pesetas tonelada con las siguientes variantes: Vega Tajuña y Henares 982, Aranjuez, 959 pesetas. (Boletín Oficial del Estado, 2 de abril de 1963).

  • Orden por el que se establecen los precios de la remolacha azucarera para la campaña 1964-1965 en las diferentes zonas y producción a contratar. La orden fijaba 10 zonas. En la campaña azucarera 1964-65 las previsiones de contratación de remolacha a nivel nacional ascienden a 4.800.000 toneladas de las que 250.000 corresponden a la denominada Zona Centro, integrada por las zonas de producción de Huete, Huelves, Villacañas, Mora, Mascaraque, Vega del Henares y del Tajuña, Castejón, Villaseca, Algodor, Toledo, Villasequilla, Huerta Villarrubia, Aranjuez y Las Infantas, Jarama alto, Seseña y Vega del Manzanares y demás términos regados con aguas residuales. Las empresas azucareras podrán contratar remolacha en todas las zonas, cualquiera que sea el emplazamiento de su fábrica. (…) Los fabricantes no están obligados a recibir la remolacha producida en superficie distinta a la contratada. El agricultor podrá exigir del fabricante que reciba en báscula cuanta remolacha haya cosechado en el superficie de cultivo reseñada en el contrato. El precio base fijado para la campaña era 1.245 pesetas tonelada, aunque luego se fijaban precios de referencia para cada zona y subzona. Para esta zona el precio medio por tonelada se fijaba en el caso de la Vega del Henares y Vega del Tajuña en 1.259 pesetas tonelada. En comparación, por ejemplo, la zona de Aragón tenía asignada una producción de 1.200.000 toneladas y precios que en algunos casos llegaban a 1.333 pesetas tonelada. (Boletín Oficial del Estado, 22 de octubre de 1963).

  • Temporada 1965-66- Cupo nacional de 4.800.000 toneladas, de las que 250.000 corresponde a la zona centro. (Boletín Oficial del Estado, 13 de marzo de 1965).

  • Los precios de la temporada 1966-67 se mantienen los mismos correspondientes a la temporada 1965-66 con algunas modificaciones por comarcas que no afectan a la Vega del Tajuña. (Boletín Oficial del Estado, 4 de abril de 1966).

  • Temporada 1969-70. Cupo nacional 5.390.000 toneladas, de las que 230.000 corresponden a la zona centro. (Boletín Oficial del Estado, 1 de mayo de 1969).

El análisis de estos daros marcan la evolución de los precios por tonelada y el sobreprecio que sobre este precio tipo de ámbito nacional recibían los agricultores de la comarca de la Vega Baja del Tajuña. Esta prima económica desapareció a partir de la campaña de 1968, cuando se comenzó a aplicar el pago de la remolacha en función de su riqueza en sacarosa. Como vimos la pasada semana, este sistema no agradaba a los agricultores, reacios a estos análisis. Además, a estas alturas de la década de los sesenta, ya sin poder utilizar del ferrocarril para transportar la cosecha a la azucarera, la remolacha estaba a punto de desaparecer. La próxima semana, como epílogo a esta serie, analizaremos los porqués de este declive del cultivo remolachero en los regadíos madrileños y particularmente en la Vega Baja del Tajuña.


Fuentes y bibliografía:

  • Periódicos citados en el texto.

  • Álbum de La Poveda. 1900-200 La Poveda Centenario. Colección Archivo Municipal de Arganda.

  • La economía española y la articulación de su mercado (1890-1914): Los orígenes de la vía nacionalista del capitalismo español. Memoria presentada para optar al grado de doctor por Juan Martín Fernández. Facultad de CC. Políticas y Sociología. Departamento de Economía Aplicada V. Madrid, 2002.

  • Memoria sobre el estado de la agricultura en la provincia de Madrid. Abela, Eduardo y Castro, Carlos A de. Estereotipia y Galvanoplastia de Aribau y Cia. Madrid, 1876.

  • Instrucciones para el cultivo de la remolacha azucarera en regadío. Quintanilla Guillermo. Hojas divulgativas. Ministerio de Agricultura. Madrid, 1932

  • Memoria sobre la remolacha azucarera. Estación Agronómica del instituto Agrícola de Alfonso XII. Ministerio de Fomento. Dirección General de Agricultura. Madrid, 1911.

  • El Ochocientos. De las profundidades a las altura. Tomo II. Manuel Silva Suárez, editor. Real Academia de Ingeniería. Institución Fernando El Católico. Prensa de la Universidad de Zaragoza. Zaragoza.

  • El trabajo infantil en España 1700-1950. Aprender trabajando. La actividad de niñas y niños en tierras de regadío. (La Vega del Tajuña a comienzos del siglo XX). Borras Llop, José María. Universidad Complutense.

  • Memoria que comprende los trabajos reunidos, trabajos practicados y proyecto de Ley formulados por la comisión para el estudio de la concentración parcelaria. Dirección General de Agricultura, Industria y Comercio del Ministerio de Fomento. Imprenta de los hijos de M. G. Hernández. Madrid, 1908.

  • Anuario 1929. Fondo documental del Instituto Nacional de Estadística.